ADELANTE LA FE

La familia y uno más

“La familia y uno más” era el título de una memorable película española en la que relataba la vida de un aparejador con 15 hijos (“la gran familia”) y que culmina con el nacimiento de la hija número 16 (La familia y uno más). La historia de esta familia se recrea en la España de los años 60 y va evolucionando mientras los hijos van creciendo. Como cabe imaginar, en una familia tan amplia y con los cambios políticos que acontecían, cada hijo empieza a desarrollar su vida, formando su propia personalidad, aparentemente alejada de la educación recibida. No vengo a hablarles de la película, sino de las familias y de los miembros que en ellas hay y seguro que en las nuestras todos pensamos que hay uno de más, ¿verdad?

Me encontraba hace unas semanas en una tertulia de café con unas amigas que descorazonadas se preguntaban que había que hacer cuando los hermanos, hijos o familiares vivían de espaldas a Dios. Una decía que callar o hablar de temas que no resultaran problemáticos (religión, política,…), otra comentaba que había que aceptar de buena gana todo pensamiento distinto al nuestro y una tercera que opinaba que cada uno era libre de llevar la vida que quisiese. Me llamó la atención que ninguna de ellas tenía en mente hablar del pecado con estas personas, de la grandeza de Dios, de la necesidad de vivir en Gracia, de la confesión, etc. Cuando lo comenté, me preguntaron si tenía los tornillos en el sitio, eso me hizo pensar que somos los Católicos los que mantenemos a Dios oculto, como si lo tuviéramos encerrado en un cajón y no quisiéramos que nadie lo viera o lo conociera, ocultando para nosotros el tesoro encontrado. Dios está oculto en el cajón de nuestra mesilla de noche, como si fuera un libro prohibido.

En España estamos en época veraniega, es la temporada de las bodas, bautizos y Comuniones (la BBC), el momento de unión o desunión con la familia…como en Navidades, la diferencia es la climatología. Y así sucede que, los grandes momentos familiares, tantas veces quedan eclipsados por el mal cuerpo que llevamos a dichas ceremonias. Leía hace poco en una publicación seria, médica, que en Navidades mucha gente toma bebidas alcohólicas hasta perder el control, para evadirse de dichos momentos. Insisto, lo leí en una publicación médica, no en una revista de calceta. Algunos, en estos momentos, estarán pensando, “ah, sí, yo mismo”, otros pensarán que quizás es exagerada la apreciación.

¿Quién de nosotros no se ha sentido intimidado alguna vez en una reunión familiar mientras se habla de divorciados, homosexuales, hijos in Vitro, aborto? ¡Cuántas veces habremos pensado que estábamos mejor en una isla desierta que en semejante sarao! Y optamos por la actitud de la tortuga, esconder la cabeza o salir corriendo cual correcaminos mic mic cuando aparecía el coyote.

Necesitamos convertir al pecador no dejarlo vivir en su error, en su estado de condenación. Aunque nos fuésemos a una isla desierta, allí también nos encontraríamos a un pecador: nosotros mismos por huir como cobardes. Los Apóstoles no escaparon como ratas en un naufragio, al contrario, murieron mártires por llevar la palabra de Cristo al mundo.

“Os escribí en la carta que no tuvieseis trato con los fornicarios. No digo con los fornicarios de este mundo en general, o con los avaros, ladrones o idólatras, pues entonces tendríais que salir del mundo” (1 Corintios, 5-9).

Creo que podría decirse que todos, cada uno de nosotros y sin excepción tenemos en nuestras familias, hermanos, padres, hijos, sobrinos, etc, alguien que está en situación de pecado mortal público, la familia y uno más. ¿Quién no tiene un pariente recasado o viviendo en unión libre, o conviviendo dos hombres o dos mujeres? ¿En sus familias no hay nadie que haya recurrido a la inseminación artificial para tener hijos, o el caso contrario, aborteros? ¿Sus parientes van a Misa todos los domingos? No se trata de tener todos los casos aquí expuestos entre los miembros de nuestro clan, de ser así, necesitaríamos algo más que una taza de tila, pero seguro que en alguno de los casos, Vds. han dicho, sí. Algo tan sencillo como faltar a Misa un domingo nos sitúa en el lado oscuro, en pecado mortal y esto no es una broma, podemos estar hablando de nuestros hijos, sobrinos, esposos, esposas, hermanos, es decir, de esas personas a las que tanto amamos. Porque yo no sé Vds., pero yo amo profundamente a mi familia y mi deseo es que todos nos santifiquemos y vayamos al cielo, no deseo que ninguno se condene.

