ADELANTE LA FE

La semejanza con Dios en el Cielo (IV y final)

Los gozos de los santos renacerán continuamente en la sucesión de los siglos.

La sucesión de los siglos no ha de alterar el gozo de los santos; por muchísimo tiempo que transcurra, lejos de disminuir en intensidad, renacerá continuamente con un placer siempre nuevo, acabando sólo para comenzar y comenzando para nunca terminar; sin que accidente alguna pueda aminorar su perfección, tiempo alguno acortar su duración, o rival alguno disputar su posesión: Nadie será capaz de quitaros vuestra alegría (Jn. 16, 22). Pues la felicidad del Cielo es una vida siempre viva, un gozo siempre inmortal, en que la eternidad de los placeres y los placeres de la eternidad, reunidos, se gozan incesantemente y para siempre. Dominado de este pensamiento estaba San Pablo cuando  decía con entusiasmo: Seremos arrebatados en las nubes, al encuentro del Señor en los aires, y así estaremos siempre con el Señor (1 Tes. 4, 17). ¡Cuánta dulzura y consuelos encierran estas palabras: Dios estará siempre en nosotros, y nosotros estaremos siempre con Dios!

Repetirá el alma, al fin poseo a este amado de mi corazón, como soy poseída de Él; y no sólo lo poseo entero, sino que lo poseo para siempre; de suerte que ya no puede separarse: Mi amado es para mí y yo soy para él (Cant. 2, 16). Allí veo mi nombre: ¡oh cómo brilla, escrito por el dedo de la suma bondad con caracteres de oro en el catálogo de los santos, en el libro de la vida eterna, que ya ningún tiempo podrá borrar! ¡Qué deliciosas son las palabras que mi amado repite sin cesar a mis oídos y en mi corazón, asegurándome con ellas asegurándome con ellas que mi gozo no tendrá alteración ni término: Nadie será capaz de quitaros vuestra alegría! Sí, Dios mío, tú me amarás siempre y yo nunca dejaré de amarte; me agradarás siempre y yo nunca dejaré de agradarte; serás siempre el anhelo de mi corazón, el pensamiento de mi alma, el centro de mis suspiros, el objeto de mis deseos y el término de mis afectos; siempre estarás conmigo, y yo siempre estaré contigo.

¡Dichosos aquellos que, verdaderamente sabios, verdaderamente humildes, y verdaderamente fieles a la palabra de Dios, por haber servido y amado a Dios en la tierra son admitidos a habitar en su celeste mansión! Ellos le contemplan,  se identifican con Él, le poseen, le gozan, le aman y alaban; y en Él y con Él, lo poseen y gozan, le aman y alaban; y en Él y con Él son felices por toda la eternidad: Bienaventurados los que moran en tu casa y continuamente te alaban (Sal. 84, 5).

Conclusión. 

Levantémonos de esta baja región de sensualidad, de ilusión y falacia, y fijemos nuestros pensamientos y afectos en la dichosa morada de los espíritus y de la verdad, donde existen los verdaderos goces. La tierra es lugar de trabajos, el Cielo lo es de reposo; en aquella se granjean méritos, en este se encuentra la recompensa; la primera es el campo de batalla, este la corte donde se reciben las coronas; la tierra es región de llanto, sólo en el Cielo está la verdadera alegría; la tierra es el lugar del destierro, sólo en el Cielo está la patria.

Queridos hermanos, momentáneamente estamos confiados en este destierro por el Padre celestial a los desvelos de nuestra madre Iglesia; cuando la miseria nos acose, nos aflijan las enfermedades, nos sobrevengan las tribulaciones, nos persiga la calumnia, nos oprima la injusticia, y el mundo nos olvide y desprecie a causa de nuestra humildad, de nuestro pudor, de nuestra justicia y de nuestra piedad, consolémonos diciendo: Mi Padre que es el mismo Dios, Jesucristo, que es dueño y señor del mundo, vendrá un día, tierno Padre y Salvador amoroso, a sacarme de este valle de lágrimas para conducirme a la patria del Cielo, y convertir mi pobreza en riqueza, mis penas en gozo y mis humillaciones en gloria, , dándome parte de su misma grandeza y de su misma felicidad: Esperamos al Salvador, Nuestro Señor Jesucristo, que reformará nuestro pobre y humilde cuerpo semejante a su Cuerpo de gloria. Esto es lo que todos esperamos.

Ave María Purísima.

Padre Juan Manuel Rodríguez de la Rosa

Padre J.M Rodríguez de la Rosa

Padre Juan Manuel Rodríguez de la Rosa. Nació en Palamós (Gerona) en 1956, y se ordenó sacerdote en 12 de octubre del 2007 en la catedral de Getafe. Es licenciado en Estudios Eclesiásticos y en Derecho Canónico. Preside una Asociación privada de fieles de vida de oración contemplativa. En la actualidad es capellán de una residencia de ancianos de Madrid. Es autor del vídeo "Mysterium Fidei" sobre la Misa tradicional.