ADELANTE LA FE

Ser luz de Cristo para los demás

Yo soy la luz del mundo; el que me sigue no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida. Jn. 8, 12.

Si vosotros permanecéis en mi palabra, sois verdaderos discípulos míos, conoceréis la verdad y la verdad os hará libres. Jn. 8, 31.

Queridos hermanos, qué hermoso ser Luz de Cristo para todos, para los que creen en el Señor Jesucristo y para los que no creen. Ser Luz para los que no la conocen y viven en las tinieblas del error, y para los que no conocen la Verdad de Jesucristo, que es  la Verdad de la fe católica. Porque, no lo olviden, ser testigos de la Luz es ser testigos de la fe católica, de la verdadera Iglesia que mantiene viva la Luz verdadera, la verdadera Iglesia donde la Luz ha querido estar para iluminar a todo el mundo. No se puede ser  testigos de la Luz sin serlo de la Iglesia iluminada por esa Luz. No se puede hablar de la Luz, que es Cristo, si hablar de la Iglesia que Él mismo quiso instituir para llevar su Luz a todos.  No podemos separar la Luz de la Iglesia, porque la Iglesia católica es la Luz, porque en ella está Luz.

La gracia de Cristo recibida en el santo Bautismo nos hace salir de la oscuridad del pecado original y participar de la gracia divina como hijos de la Iglesia; porque el Bautismo nos hace hijos de la Iglesia, y en ella acrecentar esa gracia recibida y caminar en la vida de santidad, que sólo encontramos en la Iglesia, verdadero camino de salvación eterna. Porque en ella están el camino de salvación, que son los santos sacramentos.

¡Qué importante es que seamos fieles al Bautismo! Así difundiremos la Luz de la esperanza de Dios. Y esa Luz es su Palabra divina, sus Mandamientos, sus Preceptos. La Palabra de Dios es vida para el alma, es la Luz para caminar en santidad, en gracia, y alejarnos de las tinieblas del error, de la herejía. La Palabra de Dios es Luz para andar hacia la eternidad gloriosa, para alejarnos del pecado, es decir, del mundo, demonio y carne. Los Mandamientos de la Ley de Dios, obra de su justicia amorosa y sapientísima, iluminan nuestra alma y ahuyentan los errores mortales que atentan contra ella. La Luz del mundo, El Verbo  hecho carne, Jesucristo, verdadero Dios y verdadero hombre, nos ha dejado su divina Palabra en sus Mandamientos. No querer cumplir los Mandamientos de la Ley de Dios es alejarse voluntariamente de la Luz, es despreciar la Luz de Cristo, la Luz que vino al alma en el santo Bautismo. No cumplir los Mandamientos de la Ley de Dios es separarse de Cristo, no obedecerle, es olvidar la gracia del Bautismo que inundó el alma del nuevo hijo de la Iglesia.

¿Cómo ser Luz para los demás? Siendo testigos de esa Luz, que no es más que la Palabra de Dios, sus Mandamientos, sus Preceptos, en una palabra, la enseñanza de la Iglesia. ¿Quieres ser Luz para los demás? Sé fiel a las enseñanzas del Magisterio de la Iglesia que la tradición nos ha legado. Sé fiel a la Revelación de Jesucristo en las Sagradas Escrituras y en la Tradición. Sé fiel a lo que siempre la Iglesia ha creído y vivido. Porque la Palabra de Dios permanece con el mismo sentido y enseñanza que la tradición de la Iglesia nos ha transmitido.

Pero, qué ocurre si la Iglesia no es fiel a la Palabra de Dios, entonces vienen las tinieblas sobre ella, ya no alumbra con la Luz de Cristo, ya no puede ser Luz para los demás, no cumple el mandato de Cristo. La Iglesia anda en la oscuridad alejándose de la Luz. La Iglesia ya no tiene la Palabra de vida porque la desprecia no cumpliéndola, no haciéndola cumplir, no propagándola. ¿Cómo la Iglesia puede ser Luz para el mundo si no cumple la Palabra de Dios, sus Mandamientos, que son la Luz verdadera? No lo es. Habla de la Luz pero vive en las tinieblas; habla de Jesucristo pero no cumple con sus Mandatos, presentándonos un Jesucristo desfigurado hacho a la medida del hombre.

La fidelidad a la Luz del Bautismo es la fidelidad a la Palabra de Dios. Seremos esperanza para los demás cuando seamos testigos creíbles por nuestra fidelidad a la Ley divina. Los Mandamientos de la Ley de Dios es nuestra esperanza de vida eterna. Sólo podrán salir de las tinieblas del pecado quienes cumplan fielmente con la Palabra de Dios. El pecado es la oscuridad del alma de la que sólo se puede salir con la Luz de la Palabra divina.

Todos en la Iglesia, cada uno desde su responsabilidad, hemos de ser testigos de la Luz de Cristo, que es lo mismo que ser testigos de su Palabra. Quien no cumple la Palabra de Dios no es testigo de la Luz y no podemos seguirle, porque vive en la oscuridad del error y del pecado. No se puede permanecer allí donde la tiniebla tiene su asiento, es la tiniebla de quien desprecia la Palabra divina, las enseñanzas del depósito de la fe, de quien no cumple ni hace cumplir los Mandamientos de la Ley de Dios.

Cuando la Iglesia no predica la verdad de la salvación de los Mandamientos de la Ley de Dios, no es Luz para el mundo, la ha ocultado al ocultar la palabra de Dios. Sino predica los Mandamientos no combate el pecado que mata alma, no lo valora ni le importa. Sino predica los Mandamientos,  Luz para el mundo, ¿qué enseña? Ya no tiene palabras de vida, ya no enseña el camino de salvación, sólo tiene palabras del mundo para el mundo, palabras sin vida, sin compromiso, palabras que no obligan al sacrificio ni penitencia, ni al arrepentimiento, palabras que no hablan de dolor de los pecados, ni de compunción por ellos, palabras que no hablan del pecado del mundo, sólo enseña  palabras vacías y erróneas que el mundo no le importa oír, pero que matan al alma.

Ave María Purísima.

Padre Juan Manuel Rodríguez de la Rosa

Padre J.M Rodríguez de la Rosa

Padre Juan Manuel Rodríguez de la Rosa. Nació en Palamós (Gerona) en 1956, y se ordenó sacerdote en 12 de octubre del 2007 en la catedral de Getafe. Es licenciado en Estudios Eclesiásticos y en Derecho Canónico. Preside una Asociación privada de fieles de vida de oración contemplativa. En la actualidad es capellán de una residencia de ancianos de Madrid. Es autor del vídeo "Mysterium Fidei" sobre la Misa tradicional.