ADELANTE LA FE

Tú que niegas la existencia del infierno

Allí será el llanto y el rechinar de dientes, cuando viereis a Abraham, Isaac y Jacob y a todos los profetas en el reino de Dios, y a vosotros echados fuera. Lc. 13, 28.

Queridos hermanos, ya es norma habitual escuchar a clérigos destacados y miembros de la Jerarquía eclesiástica hacer declaraciones que, lejos de edificar al alma por su virtud y sabiduría, escandalizan por su torpeza, error y falsedad, por ser declaraciones que atentan contra las verdades de fe, contras la fe y costumbres que vivimos, hemos recibido y que nos configuran como lo que somos, católicos, apostólicos y romanos. No hay aspecto de nuestra fe, de la Tradición, del Magisterio que no sea cuestionado, rechazado, ridiculizado, en un constante ejercicio de demolición de nuestras creencias.

¿Es posible encontrar una respuesta a esta situación? ¿Podemos decir algo para entender lo que está pasando?  No podemos estar callados ante esta situación, aunque sea inmensamente mayor que nuestras humildes fuerzas. Me fijo en el versículo 11 del capítulo 5 de la carta a los Hebreos: Acerca de lo cual es mucho lo que hay que decir, y no fácil de declarar, ya que os habéis tornado torpes al oído. El versículo se refiere al sacerdocio de Nuestro Señor Jesucristo. Es inabarcable lo que se puede decir del Sacerdocio del Señor, desde la Encarnación y Natividad hasta su muerte en la Cruz. Pero, no sólo es la vida de Jesucristo, sino de su Sacerdocio en sus sacerdotes, que deben ser igual a Él. El mismo camino ha de recorrer el sacerdote, el mismo que el que recorrió nuestro Señor desde su nacimiento hasta la Cruz. ¿Qué dirá el sacerdote el día del juicio si  no ha recorrido el camino desde la Encarnación hasta la Cruz? Hay mucho que decir, pero muchos se paran en la mitad del camino. Hay mucho que decir: todo lo que el Señor hacía en favor de la salvación de las almas. ¿Qué hace el sacerdote?

Hay mucho que decir: hacer el camino recorrido por el Señor. Desde la Encarnación, desde que el sacerdote  tumbado en el suelo es “encarnado” a su nueva vida, la de Cristo, para hacer el mismo recorrido que Él. Aquel día de la ordenación empieza el recorrido el sacerdote. Hay mucho que decir y no fácil de declarar, cuando el sacerdote está puesto en las cosas de Dios, no hay palabras para explicar que el Señor es la plenitud de su vida sacerdotal. Pero es fácil de explicar cuando vive en la vanidad.

Sólo es necesario explicar una cosa: ¿cómo ser otro Cristo? ¡Pero qué difícil! Si pienso cuando nací verdaderamente, respondo: cuando postrado en tierra fui ordenado sacerdote de Jesucristo. Ese fue el día de mi nacimiento, anteriormente a ese día todo era carne en mí. Antes no existía nada, pero desde mi “encarnación” murió el  hombre y nació Cristo otra vez en mí. Es el momento en que cambié mi nombre por otro: Jesús. Desde aquel momento mismo mis  manos son las manos de Cristo que transforman el pan y el vino en el Cuerpo y Sangre del Señor; ha muerto lo carnal y nace lo espiritual.

Hemos de tener cuidado los sacerdotes, porque la carne y el mundo siempre vienen a atacarnos. Hemos de tener mucho celo por nuestro ministerio. El sacerdote no ha de dejar que lo miren como a un hombre, sino como a sacerdote, No debe dejar que le hablen como hombre, sino como sacerdote.

Pero tú que niegas el infierno, ¿qué voy a decirte? ¿Voy a darte argumentos de su existencia? No, pues nada te hará cambiar. Sólo puedo decirte dónde estás y lo que has hecho. Hay que darle el enfoque correcto a todo. Has rechazado lo espiritual por lo carnal. ¿Qué sentido tiene que niegues el infierno? Ya estás en él. Esto es todo lo que hay que decir. ¿Cómo puedes negar el infierno? Porque estás en él.

¿Cómo se pueden negar las verdades de fe, los dogmas? ¿Cómo se puede estar constantemente cuestionando nuestras creencias, cuestionando la misma Palabra de Dios, su misma Ley divina? Porque estos sacerdotes han dejado de ser, de llamarse,  Jesús; han preferido ser ellos mismos; no están dispuestos a recorrer el mismo camino del Señor, puesto que quieren recorrer el suyo propio, el de su conveniencia y gusto; han despreciado el camino que va desde la Encarnación a la Cruz. No hay otra explicación: han rechazado la “encarnación” que se obró en ellos el día de su ordenación, han preferido seguir siendo el hombre que eran; han elegido la carne antes que el espíritu.

Sobre estos sacerdotes hay muy poco que decir: se han negado a ser un reflejo vivo del sacerdocio de Cristo.

Ave María Purísima.

Padre Juan Manuel Rodríguez de la Rosa

Padre J.M Rodríguez de la Rosa

Padre Juan Manuel Rodríguez de la Rosa. Nació en Palamós (Gerona) en 1956, y se ordenó sacerdote en 12 de octubre del 2007 en la catedral de Getafe. Es licenciado en Estudios Eclesiásticos y en Derecho Canónico. Preside una Asociación privada de fieles de vida de oración contemplativa. En la actualidad es capellán de una residencia de ancianos de Madrid. Es autor del vídeo "Mysterium Fidei" sobre la Misa tradicional.