SÍ SÍ NO NO

No es pan, es Jesús

SÍ SÍ NO NO
Escrito por SÍ SÍ NO NO

Es el título del libro del padre Paul Cocard (Non è pane, e Gesú, ed. Fede e cultura, Verona 2015). Uno de los signos más visibles de la ruptura con la tradición litúrgica es la introducción de la práctica de recibir la Comunión en la mano, después de 1965, primero localmente en los países nórdicos de Europa y después casi por todas partes en la Iglesia latina.

Este libro “pastoral y militante” es publicado después de algún otro, como los de Mons. Juan Rodolfo Laise y de Mons. Athanasius Schneider. Es una llamada urgente e punzante a la vuelta a la forma tradicional de la Comunión en la lengua, en nombre de la Fe católica.

Lo que era considerado hasta hace poco tiempo una aberración y un sacrilegio se ha convertido en un corto espacio de tiempo en la excepción autorizada por un indulto pontificio de Pablo VI y después, muy rápidamente, en la norma. Como para toda la Liturgia en la misma época, la puesta en práctica de la reforma, la instrucción Memoriale Domini de 1969, comienza recordando el principio inalterable y milenario de la recepción de la Comunión en la lengua para inclinarse al final hacia una práctica inversa difundida ya y, por tanto, para conceder un indulto, no obstante la oposición de la gran mayoría de los Obispos (alrededor del 91%).

La carta pastoral que acompañaba al texto de Pablo VI, firmada por mons. Bugnini y por el card. Benno Gut, va todavía más lejos, porque no se contenta con permitir la comunión en la mano sino que la promueve.

El autor, el padre Paul Cocard es severo con Pablo VI, porque el permiso papal precipitó el movimiento de decadencia litúrgica como culto a Dios y volvió las espaldas a los esfuerzos milenarios de la Iglesia, de sus pastores y de sus santos para ayudar a los fieles a entrar en una adoración cada vez más profunda hacia Jesús Eucarístico.

El mayor argumento de los promotores de esta práctica de la Comunión en la mano es el texto, de autenticidad dudosa, de San Cirilo de Jerusalén, texto por lo demás mal interpretado por sus defensores. Los gestos exteriores no son nunca neutros, sino que revelan el contenido de la fe. Querer cambiarlos con los argumentos de higiene y afectivos demuestra una voluntad de manipulación y un deseo de volver las espaldas a la Tradición bíblica de adoración hacia Dios.

La adoración cristiana es un bien centrado únicamente en el Dios Trinitario, en la persona de Jesús, Hijo de Dios, y en la Presencia real del Señor en el misterio eucarístico a través de la transubstanciación. S. Agustín insiste en la relación estrecha entre la adoración y la recepción de Jesús-Hostia (Sermones sobre los Salmos, 98, 9). Los cristianos de los primeros siglos tenían un respeto extraordinario ante la Kenosis (el abajamiento por así decir, el anonadamiento) de Cristo bajo las sagradas especies y desde los orígenes, la S. Comunión era recibida con grandes signos de respeto y adoración, como inclinaciones profundas y arrodillarse , lo cual ha desaparecido totalmente en el caso de la Comunión en las manos que se practica hoy.

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El autor del pequeño volumen considera que los recientes pontificados de Juan Pablo II y de Benedicto XVI intentaron promover de nuevo la adoración al recibir la S. Comunión. Sin embargo, la práctica de la Comunión en las manos en Italia y en el Vaticano continuó existiendo con Juan Pablo II. Es necesario esperar hasta Benedicto XVI para ver al Papa distribuir sólo en la forma tradicional de la Iglesia, sin que, sin embargo, la práctica aberrante de recibirla en la mano fuese eliminada de las mismas celebraciones pontificales en Roma y en los viajes del Papa.

Los tímidos intentos no han sido continuados, de modo que es necesario llevarlos a buen fin para que se encuentre de nuevo la humildad del niño que recibe su alimento de Aquel del Cual depende enteramente.

El padre Cocard aporta también el argumento del testimonio frente a las demás religiones. Aunque los musulmanes profesan graves errores sobre la naturaleza de Dios, ellos lo adoran como creador y le ofrecen diferentes signos de respeto. ¿Por qué los cristianos deberían ser reticentes a emplear signos visibles de su adoración en el culto del verdadero Dios Trinitario?

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Considerando que la Comunión en la lengua es como un acto de fe, el padre Cocard tiene justamente razón al decir que ella “se impone” a todos, sacerdotes y fieles, que cuidan de progresar en el amor y en la adoración a Jesús Eucarístico. De ahí la atención a preparar el alma con la confesión, con el ayuno solicitado, con el vestido conveniente y, una vez recibido Jesús-Hostia, a cuidar la adoración, la acción de gracias, la acogida de Aquel que en el Pan y en el Vino consagrados se hizo más pobre que nadie por amor nuestro.

Todos estos consejos son muy preciosos para llevar a término la necesaria e indispensable restauración de la Comunión en la lengua y, para quien puede, de rodillas, rechazando la banalización del acto más sagrado de todo el Catolicismo y el arqueologismo de quien pretendería volver a los orígenes. A este propósito se recuerde que el papa S. Sixto I (115-125 d. C.), un Papa de los orígenes cristianos, para impedir los abusos que ya se producían, prohibió a los laicos tocar los vasos sagrados por lo cual está plenamente fundado suponer que prohibiese a los mismos tocar las sagradas especies eucarísticas: “Statutum est tu sacra vasa non ab aliis quam a sacratis Dominoque dicatis contrectentur hominibus” (Mansi, I, 653).

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