ADELANTE LA FE

La humanidad ha perdido el sentido del pecado

El gran Papa Pacelli (S.S. Pío XII) en un mensaje célebre que envió al mundo el 27 de octubre proclamaba con dolor: “El más grande pecado del mundo actual es tal vez el hecho que los hombres han perdido el sentido del pecado”.

¿Qué diría actualmente si fuera testigo de lo que nos toca vivir a nosotros? Hoy más de 70 años después comprobamos que esta pérdida del sentido de pecado es cada vez más generalizada y escandalosa. Ahora más que nunca necesitamos meditar sobre trascendencia del pecado y advertir al mundo sobre la gravedad del infierno pues las almas siguen cayendo en él como copos de nieve.

Gil de la Pisa, doctor en Filosofía y ensayista, es experto en los Ejercicios Ignacianos, pues ha hecho infinidad de tandas y ha escrito un libro sobre ellos Esto Vir. En esta entrevista nos ayuda a meditar en la gravedad y trascendencia del pecado de la mano del propio San Ignacio de Loyola. 

Antes de hablar del pecado sería bueno que hiciese unas consideraciones previas del tema que vamos a hablar…

En este caso concreto me gustaría que, como introducción y cimiento, al tema que nos va a ocupar, o sea, el pecado utilizar lo que siempre pongo como fundamento indispensable cuando deseo trasmitir en pocas palabras la Sabiduría a quienes viven ajenos a la misma. Los sabios griegos son los padres de la Filosofía, palabra griega que significa “amigos de la Sabiduría” porque supieron descubrir el arte y la técnica del razonamiento sobre las bases sólidas de la Lógica, el Arte y la Ciencia, que ya no se enseña a nuestros estudiantes.  Una de las cosas que más daño hace a los hijos de Satanás que gobiernan el mundo es el uso de la Lógica y la búsqueda de la Sabiduría y una de sus muchas victorias es haber eliminado la Lógica de los programas de estudios medios y universitarios.  En su lugar han propuesto el guiarse por sentimientos, no por el dictado de la razón.

Les recalco igualmente que una de las leyes que más fuerza tienen en este mundo creado por Dios, es la “ley del dilema”, que en lógica la llamamos el “principio de no contradicción”: Una cosa no puede ser ella y su contrario, al mismo tiempo.  Aclaro que no son exactamente lo mismo porque el principio de no contradicción no admite excepciones, porque es una ley universal e inviolable, y la ley del dilema según en qué materias no rige. Y, en otros casos, el dilema rige con mano de hierro.  Por ejemplo, en el caso que nos va a ocupar a partir de ahora, es decir la afirmación de que “solo existen en el mundo realmente dos tipos de hombres: Uno: el de los sabios; otro: el de los necios. No cabe otra posibilidad: O formas parte del pequeño número de los “sabios” o eres miembro el inmenso, casi infinito de los necios. Dos nombres de origen latino: necio (“ne scio” = no saber), sabio (scio=saber). Sabio es el que conoce la Sabiduría, necio el que la desconoce.

Pero, ¿Qué es la Sabiduría?

A mi limitado entender, una de las mejores definiciones es la que hizo un herido a los 30 años, defendiendo Pamplona en 1521 como capitán del Ejército de los reyes de Castilla (y ya del emperrado Carlos — nieto de Fernando e Isabel). Mientras curaba las heridas del cuerpo, sanaba también las del alma haciendo penitencia en Montserrat, bajo la protección y la inspiración de María. Esa definición nos la dejó San Ignacio en su librito inmortal Los ejercicios espirituales para vencerse y ordenar la vida, etc.” … Y dice así: “El hombre es criado para alabar, hacer reverencia y servir a Dios nuestro Señor y, mediante esto, salvar su ánima; y las otras cosas sobre el haz de la tierra son criadas para el hombre, y para que le ayuden en la prosecución del fin para el que es criado”.

E inmediatamente, a continuación, le saca el jugo a esa definición con una lógica aplastante:  De donde se sigue, que el hombre tanto ha de usar dellas, quanto le ayudan para su fin, y tanto debe quitarse dellas, quanto para ello le impiden. Por lo qual es menester hacernos indiferentes a todas las cosas criadas, en todo lo que es concedido a la libertad de nuestro libre albedrío, y no le está prohibido; en tal manera, que no queramos de nuestra parte más salud que enfermedad, riqueza que pobreza, honor que deshonor, vida larga que corta, y por consiguiente en todo lo demás; solamente deseando y eligiendo lo que más nos conduce para el fin que somos criados.

