MEDITACIÓN

Acerca del fin de año, y de la brevedad de la vida

PUNTO PRIMERO. Considera a Cristo nuestro Señor recién nacido y llorando en el pesebre. Te sorprenderá, tal vez, que al averiguar las causas de su llanto, hallarás que no son tanto el frío que padece, ni la inclemencia del tiempo, cuanto más bien tu descuido y el olvido con que vives de tu propio bien. Él viene al mundo a despertarte con sus gemidos y voces que te da desde aquella dura cama, para que te des cuenta de tu daño y vuelvas sobre ti, y dejes el camino de la perdición y entres por el de tu salvación. Porque como dice el apóstol San Pablo, apareció la gracia de nuestro Salvador y Dios hecho hombre, enseñándonos que negando todos nuestros desordenados apetitos y deseos mundanos. Vivamos en este mundo templada y santamente, ajustándonos a la ley de Dios, por lo cual sin perder de vista el ejemplo que te da tan insigne Maestro, que te hallas en el último día y fin del año, considera cómo tienes este año menos de vida. Mira cómo pasó el otro sin que apenas te dieras cuenta, y que de la misma manera se pasarán los que restan por venir, de los cuáles desconoces su número y fortuna. Contempla cómo se pasa la vida sin parar, y que va como una nave azotada por  los vientos, en la cual los que caminan comiendo y bebiendo y durmiendo, no cesan de navegar. Así, tu vida no para de correr, comiendo y durmiendo, velando y obrando, te llevan sin detenerte un punto; y esto mismo que estás leyendo te va quitando la vida. De lo cual debes sacar  gran fervor y aliento para sufrir cualquier trabajo por Dios y por tu salvación, viendo cuán breves son todos, como también para obrar en tu beneficio y acrecentar tu caudal, reconociendo cuán poco tiempo te queda para ganar inmortales riquezas.

PUNTO II. Considera cuántos empezaron contigo a correr el curso de la vida de este año, que se quedaron en el camino, y no llegaron al fin como haz llegado tú. Vuelve los ojos atrás, y míralos en los sepulcros comidos de gusanos, que acabaron sus roles en la farsa de este mundo, y no les duraron todo el año cómo ellos pensaron. Mira sus designios burlados, sus trabajos perdidos, sus haciendas confiscadas en la aduana de la muerte, las cuales ahora mismo gozan otros. Su fama se deshizo como el viento, y todo pasó como sombra, y de ellos apenas hay memoria. Y reconoce la fragilidad de esta vida y sus engaños, y que todo es locura, si no se aprovecha sólo para buscar la eterna y lo que dura para siempre. Considera qué sentirías si te hubieras quedado en el camino como ellos, y que dentro de poco tiempo será de ti lo que ha sido de ellos. Coteja lo presente con lo eterno, que nunca se ha de acabar. Extiende los ojos por aquel año que empezará el día de tu muerte, y no ha de tener fin ni sucesión de otro, sino que  ha de durar  y continuarse sin término, ni remate, ni límite, ni fin, ni día postrero,   mientras Dios fuere Dios, con dos destinos inevitables: o   el cielo o   el infierno. Y hallarás que la más larga vida en este mísero mundo es como un punto respecto de la eterna y como una gota de agua respecto a todo el mar; y exclama con admiración y llanto, viendo la ceguera de los hombres, pues por gozar de un soplo de vida tan breve y engañosa, pierden la eterna y verdadera. Pide al Señor que no te permita caer en tal engaño, y que te dé luz y gracia para despreciar lo temporal y codiciar solamente lo eterno.

PUNTO III. Tiende los ojos por los sucesos de este año pasado, y considera las mudanzas que ha tenido, los varios acaecimientos, los fracasos y desgracias, la caídas de los unos y el resurgimiento e incremento de los otros. Entra dentro de tí mismo y considera lo que ha pasado por ti en el decurso de este breve tiempo, la variedad de afectos, de alegría y de tristeza, ya de contento, ya de descontento, las turbaciones de ira y enojo, los días buenos y malos, la mengua de salud. El desmedro en lo temporal y espiritual. Las ocasiones de impaciencia contigo y con los hombres; la variedad del clima y la inestabilidad de todo cuanto está debajo del cielo. Y hallarás que no tiene la luna tantas fases, ni cambia el camaleón tantos colores al día, como lo han sido las mudanzas de tu corazón en lo que has vivido este año. Desengáñate de lo temporal, y deseos de despreciar vida tan engañosa y mudable, y anclar firmísimamente en la verdadera y constante, que es la espiritual y santa que nos está enseñando el Hijo de Dios desde que entra en este mundo hasta que sale. Pon los ojos en la tranquilidad de ánimo que gozan los siervos de Dios, resignados y seguros en su santa voluntad, sin tener otro deseo que lo que Dios quiere o no quiere. Mira cómo, aunque corran los años no los desperdician, porque los invierten en santas obras, de las que han de gozar para siempre; pero los malos los pierden, porque dejan pasar el tiempo en vano, y así se quedan sus años vacíos y sus días inútilmente gastados. Acuérdate que el tiempo pasado nunca vuelve, y que no has de ver más este año que pasó, y logra el que Dios te da para bien de tu alma. Llora el tiempo perdido, y enmienda la vida porvenir.

PUNTO IV.  Mira a Cristo nuestro Señor en el pesebre, y entra con la consideración en su pecho, y contempla cómo desde el instante de su concepción, y desde el día y hora que nació en el mundo hasta lo último de su vida, no dejó de obrar y merecer sin perder un instante de tiempo. Considera los actos de agradecimiento que haría a su Eterno Padre por las mercedes que la había hecho sobre todos los hombres, y los que harías mismo de amor y caridad, amándole intensísimamente y ofreciéndose en holocausto a su santo servicio. Los actos que haría en su alma de celo de su gloria, deseando y pidiendo que fuese glorificado y ensalzado sin fin, y del bien de las almas, deseando y pidiendo al Padre su salvación, y ofreciendo desde el pesebre su vida por sus hermanos. Grande es la lección que recibes ¡oh alma mía! Este Divino Catedrático del cielo te enseña a lograr el tiempo y los años que te da para servirlo. Oye, ve, aprende su doctrina, y no  olvides sus enseñanzas, y saca de aquí propósitos firmísimos de imitarlo, y recuperar en los años que te diere de vida lo que has perdido en éste y en los pasados por tu descuido y flojera, y pídele gracias para enmendar tu vida en adelante, despreciando al mundo y siguiendo sus pisadas en el porvenir, como si el que   viene fuese el último año de tu vida.

Padre Alonso de Andrade, S.J