MEDITACIÓN

Imitación de Jesucristo

Composición de lugar. Contempla al Eterno Padre que, mostrándote a su Hijo Jesús, te dice: “Este es mi Hijo muy amado, oíble.”

Petición. Oh Padre Eterno, hacedme gracia de imitar a Jesús.

Punto primero. Si no imitas a Jesucristo, hija mía, es imposible que reines con Él. El Padre Eterno ha jurado no admitir a su gloria sino a los que fuesen conformes a la vida de Jesucristo… Ponte, pues, delante, hija mía, tan Divino Modelo, y procura en lo posible conformar tus pensamientos, palabras, obras y deseos con los de Jesucristo… Pregúntate a menudo: ¿Qué pensaría, qué diría, qué haría Jesús en este caso?… Con esta pregunta, mucho te podrás ayudar a obrar santamente, divinamente… Contempla cómo conversaba Jesús con los hombres, e imítale… Eres cristiana, discípula de Jesús; por consiguiente debes asemejarte a tu Divino Maestro… ¡Cuán raras veces, cuán brevemente, cuán sobriamente Jesús conversó con los hombres!… ¡Cómo amó el silencio, la soledad, aunque nada tuviese que temer del trato de las gentes! De los treinta y tres años pasó treinta en soledad y silencio… los tres últimos los empleó en bien de sus hermanos en los ministerios de la vida apostólica; más ¡cuánto tiempo empleó en la oración!… Aprende de aquí, hija mía, a huir las conversaciones y pláticas de los hombres, siempre peligrosas, muchas veces nocivas, y ordinariamente inútiles, y ama cuanto puedas el silencio y la soledad. Imita a Jesucristo.

Punto segundo. ¿Qué norma, qué leyes observa Jesucristo en su trato y conversación con los hombres? ¿con quién trataba? – Con todos y con preferencia con los pobres, sencillos y humildes, sin ninguna acepción de personas.- ¿de qué hablaba? Del reino de Dios y de su justicia; no de cosas vanas y dañosas. – ¿De qué modo? – Con paciencia, mansedumbre y caridad sobrellevaba los defectos del prójimo, los corregía con benignidad, con ánimo igual y constante… ¡Con qué modestia, afabilidad y dulzura atraía a todos los corazones y los ganaba para Dios!…

Punto tercero. Siempre grave, jamás se valió de chocarrerías y chistes de mal género; lloró muchas veces, jamás rió, según el Santo Evangelio… jamás habló sino con intención recta y pura de la gloria de Dios. Por complacer a su Padre celestial empezaba, continuaba y cortaba la conversación… Conversaba con los hombres, de modo que siempre estaba presente con Dios… Atendía a sí, de modo que evitaba las celadas y dolos de sus enemigos… Trataba con cada uno de los hombres acomodándose a su carácter, necesidad, utilidad, y haciéndose todo para todos, para ganarlos a todos… ¿Es éste tu espíritu? ¿así te portas con los hombres en tu trato?… ¡Oh hija mía! Procura en todas las cosas conformar tu vida con la de Jesús, y serás santa muy pronto. Imita, hija mía, a Jesús, y reinarás con Él y serás siempre de Jesús.

Padre nuestro y la Oración final.

Fruto. Antes de hablar a los hombres de Dios, hablaré a Dios de los hombres. Amiga de todos; familiar sólo a Dios y a los Ángeles. ¡Oh Jesús, sed para mí Jesús!

San Enrique de Ossó

Meditación

Meditaciones diarias de los misterios de nuestra Santa Fe y de la vida de Cristo Nuestro Señor y de los Santos.