Hoy el papa Francisco, de una zambullida, realizó una sorprendente destitución masiva (ver enlace abajo) de todos los cardenales y obispos conservadores de la Congregación para el Culto Divino y Disciplina de los Sacramentos del Vaticano. En la lista de los afectados se encuentran los cardenales Burke, Scola, Pell, Ouellet, Ranjith y muchos otros. El Papa expulsó a todos los prelados que junto con el Prefecto formaban la actual congregación, reemplazándolos con 27 miembros nuevos más “progresistas”.

El noble cardenal Robert Sarah, quién provocó recientemente el enojo del Santo Padre al promover el regreso de los sacerdotes a la posición versus orientem durante la misa, permanece como cabeza de la congregación; pero claramente sus días están contados, y ahora estará significativamente acorralado por todos los nuevos prelados liberales que deberán asesorarlo y votar en todas las decisiones importantes.

Estos incluyen al arzobispo Piero Marini, maestro de ceremonias del Papa durante Juan Pablo II. Durante su juventud como sacerdote, fue discípulo y admirador del principal arquitecto de la reforma litúrgica posterior al Vaticano II, el fallecido arzobispo Annibale Bugnini. Con estos antecedentes, no sorprende que Marini haya sido durante mucho tiempo enemigo público de las tendencias tradicionalistas en la liturgia. Durante el tiempo de Juan Pablo II, orquestó novedades litúrgicas tales como poner una lectora con un pecho al desnudo durante una misa papal en Papua New Guinea, y otras varias dudosas formas de “inculturación”.

En la misa papal de 1995 en Sidney, para la primera beatificación en Australia (por la beata, ahora santa, Mary McKillop), y en complot con las monjas liberales que no visten hábito y dominan la actual congregación fundada por la Madre Mary, ahora en declive, Marini reemplazó el credo por una letanía ecologista inventada, reemplazó el rito penitencial por un baile pagano de un hombre semidesnudo y con su cuerpo pintado que alejaba a los espíritus malignos con la ayuda de una lata humeante, e hizo que la multitud de ministros de la eucaristía laicos sostuvieran los cálices llenos de hostias durante la consagración, casi como si estuvieran “concelebrando”.

Este vaciamiento casi total de los votantes de una congregación, de un sólo golpe – algo nunca antes visto en la historia del Vaticano, así parece –  también es, en efecto, un fuerte desaire al papa emérito Benedicto XVI, cuyo legado pontificio se centró en la restauración de la tradición, la dignidad, y el latín en la sagrada liturgia. A uno le invade una profunda sensación de presentimiento sobre los cambios que debemos esperar en la adoración, y qué augura esta asombrosa purga papal respecto a un posible socavamiento de la liberación del rito latino tradicional lanzada por Benedicto.

Brian Harrison

• • •
El Papa realiza un ajuste completo de la congregación litúrgica vaticana

En un pase sorprendente, el papa Francisco reemplazó a todos los miembros de la Congregación para el Culto Divino del Vaticano, el cuerpo a cargo de los asuntos litúrgicos.

Es rutinario para el Romano Pontífice nombrar unos pocos miembros nuevos para cada congregación del Vaticano, retirando a los miembros que sirvieron durante varios años. Pero el 28 de octubre, el Vaticano anunció que el papa Francisco había nombrado 27 miembros nuevos para la Congregación para el Culto Divino, transformando completamente la formación de dicho cuerpo.

Los nuevos nombramientos dan un carácter distintivamente más liberal—así como un aspecto más internacional—a la congregación. Es probable que los cambios limiten el trabajo del cardenal Robert Sarah, el prefecto de la congregación, quien ha sido el principal promotor de una liturgia más reverente y la “reforma de la reforma”.

Entre los nuevos miembros prominentes de la congregación estarán el cardenal Pietro Parolin, Secretario de Estado, el cardenal Beniamino Stella, Prefecto de la Congregación para el Clero, y el cardenal Gianfranco Ravasi, Presidente del Consejo Pontificio de la Cultura. Quizás el nombramiento más controvertido es el del arzobispo Piero Marini, quien chocó frecuentemente con los conservadores de la liturgia durante sus años de servidor como maestro de ceremonias en la liturgia papal de san Juan Pablo II. El único prelado norteamericano agregado a la congregación es el obispo Arturo Serratelli de Paterson, Nueva Jersey, que lidera el comité de liturgia de los obispos norteamericanos.

Los prelados más conservadores removidos de la congregación incluyen a los cardenales Raymond Burke, Angelo Scola, George Pell, Marc Ouellet, Angelo Bagnasco, y Malcolm Ranjith.

[Traducido por Marilina Manteiga. Artículo original.]