SÍ SÍ NO NO

Dos barcos. Un naufragio y una victoria

Preámbulo

Hubo un tiempo en el cual la historia de la navegación ejercía una gran influencia en el mundo. Eran los tiempos de los grandes héroes, exploradores y aventureros que, desafiando miles de peligros del océano zarpaban en busca de un ideal. Hoy las navegaciones han perdido un poco de su atractivo, quizás porque ya no hay ciertos peligros ni dificultades que antes lo marineros debían afrontar, exigiéndoles una vida dura y sacrificada, muy frecuentemente signada con el heroísmo y por lo tanto digna de dejar su huella en la historia. En nuestros tiempos es más normal comparar un viaje en barco con un paseo tranquilo, cómodo y relajante en vez de compararlo con el placer de la aventura, con el peligro o con el ideal.

En estos momentos de conflictos que vivimos, en los cuales la humanidad parece sumergida en un mar de confusiones, vemos siempre más claramente la crisis que atenaza todos los campos de la vida humana. Sin embargo, estos son también los momentos en los cuales celebramos los cien años de las apariciones de Nuestra Señora en Fátima y recordamos su mensaje siempre más vigente: mensaje de advertencia y de esperanza, pero, sobre todo, promesa de un triunfo. En estos momentos nos viene a la mente la imagen de dos barcos que marcaron la historia de los hombres.

El arca de Noé

Una es el arca de Noé, el arca de la salvación, que preservó la vida de un castigo universal, que vio la tierra sumergida en las olas de la cólera divina. Hicieron falta cien años para construir el arca y, después, cien años desde el día en el cual Noé recibió el anuncio desde el cielo, del futuro castigo, y el día en el que comenzaron a caer las primeras gotas de agua y a salir las aguas de la profundidad de la tierra, que, en poco tiempo, cubrieron la superficie. Pero, el arca permaneció incólume, sostenida por la mano de Dios sobre las aguas purificadoras en aquel tiempo de desolación.

El Titanic

Otro famoso barco que viene a la memoria es el Titanic, el grandioso y supuesto indestructible Titanic, que terminó su corta existencia sumergido en el abismo del océano.

Los hombres estaban llenos de alegría cuando vieron esta impresionante empresa del genio humano deslizarse plácidamente sobre las aguas y, en diversos periodos de la época, se publicó la siguiente frase, que era un desafío: “Este barco no lo hundirá ni siquiera Dios”…

Es por este motivo que algunos personajes, como G. K. Cherteston, vieron en el hundimiento del Titanic un castigo sobre la presuntuosa modernidad, una era orgullosa y llena de autocomplacencia. Todos conocen este triste acontecimiento del más grande naufragio de la historia en tiempos de paz, pero quizás se escapan algunos detalles muy interesantes.

Era el año 1912, había sido una larga noche llena de música, y las risas de los pasajeros habían resonado en los lujosos salones del Titanic. Todo parecía transcurrir tranquilamente y los pasajeros estaban inmersos en un sueño profundo; cuando de manera totalmente inesperada, hubo un fuerte ruido, y un choque contra algo hizo temblar al barco entero. Los miembros de la tripulación comprendieron que el barco había encallado. Eran las 11 y 40 de la noche. ¿Qué cosa había podido disturbar el avance victorioso del Titanic? Se preguntaban…

En vano muchas alarmas habían sido lanzadas desde otros barcos, puesto que, enormes masas de hielo (los icebergs) se paraban delante al Titanic; pero las alarmas fueron totalmente ignoradas y el barco continuó su curso a toda velocidad hacia el peligro y hacia su destrucción, hasta que se partió inevitablemente contra un iceberg. Los marineros estaban ciegos y sordos para ver la realidad. No podían creer que un simple pedazo de hielo pudiese detener la carrera del Titanic sobre las aguas. ¡Qué insolencia! Pensaban…

El capitán del Titanic, Edward John Smith, había declarado en una ocasión que “no podía imaginarse ninguna condición que ocasionase el naufragio del barco. La construcción moderna del barco ha dado pasos de gigante” (Stephanie Barczewski, Titanic: A Night Remembered, London, Hambledon Continuum, 2006, p. 13).

