ADELANTE LA FE

Nuestra oración realiza el Plan de la Provicencia

Queridos hermanos, nuestra oración realiza el plan de la Providencia; es decir, que la Providencia divina toma la oración como  instrumento y medio principalísimo para llevar a cabo sus fines con los hombres. Dice Santo Tomás de Aquino (II-II. Q.83.c.2): No oramos para alterar la disposición divina, sino para impetrar aquello que Dios tiene dispuesto que se cumpla mediante las oraciones de los santos.  Y en el mismo capítulo 2º, en una a las respuestas a las dudas, dice: La oración no se ordena a mudar en otra la disposición divina, sino a obtener mediante nuestras preces lo que Dios había dispuesto.

Dios, infinito en sus atributos, conociendo la falta  que los hombres tenemos de tantos bienes, materiales como espirituales, temporales como eternos, nuestras limitaciones para alcanzar los bienes que necesitamos y librarnos de los males que nos afligen, ordenó que nuestra oración fuese medio  para suplir nuestras limitaciones y satisfacer nuestras necesidades, prometiéndonos que nos concedería cuanto le pidiésemos, en las condiciones que ha hay que pedir: Pedid y recibiréis, para que sea cumplido vuestro gozo (Jn. 16, 24). Porque quien pide recibe, y quien busca halla, y al que llama se le abre (Lc. 11, 10).

La oración es medio de la divina Providencia para realizar la obras que proceden de sus divinos atributos y perfecciones, porque la oración es medio para que la bondad de Dios se nos comunique, su caridad nos ame, su misericordia nos alivie, su justicia nos premie, y para que su omnipotencia realice lo que su sabiduría ha ideado; y si es necesario, la oración es necesaria, para alterar y cambiar el orden de las cosas naturales, haciendo obras milagrosas, porque la oración alcanza que la divina omnipotencia de vista a los ciegos, vida a los muertos, para gloria de Dios y bien de los hombres.

No hay mayor medio para nuestra perfección y nuestro provecho que el medio de la oración, pues a través de ella la omnipotencia de Dios comunica, del modo que determina, su mismo poder a aquellos que nada podemos sin Él. Dios en su infinita sabiduría y amor ha querido que los actos humanos, esto es, nuestra oración, formen parte de las causas de la Providencia divina, pero no para alterar la disposición divina, como ya hemos indicado anteriormente, sino para lograr algunos efectos según el orden establecido por Dios. Hemos de orar para que los hombres merezcan recibir, pidiéndolo, lo que Dios todopoderoso había determinado darles, desde antes del comienzo de los siglos, como dice San Gregorio papa (II-II. q. 82. c.2).

Es preciso orar con perseverancia y no desfallecer (Lc. 18, 1), qué grandísima verdad, y medio, que Dios ha puesto en nuestras manos para remediar nuestras necesidades y miserias, para obtener las gracias que necesitamos y librarnos de los males que no atenazan. No hay ni mayor ni mejor medio que la oración. Qué poder a nuestro alcance y qué poco conocido es, y poco apreciado, y poco valorado. Dios no nos ha dejado ajenos a su divina Providencia. ¡Nuestras oraciones son oídas! ¡Y con qué facilidad nos cansamos! ¡Y qué poco perseveramos! Oramos poco, amamos menos.

No hay medio más eficaz que le fervorosa oración, pues sumamente fiel es Dios en cumplir sus promesas, y todopoderoso para hacer lo que promete. Ni hay medio más sencillo y simple para pedir lo que necesito a Aquel que todo lo tiene y puede, y que me manda que le pida, porque más desea Él darme que yo recibir. Ni hay medio más universal para pedir todos los bienes que me convienen y para librarme de todos los males que me dañan.

¿Se dan cuenta de lo que es la oración? ¿De lo que supone? Con la oración Dios nos incorpora a su Providencia, porque así lo ha dispuesto. Nuestra oración es escuchada por Dios, es pedida por Él, es exigida por Él. En la oración mostramos nuestro amor a Dios, nuestra dependencia absoluta de Él, manifestamos nuestra incondicional disposición a su santa voluntad; profesamos nuestra más absoluta obediencia a su Palabra, a sus Mandamientos. En la oración Dios va arrebatando nuestro corazón de una forma misteriosa y divina, nos va uniendo a Él sin que razonamiento humano pueda explicarlo; la memoria, el entendimiento, la voluntad, se van viendo afectados por la presencia divina, de forma tal que la acción de la Providencia de Dio se hace tan evidente que es como si alma viviera en ella. Las mismas potencias del alma viven la acción de Dios en ellas.

Nuestra oración realiza la Providencia divina, ¿no es una verdad suficiente por sí misma para empezar y no dejar de orar nunca? Oremos sin desfallecer, pidamos sin cansarnos, amemos a Dios sin titubear, y la Providencia se manifestará en nuestras vidas, y se cumpla lo que pedimos o no se cumpla, se dé en el tiempo deseado o  no se dé en ese tiempo, siempre, siempre, la Providencia de Dios nunca dejará al alma en desazón, siempre en cumplido amor, confianza y con intima satisfacción de haber hecho lo debido y deseado por Dios.

Ave María Purísima.

Padre Juan Manuel Rodríguez de la Rosa

Padre J.M Rodríguez de la Rosa

Padre Juan Manuel Rodríguez de la Rosa. Nació en Palamós (Gerona) en 1956, y se ordenó sacerdote en 12 de octubre del 2007 en la catedral de Getafe. Es licenciado en Estudios Eclesiásticos y en Derecho Canónico. Preside una Asociación privada de fieles de vida de oración contemplativa. En la actualidad es capellán de una residencia de ancianos de Madrid. Es autor del vídeo “Mysterium Fidei” sobre la Misa tradicional.