Más claro y más sencillo, el agua.  Lo que traducido a nuestro lenguaje moderno lo entiende cualquiera: es sabio el hombre “que sabe que Dios lo ha creado, para alabarle, reverenciarle y servirle” y, evidentemente, es necio, el hombre que lo ignora.

Sentado ese fundamento de pura roca, y axiomático, también Ignacio de Loyola nos va a enseñar en forma práctica lo que es el pecado y, sobre todo su gravedad, lo terrible y temible que es el pecado.

Este santo, como todos los demás grandes padres de la Iglesia, sus doctores y los buenos pastores nos recuerdan que el pecado es el único verdadero mal… y, en consecuencia, lo único que nos debe aterrorizar y asustar. Los otros males, en última instancia pueden ser verdaderos bienes, porque nos pueden acercar más a Dios y a la Sabiduría máxima, que es el Propio Creador. Sin embargo, estas verdades los hombres de hoy las ignoran por completo. Es más, te desprecian si las mencionas. Eres un pobre diablo de la Edad Media, un retrógrado, un inmovilista, un ser digno de lástima porque no ha sido capaz de entender el progreso ni ponerse al día.

Y no sería tan grave esa realidad si la misma Iglesia docente no se hubiese olvidado estos temas. Y lo dice un “carca” que lleva 79 años asistiendo cada día (con escasas excepciones) a la Santa Misa… Hasta 1969, misa tridentina ¡aquella maravilla de rito que durante al menos cuatro siglos!, santificó a centenares de miles de religiosos, religiosas, sacerdotes, etc., y a millones de gente sencilla que no entendía el latín, pero “sentía con la Iglesia” … Lo dice un “carca” igualmente de Rosario diario, y que, desde la juventud, hace cada año Ejercicios Espirituales de San Ignacio… Y digo que lo dice un carca para que no crean que escribe un “anticlerical” semejantes cosas.

Recuerdo cuando por primera vez oí al gran papa Pacelli (S.S. Pío XII) en un mensaje célebre  que envió al mundo el 27 de octubre de 1946 (hace ahora casi exactamente setenta y un años, pero me impactó tanto que me parece estar oyéndosela ayer… Acabábamos de pasar los horrores de la II Guerra Mundial y aquella figura que impresionaba por su hieratismo nunca más  visto en la cátedra de Pedro… nos decía solemnemente a los católicos que: “el más grande pecado del mundo actual es tal vez el hecho que los hombres han perdido el sentido del pecado“).

¿Comprendemos bien todo lo que nos quiere decir el Gran Papa del siglo XX, el Papa insuperable por su conocimiento de la vida del Mundo Moderno? ¡Terrible afirmación!: ¡No hay pecado más grande que perder el sentido del pecado! ¿Qué diría hoy si fuera testigo de lo que nos toca vivir a nosotros? ¿Qué podría afirmar viendo a la Iglesia que él gobernó durante 19 años viendo que para probablemente el 90% del pueblo católico (con la mayoría de sus cardenales, obispos y clero, incluidos) el pecado no existe? ¿Oyen en las Iglesias explicar alguna vez lo que es el pecado, las consecuencias del pecado es decir el Infierno eterno?

¿Pero qué es el pecado?

En otros tiempos lo primero que aprendíamos los niños era el catecismo del P. Astete o del P. Ripalda y ya sabías a qué atenerte en esta materia. Probablemente estoy hablando en chino porque ignoro si los católicos de hoy tienen noción de que existen los Catecismos dignos de tal nombre. Pero volvamos al P. Astete y lo que aprendías a los pocos años.

Pregunta: ¿Para qué es el Sacramento de la Penitencia? 

Respuesta: Para perdonar los pecados cometidos después del Bautismo.

P.: ¿Qué pecados son éstos? 

R: Los mortales y también los veniales.

P.: ¿Qué es pecado mortal?

R.: Es decir, hacer, pensar o desear algo contra la ley de Dios en materia grave.

P.: ¿Por qué se llama mortal?

R: Porque mata el alma del que le hace.

P.: ¿Y cuándo recibimos el Sacramento de la Penitencia?

 R: Cuando nos confesamos bien y recibimos la absolución.

P.: ¿Qué partes tiene la penitencia para quitar el pecado mortal?

R: Tres.

P.: ¿Cuáles son?

R: Contrición de corazón, confesión de boca y satisfacción de obra.

