Bendito autobús que nos ha abierto los ojos y nos ha despertado de nuestro complacido letargo; bendito autobús que nos ha permitido conocer las verdaderas dimensiones de la dictadura del lobby LGTB (Lésbico, Gay, Trans y Bisexual); bendito autobús que nos ha puesto sobre la pista de la que se nos viene encima; bendito autobús que nos ha revelado cuán despiertos andan ellos y cuán adormilados  nosotros; bendito autobús que nos ha demostrado con deslumbrante claridad cómo han conseguido permear todas las instituciones, incluida la justicia, que hasta respiran con su mismo aliento.

Dios les ha dado valor a los de HazteOir para que osaran desafiar al stablishment en lo que ellos consideran intocable. Gracias a esta audacia, queda abierto el debate social sobre algo tan importante como la libertad de pensamiento (al margen de cuál sea éste) y la libertad de expresión. Suena extraño, ¿eh que sí? Parece un producto exótico de cuyo sabor nos habíamos olvidado a base de ceder y ceder, aguantar y aguantar, y disimular como si no pasase nada. ¡Y claro que pasa!

Malos tiempos son éstos, en los que nos amenaza un totalitarismo galopante. ¿Dónde y cuándo se ha visto que se prohíba hablar de lo que es obvio y evidente? Cualquier día nos prohíben decir que los ojos son para ver. ¿Por qué? Pues porque es muy peligroso: se pueden sentir ofendidos los ciegos. Así que si se movilizan para prohibir hablar de esa obviedad, nos encontraremos con que si no ocurre que todos los seres humanos sin excepción tengan los ojos para ver, porque hay algunos que excepcionalmente tienen ojos que no les sirven para ver, podemos estar delinquiendo gravemente, fomentando el odio y el desprecio contra los que quedan fuera de esa afirmación general tan obvia. El ciego vive incómodo por su ceguera, no porque alguien afirme que los ojos (¡pero no los suyos!) son para ver. El ser distinto produce incomodidad; y el ser muy distinto más incomodidad aún. Pero eso no es causa para prohibir hablar de lo que nos hace iguales a la inmensa mayoría. Eso sería hipocresía si se hiciese so pretexto de caridad para con el prójimo discriminado por la naturaleza.

Es evidente que quien no es en todo igual que los demás, ha de sentir incomodidad; pero de eso no hay nadie que tenga la culpa. Lo único que hay que hacer es educar para que no se produzca discriminación, rechazo o desprecio por ser distinto. Pero en absoluto se ha de reivindicar que incluyamos dentro del concepto de normalidad la “cualidad” de no ver.

Oiga, oiga, que esto es muy serio. Hasta el día de hoy no ha sido necesario afirmar que los niños tienen pene y las niñas tienen vulva. No había salido nadie en defensa de esta obviedad. ¿Y esto por qué ha ocurrido? Pues porque ha venido una oenegé extranjera a pagarnos una campaña de publicidad para hacernos saber, pobres ignorantes que somos, que es lo más natural del mundo que algunos niños tengan vulva y algunas niñas tengan pene. Y que todos sigamos como bobalicones diciendo que claro, que es lo más natural. ¿Y qué ocurre si sale alguien diciendo que de natural nada, que el rey está desnudo y va enseñando sus vergüenzas? Pues ocurre que todas las fuerzas del poder desatan su ira contra el insolente que se ha atrevido a decir tal cosa. ¡Y van a por él!

Bendito autobús que nos ha enseñado no lo que tienen entre las piernas los niños y las niñas, sino lo que tienen en la cabeza (y en sus manos) los que mandan, los que tienen el poder político, el económico y el mediático. Y lo que tienen todos estos es de un peligro extremo. ¿Así que ya no tenemos libertad de decir lo que creemos que es, a no ser que coincida con lo que dicen que es los amos del poder? ¿De verdad estamos en esas? Pero a eso es a lo que llamaban antes totalitarismo, ¿no? Efectivamente. Eso era antes. Ahora nos lo venden como la mayor muestra de libertad. Y a los que les llevan la contraria a los que se saltan la férrea dictadura de los que mandan, la que hoy se llama dictadura de lo políticamente correcto, a esos los tildan de enemigos de la libertad y los tratan como apestados. Dignos de linchamiento público: de momento linchamiento verbal; y luego ya se irá viendo. Amenazas no faltan, por supuesto.

Bendito autobús que ha abierto el debate sobre algo igualmente grave, tan grave que nos quieren tapar la boca para que no lo denunciemos. La cuestión no es sobre el sexo de los niños y las niñas, sino sobre su sexualización lo más prematura posible desde la misma escuela, porque la demanda, esta demanda específica, aprieta con una gran ferocidad.

No ha funcionado que para atender a la tremenda demanda machista de sexo, la escuela se dedicase a sexualizar a las adolescentes para ponerlas en el mercado a mitigar tanta demanda. Como eso no ha funcionado, han puesto ya en marcha la segunda fase: ¡a por los niños! Y en eso andan. La demanda en este orden es horrible, y las doctrinas que circulan por internet sobre el bien que les haría a los niños iniciarlos lo más prematuros posible en el sexo, son espeluznantes… Esa es la gran operación diabólica. Emprendida de manera que cuando nos demos cuenta sea ya demasiado tarde. Como nos ha ocurrido con el aborto y con la ideología de género. No es que no tengamos manera de frenarla: es que ni siquiera nos permiten hablar de ella, como no sea a favor.

La cuestión no es, pues, si algunas niñas tienen pene y algunos niños tienen vulva. No es ésa la cuestión, sino someter a todos los niños, absolutamente a todos,  y a todas las niñas, absolutamente a todas, a la duda existencial de si son niñas con pene o niños con vulva. Es decir someterlos a todos a la búsqueda neurotizada de su identidad sexual. Y para poder dilucidar cada niño ese enigma, no queda más remedio que sexualizarlo, es decir someterlo a actividad sexual (meras pruebas psicotécnicas de última generación): eso sí, a cargo de los especialistas en plurisexualidad, diversidad y equidad sexual que, ¡vaya casualidad!, pertenecen todos ellos al lobby LGTB y son demandantes netos de las nuevas experiencias para las que pretenden educar a los hijos de los demás. Porque ¡he ahí otra casualidad!, resulta que esta gente no tienen hijos.

En fin, bendito autobús que ha abierto en canal el debate sobre la libertad de opinión y sobre la decencia en la educación  de nuestros hijos: que es cosa de los padres, y no del lobby LGTB.  En fin, bendito autobús que ha hecho estallar el debate sobre la libertad de opinión y sobre la moralidad en la educación de nuestros hijos: que es cosa de los padres, y no del lobby LGTB. Y bendita la ocasión que le da a la Iglesia de posicionarse frente al ataque más audaz del lobby, empeñado en adoctrinar a los niños en la escuela contra las convicciones que comparte la inmensa mayoría de la población y contra la naturaleza misma. No estamos dispuestos a dejar solo a nuestro arzobispo, D. Juan José Omella, que se atrevió a plantar cara al lobby gay del Parlament de Cataluña cuando la conferencia de Philippe Ariño, el homosexual convertido al celibato cristiano. También Germinans da un paso al frente denunciando la infame dictadura del lobby LGTB.

Padre Custodio Ballester Bielsa