Si no eran capaces de ver una amenaza, ¿Cómo podían concebir lo peor? El coloso de metal estaba herido a muerte y su primera navegación sobre el océano habría sido la última.

Es impresionante el estado de optimismo exagerado que dominaba a los pasajeros del Titanic y que se vio reflejado en las narraciones de las personas que escaparon a esta tragedia.

A media noche, antes de que fuesen evidentes los daños fatales sufridos por el barco, fue emitida una señal de pedida de ayuda CDQ (“Come Quickly, Distress/ Vengan inmediatamente, Problemas”) en vez del SOS (“Save Our Ship/ Salven Nuestro Barco”), ciertamente más apropiado pero no demasiado optimista… así comenzaron a preparar los botes salvavidas con retraso. Estos estaban allí más para adorno que por emergencia. Ninguno sabía qué hacer en caso de naufragio. Todos estaban tranquilos puesto que el Titanic no podía naufragar. Era la negación inconsciente de que el barco se pudiese hundir.

Los marineros comenzaron a dar las órdenes. “¡Las mujeres y los niños a los botes!”. Una señora respondió que no habría abandonado el Titanic, porque jamás y  nunca se habría hundido. Otros, sonriendo decían: “es una precaución excesiva”. Otro dejaba partir a su esposa sobre el bote de salvamento diciéndole: “mañana a la hora del almuerzo nos veremos de nuevo aquí en el Titanic”.

Cuando el barco comenzó a inclinarse algunos empezaron a tener miedo. Pero increíblemente la mayor parte de los botes salvavidas no estaban llenos; y uno que era para 65 personas, llevaba a penas 28. Muchos temían más que se hundiesen los frágiles botes salvavidas antes que el colosal Titanic; había un bote de primera clase donde apenas subieron 2 nobles y otros 10 pasajeros. Los emigrantes, en cambio, luchaban unos contra otros para subir a los botes.

A la una y veinte de la noche el pánico aumenta. El agua sigue entrando en el barco. La orquesta que, hasta hace poco tiempo antes, tocaba músicas alegres y ligeras, comienza a cambiar el tono de las melodías, pero, curiosamente, sin dejar de tocar. Una señora a la cual no le fue permitido subir a los botes con su perrito, prefirió permanecer en el Titanic.

Pánico de una parte, despreocupación inconsciente de la otra. La orquesta empieza a tocar himnos religiosos: “Cerca de ti, Dios mío”. Comienzan a recordarse de Dios y a encomendarse a Él. A las 2 de la noche el barco “entra en agonía”. El agua llega hasta los pies de aquellos que habían permanecido abordo.

A las 2 y 17 de la noche, en la oscuridad, el barco se inclina vertiginosamente y los hombres empiezan a tirarse al mar helado (2 grados bajo cero). La desesperación es total. Pocos minutos después el barco más grande del mundo desaparece en el abismo del océano para sobrevivir solamente como una trágica leyenda  en la memoria del los hombres. Ninguno había pensado tomar medidas de precaución para proveer suficientes medios de salvamento. Llegaron a embarcarse apenas 660 personas en los botes salvavidas; 1500 personas desaparecieron en las aguas junto al barco que “ni siquiera Dios podía hundir”…

El Titanic es el símbolo de la Modernidad

Esta tragedia es el símbolo de la civilización moderna, que ha comenzado a correr hacia el desastre y que delante a las cosas más evidentemente peligrosas dice – optimistamente e irrealistamente – que todo va bien: es la mentalidad de la época en decadencia. Este estado de ánimo muchas veces se ha repetido en la historia. Es una mentalidad, que de una parte es optimismo exagerado y de la otra parte está llena de temor y pánico, que no osa mirar a la cara la realidad y no quiere tomar nota de la situación. En resumen, la modernidad es un “barco” análogo al Titanic.

Este barco que es la modernidad ha sido construido por los hombres durante muchos siglos (desde humanismo al idealismo) y el ingenio humano ha buscado proveer a este barco de todas las comodidades posibles e inimaginables; con mucha frecuencia, dejando de lado la belleza por la practicidad. Además, desde el punto de vista tecnológico, se han hecho las invenciones que los constructores del Titanic no habrían, ni siquiera, podido imaginar; pero paradójicamente, el acceso a la tecnología aumenta la fragilidad del barco en muchos aspectos…

¿Hacia dónde el “optimismo desesperado” conduce a la Modernidad?

