ADELANTE LA FE

La Santa Misa lo es todo

“Oh Dios, protector nuestro, míranos y mira también el rostro de tu Cristo; porque mejor es un día pasado en tu casa que millares fuera de ella” (del Introito de la Misa; XIV domingo después de Pentecostés)

Mejor es un día pasado en tu casa que millares fuera de ella, eso mismo pienso yo cada vez que acudo a la Santa Misa Tradicional. Me atrevería a decir que todos nuestros artículos de una manera o de otra giran en torno a ella y esto es porque todos los que aquí escribimos hemos descubierto los bienes que aporta al alma. Hablemos o no de la Santa Misa, estamos empapados por ella y de esa asistencia al Santo Sacrificio fluyen nuestras palabras, nuestras ideas, no hablamos a título personal, lo hacemos guiados por el Espíritu Santo. Hablaré en primera persona, porque en mi caso tengo claro lo que me ha aportado el acercarme a la Tradición, sin duda alguna, hay un antes y un después.

Puedo asistir a la Santa Misa físicamente o mentalmente, pero estoy todo el día en ella. La noche anterior preparo mi misal, localizo las páginas y durante el descanso nocturno, voy preparando mi alma para unirme a Jesús en el Santo Sacrificio, preparo mi interior para recibir al Amado y construirle un Sagrario dentro de mi pecho para que no desee salir. Por una parte me hace evocar la tierna infancia en la que las madres nos preparaban durante toda la semana para la Misa dominical, incluso no nos dejaban poner la ropa del domingo para no mancharla y acudir como princesas al encuentro con el príncipe. Esa disposición podría llamarse “infancia espiritual”, ser como niños que se preparan para el encuentro con el Padre.

Antes de conocer la Misa Tradicional, acudía a diario a la Misa novus ordo, a la cual continúo asistiendo cuando no tengo posibilidad de hacerlo por el rito Tridentino. Nuestra vida debe girar en torno a la Misa, todo el día debe ser un deseo ferviente de acudir al Calvario, nuestra mayor aspiración debe ser situarnos a los pies de Jesús como lo hizo Juan y las Santas mujeres, ¿De qué sirve el salario diario si nuestros ojos no están en lo eterno? Podemos enriquecernos durante ochenta, noventa, incluso cien años, pero tenemos toda una eternidad para sufrir en el infierno si no hemos puesto nuestra alma en el Buen Dios. La Misa es el alimento del alma. Los Apóstoles prepararon con amor la Santa Cena, María Santísima acompañó cada paso del Señor hasta el Calvario, ¿Y nosotros? No sé Vds. pero yo quiero estar en el grupo de los que no lo abandonaron y para conseguir este fin, tenemos la Santa Misa.

La primera vez que acudí a la Misa Tridentina tuve presente el consejo que se me había dado, “sólo observa” y así lo hice. No intenté seguir los textos del Misal ni comprender nada, simplemente contemplé lo que sucedía a mi alrededor. Toda la belleza de la liturgia al servicio de Dios, no había Sacerdotes protagonistas, el pueblo no se esforzaba en cantar “tú has venido a la orilla”, no había improvisaciones, todo estaba perfectamente sometido a lo que el Misal manda y lo más importante, nuestros ojos estaban “ad orientem” puestos en Jesús, nadie daba la espalda al Rey de Reyes. Quizás no entendía los textos, pero a mi me parecía que nuestro Señor susurraba a mi oído la grandeza de aquellas palabras, mi sensación era que entendía absolutamente todo y es que era muy sencillo de comprender: un Hombre viene al mundo para entregar su vida por nosotros y antes de hacerlo, se reúne con sus amigos en una última cena y –anticipando sacramentalmente el mismo sacrificio que tendría lugar en el Calvario-  nos deja un gran regalo, un milagro: su presencia eterna entre nosotros. Su sangre es derramada por ti y por mí y todos los días revivimos ese momento en la Santa Misa, en medio del silencio, de ese mismo silencio demodelador y a la vez grandioso que había en el Calvario, el mismo silencio que se produce entre las almas enamoradas. La belleza sin igual de los de los ornamentos litúrgicos que nos recuerdan que todo es poco para nuestro Dios, el respeto por la Tradición, por lo que nos ha sido legado durante siglos, la Misa de los mártires. Hoy en día que a nivel mundial escasea el trabajo, podemos decir que aquí, el que acude por primera vez, firma un contrato indefinido, con el mejor salario, alimento diario y el mejor jefe que se puede tener.

