ADELANTE LA FE

El otoño caliente de Bergoglio y la pasión de la Iglesia

Se preanuncia un otoño caliente para el Papa Bergoglio. Antes que nada por la serie de derrotas políticas que continua cosechando, él, que es el más político entre los papas modernos: la derrota electoral de Ángela Merkel en Alemania es precisamente una consecuencia de su política sobre la inmigración que ha sido promovida de manera obsesiva por Bergoglio.

Además, en toda Europa, crece la opinión pública que se opone a la “invasión” descontrolada fomentada por el Papa argentino (lo demuestran el Brexit, el Muro de Calais, las elecciones en Austria y también en la católica Croacia donde ha recientemente ganado el partido de centroderecha).

En estas horas, el último de sus disgustos se debe a la “caída” de Hillary Clinton, que seguramente preocupa a Bergoglio tras su espectacular torpedo lanzado contra Trump sobre la inmigración, para ponerlo en desventaja (a pesar de que la Clinton sea una fanática laicista).

El papa sudamericano ya ha tenido que encajar la derrota de su candidato a la presidencia en Argentina, donde ha ganado Mauricio Macri, de centroderecha, por él adversado. A todo esto, hay que añadirle el derrumbe del poder de sus amigos de la izquierda brasileña, Lula y Dilema Rousseff (destituida y bajo impeachment).

También la tentativa de estipular un acuerdo con la China comunista (acuerdo que sería como dar una bofetada a los cristianos perseguidos y a los obispos clandestinos) se presenta cada vez más difícil, no obstante que Bergoglio haya firmado declaraciones embarazosas en las que legitima la dictadura y sus crímenes y hasta haya llegado a acatar la orden del régimen comunista de excluir al Dalai Lama de los próximos encuentros de las religiones en Asís, el 20 de septiembre.

Finalmente, destaca su inmovilismo, a nivel diplomático e internacional, en relación con la tragedia de los cristianos perseguidos y masacrados en diversas partes del mundo.

PROFANACIÓN

En el frente interno vaticano, a pesar del clima de miedo que Bergoglio ha instaurado, desatará fuertes polémicas la carta que ha enviado en estos días a los obispos argentinos, en la que afirma que la única verdadera interpretación de Amoris laetitia es la ultramodernista, es decir “la que de hecho incita al adulterio y a la profanación de los sacramentos” (me dice un prelado de la oposición).

Es la primera vez en la historia de la Iglesia que un Papa avala con su firma una inversión de la ley moral.

Pero, barrer el milenario magisterio de la Iglesia fundamentado en el Evangelio acarrea enormes consecuencias en la vida de los cristianos y hasta inducirá a interrogarse sobre la ortodoxia de Bergoglio (duda que hace unos meses Newsweek puso nada más ni nada menos que en la portada: “Is the Pope Catholic?”).

Según el pensamiento católico, la demolición de los sacramentos significa demoler a la misma Iglesia Católica. El actual Obispo de Roma lleva adelante esta estrategia en distintos modos: desde la progresiva sustitución de la jerarquía (parece que tiene en proyecto un nuevo Consistorio para crear un pelotón de cardenales bergoglianos que así condicionaría también el futuro) hasta los continuos picazos sobre los diversos pilares de la doctrina católica.

Aunque de manera disimulada, están ya preparándose los golpes al sacerdocio (con la admisión de las mujeres al diaconado y con el empañamiento del celibato).

Pero el objetivo principal concierne una vez más a la Eucaristía y entra dentro del proyecto de “protestantización” de la Iglesia Católica que es poderosamente querido por un eje político que va desde los Estados Unidos de Obama hasta Alemania y Europa del Norte. Probablemente se trata del proyecto al cual se opuso Benedicto XVI y por el cual fue “acompañado a la salida”.

BERGOGLIO Y LUTERO

La ruptura debería consumarse el próximo 31 de octubre, con la visita bergogliana a Suecia para “celebrar” los 500 años del cisma de Lutero.

Ya la visita en sí misma es ocasión de discusión, porque el Obispo de Roma se ha obstinadamente negado a acudir al Congreso Eucarístico de Génova, en septiembre (primer caso, en el Post-Concilio, de un Papa que rechaza participar en este evento espiritual), mientras que participa de manera entusiasta en las celebraciones del más devastador hereje de la historia de la Iglesia. En esta ocasión puede ocurrir lo “irreparable”, es decir, puede verificarse la aprobación de la “intercomunión” entre católicos y luteranos.

Esto significaría la abolición de hecho de la doctrina católica sobre la transustanciación, en la práctica la abolición de la Eucaristía. Hay que recordar que en la ceremonia del pasado 28 de junio, y no de casualidad, el Papa emérito Benedicto XVI insistió en el término “transustanciación”, precisamente para indicar el peligro inminente…

La intercomunión entre católicos y luteranos equivaldría a la equiparación de la Eucaristía con el pan normal de la cena luterana. Para la Iglesia sería una catástrofe. ¿Cuáles son los indicios que van en esta dirección?

