ADELANTE LA FE

Diálogo interreligioso

Buscad, pues, primeramente el reino de Dios y su justicia; y todas las demás cosas se os darán por añadidura. Mt. 6, 33.

Queridos hermanos, nos dicen que el diálogo con las demás religiones y confesiones ha de servir para que dé  frutos de paz y de justicia.  Pero, ¿de qué paz se nos habla, y de qué justicia? El Señor nos dice: Buscad primeramente el reino de Dios y su justicia; y todas las demás cosas se os darán por añadidura. Buscar el Reino de Dios y la Justicia de Dios. He aquí el mandato del Señor a cada uno de nosotros, y a su  propia Iglesia. El Reino de Dios es el Reino de paz, de amor, de plenitud del alma; es el Reino donde impera la verdadera Justicia que el hombre espera y anhela, y que nunca podrá encontrar fuera del Reino de Dios. Los verdaderos y perdurables frutos de paz y la verdadera justicia sólo pueden hallarse en el Reino de Dios, donde impera la Verdad, la única Verdad que puede hacer libre al hombre; la única Verdad que da respuestas a todas las inquietudes del hombre; la única Verdad que acude en ayuda de la debilidad, dolor y sufrimiento humano dándole una respuesta; es la Verdad que indica el camino que ha de seguir el alma para su felicidad, permitiéndole discernir el bien del mal, discernir la Voluntad de Dios del error; es la única Verdad que conduce a la salvación eterna del alma.

Esos frutos de paz y de justicia, consecuencia de este diálogo del que nos hablan, no son más que cortina de humo, realidad frágil, cambiante, consecuencia de un diálogo construido sobre arenas movedizas y no sobre los cimientos sólidos de la fe  católica, de  Jesucristo, de su Cruz, del Reino de Dios. Toda iniciativa que no esté sustentada en la Verdad de la Cruz de Cristo es una débil iniciativa, urdida entre los hombres a espaldas del Dios Uno y Trino, el único Dios verdadero al que se evita nombrar, reconocer y mucho menos adorar. Toda paz y toda justicia fundamentada en el diálogo sin Dios Uno y Trino, es lo que es, una falsa paz y justicia, inoperante y  pasajera; es un equilibrio malabarista que dura lo que dura el acuerdo humano. Únicamente alcanzado por propios intereses, pero no fundamentado en la Verdad del Redentor y Salvador.

La Verdad de Dios, la Verdad de su Reino, la Verdad de su Amor infinito, que hemos experimentado y vivimos día a día en al Altar del Sacrificio, es la única Verdad sobre la que se puede fomentar el verdadero diálogo, que siempre será para iluminar a los que viven en tinieblas; es el diálogo para llevar el conocimiento del AMOR a los que no lo conocen, porque nadie que no doble su rodilla al nombre de Jesús conoce el Amor, nadie que se avergüence de la Cruz de Cristo conoce el Amor, nadie que considere inútil la Cruz de Cristo conoce el Amor. Son pobres indigentes necesitados de la Verdad para sus almas, que están en la oscuridad, alejadas del Amor infinito de la Santísima Trinidad.

Vemos con asombro, dolor, impotencia, la flagrante injusticia a que lleva este falso diálogo interreligioso: ¿Dónde está la Santa Cruz de Nuestro Señor Jesucristo? ¿No la quieren predicar? ¿Se avergüenzan de ella nuestros responsables religiosos? Nos encontramos ante un diálogo  que lleva a un sincretismo religioso, donde toda creencia es buena y aceptable como un opción libre del hombre; donde hablan empleando un vocabulario común, pero cada uno les da su propio sentido; así, por ejemplo, hablan de Dios, pero que cada uno se forma su propia idea del mismo; hablan de amor, pero cada uno le da su propio sentido; hablan de paz y cada uno la considera a su manera; hablan de justicia pero nadie sabe lo que es verdaderamente. Estamos ante un diálogo donde existen palabras comunes con significados completamente diferentes.

Este diálogo es un diálogo tan frágil como frágiles son quienes lo propugnan a espaldas de la única Verdad: La Cruz de Cristo, de donde viene la salvación al mundo, y donde está la roca firme donde se construye la Verdad del hombre, donde está la respuesta a las preguntas del hombre. Sólo puede haber un verdadero diálogo interreligioso, es aquel que da a conocer a quienes no la conocen, LA VERDAD de DIOS UNOY TRINO. Todo otro diálogo es un laberinto sin salida que está conduciendo a que los enemigos de la Cruz de Cristo a arrinconar la doctrina católica, el Magisterio de la Iglesia, el depósito de la fe, dejando sin contenido la fe católica, cuestionando los fundamentos de nuestra fe. Muchos son los que creen que no hay más verdad que aquella a la que se llega por consenso entre todos, que hay que olvidarse de los dogmas de fe, que, dicen, no hacen más que obstaculizar el diálogo ente las religiones.

Los frutos de este diálogo no son más que el oscurecimiento de nuestra fe, su cuestionamiento, como si dijéramos en lenguaje muy actual: un reinventar la fe católica. Están reinventando la fe, una nueva fe para unos tiempos nuevos. Una nueva fe a la medida del hombre y alejada de Dios verdadero; una fe sin mandamientos, ni preceptos, una fe  sometida a la voluntad humana, que ya no mira a la salvación eterna, sino a la gloria de lo perecedero y caduco de lo material de esta vida. Porque una fe con mandamientos y preceptos es una fe rígida y caduca, propia de intransigentes; la nueva fe ha de ser dinámica, amable, flexible y a la medida del hombre y sus circunstancias.

Pero quienes queremos ser fieles a Nuestro Señor Jesucristo, a la verdad de nuestra fe católica,  buscamos el Reino de Dios y su Justicia. Buscamos cumplir perfectísimamente los Mandamientos de la Ley de Dios, y  así ser merecedores del Reino eterno donde impera la Justicia eterna.

Ave María Purísima.

Padre Juan Manuel Rodríguez de la Rosa

Padre J.M Rodríguez de la Rosa

Padre Juan Manuel Rodríguez de la Rosa. Nació en Palamós (Gerona) en 1956, y se ordenó sacerdote en 12 de octubre del 2007 en la catedral de Getafe. Es licenciado en Estudios Eclesiásticos y en Derecho Canónico. Preside una Asociación privada de fieles de vida de oración contemplativa. En la actualidad es capellán de una residencia de ancianos de Madrid. Es autor del vídeo "Mysterium Fidei" sobre la Misa tradicional.