Podríamos establecer una comparativa entre un rito y otro, pero no se trata de eso, se trata de que Vds. conozcan y deseen acudir a la Misa Tradicional. No es una guerra, no buscamos imponer nada, simplemente les hago una pregunta, ¿les apetece venir al paraíso aunque sólo sea por un tiempo limitado y obtener un adelanto del cielo?, ¿Les gustaría? Entiendo que han dicho que sí, sólo un tonto rechazaría un manjar o un tesoro. Pues si desean tenerla en su Diócesis les animo fervorosamente a ello, ¿Cómo hacerlo?

Les voy a plantear un caso práctico, nada de hipótesis. Hace un año aproximadamente que me desplazo a Lugo cada tres meses. La provincia de Lugo pertenece a Galicia, pueden ubicarlo en un mapa para mayor precisión. El Obispo de la Diócesis de Lugo es Monseñor Alfonso Carrasco Rouco, al que desde aquí felicito y agradezco el que nos permita tener la Santa Misa en una Iglesia tan bella y céntrica como es la de Nuestra Señora del Carmen, el buen Dios le premiará su buena obra y su buen hacer. No es mi Obispo porque no es mi Diócesis, pero rezo todos los días por su apostolado y para que continúe ayudando a las almas a acercarse a Dios. Gracias a la iniciativa de una alma santa que se ha encargado absolutamente de todo (no les diré su nombre ya que el quiere dejar todo el protagonismo a Nuestro Señor), sencillamente por su amor a Dios y saber hacer, podemos beneficiarnos de las Gracias que en nuestra alma provoca la Santa Misa Tradicional. Esta persona se encargó de las gestiones pertinentes con el Obispo, esperó pacientemente a que él diera su beneplácito y buscó un Sacerdote que viniera a Oficiar, en este caso los Sacerdotes del Salvador de Toledo.

Empezamos un pequeño grupo de fieles de todas las edades, desde niños hasta adultos y lejos de decrecer, ha ido en aumento paulatino, con la inmensa alegría de que a partir de septiembre, la Santa Misa será mensual. ¿Por qué el número de fieles ha aumentado de una manera tan sorprendente? Muy simple, se lo dije al principio, no se trata de comparar nada ni de obligar a nadie, sólo consiste en invitar a acudir y uno mismo ve su alma transformada con un único deseo, amar más a Dios durante cada segundo del día, como decía San Bernardo, que en cada respiración seamos capaces de decir “Jesús” y ese objetivo es fácilmente alcanzable partiendo de la Misa Tradicional. Yo en vez de invitar a cafés, cenas y demás, a la gente que aprecio la invito a que se una, es gratis y sólo aporta beneficios. ¡Qué bien suena todo esto y lo mejor es que es cierto!

Nos esforzamos muchas veces explicando el por qué se debe comulgar de rodillas, pero cuando uno acude a la Misa Tradicional no necesita que nadie le diga nada, es tan evidente y palpable que el Señor está ahí que uno cae de rodillas al ir a recibirlo…el alma desfallece ante el Amado, sobran las explicaciones. No es necesario que ningún “monitor” salga a recordarnos que apaguemos el móvil, nuestra alma ya está preparada y sólo piensa en Dios. Antes de la Santa Misa, nos vamos preparando rezando el Rosario en latín, mientras tanto los Padres confiesan y ¿Cómo vamos a estar pendientes del móvil si estamos ante la cita de nuestra vida? Puede suceder el Apocalipsis final mientras estamos allí, no hay problema, estamos con el Señor y eso es lo que cuenta, todo lo demás, son cosas del mundo.

