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El papa Francisco dice que la Misa Tridentina es un paso hacia atrás

“Bienvenidos a CFN Media. Soy John Vennari, el editor de Catholic Family News

El pasado 7 de marzo (2015), el papa Francisco celebró el 50.º aniversario de la liturgia plenamente vernácula y usó el evento para que se sepa, una vez más, que, en cuanto a él concierne, cualquier regreso a la Misa Latina Tridentina por parte de la Iglesia, está fuera de discusión. Ha tachado tal idea como “un paso hacia atrás”.

Bien, he aquí lo que está pasando. Hace 50 años, el 7 de marzo de 1965, Pablo VI celebró, en la iglesia de Ognissanti (iglesia de Todos los Santos) la primera misa completamente vernácula. Por supuesto, fue en Roma, por lo que se celebró toda en italiano, en lugar de en latín. Pero, parte del simbolismo de lo que sucedió allí es que, Pablo VI, no celebró esta primera, extraña, misa vernácula en una de las grandes basílicas patriarcales de Roma, no: la celebró más bien en una parroquia regular, en una iglesia del pueblo, para inaugurar la extraña liturgia vernácula, liturgia que habría de celebrarse, por supuesto, en el lenguaje del pueblo. Estamos al inicio de los cambios litúrgicos del Vaticano II, por lo que celebró la misa, no de cara al Señor en el Tabernáculo, sino de cara al pueblo.

Ahora bien, al papa Francisco le encanta esta exaltación del pueblo y, por supuesto, va a celebrarlo, como celebra todas las cosas que tienen que ver con el Concilio. Así, en su homilía del 7 de marzo, el Papa dijo que es aquí donde, realmente, Pablo VI, y estoy usando sus palabras: “inauguró la reforma litúrgica del Vaticano II”. Y lo hizo con la celebración de una misa, oficiada, como él dice, en el lenguaje de, el pueblo.

Bien, esta reforma litúrgica –revolución litúrgica en realidad, y creo que ya lo saben-, nos dio la misa Novus Ordo, presentada en 1969; la misma misa Novus Ordo que los cardenales Ottaviani y Bacci criticaron en un árido estudio (Breve examen crítico del Novus Ordo Missæ); más tarde, el 15 de junio de 1969, los mismos cardenales dirigieron un carta a Pablo VI en la cual, en relación a la Nueva Misa decían, y les cito: “La Nueva Misa representa, tanto en su totalidad como en sus detalles, una notoria separación de la teología católica de la Misa, según fue formulada en la sesión XXII del Concilio de Trento”.

En cualquier caso, Francisco, siempre firmemente detrás de la revolución del Vaticano II, celebró el 50.º aniversario de la liturgia totalmente vernácula, y aprovechó la ocasión para celebrar toda la revolución post-conciliar. Y una de las partes más llamativas de su homilía para esta ocasión es cuando dijo, y le cito: “Demos gracias a Dios por lo que Ha hecho en Su Iglesia en estos 50 años de reforma litúrgica. Ha sido, verdaderamente, un gesto de valentía de la Iglesia que se acercara al pueblo de Dios, para que pudieran entender bien lo que están haciendo”. Bien, ahora viene un punto un poco engorroso y es que, la reforma litúrgica -y cualquiera que sabe algo de lo que sucedió por entonces-, la reforma litúrgica, esa nueva, y extraña, liturgia vernácula, el Novus Ordo, provocó el abandono inmediato, masivo y duradero, de la Iglesia por parte de los católicos a nivel mundial. Podríamos hablar mucho sobre esto, pero quiero continuar con la cita. Francisco dice: “Esto es importante para todos nosotros, el seguir la Misa de esta manera. No es posible retroceder, debemos seguir adelante; siempre adelante. Y aquellos que regresan, están equivocados”. Y cierro la cita.

Por tanto, les está hablando, por supuesto, a los católicos tradicionales, diciéndonos que estamos equivocados. Pero, lo más interesante, es que vean lo que está pasando aquí: la verdad es que, en realidad, el papa Francisco está diciendo que hay algo en la Iglesia que no se puede cambiar. En verdad es un poco gracioso. Notarán también que, la única vez que los progresistas hablan así o, normalmente, la única vez que los progresistas hablan así, es cuando quieren solidificar la revolución. El papa Juan Pablo II hizo lo mismo respecto a la nueva orientación ecuménica. Dijo que no hay vuelta atrás, que no se puede cambiar; lo dijo en su encíclica Ut Unum Sint (1995) y leemos: «En el Concilio Vaticano II, la Iglesia Católica se comprometió irrevocablemente a seguir el camino de la empresa ecuménica (…)». Vemos entonces que, siendo Juan Pablo II, uno de los papas más revolucionarios de la historia, podemos reducir su pontificado en: cambio, cambio, cambio; cosas nuevas, cosas nuevas, cosas nuevas. Pero aquí está diciendo que hay algo en la Iglesia, el precioso ecumenismo, que no puede ser cambiado. Está bien; es algo chistoso.
Pues bien, hay mucho que decir sobre la revolución litúrgica del Vaticano II y la Nueva Misa, pero quiero limitarme a un aspecto principal de la liturgia completamente vernácula; y es el hecho de que representa un desafío al Magisterium secular de la Iglesia el cual condenó una liturgia completamente vernácula. Un teólogo tomista sobresaliente, el padre Edward Hanahoe, que escribió en los años ’50 y ’60, y que vio, sabiamente, lo que estaba sucediendo; señaló que era una táctica de los ecumenistas y, por extensión, de los modernistas, pretender que el Magisterium no habló de algunos temas; temas que se meten en el camino del nuevo programa. No lo niegan necesariamente, solo no hablan sobre él. Pretenden que no existe y, aquí lo tenemos, esta liturgia completamente vernácula, que nos ha endosado un ecumenista de las altas esferas, una operación de arriba-abajo verdadera. Y estos hombres, simplemente, pretenden que el Magisterium no ha hablado sobre la liturgia vernácula; y el hecho es que está condenada y no debería hacerse. Y así, celebran esta desobediencia flagrante como si fuera un paso, como si fuera un progreso genuino de la Iglesia.

