ADELANTE LA FE

La vida sin Dios es un profundo vacío

Para Dios no hay nada imposible. Ni siquiera la conversión de los pecadores más empedernidos. Numerosos casos se han dado en la historia y se siguen dando hoy en día. Dios tiene muchos caminos para atraer las almas hacia sí. Pero habitualmente las conversiones se dan en situaciones de dolor y de experimentar un fuerte vacío existencial. La cruz es fuente de salvación. La soledad, la incomprensión, el hastío… son momentos para pensar con seriedad en el sentido de la vida.

En ese ambiente de silencio y de introspección Dios se hace presente, ilumina el entendimiento y fortalece la voluntad. Les presentamos la conversión de D. Antonio Bas. Tras una vida libertina, de un profundo vacío, llegó la depresión. Paradójicamente fue el momento del encuentro con Dios.

Háblenos del ambiente anticatólico en el que se educó… 

Mi padre (q.e.p.d.) era anticlerical, de pensamiento masónico y libertino, y al mismo tiempo severo. Mi abuelo había participado en el asesinato de varios sacerdotes como chófer, así como de un industrial y su amante. Mi abuela tenía cuatro hermanas y eran famosas en el pueblo por su belleza. Una estuvo en contacto con la masonería cuando estudió en la Escuela Normal de Valencia creada al amparo de la Ley Moyano, otra estaba casada con un curandero que practicaba el espiritismo. Este último fue fundador de las JSU en mi pueblo (Juventudes Socialistas Unificadas) y también mató a varios sacerdotes. He visto de joven libros de Allan Kardek y he oído hablar tanto de Maissonave como de Madame Blavatsky. Otra hermana se casó con un ferroviario y la última con un carlista cuyo hijo rebotado pasó a ser secretario del comité rojo. Este último junto a su madre y tías tuvo fatal influencia en su educación.

¿Cómo le inculcaron sus padres el desprecio a la fe?

Mi madre no tuvo responsabilidad en ello. Era de familia de labradores con tía y hermana monjas, lo que definiríamos como católica social, pero mi padre me llevaba de excursión y me inculcaba todas las ideas masónicas. Por ejemplo, me decía “Dios no está en la Hostia sino en la naturaleza”, me enseñó el naturalismo, a bañarme desnudo etc. y me mostraba la Iglesia como agente represivo de las personas. Al mismo tiempo se me presentaba a mi abuelo (que fue juzgado, condenado y ejecutado) como un mártir de la libertad, utilizando incluso documentos falsos realizados por el secretario antes mencionado. Mi padre engañaba a mi madre y a sus espaldas iba haciendo el trabajo. A parte me inculcaba el odio al régimen llevándome incluso a la sede de FET y JONS con cinco años. Odio a la Iglesia, odio a España y odio a mi madre, con todos los tópicos correspondientes y leyendas negras que ya sabemos.

¿Hasta dónde llegó la mala influencia familiar?

Pues hasta extremos aberrantes, por ejemplo, llevarme al cine pornográfico o traer revistas inmorales a casa. Fueron los años de la explosión de la pornografía en España, que tanto daño nos ha hecho. Todo lo que prohibía la Iglesia al respecto era lo mejor que podía hacerse y siempre que hubiera mutuo acuerdo cualquier cosa, tanto con mujeres como con hombres. El paganismo presentado a la manera masónica era la edad de oro de la humanidad e incluso la zoofilia estaba en los mitos griegos. El onanismo una gimnasia que había que practicar cada día para que todo marchara bien. El aborto y la eutanasia derechos y la eugenesia un deber (como en Esparta). Estoy convencido que fue una estrategia para apartarme de la Iglesia y que no llegara a saber la verdad sobre la familia, a lo estalinista. Una fuerte educación anticristiana en todos los planos de mi vida. Una iniciación a la promiscuidad y al vicio, algo realmente diabólico. Lo que pretenden enseñar ahora con la ideología de género me lo enseñó en los 70 mi propio padre.

¿Llegó a estar a gusto en contra de la Iglesia católica o tenía remordimientos?

Quiero dejar bien claro que no eludo la parte de responsabilidad que me toca, no quiero ser un Adán. Hubo momentos en que tuve conciencia de que aquello estaba mal, algún amigo también me lo dijo, pero pronto me junté con compinches que pensaban como yo. Además, contaba con la aprobación de mi padre. Rápidamente fui perdiendo lo poco de católico que tenía y veía la Iglesia como el refrán que me enseñaba: “la Iglesia es un negocio, los curas los negociantes y al toque de las campanas acuden los ignorantes”. Así llegué a los 18 años y fui a la ciudad donde acabé de perderme. No puedo decir si tenía remordimientos tal y como puedo tenerlos ahora. Era simplemente un depredador vitalista, pero sí que tenía un vacío enorme que traté de llenar con sexo, trabajo, estudios, actividades, budismo, danza, excursiones, salir por la noche de fiesta, pintar … tenía muchas actividades, pero paz interior no.