“Al caer de la tarde, la gran familia cristiana abuelos, padres, hijos y sirvientes solía reunirse junto al fuego para rezar el santo rosario, la plegaria familiar por excelencia. En aquellos hogares todos se amaban y respetaban mutuamente, se bendecía a Dios y se comía el pan con reverencia. Se han perdido ya, quizá para siempre, estas dulces y entrañables tradiciones” Royo Marín (Teología Moral para Seglares)

Recuerdo cuando compré mi casa en el campo, estaba tan emocionada y feliz que quise compartir ese momento con los míos. Algo puramente humano y terrenal nos hizo pasar un día inolvidable, recuerdo las cariñosas palabras de mi papá y los momentos divertidos que pasamos todos. Pues fíjense, queridos, si compartimos nuestra alegría por un bien pasajero, una casa, algo que es tan superficial ¿no habría de ser mucho mayor nuestra emoción a la hora de hablar a los demás de Dios, de Su grandeza, de Su Amor por nosotros, de lo que tiene reservado para los que le Aman? Y sin embargo, nos callamos, no hablamos de Él, del dulce cielo en el que podemos morar eternamente, nos reventamos a hablar de lo hermosa que es una casa y no hablamos de Dios, ¿Qué nos está pasando?

Entre mis costumbres tengo una que a algunos les parece infantil, a otros fuera de lugar y alguno que la alaba y es que cuando veo algo que es pecado suelo decir sin más miramientos, “eso es pecado”. Un día un amigo Sacerdote me afeaba esa conducta. Tampoco es que diga esto diez veces por minuto, simplemente cuando el hecho es evidente, igual que el mundo acostumbra a decir, “eso es delito” cuando se comete algo que la justicia condena. Si vamos caminando con alguien y nos parásemos a darle una bofetada a una persona sin más por la calle, es seguro que nos dirían a voz en grito, “delito”, pues gritemos: “pecado”. ¿Por qué no lo hacemos? Porque somos unos cobardes, esa es la razón, sin paños calientes, cobardes de pies a cabeza. No somos capaces de estar sentados con un hermano, por ejemplo y explicarle sosegadamente y con amor, que divorciarse y vivir con otra persona es pecado mortal. Preferimos evitar ese momento. Muchos dicen, “no, yo ya no voy a casa de mis padres, para evitar encontrarme a fulano o a mengano”. Evitar la situación…Es una opción si nuestro temperamento no nos permite afrontar el momento. ¿Pero no sería mejor convertir al pecador que “escurrir el bulto”, es decir, dejarlos vivir en la ignorancia? Esa ignorancia conduce a la condena. No haber visto una señal de tráfico no es excluyente para una multa o para la retirada del permiso de conducir. Debemos sentarnos con el pecador y ayudarlo en su conversión, no es una idea pionera por mi parte, eso mismo es lo que hizo Jesucristo, pueden leer el Nuevo Testamento y ahí tienen un manual de autoayuda, el mejor manual del mundo. La Biblia es el libro más leído de la historia.