INDICIOS

Antes que nada, las sorprendentes palabras pronunciadas por Bergoglio el 15 de noviembre de 2015, en su visita a la comunidad luterana de Roma.

Luego, la interpretación que de esas palabra dio una fuente oficial como “Civiltà Cattolica”.

Por último, anteayer, en Santa Marta, Bergoglio hizo un discurso que podría ser su típico fuego de artillería preventivo que generalmente desata para preparar sus operaciones de demolición (así hizo también en relación con el tema de la comunión a los divorciados vueltos a casar).

De hecho ha hilvanado una desquiciada serie de imágenes, como hace cada vez que quiere golpear a quien se opone a su “revolución”.

Al final de su confuso discurso, el meollo ha sido éste: impidamos que el diablo destruya a la Iglesia con las divisiones, sobre todo las divisiones que atañen a la “raíz misma de la unidad de la Iglesia, que es el Cuerpo de Cristo, la Eucaristía”.

En sí mismo este concepto sería normal y justo, si no hubiera sido utilizado al revés, porque los que quieren dividir, contra los que Bergoglio ha empezado ya a despotricar, podrían ser aquellos obispos católicos que mantienen que no se puede asimilar la Eucaristía (verdadero Cuerpo y Sangre de Cristo) con el pan de la cena luterana.

Conociendo el modo de proceder de Bergoglio cabe prever que será precisamente ésta aparente apología de la Eucaristía el argumento que utilizará para el ataque final a la misma Eucaristía (ya ha utilizado estos increíbles artificios dialécticos en la Amoris laetitia donde se llega a exhortar al adulterio a los convivientes para el bien de los hijos).

LUTERO CONTRA LA EUCARISTÍA

En realidad, la única verdadera y devastadora división de la Iglesia en relación con la Eucaristía la provocó, hace 500 años, precisamente aquel Lutero que Bergoglio irá a festejar.

He aquí lo que Lutero afirmaba de la Santa Misa:

“Yo declaro que todos los prostíbulos, los homicidios, los robos, los asesinos y los adúlteros son menos malvados que esa abominación que es la misa papista.”

Y más aún:

“Cuando la misa será destruida, pienso que habríamos derribado con ella todo el papismo. De hecho, el papismo se apoya en la misa como en una roca, todo entero con sus monasterios, obispados, colegios, altares, ministerios y doctrinas, en una palabra con toda su panza. Todo esto se derrumbará necesariamente cuando será derribada su misa sacrílega y abominable.”  

Entonces, si Bergoglio fuera coherente con lo que dijo anteayer, si de verdad quisiera proteger la Eucaristía, en vez de ir a legitimar a Lutero y sus doctrinas, debería decir a los protestantes que no es posible ninguna intercomunión y que la Eucaristía es el verdadero Cuerpo y Sangre de Cristo.

Luego, debería retirar la Amoris laetitia que de hecho legitima la profanación de la misma Eucaristía.

Pero no hará nada de todo esto e irá por su camino, que es fuertemente patrocinado por los poderes fácticos internacionales.

Los cuales son los grandes partidarios de este pontificado y han sido los grandes enemigos del de Benedicto XVI que finalmente ha sido “dimitido”.

Sin embargo, siempre es posible que la parte católica de la Iglesia se rebele (importantes intelectuales cercanos a los papas precedentes han escrito que se ha pasado el límite) y puede que surjan posibles quiebras en el pontificado bergogliano si en la Casa Blanca no se queda el bloque Obama-Clinton que lo apoya.

Antonio Socci

[Traducido por María Teresa Moretti. Equipo de traducción de Adelante la Fe. Artículo original]
Antonio Socci

Antonio Socci nació en Siena, el 18 de enero de 1959. Estudió en su ciudad natal hasta graduarse en Letras modernas (precisamente con una tesis de Filología Romance sobre la Divina Comedia) en 1983. Trabajó en el semanario “Il Sabato” hasta su clausura en 1993 y dirigió la revista mensual internacional “30 Giorni”. Desde 1994 trabajó en “Il Giornale” colaborando con “Il Foglio” y “Panorama”. En el 2002 fue llamado a la vicedirección de Rai 2, donde ideó y condujo el programa Excalibur. Desde 2004 es director de la Escuela Superior de Periodismo Televisivo de Perugia. Escribe para “Libero”. Ha escrito unos quince libros. Entre ellos “Indagine su Gesù”, “Il segreto di Padre Pio”, “Non è Francesco”, “Caterina-Diario di un padre nella tempesta”, “Il quarto segreto di Fatima” (traducido al español como “El cuarto secreto de Fátima”).