ADELANTE LA FE

Preparación para la muerte

Es muy saludable meditar en los novísisimos, que son los misterios de las postrimerías (muerte, juicio, cielo e infierno).

En esta ocasión meditamos sobre la muerte, que es cierta para nosotros (nadie se ha librado de ella) como incierto es el momento de la misma. No sabemos ni el día ni la hora en la que el Señor nos llamará a su presencia por lo que tenemos que estar preparados y con las lámparas encendidas, en gracia de Dios. La muerte puede llegar como un ladrón en medio de la noche, de forma repentina e imprevista. Cuantos han muerto de repente en un accidente de tráfico o doméstico, ahogados en el mar, de un derrame o infarto repentino. ¿Estarían en gracia de Dios? Hoy ya han sido juzgados y tal vez muchos de ellos se hayan condenado para siempre.

Debemos evitar a toda costa el pecado mortal, hasta el punto de decir con Santo Domingo Savio: Antes morir que pecar. No nos acostemos ninguna noche en pecado mortal y si no nos es posible, como muchas veces sucede, hallar un sacerdote por la noche debemos hacer un acto de contricción perfecto con el firme propósito de ir a confesarnos la mañana siguiente. Para que pequemos mortalmente tienen que darse tres condiciones: que sea materia grave, que sepamos que es materia grave y que a pesar de ello consintamos.

Por eso es muy importante formarse bien para saber perfectamente distinguir pecado mortal de venial. En el sexto mandamiento por ejemplo no hay parvedad de materia, que quiere decir que todo pecado es de por sí grave.

Igualmente debemos combatir el pecado venial, que también ofende a Dios y nos predispone para el mortal. Y luchar así mismo contra las imperfecciones para poder cumplir el mandato del Divino Maestro: Sed perfectos como mi padre celestial es perfecto.

Viene muy bien igualmente meditar en lo efímera que es la vida comparada con la eternidad. De lo que hagamos aquí va a depender nuestro destino eterno. Los reinos de la tierra con sus pompas y sus lujos pasan, pasa la riqueza, el prestigio, la salud, la belleza…y nos espera la muerte y el juicio. En ese momento supremo sólo contarán las buenas obras que hayamos hecho en la balanza divina.

Meditar sobre la muerte siempre es muy saludable para reflexionar sobre nuestro fin y misión en la vida. San Francisco de Borja cuando vio el cadaver pútrido de la emperatriz comprendió lo inconsistentes que son las cosas de la tierra y decidió entregarse de lleno a la santidad para alcarzar la corona que no se marchita.

PUEDE DESCARGAR AQUÍ EN AUDIO LAS MEDITACIONES PARA LA MUERTE DE SAN ALFONSO MARÍA DE LIGORIO

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