ADELANTE LA FE

La infinita liberalidad de Dios con los hombres

Si alguno de vosotros se halla falto de sabiduría, pídala a Dios, que a todos da largamente y sin reproche, y le será otorgada. Sant. 1, 5.

Queridos hermanos, la liberalidad infinita de Dios, su infinita generosidad, consiste en dar innumerables y excelentes dones a los hombres, sin esperar paga alguna ni reclamar nada. Él nos da inmerecidos dones y gracias que proceden de su bondad y caridad. Podemos ver esta generosidad de Dios en los siguientes casos:

  • Da innumerables dones naturales y sobrenaturales conforme a la capacidad de cada persona.
  • Da dones de grandísima excelencia, pues llega a darse a darse a sí mismo a determinadas almas.
  • Da a todos, sin excepción de personas, buenos y malos, a ingratos y enemigos suyos.
  • Da sin deber nada, tan solo por su bondad y generosidad
  • Da sin esperar ni pretender de sus criaturas paga e interés propio para su provecho, porque no tiene necesidad de ellas ni de sus bienes: Mi Señor eres tú, no hay dicha para mí fuera de ti (Sal. 15, 2).

Pero una cosa es cierta, que a pesar de lo dicho anteriormente, Dios pide agradecimiento y obediencia a sus leyes, porque su liberalidad no es contraria a su justicia, y como legislador supremo y justísimo, pone preceptos los cuales hemos de hacer nuestros y obedecerlos. Dios en sus preceptos muestra igualmente su infinita generosidad, porque todo lo que nos manda y pide es para darnos más.

Sólo Dios es generoso, y no hay otro como Él, del mismo modo decimos que no hay otro bueno sino Él, y el hombre no le puede dar sino aquello que del mismo Dios recibe, y lo que le damos, de mil formas se los debemos: Todo viene de ti, y lo que voluntariamente te ofrecemos, de ti lo hemos revivido (1 Cron. 29, 14).

Queridos hermanos, es muy importante que se fijen, entiendan y mediten en lo dicho: la liberalidad de Dios no es contraria a su justicia, pues sus preceptos muestran su infinita generosidad, porque lo que nos manda en para poder darnos más. ¿No ven en los Mandamientos de la Ley de Dios su infinita liberalidad, su infinita justicia, que al darnos sus preceptos nos está invitando, si los  cumplimos, a darnos mucho más? Qué infinita misericordia de Dios, que en su infinita generosidad, nos manda unos pocos preceptos para que cumpliéndolos, poder darnos aún muchos dones y gracias más, poder adornar nuestra alma de muchas más gracias, de hermosos dones naturales, de  excelsos dones sobrenaturales, de una infinidad de maravillas que el hombre no puede imaginar. Pero, ¿cómo Dios podrá dar al hombre esas gracias que tanto desea y necesita, si ni siquiera es capaz de cumplir los pocos preceptos divinos? Incumpliendo los Mandamientos de la Ley de Dios limitamos su liberalidad, su generosidad, le atamos las manos par que no siga siendo generoso; dándose la paradoja de pedir al Señor sus gracias al mismo tiempo de incumplir sus preceptos.

Nada más ofensivo y contrario a la liberalidad de Dios  que oír a  las parejas adúlteras alabar a Dios por su segunda oportunidad (¿?) y agradecerle su bondad con ellos. Es una verdadera injuria a Dios que quienes desprecian sus mandatos divinos, se atrevan recurrir a su liberalidad para sus propios intereses. La liberalidad de Dios no es contraria a su justicia, y si Dios nos da unos preceptos es para que los cumplamos, y poder darnos más. Quien desobedece los mandatos de Dios, desprecia su generosidad, su misericordia, desprecia los dones y gracias que Dios les tiene reservado. ¿Qué devuelven a Dios estas uniones en pecado mortal? Le devuelven su pecado. ¿Donde está la liberalidad de estas almas para con Dios? ¿Dónde su generosidad? ¿Qué agradecen a Dios, acaso su pecado? ¿Y ese pecado quieren devolverle en acción de gracias?

Es muy importante insistir de forma continua, y sin desfallecer, que los Mandamientos de la Ley de Dios son obra de su infinita generosidad con el fin de que una cumplidos perfectísimamente, podernos dar más y más gracias, y  dones, naturales y sobrenaturales. Dar y dar, esa es  la liberalidad infinita de Dios, pero la limitamos cuando el hombre se revela ante los preceptos divinos. No puede haber nada más injusto, desagradecido, contrario a la liberalidad de Dios,  que quien estando en pecado mortal apele a la bondad de Dios para justificar su estado pecaminoso.

Qué agravio, qué ofensa, qué desprecio, qué soberbia, qué dolor, al ver que la propia Iglesia, en sus ministros y Jerarquía, atenta sin rubor contra la liberalidad infinita de Dios, al exonerar a los fieles del cumplimiento de los Mandamientos de la Ley de Dios, si estos le son muy gravosos (Amoris Laetitia. 306), cuando anima y bendice las uniones homosexuales y transexuales, las adopciones por partes de estos, cuando, en general, se aparta de los Mandamientos de la Ley. Pues haciéndolo, injuria y desprecia la Ley Divina, lo que es igual a ofender y despreciar al mismo Dios; deja a los  pecadores en su pecado, impidiéndoles el acceso a la liberalidad de Dios, los mantiene alejados de Dios.  Dios queriendo darse a sus hijos, y su Iglesia impidiéndoselo.

¿Conocemos en qué consiste la liberalidad de Dios? Muchos de los que deberían conocerla la  desconocen, y, sin embargo, hablan de ella; pero no es la liberalidad de Dios de la que hablan, sino de su  propia corrupción que alejada de la fe católica, atenta contra ella, dejando en la oscuridad a muchas almas que caminan hacia la condenación eterna.

Ave María Purísima.

Padre Juan Manuel Rodríguez de la Rosa

Padre J.M Rodríguez de la Rosa

Padre Juan Manuel Rodríguez de la Rosa. Nació en Palamós (Gerona) en 1956, y se ordenó sacerdote en 12 de octubre del 2007 en la catedral de Getafe. Es licenciado en Estudios Eclesiásticos y en Derecho Canónico. Preside una Asociación privada de fieles de vida de oración contemplativa. En la actualidad es capellán de una residencia de ancianos de Madrid. Es autor del vídeo “Mysterium Fidei” sobre la Misa tradicional.