ADELANTE LA FE

Avivar la reacción

César Uribarri
Escrito por César Uribarri

Bergoglio ha navegado relativamente tranquilo estos años previos de su pontificado. Apenas ha encontrado reacción eficaz, lo que unido a la dureza de su carácter, le ha permitido avanzar inflexible en la demolición de la Fe. Las voces discrepantes eran simples piedras en su caminar que, si bien le podían resultar ciertamente molestas, no le impedían el avance. Sin embargo, la dubia planteada por los cuatro cardenales ha cambiado el panorama por cuanto suponen una verdadera reacción en la defensa de la Fe. Desde Roma llegan informaciones que hablan de “nervios y rabia” en el entorno bergogliano. Se es consciente de que ahora algo ha cambiado y radicalmente. El camino por que el que transitaba Bergoglio en su programa ha encontrado un escollo inesperado. Y ese escollo, se mire como se mire, plantea indirectamente una única cuestión: la herejía del Papa. Y de eso se es consciente en Santa Marta.

El día de la elección de Francisco algunos sospechamos que se avecinarían tormentas de un alcance mayor al hasta entonces conocido. La prudencia nos hizo callar hasta que se pasó de simples palabras de salón heretizantes por parte de Bergoglio, a escritos oficiales del Papa (y por tanto magisterio ordinario) con un contenido altamente preocupante por su giro antropocentrista en el que Dios, el Dios católico, ya no tenía nada que decir. Pero denunciar la actuación del Papa supuso evidenciar que el rodillo de Francisco no sólo alcanzaba Roma y adláteres, sino que su larga mano alcanzaba la urbe pero también el orbe. En mi personal caso, sólo por la primera denuncia me vi forzado a abandonar Religión en Libertad, para posteriormente ser puesto de patitas en la calle cobardemente por Infovaticana -y casi en paralelo, mientras desde Radio María España se me invitaba a marcharme-.

No podía haber discrepancia ni críticas contra Francisco ni contra su nuevo paradigma. Estaba antes el cobarde silencio que la búsqueda de la verdad. Por eso resultó fácil el avance de esa nueva Iglesia, porque junto con el esperado aplauso del anterior sector progresista, el santo Padre y su revolución encontraron ecos favorables en el silencio connivente de los “católicos” de siempre, por cuanto se negaban a señalar y a dejar señalar el verdadero problema: Francisco.

Este silencio omisivo alcanzó medios y movimientos eclesiales. Unos por miedo, otros por una falsa piedad filial al Papa, otros por superficialidad. Pero el rodillo del silencio mostraba su eficacia impidiendo toda denuncia al actuar de Francisco. Cuanto ocurre con el portal Infocatólica me parece paradigmático. Y así mientras desde dicho portal se impide toda crítica a Francisco, se vanaglorian de haber sido cofirmantes de un insulso manifiesto en la defensa del matrimonio católico “de siempre” que ni denuncia al artífice de su demolición ni permite acusarlo. Resultado, Infocatólica (como modelo de esa “catolicidad” conservadora) pretendiendo salvar la verdadera Fe, de hecho se convierte en facilitador de la demolición de Bergoglio al silenciar su actuar e impedir las críticas. Pero no es más que un ejemplo, desgraciadamente. Porque el silencio ha sido la tónica global en el interior de la Iglesia.

Y todo ello, junto con el aplauso de los medios, ha permitido a Francisco avanzar en su proyecto de demolición sin oposición, o por lo menos, sin oposición eficaz.

Pero no está siendo gratuito. ¡Cuánta sensación de soledad ante la destrucción de la amada Iglesia ha postrado en la amargura a miles de católicos abrumados! ¡Cuántos sacerdotes doloridos y desanimados deseando huir ante el terrible rosto con el que encuentran a su irreconocible Iglesia! Y  sin poder encontrar ni el consuelo del desahogo ante la incomprensión generalizada a su dolor. Quizá portales como Adelante la Fe han ayudado a comprender que no se está solo, que el dolor es generalizado, y que junto al dolor, la sensación de hartazgo se eleva, como una ola que crece, en tantos fieles que ya no están dispuestos a permitir la destrucción de la Iglesia sin hacer nada. Pero los artículos críticos no eran suficientes mientras una mayoría de la Iglesia se empeña en acompañar al Papa camino del precipicio.

No había reacción eficaz, no, hasta que cuatro cardenales han planteado sus dubias al Papa. Unas dubias que dan un paso de calidad y gravedad, por cuanto suponen el inicio de enfrentar formalmente el mal principal: si el Papa incurre o no en herejía. Ya no hay medias verdades. Es un órdago a la totalidad en el que se vislumbra que hemos entrado en un momento crucial y dolorosamente necesario: el de la elección de Cristo o el mundo; el de la elección del amor al escándalo de la Fe o el aplauso del mundo; el de la fidelidad de la Iglesia a su Fundador o el servilismo de la Iglesia a la mundo.

Burke ya ha avisado, después de las Navidades se darán pasos exigiendo al Papa que aclare su posición. Y Brandmüller ya ha declarado sin ambages lo que supone confirmar la validez del capítulo octavo de la Amoris Laetitia según el sentir y el querer de Francisco: la herejía.

Es el inicio de la batalla en la defensa de la Fe. Los cuatro cardenales ya se han posicionado sin ambigüedad y poco a poco se van sumando otros. Lo qué hará el Papa es de prever vistos los antecedentes: intentará cortar cabezas. Pero dado su maquiavélica capacidad de gestión sopesará pros y contras antes de moverse, por lo que lanzará a su ejército kasperiano al frente de batalla procurando el desgaste mediático de los cardenales de la dubia.

Desde Santa Marta se es consciente de lo grave de la situación. Ya lo ha comentado el Papa a sus cercanos: está en riesgo la división de la Iglesia y él puede pasar como el Papa que la dividió.

Si, ciertamente un cisma es un riesgo, pero mayor riesgo es la unidad hacia el precipicio.

Se puede decir que la batalla ha comenzado. Y por si hay dudas, mi posición permanece firme junto a los cuatro cardenales.

Sí, ocurra cuanto ocurra, suponga lo que suponga, yo soy, a todos los efectos, un cardenal de la dubia. Es hora de avivar la reacción.

Je suis Burke.

Je suis Caffarra

Je suis Brandmüller

Je suis Meisner

César Uribarri