ADELANTE LA FE

Jesucristo no dio esa autoridad a Pedro y sus sucesores

Si me amáis guardaréis mis mandamientos (Jn. 14, 15)

El que recibe mis preceptos y los guarda, ése es el que me ama; el que me ama será amado de mi Padre, y yo le amaré y me manifestaré a él (Jn. 14, 21).

Si alguno me ama, guardará mi palabra, y mi Padre le amará y vendremos a él y en él haremos morada (Jn. 14, 23).

 

Los Mandamientos de la Ley de Dios se han de cumplir

Queridos hermanos, no es mi ciencia teológica, que no la tengo, ni mis doctorados, que tampoco los tengo, ni los libros que he publicado, que no los tengo, ni mucho menos mi prestigio, del que carezco, es simple y llanamente mi fe, mi fe católica atesorada en la oración constante y asidua, en la meditación de la Palabra de Dios a la luz de los santos Padres, la guía luminosa e incomparable de Santo Tomás de Aquino, el conocimiento de los dogmas de fe, el estudio de las enseñanzas de la Tradición, es todo ello, lo que me confirma con la certeza indubitable de la fe: que Nuestro Señor Jesucristo no dio autoridad  a Pedro, y a sus legítimos sucesores, cuestionar su divina Palabra.

Ningún Papa ha tenido y ni tendrá autoridad para cuestionar la Palabra de Dios. Ningún  Papa puede ni podrá exonerar a los fieles católicos del cumplimiento exacto de los Mandamientos de la Ley de Dios. El Obispo de Roma no tiene potestad para ello, no la ha recibido de Jesucristo, de quien es Vicario, y por tanto, todo lo que diga con el fin de enseñar e instruir a la Iglesia de Cristo, ha de ser como si el mismo Señor lo dijera. Porque el Obispo de Roma es Vicario, no Señor. Es servidor, no dueño.

Ningún fiel católico que ame al Señor como Él quiere ser amado, es decir, con un amor semejante al que Él que nos tiene, porque el amor no se paga sino con un amor recíproco, puede aceptar bajo ningún concepto el punto 306 de Amoris Laetitia, donde de forma escandalosa, inaceptable y ofensiva a Dios, se exonera a los fieles, que les sea una carga, del cumplimiento de los Mandamientos; proponiendo como alternativa una norma humana a la Ley divina, una llamada vía caritatis, invento del hombre para el hombre, para complacerle, para satisfacerle en sus debilidades y pecados, para confirmarle en ellos, para que no se arrepienta de ellos. Una vía caritatis que da la espalda a Dios, que desprecia sus Mandamientos, dejándolos a gusto del fiel: si puede los cumple, sino puede se acoge a la vía alternativa. Si los Mandamientos quedan a la elección de quien los pueda cumplir, entonces ya  han dejado de ser un Mandato divino para ser una opción humana.

Amoris Laetitia, punto 306

¿Qué dice el punto 306 de Amoris Laetitia?: Ante quienes tengas dificultades para vivir plenamente la ley divina, debe resonar la invitación a recorrer la vía caritatis. Es decir, Amoris Laetitia no exige el cumplimiento de los Mandamientos, los presenta como una carga para algunos, imposibles de cumplir; lo cual nos lleva a la conclusión de que Dios no ha hecho las cosas perfectas al mandarnos los Mandamientos, que lo que ha hecho es mandar  una pesada carga al hombre; esto es lo que quiere decir la vía caritatis: Dios, imperfecto,  ha dado una carga pesada al hombre que no se puede cumplir, por lo que nos propone una vía alternativa alejada de la voluntad de Dios.

Cabe recordar el Decreto sobre la justificación del Concilio de Trento, cuyo Capítulo 11 se titula De la observancia de los mandamientos y de su necesidad y posibilidad, y empieza diciendo:

Nadie, empero, por más que esté justificado, debe considerarse libre de la observancia de los mandamientos [Can. 20]; nadie debe usar aquella voz temeraria y por los Padres prohibida bajo anatema, que los mandamientos de Dios son imposibles de guardar por el hombre justificado. Porque Dios no manda cosas imposibles, sino que al mandar avisa que hagas lo  que puedas y pidas lo que no puedas y ayuda para que puedas: sus mandamientos no son pesados [1 Jn. 5, 3], su yugo es suave y su carga ligera [Mt. 11, 30]. Porque los que son hijos de Dios aman a Cristo y los que le aman, como Él mismo atestigua, guardan sus palabras [Jn. 14, 23]; cosa que, con el auxilio divino, pueden ciertamente hacer (Denz. 804).   

El canon 20 dice:

Si alguno dijere que el hombre justificado y cuan perfecto se quiera, no está obligado a la guarda de los mandamientos de Dios y de la Iglesia, sino solamente creer, como si verdaderamente el Evangelio fuera simple y absoluta promesa de la vida eterna, sin la condición de observar los mandamientos, sea antema (Denz. 830).

