MEDITACIÓN

Las dos banderas

Meditación XXIII

Composición de lugar. Ver a Jesús, que tiene por lema de su bandera: “Breve penar, eterno gozar.” Y la del demonio, que dice: “Breve gozar, eterno penar.”

Petición. Jesús mío juro morir antes que abandonar vuestra bandera.

Punto primero. Hija mía, dos Señores, dos Príncipes, dos Reyes se disputan el imperio del mundo, el dominio de las almas, de tu corazón, de tu amor: Jesucristo y Satanás, Dios y el demonio… Y cada uno de estos Señores o príncipes tiene su bandera, su divisa, sus secuaces, sus promesas, su fin… Satanás, negrillo asqueroso y abominable, sentado en cátedra de humo y de fuego en la gran Babilonia o confusión del mundo, de figura horrible y de aspecto terrible, comunica su fastidio, tristeza, terror, horror y odio a cuantos le siguen… Su bandera es de soberbia, que se rebela contra Dios y contra su Cristo.. . Su divisa: ¡Viva el pecado, muera Jesús!… Sus secuaces, esparcidos por todo el mundo, aman con desordenado amor los honores, riquezas, placeres e independencia, con lo cual los arrastra a la perdición eterna. Sus promesas: Breve gozar, eterno penar… Su fin: Vida amarga, muerte pésima, fuego eterno en el infierno… ¡Oh hija mía! ¿cuántas veces quizá tú tambien tomando en tus manos la bandera de Satanás has gritado, formando coro con los judíos y todos los pecadores: Muera Jesús, viva Satanás? ¡Qué locura! ¡Qué pecado! ¡Que horror! Arrepiéntete, y jura no seguir más tan deshonrosa bandera, y morir antes que pecar.

Punto segundo. Jesús, el más hermoso y amable entre los hijos de los hombres, de aspecto dulce y de mirar apacible, sentado en el ameno campo de la paz, cabe Jerusalén, ciudad santa y pacífica, tiene también su bandera, su divisa, sus servidores, sus promesas, sus fin, en contraposición a Satanás. Contempla cómo comunica a todos sus fieles seguidores la paz, la felicidad y el amor en que rebosa su corazón Divino… Mira cómo con su blanca mano tremola la inmaculada bandera de humildad y mansedumbre… “Aprended de Mí, que soy manso y humilde de Corazón,” les dice de continuo. Su divisa: ¡Viva Jesús, muera el pecado!… Sus amadores, esparcidos por todo el mundo, huyen y aborrecen las riquezas, honores, placeres; y aman la pobreza, la humildad, la obediencia; con lo cual gozando ya acá, de un paraíso anticipados, se preparan para gozar de la felicidad eterna… Sus promesas; Breve penar, eterno gozar; finge trabajos en el cumplimiento de su ley, cuyo yugo es suave y su carga ligera… Su fin: Vida apacible, muerte preciosa… felicidad eterna en el cielo, viendo, amando y alabando a Dios… ¡Oh, hija mía! ¿No es verdad que de hoy más no servirás a otro Señor que a Jesús?…

Punto tercero. Dime, ¿qué fruto has sacado de seguir a Satanás?… ¡Insensata! Vergüenza, rubor, remordimiento… Renueva, pues, tus promesas, tus pactos, tus votos, tus juramentos de renunciar a Satanás, sus obras y pompas; y promete seguir a Cristo Jesús hasta la muerte. Sí, Jesús mío renuncio a Satanás, sus obras y pompas, y jamás abandonaré vuestra bandera para pasarme al bando de Satanás, Mí divisa será: ¡Viva Jesús, muera el pecado!

Padre nuestro y la Oración final.

Fruto. Diré en la tentación: ¡Viva Jesús, mi amor, muera el pecado traidor!

San Enrique de Ossó