ADELANTE LA FE

Merienda de negros en el hospital de San Pablo

Inmolaron a los demonios sus hijos e hijas. Derramaron sangre inocente y profanaron la tierra ensangrentándola (Salmo 106)

A Joaquim Calaf, abortista confeso y experimentador embrionario convulso, hasta ahora jefe de Ginecología del Hospital de San Pablo, le ha llegado ya la hora de la jubilación.   La Muy Ilustre Administración (MIA), de la que participa a título de co-propietario el Arzobispado de Barcelona, se devanó los sesos para elegir, entre cuatro especialistas, al sustituto del matarife Calaf. Los cuatro son recomendados suyos, de su misma dinastía, y por tanto tan abortistas como él. Alguno de ellos más que los otros, lo cual es casi como batir el récord europeo de abortismo en un hospital de la Iglesia.

El tal Calaf se ha pasado más de treinta años instruyendo en ginecología y con la más repugnante inmoralidad a los estudiantes del MIR que le enviaba la Universidad Autónoma. Ha formado a su alrededor una peña de incondicionales con sus mismas ideas y su mismo funcionamiento práctico: interrupción médica del embarazoaborto eugenésico para los fanáticos- y anticoncepción de emergenciapíldora abortiva para los obsesionados-. Calaf estaba especializado en cargarse a las criaturas cuando vienen con alguna enfermedad (eugenesia pura y dura), caso del que padecía enanismo  o el de los gemelos que por evitar el nacimiento del enfermo, asesinaron a los dos.  Y todo ello en el incensado Hospital de San Pablo. Pero claro, eso no quita que, por otra parte, se pueda hacer un “favor” al amigo que lo necesita. Es decir, que se pueda abortar en San Pablo por cualquier otro motivo, si el interesado es de confianza.

Desde 1987 ya aparecen en los datos estadísticos oficiales los abortos en el Sant Pau. En 2013, gracias a sus excelentes relaciones con el poder político, consiguió el cardenal Sistach que el entonces Conseller de Sanitat, Boi Ruiz, le ahorrase la vergüenza de aparecer públicamente en las estadísticas y borró al Hospital de San Pablo de la lista oficial de centros donde se practicaban abortos. Eso sí, con un asterisco al final de la relación autonómica que sentenciaba: La lista no es completa porque aparecer en ella es voluntario. Menuda estadística… arreglada para los amiguetes. El mismo principio sirvió para que gracias al ex Ministro del Interior, el santurrón Fernández Díaz, desapareciese también el nombre del San Pablo en las estadísticas nacionales. En fin, ojos que no ven, corazón que no siente: porque el pecado no es el aborto, sino ¡que se sepa!

Ciertamente, la presión del movimiento proVida ha sido decisiva para que todos estos carniceros ya no hagan el mal con tanta comodidad. Los directivos del hospital han mentido, simulado, engañado y ofrecido coartadas a los adormilados canónigos del Cabildo durante treinta años. Por eso no van a decir la verdad ahora, por mucho que el “protocolo” y algunos se empeñen. Siguen siendo los mismos de siempre, pero corregidos y aumentados por la inhibición de los máximos responsables.

Pues bien, resulta que la Muy Ilustre Administración del hospital, gobernada por la Generalidad, el Ayuntamiento y el Arzobispado de Barcelona, ha deshojado ya la margarita del sucesor del jefe de Ginecología. Por un lado estaba el alter ego de Calaf, Juan José Espinós, tan abortista como él si no más, especialista en reproducción in vitro. En fin, que es casi lo único que hace, vamos. Para eso están las neveras criogénicas del Sant Pau. Y si el embrión viene mal… pal saco.

También Marta Simó, ginecóloga en el abortista Hospital General de Granollers, bajo responsabilidad del obispo de Tarrasa, y en la plantilla del Sant Pau, es candidata a suceder al carnicero Calaf. Y finalmente Oriol Porta, el que según Josep Ramón Pérez (JR) tenía más números. También pasó por el Hospital de Granollers. Los dos de perfil bajo, aterciopelados y digestivos para los curas; pero tan amorales o de tan “amplio criterio” como el que más. Y ya sabemos lo que eso supone: abortos -aunque digan interrupción médica-, embriones congelados y píldoras abortivas en las urgencias o en el CAP del Sant Pau, en el cual proporcionan el Kit abortivo a discreción.

Pero el Dr. Calaf -amiguísimo de la delegada episcopal de Pastoral Sanitaria, Mª José Martínez Lapeña– no descansa. Ya se ha hecho un hueco, y bastante grande, en la Fundación Puigvert, donde tiene a sus embriones criogenizados para toquetearlos sin reparo alguno, que es lo suyo. Para lograrlo ha echado a patadas al antiguo director y se ha quedado él en su lugar, dispuesto a salir con los pies por delante, cosa que no pudo lograr en su anterior destino, aunque ¡vaya si lo ha intentado! Y que no me digan que la Puigvert nada tiene que ver con el Hospital de Sant Pau (primera coartada), porque al final el Sant Pau acabará siendo sólo… las oficinas.