Ahora les daré cuatro ejemplos de lo más obvio acerca de lo que les estoy hablando sobre la enseñanza de la Iglesia y lo vernacular.

El Concilio de Trento: el dogmático Concilio de Trento prohíbe una liturgia completamente vernácula. Lo leemos en el Canon 9 [cf. 943 y 945 s], Sesión XXII del Concilio, en el que enseña infaliblemente (hay otras cosa que deberían saber de este Canon 9, pero he extraído la parte de la liturgia vernácula de la que estamos hablando): «Si alguien dice (…) que la Misa debería ser celebrada en la lengua vernácula solamente (…) sea anatema». Esto está bastante claro, no veo otra manera de leerlo.
Después tenemos, por supuesto, la carta del papa Pío VI, Auctorem Fidei (1794); en ella, Pío VI denuncia la demanda específica: «(…)expresando la Liturgia en el idioma vernáculo,- y a continuación denuncia esta idea-: temerario, insultante a oídos piadosos, insultante para la Iglesia, favorable a los cargos de los herejes en contra de ella».
Seguimos hacia Pío XI. Pío XI, en su carta apostólica Officiorum omnium (1922), dice: «(…) el conocimiento y uso del idioma [Latín],-tan íntimamente ligado a la vida de la Iglesia es importante y prosigue-: no tanto en términos culturales o literarios, sino por razones religiosas». Y Pío XI, esta cita es importante, continúa diciendo: «Para la Iglesia, precisamente porqué abraza a todas las naciones y está destinada a perdurar hasta el fin de los tiempos (…) de su misma naturaleza requiere un idioma que sea universal, inmutable y no-vernáculo».
Y, finalmente, por supuesto, la encíclica del papa Pío XII (1947) sobre la liturgia sagrada. Y de esta, es una famosa cita: «El uso del idioma Latín, prevaleciendo en una gran parte de la Iglesia, al mismo tiempo, otorga un signo imponente de unidad y un resguardo efectivo en contra de la corrupción».

Así, como vemos, la liturgia moderna, completamente vernácula, permanece condenada por el Concilio de Trento, las exhortaciones papales y por la advertencia de Pío XII. Como vemos, sus predicciones se han vuelto realidad. Vemos, con esta liturgia totalmente vernácula y con esta Nueva Liturgia como se está rompiendo la unidad de la que habló, así como la corrupción de la liturgia, principalmente, por medio de la misa Novus Ordo, que fue una misa escrita para satisfacer las demandas del ecumenismo; también vemos los incontables abusos litúrgicos que fluyen de esta nueva liturgia.

Francisco dice que no debemos retroceder. Pero, en realidad, la liturgia totalmente vernácula no es un paso hacia delante; tampoco es un paso hacia atrás. Es un paso en la dirección equivocada, totalmente equivocada. Es un desafío a la enseñanza perenne y a la práctica de la Iglesia Latina a lo largo de los siglos. No es nada para celebrar. Y la implementación de esta liturgia completamente vernácula y el decir que cualquiera que quiere volver a la liturgia latina está equivocado, con todos los respetos es, simplemente, un abuso de autoridad y la corrupción de la autoridad. Porque, y nuevamente lo digo con todos los respetos, querido papa Bergoglio, si usted nos dice que deberíamos desobedecer en esta materia, que deberíamos desobedecer la consistente voz de Pedro a través de los siglos, entonces…, ¿por qué ahora deberíamos escuchar su voz? ¿Por qué deberíamos escuchar cualquier cosa que usted dice? Al apoyar la revolución post-conciliar, usted recorta su propia autoridad y trastorna a la Iglesia en el proceso.

Por tanto, como dije, hay mucho más que hablar sobre este tema. Y en nuestra próxima transmisión, voy a destacar algunos de los problemas fundamentales de la misa Novus Ordo.

Gracias, nos veremos próximamente”.

[Traducción: Tina Scislow]
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