MEDITACIÓN

Jesucristo, camino, verdad y vida

Composición de lugar. Considera a Jesús como Maestro que te enseña el camino del cielo y te dice: “Sígueme.”

Petición. Jesús mío, haz que ame y practique vuestra doctrina.

Punto primero. Yo soy el camino, dice Jesucristo… Es el camino por sus méritos, por sus ejemplos: camino recto de justicia, abierto a todo el mundo… Camino fácil, llano, expedito, que guía infaliblemente al cielo y a la felicidad… Camino único de salvación, fuera del cual no hay más que precipicios, ruina, perdición eterna… Por Jesucristo, y sólo por Jesucristo, podemos llegar al Padre, agradarle y merecer su eterna bendición… ¡Oh hija mía! Reconoce que no es tiempo de creer a todos, sino tan sólo a los que vieres van conformes a la vida de Cristo, verdadero e infalible camino y verdad. Óyeme.

Punto segundo. Jesús es la verdad, porque en Él se cumplieron las profecías y se realizaron las figuras de la antigua ley: es la verdad en sus dogmas, en sus misterios, en sus promesas, en sus amenazas, en su Evangelio, en su Iglesia… es la verdad por la que debemos dar la vida, si necesario fuere, para defenderla: es la verdad única, infalible, inmutable, eterna, fuera de la cual no resta más que falsedad, errores, mentiras… El mundo, la sectas, las pasiones, los sentidos, todo en fin lo que no es Jesús, o a Él conduce, es puro error, o malicia, o mentira… ¡Oh hija mía! De esta verdad nacen todas las otras verdades. Conoce y ama a Jesucristo, y andarás siempre en verdad, la conocerás y la poseerás siempre en el tiempo y en la eternidad.

Punto tercero. Jesucristo es la vida. El hombre busca, y busca sin tregua ni descanso la vida, la vida verdadera, la verdadera felicidad… Y sólo Jesucristo es esta vida. Vida en Dios, eterna y esencial… vida en nosotros por su gracia, por su espíritu, por su amor… vida con que vivimos en Dios y nuestro corazón en la paz, nuestro cuerpo en la gloria inmortal por la resurrección… vida única, vida del alma, vida del corazón, vida de amor, vida de Dios… vida sin la cual sólo hay muerte muy pesada, muestre para el corazón, muerte del alma… ¡Oh verdadera vida de mi alma, Jesús, Dios de mi corazón! Acábase ya esta vida, o mejor, esta muerte, y vívase sólo por Vos, que sois el camino, la verdad y la vida de todos.

Padre nuestro y la Oración final

Fruto. Viviré sólo para Jesús, con Jesús y por Jesús.

Todo por Jesús.

San Enrique de Ossó

Meditación

Meditaciones diarias de los misterios de nuestra Santa Fe y de la vida de Cristo Nuestro Señor y de los Santos.