ADELANTE LA FE

A propósito de la traducción del párrafo 303 de Amoris laetitia

Numerosísimas han sido las críticas que ha recibido la Correctio filialis de haeresibus propagatis publicada el pasado 24 de septiembre y cuyo enorme impacto mundial ha sorprendido, incluso, a sus propios firmantes. Por desgracia la mayoría de esas críticas carecen de toda consistencia y se limitan a descalificar a los signatarios acusándolos de “marginales”, “incompetentes”, “irrelevantes”, “lefevristas”, “rígidos”, “teólogos sin experiencia pastoral” y otras adjetivaciones por el estilo. Pero algunas, muy pocas, de esas críticas han apuntado, en alguna medida, al fondo de la cuestión, esto es si realmente el Papa Francisco con sus palabras, omisiones o gestos ha propagado directa o indirectamente ciertas proposiciones que contradicen la Fe y por ende pueden calificarse de heréticas. Entre estas escasísimas críticas debe computarse la que dirigen Robert Fastiggi y Dawn Eden Goldstein en una nota titulada Amoris laetitia 303 ¿socava realmente la enseñanza de la moral católica?, reproducida en el sitio Vatican Insider –Documents y que sostiene que cuando se lee en el texto latino original uno de los pasajes de Amoris laetitia impugnados en la Correctio, se advierte una discrepancia respecto de la traducción oficial inglesa de la Exhortación, discrepancia a juicio de los autores, suficientemente significativa como para cambiar o alterar el sentido del texto e inducir a una mala interpretación de la enseñanza del Papa. La crítica tiene su consistencia y está formulada en un buen tono y espíritu académico por lo que merece ser tenida en cuenta y examinada; y si bien no está dirigida exclusivamente a los firmantes de la Correctio (menciona particularmente unos trabajos de Brugger y Echeverría, a los que aludiremos enseguida, y otro de Josef Seifert), aquellos quedan incluidos y alcanzados por las mismas objeciones.

El párrafo en cuestión corresponde al número 303 que integra el controvertido capítulo 8 de Amoris laetitia, párrafo que se encuentra entre los citados y objetados por los firmantes de la Correctio. El texto en latín dice:

Haec autem conscientia agnoscere potest non modo statum quendam ab universali Evangelii mandato obiective dissidere; etiam sincere honesteque agnoscere potest quod sit liberale responsum in praesenti Deo reddendum atque eadem conscientia firma quadam morali certitudine intellegere illam esse oblationem quam ipse Deus requirit inter rerum impedientium congeriem, quamvis perfectum nondum sit obiectivum exemplar.

La versión oficial inglesa traduce en estos términos:

Yet conscience can do more than recognize that a given situation does not correspond objectively to the overall demands of the Gospel. It can also recognize with sincerity and honesty what for now is the most generous response which can be given to God, and come to see with a certain moral security that it is what God himself is asking amid the concrete complexity of one’s limits, while yet not fully the objective ideal.

Dos son las objeciones de los autores. La primera, la expresión inglesa “the objective ideal” como traducción de la original latina “obiectivum exemplar”. La segunda, que se haya traducido el latín “illam esse oblationem quam ipse Deus requirit” por el inglés “that it is what God himself is asking” omitiendo la palabra oblationem. Por tanto, proponen una versión más ajustada en los siguientes términos:

This conscience, however, can not only recognize a given situation to be objectively at variance with the general mandate of the Gospel; it can also recognize sincerely and honestly what may be the generous response owed to God in the present circumstances; and this same firm conscience can come to understand with a certain moral certitude that this is the offering that God himself is asking amid the mass of impediments, although it may not yet be the perfect objective model.

Hemos resaltado en negrita, para una mejor comprensión del tema, las diferencias fundamentales entre ambas versiones inglesas. Vayamos a la primera observación: según los autores de la nota que venimos comentando resulta notoria en la lengua inglesa la diferencia de sentido entre las palabras “ideal” y “model”: El término latino exemplar, sostienen, no significa un ideal inalcanzable (an unattainable ideal) sino más propiamente un patrón o modelo a seguir (pattern or model to follow).

