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Dios degradado y el hombre idolatrado

El título de esta carta causa el impacto emocional propio de quien lee o escucha una expresión profana y/o abiertamente blasfema, pero desgraciadamente refleja una terrible realidad en el devenir de la humanidad (contagiada la misma Iglesia) desde la segunda mitad del siglo XX. Si: aunque sea duro reconocerlo más peligroso sería pretender evadirse de la realidad para refugiarse en una idílica (y falsa) primavera: DIOS ha sido degradado para que su Santo lugar sea ocupado por el ser humano. Y esta afirmación tan “temeraria” (desde el mero juicio racional) precisa de justificación:

En primer lugar: el mandato que encabeza el decálogo ha sido invertido en sus términos. De “amarás a Dios sobre todas las cosas” se ha pasado a “amar cualquier cosa antes que a Dios”. No se trata de eliminar a Dios de la vida. La tentación del ateísmo ha dado paso a una tentación sutilmente más nociva: el antropocentrismo. El hombre “moderno”, rompiendo orgullosamente su vínculo con la tradición cristiana, se hace “dios de si mismo” y, sin exclamar pretenciosamente que “Dios ha muerto” (Nietzsche), retira a Dios a la esquina o apéndice de la existencia. Lo quita del centro de su vida, de la sociedad, de los afectos, del “amor”…..y hasta de la misma Fe. ¿Alguno cree que este argumento es exagerado, catastrofista o “iluminado”?: pues a quien lo crea así se le invita a constatar la tesis entrando en no pocas Iglesias que, desde hace medio siglo, han desterrado el Sagrario a capillas laterales de los recintos sagrados. He aquí un signo claro y contundente de que YA Dios deja de ser el centro. Si en la misma casa de Dios, que es la Iglesia, apartamos su presencia real a una esquina con la excusa de procurar espacio de silencio y oración…..caemos en la trampa. ¿Es que la Iglesia entera no es espacio de oración y de debido silencio?; la ubicación del Sagrario fuera del centro del Templo es un símbolo profundo de hasta que punto el antropocentrismo ha penetrado en el mismo interior de la Iglesia para desplazar a Cristo de su lugar propio. No en vano el Papa Pablo VI, en un llamativo discurso datado en 1972, decía sin titubeos que el humo de satanás había penetrado dentro de la misma Iglesia por alguna de sus rendijas. Y dado que el diablo tienta al hombre a “ser como dioses” (Cfr Génesis: relato del pecado original), con su astucia actualiza esa tentación animando al ser humano a degradar a Dios para colocarse el mismo en su lugar sagrado.

En segundo lugar: el mandato que sigue al primero es modificado en sus términos. De “no tomarás el nombre de Dios en vano” se ha pasado a “exaltarás el nombre del hombre”. De modo que la exhortación moral objetiva, basada en la Palabra de Dios, en la Tradición de la Iglesia, e implementada en la Ley Natural….son eliminadas para suplantarlas por el subjetivismo ético basado en el consenso humano, el relativismo moral , el nihilismo y el “pensamiento débil”. El hombre deja de ser “receptor “ de la enseñanza moral para convertirse él mismo en inventor de la propia moral. ¿Vuelve a creer alguien que hay catastrofismo y/o exageración apocalíptica en esta afirmación?…..de nuevo caemos en la trampa. No en vano el diablo es embustero y tramposo. ¿Quien se atreve a negar que, desde la segunda mitad del siglo XX, el hombre ha ido gradualmente construyendo su propio sistema de valores sustentado únicamente por su propia conciencia, individual y/o colectiva?……..las fórmulas esenciales de “Yo soy hijo de Dios”, “Yo creo en Cristo”, “Yo lucho por vivir la virtud”……son suplantadas por “Yo soy yo mismo”, “Yo creo solo en mi”, y “Yo lucho por lo que yo crea en cada momento”. La exaltación del “YO” supone la anulación del Creador del “yo”.

En tercer lugar: el mandato que cierra la sección primera del decálogo es vaciado de contenido. De “Santificarás las fiestas” se ha pasado a “profanarás lo sagrado”. Si la fiesta sagrada no se santifica, ese vacío lo ocupa de inmediato lo mundano y lo frívolo. De manera que los sacramentos se han ido, gradualmente, secularizando tanto que en no pocas ocasiones resulta tarea casi utópica encontrar, si acaso, restos de religiosidad en la celebración de los mismos sacramentos. ¿De nuevo hay objeciones o críticas al argumento?; pues perciban con que falta de contenido sagrado se celebran muchos bautizos, primeras comuniones, bodas, entierros……modificando o abusando abiertamente de la Liturgia para adaptarla a los gustos del hombre según su momento sociológico y/o cultural. Comprueben como muchas fiestas cristianas van quedando absorbidas por la presión pagana para convertirlas en mera portada de fondo frívolo y secularista. Y constaten la pasividad con la que se admite este proceso, en todo el mundo, desde ciertas jerarquías de la Iglesia más empeñadas en contentar a los poderes públicos que en dar testimonio de Fe, martirial si es preciso, precisamente para ayudar a la salvación de las almas y a la regeneración de las mismas sociedades.

No se trata de dar un mensaje pesimista ni descorazonador. Se trata de darse cuenta de la realidad habida para implorar a Dios Nuestro Señor que seamos nosotros, católicos del siglo XXI, instrumentos de su Divina Providencia para que el ser humano regrese a su ubicación (en el mundo y la Iglesia) y obedezcamos todos al que nos dijo “Al Señor tu Dios adorarás y a Él solo darás culto” (Lucas 4, 8). En este año jubilar del centenario de Fátima le pedidos a la Virgen María que sea Ella, con su Maternal solicitud, quien logre la conversión de nuestros corazones para que dejemos de vivir en el engaño (“felices” en la mentira) de procurar el desplazamiento de Cristo a la periferia para ocupar nosotros el centro. Con su vida y palabras Ella lo dice todo y lo resume con la mejor teología: “He aquí la esclava del Señor; hágase en mi según Su Palabra” (Lucas 1, 38).

Boletín de la Diócesis de Oruro (Bolivia). Agosto de 2017

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