MEDITACIÓN

Jesús en los años de su predicación

Composición de lugar. Contempla a Jesús rodeado de niños, de pobres y de pecadores.

Petición. Conocerme a mí y conoceros a Vos, Jesús mío de mi alma.

Punto primero ¡Cuán humilde se presenta Jesús en su vida pública! Mírale rodeado de doce pobres y toscos pescadores, hombre rudos, impertinentes… Éstos forman su corte… Contemplarle rodeado de niños a quienes abraza, bendice y enseña con singular complacencia… Observa con qué mansedumbre trata a los pecadores… La mujer adúltera… la escandalosa Magdalena… la vanidosa y marisabidilla Samaritana se acercan a Él, y son perdonadas…; le siguen, y son santas, distinguiendo a la Magdalena, después de su Madre, en muestras de cariño y amor… ¿Quién, pues, temerá arrojarse a los pies de este Dios y Jesús, por pecados que haya cometido, hija mía?… ¡Oh mi amado Jesús! Habed compasión de esta alma que tantas veces os ha ofendido, y admitidme, como a la Magdalena, a vuestro servicio. No Aborrecisteis, Jesús mío, cuando andabais por el mundo, a las mujeres, antes las favorecisteis siempre con mucha piedad… Habedla, Salvador mío, de esta pobre pecadora, gusanillo vil que así se os atreve; y hacedme santa, pues jamás quiero separarme en adelante de Vos.

Punto segundo. Jesucristo en todas sus obras no busca sino la gloria de su Padre, lo que es de su agrado… Cumple la ley y ceremonias, aunque no le obligaban, como el menor de los súbditos… ¡Qué idea tan elevada y amorosa da de Dios Padre!… Su voluntad es su alimento.

¡Qué celo por la salvación de las almas! ¡Cómo va en busca de los pecadores, y come con ellos para atraerlos a Dios!… ¡Cuánta paciencia en sufrir a sus Discípulos, en soportar las calumnias que contra Él levanta la envidia de sus enemigos que todo lo tergiversan! ¡Qué paz en su interior! ¡Qué modestia en su exterior!…

Punto tercero. Su mirar… su andar… su hablar… en suma, todo el porte exterior e interior de Jesús es siempre digno de un Hombre Dios… Por eso atrae en pos de sí a todos los corazones. – ¡Oh mi Divino Maestro Jesús! ¡Qué diferencia hallo entre mi conducta y la vuestra!… ¿Cuándo seré toda de Jesús, y me revestiré de vuestras divinas cualidades?… Ayudadme, Santa Madre mía Teresa de Jesús, a ser como Vos, toda de Jesús, pues justo es que si con mi conducta escandalosa o mala he robado algunas almas a Jesús, con mi vida ejemplar le gane otras muchas. Amén.

Padre nuestro y la Oración final.

Fruto. Tener por modelo de todas nuestras acciones a Jesucristo, obrando siempre como si le tuviésemos presente. Preguntémonos al hallarnos en sociedad: ¿Cómo se portaría en esta ocasión Jesucristo? ¿Qué piensa Jesús, qué dice de mi modo de vivir? Y con este cuidado ir conformando nuestra vida a la de Jesucristo.

San Enrique de Ossó

Meditación

Meditaciones diarias de los misterios de nuestra Santa Fe y de la vida de Cristo Nuestro Señor y de los Santos.