Queridos hermanos, es dogma de fe cumplir los Mandamientos, por lo que, exonerar a los fieles de su  cumplimiento, como establece el punto 306 de AL,  es contravenir un dogma de fe definido por la Iglesia. ¿Comprenden la extrema gravedad que supone lo que establece Amoris Laetitia en el punto 306? ¿Pueden llegar a comprender el alcance tan pernicioso que supone para la fe y costumbres de la Iglesia, y no sólo para el Sacramento del Matrimonio?

¿Qué es la vía caritatis de la que habla el punto 306? Lo hemos indicado, pero insistimos en ello por su gravedad, se trata de una fórmula humana que no tiene más propósito que quienes viven en pecado mortal de adulterio permanezcan en su pecado sin arrepentirse de su vida y puedan llegar a la Sagrada Comunión. Esta es la vía caritatis, un camino que pretende que estén en plena comunión con la Iglesia quienes están en pecado mortal.

La verdad de nuestra fe católica dice que nadie queda exonerado del cumplimiento de los Mandamientos, no puede proponerse una vía caritatis como alternativa a los Mandamientos, ya que  es contraria al dogma de fe, es más se opone a él.  No les estoy dando mi opinión, ni mi parecer, porque todo cuanto opine y sienta en este asunto es lo que dice y siente la Iglesia, a cuya obediencia me someto,  les hablo de  la fe que todos ustedes deben creer y vivir y manifestar para la salvación eterna de sus almas, y la de los prójimos.

Un hecho sin precedente en la vida de la Iglesia

El exonerar a los fieles del cumplimiento de los Mandamientos de la Ley de Dios es un hecho sin precedentes en la Iglesia; proponer una alternativa a la Ley de Dios es un acto de soberbia difícilmente comparable a cualquier otra acción. El pecado de soberbia de los ángeles caídos tuvo lugar antes del derramamiento de la Preciosísima Sangre de Nuestros Señor para la redención del mundo, por  lo cual la Sangre de Nuestro Señor no se derramó por ellos. Pero sí se ha derramado por el Obispo de Roma y por todos sus Pastores, por lo que hace que los actos de soberbia de ellos tengan una gravedad especial. Las consecuencias para la vida de la Iglesia son catastróficas, la fe y costumbres están totalmente cuestionadas, ignoradas unas, ridiculizadas otras, introduciendo en su lugar una nueva moral de situación y conveniencia, una nueva creencia a la carta adaptada al momento actual y al hombre de  hoy, a su propia conveniencia.

Los Mandamientos de la Ley de Dios se cumplen sin ninguna excepción, no existe ninguna alternativa a ellos, porque la alternativa a no cumplir los Mandamientos es la condenación del alma. No hay mayor amor a Dios que el cumplimiento exacto  de sus Mandamientos, porque para el que los cumple supone ser amado por el Padre Eterno con especiales señas de amor; supone que el Padre, el Hijo y, por consiguiente, el Espíritu Santo, morarán dentro de él, y Cristo se le manifestará en esta vida por la luz de la fe, con la gracia de la contemplación, como en la otra por la visión beatífica con que se ve a Dios claramente. Dichosos los que aman a Cristo cumpliendo sus Mandamientos, pues estos bienes alcanzarán.

Excelencia del gobierno de Cristo

Queridos hermanos, retengan las palabras de San Pablo a los Corintios (1 Co. 1, 30) cuando dice de Cristo Nuestro Señor que se hizo para nosotros sabiduría, justificación, santificación y redención, y medítenlas.

En el Señor están todos los tesoros de la sabiduría y de la ciencia (En quien se halla escondidos todos los tesoros de la sabiduría y de la ciencia. Col. 2, 3). Gobierna todas las cosas sin error, con suma eficacia y suavidad, conoce nuestras limitaciones, y a cada uno de los hombres ofrece la ayuda necesaria para vencer las debilidades y alcanzar la perfección. Nos gobierna con sabiduría celestial y divina (Por lo cual el apetito de la carne es enemistad con Dios y no se sujeta ni puede sujetarse a la ley de Dios. Rom. 7,8) comunicándonos tal sabiduría. Sus Mandamientos son obra de su sabiduría, con los cuales nos gobierna celestial y divinamente.

Cristo Nuestro Señor obra con suma justicia, y  por excelencia se le  llama Justo (El Señor, nuestra justicia. Jer. 23, 6), nunca hubo injusticia en Él, ajustando siempre sus obras con la voluntad de su Eterno Padre. Gobierna siempre con justicia y equidad, sin perjudicar a nadie, ni haciendo acepción de personas, sin someterse a respetos humanos, dando a cada uno lo que se merece, premiando a los buenos y castigando a los malos como Juez universal de todos, deseando justificar a todos los hombres (El Justo, mi siervo, justificará a muchos, y cargará con las iniquidades de ellos. Is. 53, 11) ¿Son acaso sus Mandamientos injustos, una carga que no se puede soportar? ¿Obra injustamente el Señor al ordenar los Mandamientos?  ¿Puede el Justo actuar con injusticia? Los Mandamientos son obra de  su justicia.

