ADELANTE LA FE

¿Conocemos la Voz de Dios?

Queridos hermanos, el Vicario de Cristo es lo que es, Vicario de Cristo; es decir, que no tiene otra voluntad en cuestión de fe y costumbres que la de Nuestro Señor Jesucristo. Cuando el Vicario de Cristo habla de fe y costumbres, oímos a Cristo, es Dios mismo quine habla; el Vicario de Cristo nos asegura la continua presencia del Señor en su Iglesia, nos confirma en la  única fe sobre la que está edificada la Iglesia. El Vicario de Cristo es el sucesor de Pedro, es más, es Pedro. Cuando oímos al Vicario de Cristo, oímos al unísono a todos los sucesores de Pedro, al mismo Pedro. Se ha dicho, con razón, que el Vicario de Cristo es el dulce Cristo en la tierra; no pueden decirse palabras más hermosas de quien representa a Cristo en su Iglesia, y en el mundo.

El Vicario de Cristo es la piedra que ha permitido a la Iglesia edificarse sólidamente en la verdad de Nuestro Señor Jesucristo, la piedra que ha permitido que ese santo edificio permanezca en pie a través de  los siglos, que la fe se transmita intacta a pesar de los furibundos ataque del enemigo mortal de Cristo, de su Iglesia y de las almas. El Vicario de Cristo es la garantía, la seguridad, la tranquilidad, de que la fe se seguirá transmitiendo a través de las generaciones; es el mandato que ha recibido de la Cabeza. Porque las ovejas son de Cristo, son suyas, de nadie más: Apacienta MIS ovejas; las Mías, Pedro, no las tuyas. Qué gran responsabilidad  la Pedro y sus sucesores, la de cuidar del rebaño del Señor. El Señor ha puesto a las almas bajo la responsabilidad de Pedro; las mismas almas por las cuales se encarnó para hacer la Obra de Redención;  las mismas por la que entregó voluntariamente su vida. Son las almas por las que el Padre Eterno entregó a su Hijo amado para que no se perdiera ninguno.

El Vicario de Cristo cuando ejerce su autoridad, enseñando, instruyendo a los fieles, confirmándolos en la fe, lo hace en nombre de Cristo, y la Iglesia oye a Cristo en su Vicario; y las ovejas reconocen al Buen Pastor que les habla y las guía, y las ovejas siguen al Buen Pastor, porque en el Vicario reconocen a Cristo. Las almas se sienten seguras en la fe porque son confirmadas en ella por quien tiene la grandísima responsabilidad de ello. Porque el Vicario de Cristo en cuestión de la salvación de las almas no tiene más palabra que la Palabra de Cristo, no tiene una palabra distinta, podríamos decir, una opinión personal, que pueda contradecir la fe revelada por Nuestro Señor Jesucristo. El Vicario lo es porque actúa en nombre de Cristo, en su nombre habla.

¿Puede el Vicario de Cristo separarse de la Palabra de Dios? ¿Puede el Vicario de Cristo dejar de cumplir los Mandamientos de la Ley de Dios y dejar que los fieles los cumplan? ¿Puede el Vicario de Cristo dejar de predicar los mandatos del Señor? ¿Qué ocurre si el Vicario de Cristo deja de instruir a los fieles en la Palabra de Dios, en sus Mandamientos, en la fe revelada en las Sagradas Escrituras y en la Tradición?

Queridos hermanos, las preguntas que planteo son muy simples y entendibles por todos, creo que pueden seguirme en esta sencilla exposición. Para responder a las anteriores preguntas respondemos con otra pregunta: ¿reconocemos las almas la voz del Buen Pastor, la voz de Jesucristo, cuando su Vicario exonera a los fieles del cumplimiento de los Mandamientos? ¿Reconocemos las almas la voz del Buen Pastor, de Jesucristo, cuando su Vicario no nos confirma en la fe recibida ante los ataques contra ella?  Las ovejas no oímos a Jesucristo en esos casos, no reconocemos la voz que nos habla, y por tanto  no podemos seguir esa voz extraña; porque conocemos la voz del Señor, conocemos la voz de la fe.

No podemos seguir a quien no reconocemos, a quien habla sin que podamos oír  en él a Jesucristo; porque somos ovejas de Jesucristo, somos sus ovejas y sólo le seguimos a Él, porque conocemos su Voz; pero si no reconocemos su Voz, estamos intranquilos porque alguien quiere guiarnos, y no es el Buen Pastor, es una voz extraña que no conocemos.

Conocemos la Voz de Jesucristo, es la voz de la fe recibida, es la voz de la fe y costumbres que de generación en generación se transmite para la salvación de las almas, es la voz del depósito de la fe que con grandísimo celo los sucesores de Pedro han custodiado para preservarlo de todo error, de toda contaminación que pusiera en peligro la vida de las almas.

Las ovejas queremos seguir al Vicario de Cristo porque seguimos fielmente a Jesucristo, vida de nuestra alma, anhelo y deseo de nuestro amor, esperanza única en que se  reposa nuestra vida, con sus penas y alegrías, al que queremos amar sobre todas las cosas; y porque queremos amarle sobre todas las cosas, amamos su Palabra, sus Mandamientos, sus  decretos, y los seguimos fielmente.

Conocemos la Voz del Buen Pastor, y la seguimos. Seguimos fidelísimamente sus Mandamientos, y si una voz nos quiere desviar del cumplimiento de los mandatos de Dios, no la seguimos porque es la voz del mercenario.  No podemos seguir otra voz que la del Buen Pastor, porque somos Sus ovejas.

Ave María Purísima.

Padre Juan Manuel Rodríguez de la Rosa

Padre J.M Rodríguez de la Rosa

Padre Juan Manuel Rodríguez de la Rosa. Nació en Palamós (Gerona) en 1956, y se ordenó sacerdote en 12 de octubre del 2007 en la catedral de Getafe. Es licenciado en Estudios Eclesiásticos y en Derecho Canónico. Preside una Asociación privada de fieles de vida de oración contemplativa. En la actualidad es capellán de una residencia de ancianos de Madrid. Es autor del vídeo "Mysterium Fidei" sobre la Misa tradicional.