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Los Comentarios Vulgares de Francisco sobre la Misa en Latín

Tal parece que el libro para niños, titulado Querido Papa Francisco, será presentado el 1 de marzo.

 

Rorate Caeli obtuvo y publicó una sección de este libro, misma que no sólo es perturbadora, pero provee una idea acerca de la mente de Francisco respecto a la forma antigua de Misa en la Iglesia.

Este es el extracto:

“Querido Papa Francisco,

¿Usted estuvo cerca del sacerdote cuando fue monaguillo?

Saludos de Alessio (Italia, 9 años)”

“Estimado Alessio, sí, yo era monaguillo. ¿Y tú? ¿Qué puesto ocupas entre los monaguillos del altar? Es más fácil ahora, ya sabes: Es posible que, sepas que cuando yo era un niño, se celebraba la Misa de forma diferente. En aquel entonces, el cura miraba hacia el altar, que estaba junto a la pared, y no mirando hacia las personas. Luego, el libro con el que decía la Misa, el misal, se colocaba en el lado derecho del altar. Pero antes de la lectura del Evangelio se lo tenía que trasladar hacia el lado izquierdo. Ese era mi trabajo: llevarlo de derecha a izquierda. ¡Era agotador! ¡El libro era pesado! Lo tomaba con toda mi energía, pero yo no era tan fuerte; una vez lo tomé y se cayó al suelo, por lo que el sacerdote tuvo que ayudarme. ¡Vaya trabajo que hice! La Misa tampoco era en italiano. El cura hablaba pero yo no entendía nada, y tampoco lo entendían mis amigos. Así que para divertirnos nos gustaba hacer imitaciones del cura, alterando un poco las palabras para componer extraños dichos en español. Nos divertíamos, y realmente disfrutábamos de servir en las Misas.”

¿Qué fue, lo que en concreto, enseña Francisco a este niño de 9 años y monaguillo, y a cualquier otro joven que lea le libro?

  • La Misa protestantizada del Novus Ordo es superior a la antigua, pesada, “fuera de este mundo” Misa Tridentina, donde el sacerdote de cara al altar y no a la gente, y donde los fieles se supone que no pueden entender lo que dijo el sacerdote.
  • La Misa y los objetos pertenecientes a la Misa, pueden ser objetos de diversión barata, incluso para monaguillos mientras sirven. Cuan contrario es esto al espíritu del Catolicismo.

Los regalos de piedad y temor de Dios, dos de los siete dones del Espíritu Santo, infunden en nosotros un temor y reverencia a Dios, que nos permiten reconocer la grandeza de Dios y de nuestra pequeñez, y un profundo respeto por aquellas cosas que le pertenecen, y que deben ser tratadas de una manera reverente. Estos regalos no parecen ser evidentes para Francisco. Tampoco hay ningún sentido de lo sobrenatural cuando Francisco habla de la Misa.

Francisco, el jesuita modernista, cuenta a un joven de nueve años de edad, y miles de otros jóvenes a quienes se les dará una copia de este libro, que “desordenar un poco las palabras para inventarse dichos extraños” es una práctica aceptable para un servidor del altar. Lo que realmente importa es, “Nos divertíamos…”. El extracto del libro nos recuerda el episodio, que fue capturado en video, donde Francisco separó por diversión las manos del pequeño monaguillo, quien las tenía juntas correctamente en posición de oración. “¿Tus manos están pegadas entre sí?”, Preguntó Francisco, tomando las manos del muchacho y separándolas.

Para Francisco, algunos aspectos de la actividad Católica pueden ser objeto de juego: “Desordenábamos las palabras” de la Misa, “Nos divertíamos”, “¿Tus manos están pegadas entre sí?”

¿Quién es este pequeño hombre vulgar que nuestros Cardenales contemporáneos eligieron el 2013?

A un mes de asumir el papado, manifesté públicamente que nunca permitiría que el Papa Francisco les enseñe religión a mis hijos. Luego de casi tres años de su régimen tumultuoso, vuelvo a confirmar ese enunciado con mayor certeza.

La vulgar mofa de Francisco sobre aspectos de la Misa (lo que me recuerda a los sacerdotes del Novus Ordo en la década de 1970, tratando arduamente de ser “cool” y “uno más de los chicos”), su alabanza pública de la abortista Emma Bonino, su silencio culpable de cara al proyecto de ley de Unión Civil en Italia en lugar de oponerse al mismo (y que fue aprobado por ese silencio), su reciente enfoque en el tema Ético sobre el uso de los anticonceptivos, sobre el cual, recientemente indicó que se puede usar los anticonceptivos como una opción de emergencia para proteger contra la infección del virus Zika, y sus innumerables palabras y acciones escandalosas en las que suena peor que una combinación del siglo 21 entre Cardenal Bernadin y Leonardo Boff, erosionan más y más su autoridad moral. Los fieles Católicos corren cada vez que abre la boca para cubrir sus palabras.

Es por esta razón que tengo temor, porque cuando Francisco pretende estar listo para poner sus manos sobre cualquier tema Católico que amo, parece trastornar todo lo que toca.

San Alfonso escribió en el momento de un Conclave Papal, “En cuanto a los obispos, muy pocos de ellos poseen celo genuino por las almas… Por lo tanto tenemos que orar a Jesucristo que nos diera como cabeza de la Iglesia a uno poseído de más espíritu y el celo por la gloria de Dios, que de aprendizaje y prudencia humana. Él debe estar libre de todas las ataduras del partido y desprendido del respeto humano. Si, por casualidad, para nuestra desgracia, obtuviéramos un Papa que no tiene la gloria de Dios como su único propósito, el Señor no le será de gran ayuda y las cosas a partir de su estado actual, irán de mal en peor.”

Ahora estamos en un estado en el que tenemos un Papa que parece manifestar algunos de los peores aspectos de los Jesuitas modernistas, no parece ser guiado por el espíritu de Dios, y donde las cosas van de mal en peor. El Mensaje de Fátima nos dice que debemos “rezar mucho por el Santo Padre,” y así mismo San Alfonso de Ligorio instó a los católicos a orar para que el Señor corrija este tipo de situación.

Mientras tanto, seguimos resistiendo las palabras y acciones de Francisco, que parecen contrarias a la Fe de todos los tiempos, y promovemos la Fe Católica Tradicional a todos los que están en nuestro ámbito de influencia.

Cerramos citando al famoso Padre Francisco Suárez, uno de los muchos que nos recuerdan la necesidad de resistir: “Si [el Papa] da una orden contraria a las buenas costumbres, no debe ser obedecida; si intenta hacer algo abiertamente opuesto a la justicia y el bien común, será lícito resistirle; si ataca por la fuerza, por la fuerza puede ser repelido, con una moderación adecuada a la justa defensa”.

[Traducido por Cecilia González Paredes. Artículo original]
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