MEDITACIÓN

De la 5ª bienaventuranza: bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia

Para el miércoles veinticuatro

PUNTO PRIMERO. Considera que conforme a la ley y preceptos divinos, estamos obligados a amar a nuestros prójimos como a nosotros mismos, y por el consiguiente, como dice San Remigio, citando a Santo Tomas, a tener sus miserias por nuestras, apiadarnos de él como de nosotros mismos. Pues mira su tu cumples esta ley o si vas por el camino contrario, siendo muy piadoso para contigo y muy impío para con tu prójimo, y vuelve la hoja y ten misericordia de tus hermanos, como quieres que la tenga de ti, modelos con tu propia medida, y pídele a Dios gracia para cumplir este consejo y ser alistado en el catálogo de esta bienaventuranza.

Punto II. Considera la misericordia que Dios tiene de ti, y cuantos pecados te perdona, y como se apiada de tus cuitas y socorre tus necesidades; acuérdate que dijo Cristo[1] : sed misericordiosos como vuestro Padre lo es; y estudia en imitar esta misericordia con tus prójimos, como Dios la usa contigo, y pídele su favor para imitar su ejemplo y ser misericordioso como él lo es.

Punto III. Pondera cuánta necesidad tienes de que Dios use de misericordia contigo, y que será de ti si no la usa, sino antes se vale de todo rigor, y considera el premio que promete a los misericordiosos, conviene a saber, que tendrá de ellos misericordia, no solo en esta vida, sino también en la otra; en testimonio de lo cual el día de juicio no hace mención de otra virtud sino de esta, diciendo a sus escogidos[2]: venid, benditos de mi Padre, poseed el reino del cielo que os está preparado desde el principio el mundo, porque tuve hambre y me disteis de comer, etc. Y a los malos lanzará en el infierno porque no usaron de esta misericordia con sus prójimos. Pues si quieres que tenga ahora y entonces misericordia de ti, como dice David[3], dispone sus cosas para el día del juicio, y el que no, traza su condenación.

Punto IV. Ten también misericordia de tu alma siguiendo el consejo de Eclesiástico, que dice[4]: apiádate de tu alma agrandando a Dios; mira las miserias que padece, las necesidades en que se halla, el desamparo en que la tienes, y conoce que ninguno es más prójimo tuyo que tú mismo a ti, y ten misericordia de ti, considera con atención las voces que te da el remordimiento de tu conciencia, y óyela, socórrela, y ayúdala y consuélala; sácala de los vicios y pecados con la ayuda de Dios, el cual te la dará para mejorarla y perfeccionarla en toda las virtudes y alcanzaras la misericordia del Señor.

Padre Alonso de Andrade, S.J 

[1] Luc 6. Math 7

[2] Math, 21

[3] Psalm 11

[4] Eccl. 10