“Vio Jesús a un hombre llamado Mateo, sentado en la recaudación de los tributos, y le dijo: “Sígueme”. Y él se levantó y le siguió. Y sucedió que estando Él a la mesa en la casa de Mateo, muchos publicanos y pecadores vinieron a reclinarse con Jesús y sus discípulos. Viendo lo cual, los fariseos dijeron a los discípulos: “¿Por qué vuestro maestro come con los publicanos y los pecadores?” Él los oyó y dijo: “No son los sanos los que tienen necesidad de médico, sino los enfermos. Id, pues, y aprended lo que significa: “Misericordia quiero y no sacrificio”. Porque no he venido a llamar justos, sino pecadores” (Mateo 9,9)

¿No queremos la Santidad? ¿Qué creen que significa esa palabra, salvarnos nosotros y que a los demás les den zurra? Nuestra vida debe ser un modelo para los que nos observan, eso lo primero y no debemos ser timoratos, pusilánimes, ñoños, cabizbajos a la hora de hablar del Reino de Dios. Observo a mi alrededor como muchos se dejan llevar por la desidia… ¡normal! con un Papa que dice, “¿Quién soy yo para juzgar?” parece que quedamos desarmados ante el mundo. No se dejen engañar ni por el hombre de blanco ni por el de negro, nosotros no juzgamos, hablamos y exponemos objetivamente los hechos, buscando la salvación de las almas, damos a conocer a los demás las consecuencias de vivir en pecado, el mismo San Pablo lo hizo antes que cualquiera de nosotros y sepan Vds. que eso es el verdadero amor al prójimo.

“¿No sabéis que los inicuos no heredarán el reino de Dios? No os hagáis ilusiones. Ni los fornicarios, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los sodomitas, ni los ladrones, ni los avaros, ni los borrachos, ni los maldicientes, ni los que viven de rapiña, heredarán el reino de Dios” (1 Corintios 6,9)

Me llama la atención cuando veo católicos de media pluma aceptando como normal delante de sus narices todo tipo de situaciones y algunos se ufanan diciendo que las relaciones homosexuales les parecen correctas y cuando llegan a sus casas o a sus círculos de amigos, se mofan de estas personas. Pues miren, ni hay que reírse de nadie, porque eso es falta de caridad, ni hay que callarse ante lo que la sociedad nos presenta como modelo de vida, porque está lejos de serlo, el ideal lo tenemos reflejado en la familia de Nazaret. Siento la misma pena por el pecador en primer grado, como por el que pudiendo ayudarlo no lo hace y me provoca verdadera compasión el que además de no hacer nada, se mofa del prójimo.

“El don de piedad es eminentemente social. Tiene por misión perfeccionar la virtud de la piedad, dándonos el sentimiento íntimo de nuestra filiación divina adoptiva y de la fraternidad universal con todos los hombres” Royo Marín (Teología Moral para Seglares)

Resulta sorprendente como muchos Sacerdotes hoy en día, ante las dudas de los patriarcas, de los abuelos, los animan a no decir nada ante las situaciones de pecado público de sus hijos o nietos y así nos encontramos situaciones tan disparatadas como que un hijo y su novia o recasada se vayan a dormir a la casa de sus padres, es decir, bajo el techo paterno compartan lecho “conyugal”. ¡Señores, están dando su aprobación pública al pecado mortal! Con esta actitud quiere decir que lo aceptan y lo ven bien y lo ponen de ejemplo al resto de miembros de la familia y después, ¿Son Vds. los que llevan a sus nietos al catecismo o los que se quejan de que no los bauticen? Seamos congruentes. Sí, no se echen las manos a la cabeza esto es así y esto ocurre en nuestras familias. Abuelo, abuela, no pueden permitir eso en su casa, están dando un mal ejemplo a sus nietos. Esto no es renegar del hijo, ni echarle un caldero de agua hirviendo cuando entre por la puerta de casa, al contrario, esto es el amor verdadero, mostrar el camino que conduce al cielo, enseñarles a vivir en Gracia de Dios, ¿Vds. los educaron católicamente? Entonces, ¿Qué les da miedo hoy en día? ¿Perder al hijo, como dicen muchos? Lo que hacen al no hablar de estos temas o al aceptarlos, es ayudarlos en su condenación y entonces, sí que los perderán para siempre, sus almas se irán al fuego eterno. Hay el caso contrario, el que opta por la guerra fría, conozco una persona que estuvo 20 años sin hablar con su hijo por razón del matrimonio del mismo, mal hecho también, así no obraba el Señor. Nos vamos dando tumbos de un extremo a otro, pero sin pasar por el catolicismo.

