DENZINGER-BERGOGLIO

La siniestra paz bergogliana: el fin de Colombia

¿Con qué base moral la dictadura cubana puede ser garante de un acuerdo entre el gobierno de Colombia y las FARC? ¡De alentar desde siempre a la guerrilla narco-marxista, Cuba se transforma de golpe, por arte de magia, en artífice de la paz!

Por arte de magia, sí, lo decimos con toda propiedad, porque brujos y chamanes venidos de la isla del Caribe infectaron la ciudad de Cartagena en los últimos días con sus rituales satánicos… para lograr la paz. (La Lengua Caribe)

Después de cuatro años de oscuras negociaciones en La Habana, salpicadas con la sangre de víctimas en territorio colombiano, se firmó en Cartagena el 27 de septiembre lo que llaman la “paz definitiva” entre el Gobierno colombiano y las FARC.

Pocos días después, el 2 de octubre, sucede el engañoso plebiscito para evidenciar la opinión del pueblo colombiano sobre el particular. Primero, a espaldas del pueblo, se firma el documento para después someterlo a la votación del pueblo… que no conoce los términos del documento.

Escribimos estas líneas antes de conocer el resultado del plebiscito.

Efectivamente, la ideología venenosa vertida en cada una de las 297 páginas del tratado que fueron acordadas en Cuba y celebradas con triunfalismo en Cartagena por líderes irresponsables, constituyen el certificado de defunción de una nación a la que se empuja fatalmente por las vías del caos irremediable que transita su vecina Venezuela.

Cicerón bautizó a la historia como maestra de la vida, Cervantes, como madre de la verdad y algún poseedor de sentido común, advirtió que los pueblos que no conocen su historia están condenados a repetirla.

A ver si aprendemos la lección: En vísperas de la segunda guerra mundial, los acuerdos de Munich realizados entre el Reino Unido, Francia, Italia y Alemania, para solucionar la crisis de los Sudetes, fueron hechos por la mediación del dictador Mussolini y por iniciativa del temible lugarteniente de Hitler, Hermann Goering. Los primeros ministros de Inglaterra y de Francia pusieron su firma irresponsable en ese tratado. Esa actitud suicida fue definida por Winston Churchill así: “Os dieron a elegir entre el deshonor o la guerra, elegisteis el deshonor y tendréis la guerra”. ¡Cuánta razón tuvo!

Si a los colombianos se les hace ratificar con su voto este tratado, no lograrán la paz, tendrán la guerra. No es necesario tener gran penetración analítica o el genio de un Churchill para concluir que así serán las cosas. La historia ya nos lo enseñó.

Lo más doloroso e indignante en este asunto de la paz en Colombia no es la insensatez de los líderes ni la presencia de santeros y chamanes. Todo eso es indigesto, pero no es lo peor.

Lo peor es la “bendición” de esta trágica aventura por parte de Francisco.

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No se sabe si Francisco leyó las 297 páginas que componen el acuerdo. Probablemente no, pues el mismo Cardenal Parolin juzgó oportuno declarar en Cartagena que “el Santo Padre ha seguido con gran atención los esfuerzos de estos últimos años, en la búsqueda de la concordia y de la reconciliación y que varias veces ha animado estos esfuerzos, sin tomar parte en las soluciones concretas que han sido negociadas, y sobre las cuales decidirán, de manera libre, informada y en conciencia, los propios ciudadanos”. (Vatican)

Francisco no puede conocer lo que tampoco conocen el público colombiano y, con mayor razón, la opinión mundial. Pero Francisco sí tiene que saber cuál es la “calidad” del garante (Cuba) y cuál la “moralidad” y fiabilidad de la narco-guerrilla, una de las partes.

En cuanto a la “decisión libre, informada y en conciencia” de los ciudadanos colombianos a la que se refiere el Cardenal Parolin, eso está por refutarse o confirmarse.

A pesar de la falta de idoneidad de los agentes y de la desinformación reinante, el “santo padre se complace con la noticia del cierre de las negociaciones entre el Gobierno y las FARC-EP, como conclusión del intenso proceso que se llevó a cabo en los últimos años”, según un comunicado emitido por la Secretaria de Estado Vaticano. (EFE)

Bergoglio “se complace” con el cierre de negociaciones y llega a declarar “yo prometo que cuando este acuerdo sea blindado por el plebiscito y por el reconocimiento internacional, yo iré a Colombia para enseñar la paz”.

Será el pueblo colombiano a través del plebiscito que dirá ‘sí’ o ‘no’”. (AciPrensa)

La promesa de su viaje no es auspiciosa para nadie, el plebiscito no blindará el acuerdo, su magisterio pro pace ya ha dado prueba de ser engañoso y no será el pueblo con su “sí” o con su “no” el que determinará por la paz o la guerra: el voto está viciado por la ilusión de muchos y el desconocimiento de todos.