Así las cosas JR, canónigo representante del Arzobispado en la MIA, dice en petit comité que hoy en día es imposible conciliar la moral de la Iglesia con la del Estado a causa del personal del hospital y de las leyes vigentes. ¿Es que no hay en España un ginecólogo proVida de probada competencia? ¡Claro que lo hay! Pero es necesario ir a buscarlo y hacerle una propuesta. Y eso es demasiado para esos eclesiásticos comodones y endogámicos, pues habría que dar un golpe en la mesa y romper la baraja del buen rollo institucional. Es Jordi Bachs, el director gerente-comisario político de la Generalidad, imputado por malversación, el que les dice cómo y cuándo deben respirar. Porque, según los canónigos representantes -JR y Forcada- a ellos nadie les comunica nada… Ay… Pobres convidados de piedra en la opípara merienda.

Pero ha sido finalmente Elisa Llurba la elegida para sustituir a Calaf. Ginécóloga en el Hospital de la Vall d’ Hebrón, uno de los centros que más abortos -de máxima calidad, por supuesto- realiza en Barcelona. Especialista en Patología Placentaria y diagnósticos prenatales. Es decir, en detectar reales o posibles enfermedades con el objetivo de que, si conviene a médicos y a padres, los  niños enfermos que esperan el permiso médico para nacer, no vean nunca la luz. Ni cardiopatías, ni minusvalías, ni síndromes de Down, ni mandangas… La calidad de vida es lo primero, hombre. Si somos eugenésicos, somos eugenésicos: caiga quien caiga.

La Sra. Llurba es también la novia de Eduard Gratacós, Director de BCNatal (Hospital Clínic-Hospital Sant Joan de Déu). D. Eduardo, es el encargado de realizar los abortos que los falsarios del Hospital de San Juan de Dios de Esplugues le derivan, pues los Hermanitos Hospitalarios tienen un convenio con el Clínico que les permite tranquilizar su sucia conciencia dejando en manos de sicarios lo que antes -y aún ahora en algunos casos- realizaban ellos mismos. Y es que todo al final queda en casa.

Lo grave de asunto es que el convenio que firmaron en 1990 el Arzobispado de Barcelona, el Ayuntamiento de la ciudad y la Generalidad de Cataluña señala que entre los rasgos distintivos de la asistencia sanitaria prestada por el Hospital de San Pablo, destaca el alto grado de eficiencia de una medicina practicada de conformidad con los principios éticos del humanismo cristiano y de las normas morales de la Iglesia Católica. Y en el punto cuarto e) se especifica que para la utilización de los servicios o de las instalaciones de la Institución para cualquier práctica, técnica o actuación sanitaria que, directa o indirectamente, esté en contradicción con los principios religiosos éticos, morales i benéfico-asistenciales que han caracterizado al Hospital desde su fundación, a los cuales se ha hecho referencia expresa en el preámbulo de este Convenio, se necesita ¡el voto unánime de la Muy Ilustre Administración del Hospital! (MIA).

Lo cual nos hace suponer que, o bien el nombramiento de la abortista Elisa Llurba no ha pasado por la Muy Ilustre Administración y ningunean descaradamente al Arzobispado, o bien los representantes eclesiales -los padres Forcada y Josep Ramón Pérez (JR)- han votado favorablemente, a pesar del inquietante currículum de la doctora, contradiciendo así la moral católica. Ante la gravedad de estos hechos sólo cabe esperar dos reacciones por parte del Arzobispado: denunciar e impugnar el acuerdo de la MIA, si se ha tomado sin contar con la representación del Arzobispado, o actuar con severidad y contundencia ante el gravísimo acto de prevaricación de los representantes de la Iglesia, si éstos han votado contra la moral católica y contra el Convenio del Hospital.

Qué lejos queda aquella contundencia con la que JR declaró al diario ABC  hace casi dos años: Pienso llevar la lucha hasta el final. Si la situación no se resuelve, bloquearemos la vida del hospital. Evidentemente, todas las decisiones que se toman deben ser aprobadas por unanimidad. La Iglesia forma parte, junto a la Generalidad y el Ayuntamiento, de la MIA y sin su votación no puede aprobarse nada. Estamos dispuestos a morir matando.

Ah… Pero es que ahora ya no se trata de eso. Asustado de su propia valentía  y tal vez de la soledad del mando, JR ha plegado velas y espera, si no pasar a mejor vida, que la que vive no se la hagan demasiado incómoda. Total, él ha hecho lo que ha creído más acorde con el talante de la autoridad a la que representa; y aquí ni JR ni nadie quiere obsesionarse en una batalla que no consideran suya y que juzgan perdida de antemano. Es lo más fácil, sí. Así no te crucifica nadie. Pero también es lo más abyecto y cobarde.

Padre Custodio Ballester Bielsa

Padre Custodio Ballester

Párroco de La Inmaculada Concepción y vecino de L’Hospitalet de Llobregat (Barcelona, España)