Pero, delante a la impotente apariencia de este barco, que parece indestructible a los ojos de la humanidad, equívocamente optimista, nos podemos preguntar: ¿hacia cuál ruta se dirige el barco de la modernidad? ¿La humanidad hoy, tiene un fin claro y da prioridad a la construcción de la “Cuidad de Dios”, una sociedad según las Leyes de Dios; o busca crear un nefasto sincretismo filosófico y religioso, una verdadera comunión de los profanos en un mundo secularizado y paganizado?

¿Cómo podría conocer su dirección y su fin este barco, si no sabe y no se cuida de saber  adónde buscar la Verdad; y que busca, solamente,  en el relativismo moral y religioso la respuesta a sus necesidades espirituales? Si no sabemos con certeza dónde está “El Camino, la Verdad y la Vida” vamos seguramente a la deriva…

Además, ¿Quizás muchos de los marineros del barco de la modernidad piensan en la posibilidad de un naufragio? No parece, y es por eso que se puede repetir ,una vez más, aquello que tantas veces ha sucedido en la historia, como cuando el imperio romano se desintegraba bajo la inexorable destrucción producida por las invasiones bárbaras mientras los nobles romanos comían, bebían y se divertían hasta el último instante; y todo aquello condujo al imperio ,inevitablemente, a la muerte, a la esclavitud, a la destrucción. Una vez más parece repetirse el extraño fenómeno del “optimismo desesperado” de las épocas en decadencia.

Es increíble como hoy, la mayor parte de los hombres parecen totalmente despreocupados del futuro y se sienten muy seguros sobre este barco tan sofisticado, que es la modernidad, sin preocuparse de tomar las medidas de precaución.

Otros, creyéndose muy prudentes, buscan dar consejos a la humanidad, pidiendo ser más humanos para evitar los problemas…Pero no es esto lo que nos hace falta. De hecho, necesitamos ser más sobrenaturales y no, más humanos, porque de la humanidad viene el pecado, el error y los desastres que se repiten constantemente en la historia, incluso los más graves crímenes que se cometen en nombre del humanismo… Tenemos necesidad de la gracia de Dios y de una profunda y sincera conversión, orando y encomendándonos a la misericordia de Dios y al patrocinio de nuestra Madre Celestial.

Diferencias entre el Titanic y la Modernidad

Sin embargo hay algo que diferencia a la modernidad del Titanic: en el momento presente los peligros más graves parecen encontrarse dentro del barco y no fuera. Pienso que para los marineros del Titanic habría sido una locura navegar con el barco cargado con toneladas de dinamita y para más, con muchos pirómanos abordos. Sin duda hoy muchos navegan tranquilamente en esta situación…

La Virgen ha advertido repetidamente al mondo moderno

Este barco ha recibido muchas advertencias del inminente peligro que se acerca cada vez más. Nuestra Señora (en Lourdes, en La Sallete, en Fátima, en Akita…) ha insistido en pedir conversión, oración, cambio de dirección. Nuestra Señora de Fátima dijo muy claramente: “¿Quieren obtener la paz? Recen el Rosario todos los días”. ¿Hemos escuchado este consejo?

¿Cuántos santos han hablado de la necesidad para la humanidad de cambiar totalmente el fin último de la vida? Nuestro Señor Jesucristo llorando ha dicho: “Jerusalén, Jerusalén, que matas a los profetas y apedreas a aquellos que te son enviados” (Mt 23, 37).

Como Jerusalén hoy nosotros podemos escuchar el mismo lamento lleno de dolor de los sagrados labios del Salvador. Hemos sido sordos a tantas peticiones de conversión…

Tal vez no nos hemos dado cuenta, pero este barco de la modernidad parece ya estar herido de muerte. Algunos piensan que ya empieza a inclinarse y quizás uno de los peligros más grandes en este momento es el “optimismo desesperado” de las épocas en decadencia. Con el agua que ya llega a los pies muchos quieren continuar divirtiéndose, como hicieron los pasajeros del Titanic, sin querer ver a la cara la realidad.