El pecado, y especialmente los pecados mortales, es lo peor es que puede ocurrir al ser humano…

Así es, puesto que el pecado es, en la práctica hacer lo que hizo Satanás, por lo que fue precipitado en el infierno por toda la Eternidad. Si pecas mortalmente y mueres en ese estado correrás la misma suerte.  Y yo te pregunto, ¿crees tú en esta afirmación o haces chistes sobre lo bien que lo vas a pasar en el infierno rodeado de vicios? ¿Pero has oído esto alguna vez en tu Iglesia si eres y te proclamas católico practicante? Me imagino la respuesta: Esto ya no se lleva. Estás viviendo en la Edad Media… Pues no amigo lector. La Verdad es la Verdad, es inmutable y dura para siempre. Y cuando Cristo diga a los que no viven en su amistad y gracia, en la hora de su muerte, (sentencia que repetirá en el Juicio Universal ante toda la Creación) “Vete maldito al fuego eterno”, te enterarás, si no los aprendiste a tiempo lo que es el infierno.

San Ignacio en los Ejercicios Espirituales enseña a meditar de forma práctica sobre lo que es el pecado…

Y lo hace muy sencillamente haciéndote meditar en silencio y ante él, en las consecuencias del pecado mortal. En primer lugar, te pone ante la realidad, dogma de fe, que Dios creó unos seres espirituales, dotados de una inteligencia privilegiada y libertad perfecta, y con unas cualidades excelsas: los ángeles. Parte de los mismos, siguiendo el ejemplo del más dotado de todos ellos, Lucifer, ante la prueba a la que los sometió Dios se revelaron y le respondieron a su Creador con el “non serviam”: no nos sometemos a tu Divina Voluntad. Y Dios, en el acto creó el infierno y precipitó en él a la tercera aparte de los ángeles.

Para entender la gravedad no hay nada más fácil que medir esta reacción del “Ser por esencia, del Ser Eterno, que lo es por sí mismo, sin haber tenido principio ni tendrá fin”, que existe por sí mismo, desde toda la Eternidad: poseedor de toda perfección en grado infinito: Sabiduría, Justicia, Bondad, Belleza, Omnipotencia, etc. Pues bien, ¡ese Dios infinitamente bueno y justo, envía a esas criaturas, obra suya, al lugar que reúne todos los tormentos posibles, al infierno y los condena a pasar allí, toda la Eternidad! ¡Es terrible e incomprensible humanamente tanto la existencia del infierno, como la reacción de Dios y el castigo impuesto por una sola desobediencia, por un solo y único pecado! Y los hombres han borrado esta tremenda verdad de su mente y viven tan felices, sin pensar en la gravedad del pecado mortal.

La meditación sobre este dogma infalible de nuestra Fe (sobre lo imponente, pavoroso, espeluznante, aterrador del infierno) es suficiente para que toda inteligencia normal se haga una idea de la locura que es ofender a Dios por el pecado mortal.

San Ignacio intenta que comprendamos la gravedad del pecado como verdad de nuestra fe y nos pone delante otra verdad de fe, igualmente aleccionadora… 

Además de la creación de los ángeles, la Santísima Trinidad, el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo decidieron crear dos nuevos seres, Adán y Eva, que, a diferencia de los ángeles, no eran espíritus puros, sino un compuesto de cuerpo material y alma espiritual, pero igualmente inteligentes y libres. Pero Dios, sin cuya gracia no podemos hacer nada de mérito, quiere que los seres “inteligentes y libres” merezcan sus dones, pero únicamente si pasan una prueba… Y, la que puso a nuestros primeros padres, fue ésta: “No comeréis la fruta de ese árbol que está ahí, en medio, porque si me desobedecéis, moriréis”

¿Pero qué hicieron primero Eva y luego Adán? Cayeron en la trampa que desde entonces no ha dejado de utilizar Satanás, prefirieron “DIALOGAR” con la serpiente que les hizo creer que serían, también, como dioses, que el Señor les había prohibido comer para no tener rivales…

Y “desobedecieron a Dios”. El resto lo sabemos y lo padecemos todos sus descendientes…

Ciertamente, no los envío al infierno, porque el Hombre es la criatura preferida de Dios, y la Santísima Trinidad tenía decidido que si el hombre “pecaba” no la condenaría en el acto al infierno, sino que el Hijo, la Segunda Persona, se haría hombre. Y moriría en una Cruz para redimirnos de ese pecado y de los de todos los hombres y librarnos del infierno. El infierno es  tremebundoespantosoespeluznantehorriblehorripilantemonstruosoterribleterrorífico….

Meditemos ahora en lo terrible que fue de todos modos el castigo para Adán y Eva…

No es el infierno, pero es tremendo de todos modos: Por su pecado Adán y Eva y toda su descendencia, recibirán el castigo dolorosísimo y temible de la muerte. Sin ese pecado original de nuestros Padres, los hombres habríamos ido directos a la visión beatífica de Dios, sin conocer la muerte previamente.