¿Qué propicia exactamente el acuerdo de paz festejado por Francisco? He aquí diez cuestionamientos esclarecedores:

1.- Con el pretexto de establecer la paz, impondrá a los niños la ideología de género;

2.- De entrada premiará a los guerrilleros con millones y con una bonificación mensual durante varios años;

3.- Se dará a las FARC emisoras de radio para hacer propaganda del socialismo del siglo XXI;

4.- Los crímenes de lesa humanidad quedarán impunes;

5.- Se darán gratis a las FARC sillas en el congreso y pasarán a legislar sin haber sido votados en elecciones limpias;

6.- Se exime a las FARC de devolver los multimillonarios dineros obtenidos por el narcotráfico, la extorsión y los secuestros;

7.- El “acuerdo” es una norma superior a la Constitución y será inmodificable;

8.- Las FARC han dicho que no se arrepienten y que no pedirán perdón a nadie;

9.- El gobierno capitula y se rinde ante las FARC que ya estaban casi derrotadas por el Ejército;

10.- En la práctica, Colombia se convertirá en una nueva Venezuela arrodillada ante Cuba.

La consulta popular pide que se diga o no a esta inocente y tentadora pregunta «¿Apoya usted el Acuerdo Final para la terminación del conflicto y la construcción de una paz estable y duradera?». ¿Quién será el loco que no quiera el fin del conflicto y una paz estable y duradera? El problema es que el “Acuerdo Final” contiene una ideología y muchas cláusulas que no son de dominio público.

¿Qué autenticidad tendrá ese sí o ese no? ¿Cómo se pueden hacer las cosas tan precipitadamente? Se quiere dar un aire de ponderación con cuatro años previos de negociaciones y una propaganda mediática sensacional antes, durante y después de la firma de los acuerdos ¡La realidad es que el pueblo colombiano está desinformado, ha sido engañado y será sacrificado… con la bendición de Francisco!

El anuncio que hace Francisco de visitar Colombia condicionando su ida si el pueblo vota sí a los acuerdos, es una intromisión escandalosa en un asunto que no le compete y un apoyo desvergonzado a los planes los Castro, con quienes ya se ha encontrado cordialmente varias veces en lo que va de su corto (e interminable…) pontificado.

Por otro lado, es chocante y aterradora la confianza y el apoyo que Francisco tributa sin matices a la guerrilla colombiana que anuncia que deja las armas de fuego pero en ningún caso renuncia a sus ideas incendiarias y destructoras, intrínsecamente contrarias a la doctrina católica. Todo lo contrario: las proclaman.

La cobarde capitulación de Santos y la soberbia altanera de las FARC costarán caro a Colombia y al mundo. Más cara le costará a la Iglesia la postura de su máximo dignatario actual.

Una vez más: aprendemos las lecciones de la historia y saquemos las consecuencias. Veamos cuán significativo es lo que fue dicho por Francisco no hace mucho:

Fue a propósito de lo que él considera ser la paz, en una homilía de Santa Marta hace tres años atrás. En su sermón, contradijo frontalmente a un Doctor de la Iglesia San Agustín: “Pero los filósofos dicen que la paz es cierta tranquilidad en el orden: todo ordenado y tranquilo… ¡Esa no es la paz cristiana! La paz cristiana es una paz inquieta, no es una paz tranquila: es una paz inquieta que va adelante para llevar el mensaje de la reconciliación”. (15 de junio de 2013)

No son “los filósofos” sino la propia “Águila de Hipona” -máxima expresión de la teología y de la filosofía cristiana- quien enseñó que la paz es la tranquilidad en el orden (La Ciudad de Dios, XIX, 13, 1)

Pero para Jorge Bergoglio la tranquilidad en el orden no es la paz cristiana. Quizá porque no tiene muy clara la noción de orden que nos dan dos mil años de pensamientos cristiano. Ya tuvimos oportunidad de abundar sobre ese tema repetidas veces en el Denzinger-Bergoglio.

Para él, la paz cristiana es la “paz inquieta” y “blindada” que elaboraron en Cuba los guerrilleros y los representantes del gobierno de Santos, a la sombra de la hoz y del martillo, y con su bendición apostólica. También con la “bendición” de brujos chamanes y de una multitud de estadistas mundiales cómplices que se dieron cita en Cartagena para celebrar una paz engañosa que conducirá el país al desorden y, finalmente, a la guerra.

El primero de enero de este año, Francisco habló desde su ventana a los fieles reunidos en la Plaza de San Pedro, sobre de las claves para lograr la paz en el año que se iniciaba: “además de la guerra, también es “enemiga de la paz” la “indiferencia, que hace pensar solo en sí misma y crea barreras, sospechas, miedos y cerrajones”. (AciPrensa)

Con estos “conformes”, Bergoglio desarma a los eventuales soldados de la paz y los hace vulnerables y reos de muerte, ya que deben renunciar a la indispensable vigilancia, y a tomar todas las precauciones que exige un enemigo artero como lo son los narco guerrilleros de las FARC.

Ya hemos aprendido y estamos hartos de saber a qué llevan las sonrisas, las misericordias, los diálogos y el relativismo profesados por Jorge Mario Bergoglio.