La Iglesia es verdadera Arca de la salvación sobrenatural

Pero en nuestro caso hay una barca salvavidas, que tiene espacio suficiente para todos aquellos que quieren entrar, y depende sólo de nosotros escoger permanecer en el Titanic del mundo moderno y hundirnos con él, o entrar en esta arca de la salvación. La nueva arca, de la cual la antigua fue un símbolo y prefiguración, es la Santa Iglesia Católica, la cual, por la promesa divina sabemos, que no se perderá nunca: “Las puertas del infierno no prevalecerán contra ella” (Mt 16, 18).

En este caso no se trata de salvar nuestra vida terrena, sino de salvarnos de la condenación eterna. De hecho, aquellos que permanecen en comunión con este mundo ateo, anticristiano, caerán, no en las aguas heladas del océano donde se encuentra la muerte temporal y corporal, sino en las llamas eternas del infierno “donde el gusano no muere y el fuego no se extingue nunca” (Mc 9,48).

Con frecuencia vemos a la Iglesia representada como un barco bello y enorme. Este barco, esta arca de salvación, es también un barco de guerra, porque representa a la Iglesia militante, de la cual formamos parte todos nosotros, que en el viaje hacia la “tierra prometida”, la cual es el Cielo, mientras viajamos a lo largo de la costa de arena blanca de un nuevo continente, que será el “Reino de María”, debemos luchar incesantemente, sea contra los enemigos externos que vendrán de todas partes con diversos nombres y en gran cantidad; y también contra los enemigos internos que, estando a bordo de la barca, buscan deformarla y, si pudiesen, destruir el esplendor y la belleza.

La gran batalla

Todo parece indicar que la más grande batalla está por comenzar. ¿Cuándo? No lo sabemos… Pero ya vemos a los oscuros barcos enemigos aparecer en el horizonte y se oye el sonido de los tambores de guerra. El infierno y los hombres que lo sirven están buscando hundir La Santa Barca de la Iglesia. Sin embargo pueden ser innumerables, tener muchísimas armas y utilizar no importa cual estrategia… están condenados igualmente… “Quien habita en el cielo se ríe/El Señor se burla de ellos2 (Salmo 2)… La Iglesia vencerá porque así lo ha prometido Jesús y nosotros venceremos con ella si mantenemos una confianza ilimitada en su victoria, una esperanza en María Santísima “contra toda esperanza”, también contra la aparente derrota.

La Reina y Señora de los Ejércitos Celestiales está lista para la batalla. Los ángeles y los hombres lucharán, pero la victoria la dará sólo Dios. Al final veremos la cabeza del “horrible dragón rojo”, de la “antigua serpiente” aplastada por la Virgen María coronada de 12 Estrellas.

No sabemos cómo acontecerá todo esto. Pero sabemos que la “faz de la tierra será renovada” cómo desde hace muchos siglos la Iglesia pide al Espíritu Santo[i], los enemigos de Dios serán derrotados, la tierra purificada. ¿Cómo sucederá? ¿No lo sabemos? Pero sabemos que sucederá. Y esta es nuestra confianza que nos debe llenar de alegría y de esperanza. Y aquellos hombres benditos que verán el final de esta gran batalla, la más grande de la historia, escucharán al fin de los labios de la Virgen María Santísima: “¡Al final mi corazón inmaculado triunfará!”.

Ibericus

[Traducido por Emilio]

[i]Emitte Spiritum tuum et creabuntur et renovabis faciem terrae / Señor, manda tu Espíritu Paráclito y serán nuevas creaturas y renovarás la faz de la tierra”.

SÍ SÍ NO NO

Mateo 5,37: "Que vuestro modo de hablar sea sí sí no no, porque todo lo demás viene del maligno". Artículos del quincenal italiano sí sí no no, publicación pionera antimodernista italiana muy conocida en círculos vaticanos. Por política editorial no se permiten comentarios y los artículos van bajo pseudónimo: "No mires quién lo dice, sino atiende a lo que dice" (Kempis, imitación de Cristo)