Pero perdimos mucho más. El trabajo, que hubiera sido solo un placer, se convertía en un castigo, “ganarás el pan con el sudor de tu frente”, y algo, perdemos el dominio sobre nuestros instintos que se convierten por su culpa en fieras desbocadas, y nos priva de dones preternaturales con los que habían dotado a nuestra naturaleza. Verdaderamente fueron terroríficos los resultados del pecado mortal, de la rebelión contra Dios. Pero lo peor de todo es que, el hombre, debilitado podrá ser juguete del demonio que intentará llevarle consigo al infierno por toda la Eternidad… ¡Espeluznante!

No nos resulta fácil, entender la gravedad del pecado mortal contra Dios. Y evidentemente son las consecuencias del mismo las que nos han permitido hacernos una idea más exacta, gracias a que vemos el infierno como la paga por el pecado. Por eso tengo que decir aquí lo mismo que del pecado… la Humanidad ha perdido el sentido del infierno. ¿Cuantos creen y piensan hoy en el Infierno? ¿Pero existe? ¿Pero está vacío, como dicen algunos? Pero Dios infinitamente bueno ¿puede condenar a nadie a una eternidad de tormentos, separado de Él para siempre? No estamos tratando hoy del infierno, sino del pecado, pero ambos son inseparables nos guste o no, creamos o neguemos… tú mismo te convencerás. Ojalá que a tiempo.

La existencia del infierno es dogma de Fe, lo enseñan tanto el Antiguo como el Nuevo Testamento. Con ello es más que suficiente, pero las revelaciones privadas igualmente lo atestiguan…

No tienen el menor valor probatorio, pero quizás te convenzan más porque no leemos la Biblia, ni estudiamos los Evangelios y los documentos apostólicos. Dejo los argumentos irrefutables de los Libros Sagrados, para cuando tratemos más a fondo el tema y me voy a permitir recordar que hace exactamente cien años y unos días, en unas apariciones celebérrimas que conoces muy bien, las de la Virgen en Fátima, podríamos decir que son las apariciones no solo de la misericordia de Dios a través de María que no tiene precio, sino también las apariciones que nos recuerdan como ninguna otra el infierno.

Tanto es así que el niño Francisco queda tan impresionado por la visión del infierno, que se olvida de sus travesuras para convertirse en un santo, elevado ya a los altares, porque desde ese momento todos los instantes de su vida los dedica a rezar –sobre todo el Santo Rosario– para pedir a María lo que Ella les ha dicho a los tres pastorcitos que Dios, que quiere que los hombres no vayan al infierno… Y es que, en la horrible visión del Infierno, los niños “vieron como las almas se precipitaban en él, “con la intensidad con la que lo hacen los copos de nieve en un día de nevada impresionante”. El niño Francisco no podía quitarse de la mente, la triste realidad de ver que las almas se condenan por millones… ¿Nos puede extrañar en un mundo que ha perdido la noción del pecado, y con la ayuda de la Iglesia modernista, culpable de que desde los púlpitos ya no se hable ni del pecado, ni del infierno, ni de la muerte?

A la edad de Francisco se grabó en mi alma el escrito que llevaba en su base, la cruz de madera y de tamaño grande, que los predicadores de la “Misión Parroquial” de mi pueblo dejaron como “recordatorio en la parroquia: “¡PON CRISTIANO EN TU MEMORIA: ¡MUERTE, JUICIO, INFIERNO Y GLORIA!”

¡Lo tengo tan fresco como hace ochenta años cuando lo grabé en mi mente…!

Es que entonces ciertas congregaciones religiosas, como los pasionistas y redentoristas, predicaban estas verdades por todos los pueblos de Castilla. Hoy el método para salvarse es más “cómodo” y menos “repelente” hoy se va al cielo con amor mucho amor, entre hombres y mujeres, entre mujeres y mujeres, entre hombres y hombres, el adulterio no es pecado, y todo lo salva la “alegría” y “el amor”. La diferencia con mis años de infancia y de vejez es que entonces, los hombres se confesaban, al menos una vez al año, comulgaban por Pascua Florida, pedían la Extremaunción antes de morir, etc…. y hoy nadie va a Misa, nadie se confiesa, y se muere como los perros porque nadie se preocupa de que los sacerdotes acudan a la cama de los moribundos a “encomendar el alma a Dios” y darles la extremaunción. Ahora se administra estilo “supermercado”, “a granel” y “sírvase usted mismo”.

Javier Navascués

Javier Navascués

Ha trabajado como redactor en el Periodico de Aragón y Canal 44 de Zaragoza y como locutor y guionista en diferentes medios católicos como NSE, EWTN, Radio María etc…y últimamente en Agnus Dei.