Cristo Nuestro Señor es para nosotros santificación, es el Santo de los Santos, en quien están todos los tesoros de la santidad, de cuya plenitud reciben los hombres (Pues  de su plenitud recibimos todos, gracia sobre gracia. Jn. 1, 16) no solamente la justicia que limpia la culpa, sino la santidad. El Señor nos gobierna con leyes santas, con santos consejos y santos ejemplos; y así nos dice a todos: Sed santos, como Yo soy santo (1 Pe. 1, 16), y Sed perfectos como vuestro Padre celestial es perfecto (Mt. 5, 48). ¿No son los Mandamientos obra de su santidad para que alcancemos la santidad y la perfección?

Cristo Nuestro Señor es para nosotros redención, porque nos ha librado de la esclavitud del demonio y del pecado (Libres ya del pecado, habéis venido a ser siervos de la justicia. Rom. 6, 18) de la carne y de sus pasiones, del mundo y de sus tiranías, poniéndonos en la libertad del espíritu (Vosotros hermanos, habéis sido llamados a la libertad; pero cuidado con tomar la libertad por pretexto para servir a la carne, antes servíos unos a otros por la caridad. Gal. 5, 13), propia de los hijos de Dios. El Señor nos redime para que alcancemos el fin de la redención, que es la perfecta adopción de los hijos de Dios (Que no habéis recibido el espíritu de siervos para recaer en el temor, antes habéis recibido el espíritu de adopción por el que clamamos: ¡Abba, Padre! Rom. 8, 15). Los Mandamientos de la Ley de Dios nos hacen hijos de adopción, separándonos de la esclavitud del demonio, de la carne y del mundo.

Correctio filialis

La Corrección filial, por parte de un grupo de estudiosos laicos y teólogos, que se ha hecho pública, es una muestra de los errores  y herejías que se han propagado en la Iglesia, tomando carta de naturaleza en ella; esta Corrección verdaderamente ha sido un impulso del Espíritu Santo en su Iglesia, señalando los errores y herejías presentes en Amoris Laetitia.  Pero la Iglesia está  inundada de errores y herejías que atañen a todo el ámbito de la fe y costumbres. ¿Qué decir sobre el Sacramento de la Penitencia, de los Novísimos, es decir, sobre la muerte, cielo, infierno, juicio final, de la castidad, del valor de la tradición, de las relaciones homosexuales, del falso ecumenismo y diálogo religioso, de las aberraciones litúrgicas…? No hay verdad, que la tradición y enseñanza de la fe  nos ha trasmitido, que no se haya tergiversado y se nos presente de forma herética o falsa. Se cuestiona sin pudor la misma Palabra de Dios.  Reina el desconcierto más absoluto, pues la fe católica se ha cuestionado.

Queridos hermanos,  no se pueden cuestionar los Mandamientos de la Ley de Dios por quien tiene el sagrado mandato de guardarlos y hacerlos guardar,  sin que sobrevenga sobre la Iglesia la más sombría y angustiosa oscuridad, sin que el desconcierto, duda, y desconfianza embargue a muchas almas; sin que éstas caminen hacia la condenación eterna. Quieren esconder la Luz de la Verdad, y en su lugar poner la macilenta luz del error y la herejía, y la apostasía.

Los Mandamientos de la Ley de Dios se han de cumplir a la perfección si de verdad queremos amar a Dios, si verdaderamente anhelamos la vida eterna. En la Ley divina está el amor a Dios y el amor que Dios nos tiene. No podemos cuestionar su Palabra, sólo obedecerla fielmente y amorosamente. Si guardareis mis preceptos, permaneceréis en mi amor, como yo guardé los preceptos de mi Padre y  permanezco en su amor (Jn. 15, 10). Guardar los mandamientos de Dios nos conserva en el amor a Dios, y el que seamos amados por Él, y todo a imitación de Cristo, mirando como Él guardó los Mandamientos, poniendo su vida en cumplirlos. De igual forma nosotros hemos de poner nuestra propia vida en su cumplimiento, lo que nos mantendrá dentro del resplandor de la Luz de la Verdad de nuestra fe.

Ave María Purísima.

Padre Juan Manuel Rodríguez de la Rosa

Padre J.M Rodríguez de la Rosa

Padre Juan Manuel Rodríguez de la Rosa. Nació en Palamós (Gerona) en 1956, y se ordenó sacerdote en 12 de octubre del 2007 en la catedral de Getafe. Es licenciado en Estudios Eclesiásticos y en Derecho Canónico. Preside una Asociación privada de fieles de vida de oración contemplativa. En la actualidad es capellán de una residencia de ancianos de Madrid. Es autor del vídeo “Mysterium Fidei” sobre la Misa tradicional.