SÍ SÍ NO NO

¿Hacia un “novissimus ordo missae”?

En la web www.maurizioblondet.it del 10 de septiembre de 2017, leo que una Comisión vaticana estaría preparando textos litúrgicos ad experimentum para la celebración de «misas ecuménicas».

Por ejemplo, en la Diócesis de Turín, el grupo ecumenista «Spezzare il pane» [Partir el pan, ndt], dirigido por don Fredo Oliviero, apoyado decididamente por el obispo de Turín, mons. Cesare Nosiglia, ha comenzado a celebrar ecumenistamente la misa junto a los valdenses, a los ortodoxos, a los anglicanos y a los luteranos.

Cada mes se reúnen y celebran, una vez en «casa» de uno y otra en la de otro, todos juntos y todos en la misma mesa eucarística, oficiando según la liturgia de la «casa» que les hospeda y tomando todos la comunión. Lo esencial es la pertenencia común al «cristianismo» y no la especificidad católica, luterana, anglicana o valdense.

Desde Turín, esta práctica comienza a difundirse en otras Diócesis diferentes.

Lo que impresiona todavía más es el hecho de que para vivir juntos la «Novísima Misa» de Bergoglio, que debería remplazar la «Nueva Misa» de Montini (1969), no se exige adherirse a una teología única sobre la Eucaristía, sino que es suficiente el respeto a la opinión de cada uno en materia de Misa o de Eucaristía.

Por lo que respecta a la naturaleza de la Presencia Real de Jesús en la Eucaristía se ha pasado de la presencia física a la presencia conmemorativa, en la que las especies del pan y del vino transignifican el Cuerpo de Jesús: no lo contienen real, física y sustancialmente, sino que lo simbolizan o significan; no se habla ya de transubstanciación sino de transignificación, esto es, cuando Jesús dijo: «Esto es Mi Cuerpo» quería decir: «Esto significa Mi Cuerpo, no lo es real y físicamente, sino sólo espiritual, representativa o simbólicamente».

Dentro de poco deberían salir las «Líneas Guía» litúrgicas oficiales de esta «Novísima Misa» o «Novissimus Ordo Missae» bergogliano.

Pero han hecho las cuentas sin el Posadero. En efecto, «Dios deja hacer (la Nueva Misa), pero no pasarse (la Novísima Misa).

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Se habla también de un «Novísimo Movimiento Litúrgico» para abolir, incluso, la Instrucción del Concilio Vaticano II sobre «La recta aplicación de la Constitución sobre la Liturgia» (Liturgiam Authenticam), que resultaría ya superada porque establece el reconocimiento de los textos litúrgicos aprobados por las Conferencias Episcopales y de la correcta traducción en la lengua vernácula.

El «Novísimo Movimiento Litúrgico» querría dar mayor libertad a las Conferencias Episcopales abrogando el «reconocimiento / recognitio» previsto por la Constitución Liturgiam Authenticam.

Con el pontificado de Francisco, la doctrina no tiene ya el primado, el cual corresponde ya a la praxis. Por tanto, lo esencial es cambiar la praxis aunque se diga (pero no se demuestre) que la doctrina permanece inmutada. Esto no sólo para la moral matrimonial y la práctica sacramental, sino también para la Liturgia.

Por tanto, se camina alegremente hacia una «plegaria eucarística» o «misa» todavía más ecuménica que la «Nueva Misa» montiniana, dando a las Conferencias Episcopales libertad para experimentar nuevas traducciones de los textos, para que sean cada vez más conformes a la mentalidad del hombre contemporáneo.

De ahí el problema candente de un «Nuevo Canon de la Misa» o «Nueva Plegaria Eucarística» (en griego «Nueva Anáfora») para ir todavía más al encuentro de los protestantes, sobre todo en los Países germánicos y anglosajones, donde los católicos conviven con el Luteranismo. Se está, por ello, pensando en un Canon que pueda ser recitado juntos por «católicos» y protestantes, sin que sea embarazoso para ninguno de los «concelebrantes».

Ya en el 2001, el «Pontificio Consejo para la Promoción de la Unidad de los Cristianos», presidido entonces por el card. Walter Kasper, promulgó un Documento que reconocía la validez de la Anáfora, o sea, del Canon de Addai y Mari (la misa de la iglesia nestoriana), documento aprobado por el entoces card. Joseph Ratzinger y por el papa Juan Pablo II. Esta Anáfora no contiene las palabras de la consagración en un determinado momento y de manera específica, sino que las contiene esparcidas o diseminadas en las diversas oraciones que componen el Canon, esto es, no de manera explícita como todavía lo son en la «Nueva Misa» montiniana, aunque en forma narrativa entre dos puntos («Tomó el pan, lo partió y dijo: tomad y comed todos de él. Porque esto es mi cuerpo»).

La Anáfora (o el Canon) de Addai y Mari, por tanto, sería utilísima para llegar a la «Novísima Misa» sin palabras explícitas de consagración, la cual podría, así, ser utilizada por todos: «católicos» y protestantes.

Ignatius

(Traducido por Marianus el eremita)

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