La Santa Misa Tradicional es la misma a la que acudía Santo Tomás de Aquino, el Padre Pío, Santa Teresa de Jesús, San Felipe Neri (el cual, como el Padre Pío entraba en éxtasis), Queridos ¿Vds. no quieren ser santos? ¡Entonces, acudamos a la Misa de los Santos! ¡Vayamos a la Misa que siempre celebró la Iglesia, unámonos en la Misa universal en la que un solo idioma nos une a todo el mundo, el latín. Da igual la nacionalidad del que está a nuestro lado, es nuestro hermano y rezamos en el mismo idioma y durante la Misa nos unimos en el Corazón de Cristo con todas las personas que nos rodean, ¿se puede pedir más? Una Misa que no admite cambios, para que el temido ecumenismo no la pervierta, unos textos que no pueden ser modificados por el hombre, porque son la inspiración del Espíritu Santo bañados con la música gregoriana con la misma que dieron gloria a Dios tantos monjes desde los coros de las Iglesias.

La Iglesia militante, purgante y triunfante juntas, esto es la Comunión de los Santos. Preocúpense lo justo por las cosas del mundo, porque pasan muy rápido, “Buscad, pues, primeramente el reino de Dios y su justicia; y todas las demás cosas se os darán por añadidura”…Este es el Evangelio de Mateo que escucháremos en nuestra convocatoria mensual en Lugo, el sábado día 9, ¿Les apetece venir? Sí, se lo digo a todos Vds. que cogen el coche para ir a la compra, para ir al cine, que nos gastamos el dinero que no tenemos en vacaciones aquí y allá, que nos compramos más ropa de la que podemos necesitar, electrodomésticos que ni usamos móviles de última generación, ong´s que no se sabe ni a que destinan sus ayudas, etc…dejen todo eso e inviertan en un poco de gasolina en desplazarse a la “ciudad de las murallas”, donde además de la Santa Misa, el Señor está expuesto permanentemente en la Catedral, los 365 días del año, esperando por nosotros, esperando que entendamos que Él murió en la cruz  por los 7.500 millones de habitantes que pueblan la tierra y por los miles de millones que la han poblado desde que Dios creó el mundo. Permítanme que se lo recuerde, les esperamos el sábado 9 de Septiembre en Lugo, en la Iglesia del Carmen.

¿Saben como acaba la Santa Misa Tradicional? El fin nos marca nuevamente el principio, “In principio erat Verbum, et Verbum erat apud Deum, et Deus erat Verbum”, anímense, Jesús nos espera…No vengan solos, difúndanlo y den a conocer la grandeza de la Misa. Podría decir: “les espero”, pero el que les espera es Él.

“¿Te admirarás acaso al oírme decir que la Santa Misa es una obra asombrosa?

¡Ah! ¿Tan poca cosa es a tus ojos la maravilla que se verifica a la palabra de un simple sacerdote? ¿Qué lengua de hombres, ni aun de ángeles, podrá explicar jamás un poder tan ilimitado? ¿Quién hubiera podido concebir que la voz de un hombre, que ni aun puede sin algún esfuerzo levantar una paja, debería estar por gracia, dotada de una fuerza tan prodigiosa que obligase al Hijo de Dios a bajar del cielo a la tierra? Éste es un poder mucho mayor que el de trasladar los montes de un lugar a otro, secar el Océano, o detener el curso de los astros. Éste es un poder que de algún modo rivaliza con aquel primer Fiat, por medio del cual sacó Dios el mundo de la nada y que parece aventajar, en cierto sentido, al otro Fiat, por el cual la Santísima Virgen recibió en su seno al Verbo Eterno.” (El tesoro escondido de la Santa Misa; San Leonardo de Porto-Maurizio)

Sonia Vázquez

Sonia Vázquez

Organista, no sabría, ni querría ser otra cosa. Casada. Laica comprometida con mi Iglesia. La Coruña