ADELANTE LA FE

La misa ecuménica no es el Santo Sacrificio

Queridos hermanos, cuánta desolación miremos donde miremos a nuestro alrededor en nuestra Santa Madre Iglesia. Es imposible callar, no darse cuenta de lo que pasa, es imposible cerrar los ojos, es imposible actuar como si nada pasara, como si la vida pasara normal sin más. Nunca se ha visto en la historia de la Iglesia una contestación a la propia fe católica desde dentro de las propias estructuras de la Iglesia. La desconfianza ha alcanzado a todos los estamentos de la Iglesia. Es constante y contínua la crítica y rechazo a lo que siempre hemos creído, a aquello  que hace de nosotros que seamos católicos y no luteranos. Contemplamos con estupor rivalidades entre el clero, entre los obispos, entre los cardenales. Y nadie media para poner “orden”. Se ha hecho de la confusión y de la duda la característica de este tiempo que nos ha tocado vivir.

Cardenales cuestionando el celibato, obispos sacrílegos dando la Sagrada Comunión a pecadores públicos, sacerdotes cuestionando la Sagrada Escritura. Los mismos dogmas de la Iglesia se desprecian sin que nadie salga en su favor. La lujuria se ha instalado en la misma Iglesia, que ya no se somete a la Ley de Dios. Se defiende la sodomía, se la bendice, se ataca ferozmente desde la propia Iglesia a quienes defienden la verdad de la Palabra de Dios, de la Tradición, del Magisterio. Se ataca, sin el más mínimo rubor, al propio Magisterio, a la misma Tradición. Estamos ante lo que es una verdadera desmantelación de la fe católica, de la Iglesia católica, apostólica y romana. Un derribo calculado y meditado de la Iglesia que conocemos y que nos ha dado la fe. Asistimos a un continuo bombardeo de nuevas ideas, de ocurrencias de cada uno, de originalidades de nuestros Pastores. Cada uno diciendo lo que le viene en gana, no importa si no está acorde con la fe, la costumbre, la enseñanza de la Iglesia. Vemos que nadie se siente sometido a nada. Todo, absolutamente todo, se cuestiona si le viene bien al Obispo o Cardenal de turno.

Asistimos a una situación realmente dramática para quienes queremos ser fieles a la fe católica recibida, a la inmutable la Palabra de Dios, a la enseñanza de la Tradición y Magisterio. ¿Quién nos confirma en la fe? Nos sentimos solos. Pero, tenemos la verdad de la fe recibida, del depósito de la fe; tenemos la verdad de la Palabra de Dios que la Tradición nos ha enseñado a través de los Santos Padres, santos teólogos y santos papas. Tenemos la verdad de le fe recibida, que es la que vivimos y transmitimos.

¿Cómo se ha llegado a esta situación en la Iglesia? El Santo Sacrificio de la Misa ha sido y es el fuego vivo que mantiene esplendorosa y radiante a la Iglesia, que la ha permitido crecer, expandirse, mantenerse firme ante los ataques del enemigo infernal. Es el corazón que hace que lata la Iglesia en la Verdad de Cristo, su fundador y Cabeza; que alce su voz predicando a Cristo, y a Éste crucificado. Pero, ese fuego vivo, ese corazón que late con la fuerza divina, fue decayendo con la falsa reforma litúrgica; el santo sacrificio quedó oscurecido en unos, oculto en otros, y negado por muchos. Razón por la cual, la Iglesia dejó de ser muro de contención para las fuerzas infernales, dejó de ser muro inexpugnable contra las fuerzas del mal, para ser “puente” accesible para sus propios enemigos. Por esta razón la Iglesia no ha hecho más que ir tambaleándose de un lado para otro con el falso ecumenismo y el falso diálogo interreligioso; se ha ido debilitando en la fe, la empezó a cuestionar y a relativizar. En el momento actual se niega.

Nada más deseado por el propio satanás, desde el Jueves Santo donde nuestro Señor Jesucristo instituyó la Sagrada Eucaristía,  que poder tener su propia “misa” dentro de la Iglesia; sólo así la Iglesia caería rendida a sus pies; la herejía, la apostasía serán los frutos de su “misa”.  Parece propicio el momento actual. Se habla insistentemente de la realidad de una “misa ecuménica”, así llamada, por tanto no católica, apostólica y romana, sino ecuménica. Obra del maligno. Estamos ante la obra del mal, de incalculables desgracias para la salvación de las almas y la vivencia de la propia fe. Estamos ante la apostasía más grande que pueda imaginarse, estamos ante el abismo que conduce al propio infierno y donde las almas se despeñarán irremediablemente siguiendo a los nuevos “sacerdotes” del maligno.

Las puertas del infierno no prevalecerán. Palabra de Dios.

Ave María Purísima.

Padre Juan Manuel Rodríguez de la Rosa

Padre J.M Rodríguez de la Rosa

Padre Juan Manuel Rodríguez de la Rosa. Nació en Palamós (Gerona) en 1956, y se ordenó sacerdote en 12 de octubre del 2007 en la catedral de Getafe. Es licenciado en Estudios Eclesiásticos y en Derecho Canónico. Preside una Asociación privada de fieles de vida de oración contemplativa. En la actualidad es capellán de una residencia de ancianos de Madrid. Es autor del vídeo "Mysterium Fidei" sobre la Misa tradicional.