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El papa, el cardenal Müller y la Fraternidad sacerdotal san Pío X

La carta del cardenal Müller, antiguo prefecto de la Congregación para la doctrina de la fe, ha suscitado ciertos comentarios. Esta carta del prefecto emérito puede sorprender, en la medida en la que sus exigencias rompen con la ausencia de condiciones requeridas por Francisco a la Fraternidad san Pío X en estos últimos años. Sin ponerla en contexto, puede aparecer como una negativa de parte de la Santa Sede,  cansada de la indecisión de la FSSPX.

Sin embargo no hay que perder de vista ciertos elementos:

-la carta ha sido escrita por un prefecto dimisionario, cuya partida tiene aires de destitución. Sus relaciones con el pontífice actual probablemente no deberían guiarle a servir una política que él jamás ha compartido realmente. Siendo obispo de Ratisbona, deseaba condenar una vez más a la Fraternidad, justo después de que sus obispos hubieran sido eximidos de la sanción que pesaba sobre ellos desde 1988.  Fue en 2009, y nadie se acuerda hoy en día…Posteriormente, como buen ratzingueriano, el cardenal Müller deseaba a toda costa imponer el reconocimiento  del Concilio como condición; y esto, a diferencia del papa Francisco mismo. Por otra parte, el camino de radicalización estival se convierte en un clásico con colores romanos antes de una marcha importante (como la de Benedicto XVI) o antes de las vacaciones de julio. Esto ya se vio en 2008 o en 2012.

-el hecho de que la unanimidad de los cardenales reunidos en la Feria quarta haya aprobado esta carta no significa gran cosa. Estos últimos habrían desaprobado igualmente los textos pontificios sobre las confesiones y los matrimonios de la FSSPX. Pero no todos tienen las gracias del sucesor de Pedro, que se beneficia necesariamente con luces particulares. A no ser que ya no se crea definitivamente en las promesas encomendadas por nuestro Señor al primer apóstol y a sus sucesores…

-el papa no pierde nada dejando al cardenal expresar su propia posición. Dejando a la Fraternidad considerar durante el verano la situación que provocaría el fin de las relaciones con Roma, le acuerda una última voluntad al condenado Müller. Esto permitirá a Francisco relanzar el dosier de las relaciones con la FSSPX sobre nuevas bases en septiembre, y éste último lógicamente demandará volver a a textos favorables previstos estos últimos meses por Francisco. A este respecto,  no hay que olvidar que últimamente, fue monseñor Pozzo el que estuvo a cargo del dosier del concierto con el pontífice, en tanto que el cardenal Müller jugaba un papel puramente administrativo. Es de notoriedad pública que el cardenal Müller no parecía favorable a la perspectiva de una reintegración.

-los “resistentes” de la FSSPX piensan que es la reciente insumisión de los decanos en el seno de su comunidad lo que ha permitido impresionar a Roma. Esta inocente observación hace pensar al gallo de Chantecler, persuadido de que es su propio canto matinal el que permite al sol salir. Las oposiciones de los enemigos de la Iglesia son, sin embargo, más importantes a los ojos de Roma que los retrocesos a los que Roma se ha acostumbrado desde hace un tiempo (monseñor Williamson, Avrillé, la veintena de sacerdotes que ya han partido estos últimos años, etc.).

Pase lo que pase, el papado habrá llegado demasiado lejos para poner fin a una regularización sin previo aviso. Todos los sacramentos de la FSSPX han sido validados por Francisco uno detrás de otro. Se han retirado las sanciones. La Fraternidad está ya casi regularizada. Francisco sigue siendo el señor del calendario.

(Traducido por J.G. Risposte-Catholique)

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