¿Cuál fue proceso de acercamiento a la fe?

A los 45 años caí en depresión. Me quedé como muerto, sin fuerzas y con una gran ansiedad. Me había cansado del budismo (lo veía como algo oriental) y había estado experimentado con drogas recreativas, las llamadas metanfetaminas o MDMA, inducido por un amigo que era profesor de yoga y thai-chi. Entré en todo ese mundo de las fiestas y música house. Esto unido a todo lo que arrastraba y problemas de trabajo me llevaron a tocar fondo. De repente leyendo un ensayo de un filósofo ateo y lacaniano (Pascal Quignard, “El sexo y el espanto”), cayeron los mitos sobre el paganismo y la revolución, y comprendí que la verdad sobre la carnalidad humana estaba en el cristianismo, a pesar de que él lo denostaba.

Pensé que quien tiene la verdad sobre la carne, la tiene también sobre el espíritu. Encontré el libro que buscaba sobre problemas de la sexualidad en una librería religiosa (paulinas) y lo leí con avidez encontrando muchos lugares comunes con mi vida. Este creo que fue el punto de inflexión, y   estas mismas religiosas también me ayudaron mucho incluso con implicación personal. Entré en un grupo protestante de los que tratan adicciones (lo que fuera menos católico). Estuve poco tiempo, me cansé de la decoración de banderitas del mundo y las guitarras eléctricas y me dije ¿Qué haces tú aquí con lo que admiras el arte?

Fue el arte uno de los motivos que me llevó a la Iglesia. Me puse en contacto con mi tía que es monja dominica que me presentó un sacerdote dominico con el que conversaba todas las tardes y posteriormente en una vigilia por la vida conocí otro diocesano con el que entablé amistad. Ella, dominica, había rezado por mí durante muchos años. Iba a verla en ocasiones, le hablaba de cosas espirituales en las que andaba metido (Budismo, New Age, Esoterismo). Me miraba siempre con ojos amorosos para hacerme ver mi error. Jamás me dijo una palabra ofensiva o que me produjera aversión, aunque quedaba claro que no aprobaba mi estilo de vida. Yo era tan iluso que, como mi padre, pretendía convencerla de que la verdad no estaba en la Iglesia. Creo que rezaba por mí y esperaba. Su cara de alegría cuando supo de mi acercamiento a la Iglesia fue todo un poema.

En la terraza de mi casa, en una gran maceta de barro hice una hoguera y quemé todos los libros anticristianos que tenía, al estilo Torquemada. Novelas históricas (anti-históricas) y los de Pepe Rodríguez, Paulo Coelho, Amín Maaluf, Jorodowsky, Alice Bayley y hasta la llamada “biblia satánica” de La Vey, entre otros. Los de budismo y otros con contenido erótico. También destruí todos los discos a partir del barroco, especialmente los románticos, y películas de autores satanistas como Ridley Scott. Tiré toda la ropa a un contenedor y renové el estilo de vestir, me quité los aros de las orejas. Creo que en algunas cosas me pasé, pero en una poda es normal cortar partes que no son malas en sí.

Ese año me fui a la celebración de la Virgen de los Desamparados, por la noche tocaban “Albaes” a la Virgen. Viendo tanta belleza en tradiciones que apreciaba, pero desacralizadas a lo ateo, al oír la música y los cantos a la Virgen de los desamparados rompí a llorar. La Mare de Déu. Nuestra Madre. Amor por la Madre y por la patria. Me ayudaron mucho en ese momento los libros de Messori “Hipótesis sobre María” (lo de la Virgen no me lo acababa de creer) y “Leyendas negras de la Iglesia”. La Encarnación, ese misterio abismal de amor me fascinó. Mi madre también supo escucharme y me ayudó.

¿Cómo cambió su vida a partir de entonces?

Pues totalmente. Cambié de ciudad, vendí todo y empecé una nueva vida sin dar demasiadas explicaciones. Inicié una intensa formación en la fe católica, a veces pecando de excesiva avidez y cerrazón, pero, como dice la monja “Bendito sea Dios”. Es lo que pasa a muchos conversos. Tampoco se puede dejar de mencionar la ayuda de médicos que también los ha puesto Dios. Ponerme totalmente a su servicio en todos los planos de mi vida.