Nuestro problema es que no leemos con profundidad los pasajes de la Biblia en los que el Señor convertía a tantas almas y la mayoría se han situado en el buenismo emanado desde el Concilio Vaticano II, que llega a su cúspide con el actual Papa Francisco, un líder político de masas que habla para un mundo desnortado, no un San Juan Bautista al que le cortaron la cabeza por señalar el adulterio, ¿lo recuerdan? Hoy se la volverían a cortar y contaría con nuestro aplauso, sin duda alguna. Esta semana salía una fotografía del conocido Padre Ángel en un mitin político de un partido de izquierdas, es decir los que a cara descubierta fomentan el aborto, las uniones de todo tipo y la laicidad del estado, retirando los crucifijos de los lugares públicos. Pues con ellos estaba este Sacerdote de la Diócesis de Madrid, aplaudiendo a rabiar.

Por lo tanto, quedan pocos Pastores que puedan ayudar a las almas en este duro camino del consejo espiritual, no obstante, si no los encuentran, aférrense a la Biblia, hablen con sus familiares, pero háblenles de Dios, de sus grandezas, de lo hermoso que puede ser ir al cielo por una eternidad y que si nos condenamos es por nuestro propio deseo de hacerlo, la verdadera misericordia es para el pecador arrepentido, no para el que sigue obstinado en vivir en pecado. Les repito que amo profundamente a todos los miembros de mi familia, pero no permitiría en mi casa, un amancebamiento en la habitación de invitados.

“Mi querida Candy, siento lo del otro día, ese pequeño enfado por mi comentario, pero no dudes que te lo dije con todo el amor…entiendo que estés enamorada y que ahora te parezca haber encontrado al hombre de tu vida, pero toda unión que es libre y que no se sustenta en el Sacramento del Matrimonio es pecado. Quizás esta frase te parezca infantil, la palabra “pecado”, ya somos mayores, cierto…pero posiblemente, lo que te estoy diciendo será lo más recto y serio que te ha dicho nadie en tu vida. Esto no es un cachondeo, una broma, nos morimos, es una gran realidad, hace poco murió mamá, ¿lo has olvidado? Traemos fecha de caducidad, ella que parecía que estaría ahí para cuidarnos siempre, se ha ido, ha muerto. ¿Piensas que ella se habría esforzado tanto en nuestra educación Católica si nada de esto fuera real, si todo se acabara cuando te meten en una caja de madera? Lo primero que nos enseñó mamá fue el Ave María…éramos niñas, nos poníamos de rodillas con las palmas de las manos juntas y desde el borde de la cama, echábamos un beso a la imagen de la Virgen Niña que teníamos en nuestro cuarto…¿quién recogería ese beso, Candy, si de verdad la Virgen no estuviera ahí para hacerlo? ¿Crees que esos besos cayeron en saco roto, que no los recibió nadie?… Hay que ser buenas, nos decían, ¿Recuerdas? y en nuestra inocencia nos preguntábamos como conseguirlo y era tan sencillo como cumplir sólo diez mandamientos, nos parecía facilísimo, había pecados que ni de lejos creíamos poder cometer. Recuerdo cuando comentamos que el cura en la Confesión nos preguntara por la pureza y nosotras nos escandalizamos, la sola pregunta nos parecía una perversión que nos hacía sonrojar, ¡Padre, nunca cometeríamos esos pecados! Continuando por el camino de la perfección recibimos a Jesús por primera vez, de blanco, como las princesas del cuento, ¿te acuerdas? Estábamos locas de felicidad, no había regalos como ahora, el único regalo era Él, Comulgar, recibir a Jesús…como princesas en busca del Amado, así nos presentamos aquel día…El príncipe nos sigue esperando, Candy, sólo hay que cruzar el umbral de la eternidad, si mis palabras te resultan hoy infantiles es porque recuperando la inocencia perdida, iremos juntas a los brazos de Dios Padre…Dame la mano y vayamos al cielo…”

Sonia Vázquez

Sonia Vázquez

Organista, no sabría, ni querría ser otra cosa. Casada. Laica comprometida con mi Iglesia. La Coruña