Una escena de la "Misa por la Educación" anual celebrada por el entonces cardenal Bergoglio en su catedral en 2010.
SÍ SÍ NO NO

Contra las “misas animadas”

La intrínseca perversidad del neomodernismo se comprueba por su malsana inclinación a entender el Rito divino de la Misa como el resultado de perspectivas histórico-culturales que lo harían indefinidamente modificable en base a las diferentes sensibilidades de sus destinatarios.

La banalización de la Religión, la tendencia a confinarla dentro de una experiencia psicológica oscilante entre las falsas alternativas representadas por un estéril intimismo consolatorio y por prorrumpentes efusiones asamblearias, denotan las raíces de la crisis que insidia la integridad doctrinal e institucional de la Iglesia, sumergiéndola en las proclamaciones de un ecumenismo confusionario y antidogmático.

Quien quiera que no se deje condicionar por los sofismas y por los preconceptos a-teológicos del progresismo no tardará en darse cuenta de los efectos espiritualmente nocivos que se siguen de la pretensión de adaptar la Religión al hombre moderno, pretensión señalada como el resultado culminante de un proceso evolutivo natural y benéfico.

Las reformas post-conciliares facilitaron la desacralización de la liturgia, vaciándola de su esencia de acto sacrificial y propiciatorio, cumplido por el Señor en beneficio de las almas y de su salvación eterna.

La divina Liturgia, sometida por la agresión profanadora de la pseudo-teología neomodernista a perder su originaria finalidad sobrenatural en una atmósfera caracterizada por el sucederse de cantos y bailes completamente extraños a la sacralidad del Rito, denuncia la presuntuosa centralidad de una asamblea que se auto-afirma como artífice de una nueva conciencia «religiosa» apta para acoger los limitados horizontes del espíritu mundano.

Debido a las ambiguas actualizaciones dictadas por la innatural búsqueda de un entendimiento con los invasivos «idola mundi», se hace cada vez más arduo aprovechar la inmensa riqueza de los tesoros espirituales liberados por la Pasión redentora de Jesús. La desconsagración de los altares, prontamente suplantados por mesas sin adornos, adaptadas a la reevocación simbólica y narrativa de la Cena del Señor, es la más desconcertante manifestación de la crisis que repercute trágicamente en los diversos contextos del mundo contemporáneo, condenado al suicidio por un tórbido escepticismo y por la pertinaz voluntad de institucionalizar el desorden moral y civil.

A ello se une la desvalorización del sacerdocio, ordenado por Dios para la reactualización del Sacrificio del Calvario, pero degradado por el reformismo conciliar a la dirección «pastoral» de una asamblea que afirma su arbitrario protagonismo, reduciendo la celebración eucarística a alegre ocasión convivial y desposando (según el consejo y la imposición de su «presidente») la ya casi universal costumbre profanadora de la «Comunión en la Mano».

Si la aberrante concepción de la Misa como espectáculo que presupone una adecuada animación exhibicionista es lo que ha traído la culpable aquiescencia a la venenosidad apostática del neomodernismo, el sacrosanto deber de minar su influjo corrosivo no puede no fundarse en una confiada devoción a los Dos Corazones de Jesús y María, que guían y unen a cuantos profesan la verdadera Fe en el camio hacia la bienaventuranza celeste.

R. Pa.

(Traducido por Marianus el eremita)

SÍ SÍ NO NO

Mateo 5,37: “Que vuestro modo de hablar sea sí sí no no, porque todo lo demás viene del maligno”. Artículos del quincenal italiano sí sí no no, publicación pionera antimodernista italiana muy conocida en círculos vaticanos. Por política editorial no se permiten comentarios y los artículos van bajo pseudónimo: “No mires quién lo dice, sino atiende a lo que dice” (Kempis, imitación de Cristo)