Experimenté mucho dolor al enfrentar mi vida, pues siempre había huido de mí mismo, pero disfrutaba de ir a la Santa Misa en los sitios más bonitos de Valencia, El Santo Cáliz, Santa Catalina (donde se expone el Santísimo), la misa de la Escolanía  de la Virgen, El Patriarca (Misa en latín). Poco a poco me fui levantando de la cama y acudía a estos templos a impregnarme de Dios, la belleza, del arte y la música. Un amigo carlista me llevó a un grupo de oración. También acudí a unas catequesis neocatecumenales que estaban haciendo en ese momento, pero no era mi estilo. Conocí también a los Focolares, asistí a unas conferencias de una psicóloga de prestigio que me vinieron muy bien. Pero  a mí me gustaba lo tradicional: el órgano, el latín, la Misa de Rito extraordinario… era aquello de “Examinadlo todo y quedaos con lo bueno”.

¿Se puede ser feliz lejos de Dios?

La felicidad sin Dios es un mito. Más bien corría detrás de ilusiones, de egoísmos, la felicidad sin verdad es la perdición del hombre. Punset se equivocaba. Por otra parte, uno se lo puede pasar muy bien destruyéndose a sí mismo, en una vida de pecado, si no fuera así nadie iría al infierno; pero eso no es felicidad.

¿Cómo es su vida sacramental y de oración?

Rezo el Santo Rosario todos los días y voy a la Santa Misa siempre que mis obligaciones me lo permiten. Me confieso a menudo y siempre que se tenga conciencia de haber hecho algo mal, aunque sólo sea un pensamiento. Está muy presente en mi vida la adoración eucarística y la devoción a la Virgen. También rezo la coronilla de la Divina Misericordia.

¿Tuvo persecución o burlas por parte de su familiares y amigos?

En mi familia he encontrado de todo, parte que han aceptado la verdad y parte reticente, es algo normal. Ni a mí mismo me resulta agradable contarlo. Ha habido situaciones incómodas, pero persecución no. Cada uno hace ya su vida. En cuanto a los amigos lo desconozco, pues no he vuelto a hablar con ninguno. Ahora tengo pocos y buenos.

¿Cómo las superó?

Cargando con la Cruz. Hay cosas que solo pueden superarse cargándolas con la mayor dignidad posible, que es la que a pesar de nuestros pecados nos da Dios. Contemplar a Cristo crucificado por mí. “Jesús confío en ti”. Y el perdón, que es lo que más cuesta, perdonar que te haga tanto daño quien tenía que haberte protegido. No hay otro camino. En ello estamos. “Amarás a tu enemigo”. Creo que lo dijo el Señor pensando que los enemigos pueden ser los seres más cercanos.

¿Cómo conoció el carlismo y como le ayudo a su vida de Fe?

El carlismo lo conocí providencialmente. De pequeño, frente a la sede de FET me comentaba mi padre “Franco traicionó a los mismos que le habían ayudado, a los carlistas…” y resto de tópicos. (Un tío abuelo mío era carlista pero no lo llegué a conocer prácticamente). De los dos sacerdotes que me ayudaron a salir del hoyo, uno tenía vínculos con el carlismo y le pedí ponerme en contacto, resultó que la persona con la que contacté había sido mi jefe de departamento durante los años festivaleros. Cuando le conté de mi conversión no daba crédito. Me dijo -Es alguien que ha rezado por ti –y le respondí -Mi tía la monja-. Me acogieron con mucho cariño y ahí sigo, aunque es triste para un converso encontrarse con un carlismo dividido.

No puedo entender la vida de Fe sin militar en el carlismo, ahora bien, la cuestión fundamental es defender el orden social cristiano. Carlismo sin esto no es más que un nombre. Ser cristiano no es sólo una dimensión espiritual sino trabajar por una sociedad concreta. Eso es lo que el carlismo defiende, pero también otros políticos. Sin adjudicarme la exclusividad, somos los genuinos defensores de la cristiandad en España. Y por la Gracia de Dios y su infinita misericordia tengo el honor de contarme entre ellos. Ha ido todo muy rápido. Conversión religiosa y enseguida la conversión política. Por otra parte la actividad que tengo tanto en el carlismo como en grupos provida y otros me permiten relacionarme con gente maravillosa y esto también me resulta de gran ayuda. Nada sin Dios.

Javier Navascués

Javier Navascués

Ha trabajado como redactor en el Periodico de Aragón y Canal 44 de Zaragoza y como locutor y guionista en diferentes medios católicos como NSE, EWTN, Radio María etc...y últimamente en Agnus Dei.