Ahora bien, esta objeción está dirigida específicamente a los trabajos de los dos autores ya mencionados: el de E. Christian Brugger, Five Serious Problems with Chapter Eight of Amoris Laetitia, publicado en Catholic World Report, el 16 de abril de 2016); y el de Eduardo Echeverría, Chapter 8 of Amoris Laetitia and St. John Paul II, también publicado en Catholic World Report, el 9 de abril de 2016. Hemos consultado ambos textos y, en efecto, hemos corroborado que el trabajo de Echeverría cuestiona el uso del término “ideal” por considerarlo inconsistente respecto del peso ontológico del matrimonio como fundamento en el orden normativo de la creación. También el texto de Brugger alude a esta cuestión. Sin embargo, dejando expresamente aclarado que nuestro conocimiento de la lengua inglesa pueda resultar insuficiente para captar diferencias semánticas más sutiles entre “ideal” y “model”, no vemos que esta diferencia afecte la argumentación de los autores citados. Por cierto, en español, la quinta acepción de la palabra “ideal” (que es la que aparece en la versión española de Amoris laetitia) es “modelo perfecto que sirve de norma en cualquier dominio” (cf. Diccionario de la Real Academia Española, vigésima tercera edición). Por otra parte, en nota a pie de página, Fastiggi y Goldstein reconocen que en inglés la palabra “ideal” también puede entenderse como un “modelo de excelencia a seguir”; sólo que, afirman, Brugger y Echeverria parecen limitar el término “ideal” a un único significado (cf. nota 7). Con esta aclaración la objeción se desvanece o, al menos, se debilita notoriamente pues la diferencia entre “ideal” y “model” ya no sería tanta y todo se reduce a un simple parecer respecto del significado que los autores objetados atribuyen a la palabra. Pero dejemos que, en este punto, sean Brugger y Echeverría quienes hagan la respectiva aclaración puesto que solamente ellos pueden hacerlo.

Vayamos, por tanto, a la segunda observación. Esta sí tiene un peso mayor. En efecto, como bien señalan Fastiggi y Goldstein, la versión oficial inglesa omite traducir el acusativo latino oblationen y se limita a decir “aquello que Dios mismo está requiriendo”. Justo es reconocer que se trata de una traducción deficiente pues la supresión de una palabra de tanta densidad semántica y de tan fuerte connotación religiosa como la palabra latina oblatio (oblación, entrega) empobrece significativamente el texto. Sin duda, la versión propuesta por Fastiggi y Goldstein supera ampliamente la versión oficial. De hecho, como los mismos autores de la nota lo subrayan, las demás versiones vernáculas de Amoris laetitia no exhiben semejante omisión (la versión española dice expresamente entrega).

Pero, ¿es esto suficiente para sostener que el párrafo en cuestión tiene un significado esencialmente distinto del que se desprende de la versión inglesa a tal punto que sus críticos han incurrido en una interpretación equivocada que da por tierra con las proposiciones consideradas heréticas? Veamos el asunto con detenimiento. De acuerdo con Fastiggi y Goldstein, atribuir al Papa Francisco la afirmación de que, en ciertas circunstancias, algunas acciones intrínsecamente inmorales puedan corresponder a la voluntad de Dios es una interpretación por completo errada. Por el contrario, a partir de la traducción propuesta por ellos se ve claramente que el Papa no está diciendo que la conciencia puede discernir rectamente que un acto objetivamente inmoral no es inmoral. En cambio, lo que el Papa está observando es que en algunas situaciones complejas e irregulares la conciencia de una persona puede reconocer que Dios está requiriendo una respuesta generosa, de hecho una oblatio u ofrenda, que se mueve en la dirección correcta, aunque esto no rectifica completamente la irregularidad objetiva de la situación. El texto oficial de la versión inglesa, insisten, falla al omitir la importante palabra oblationem pues el Papa Francisco no está hablando de una ofrenda de una acción objetivamente pecaminosa sino de un don de sí mismo que se mueve hacia Dios y la norma moral objetiva. Para mayor abundamiento, remiten al párrafo 305 de Amoris laetitia donde Francisco, citándose a sí mismo, transcribe el párrafo 44 de Evangelii Gaudium que dice:

Sin disminuir el valor del ideal evangélico, hay que acompañar con misericordia y paciencia las etapas posibles de crecimiento de las personas que se van construyendo día a día […] Un pequeño paso, en medio de grandes límites humanos, puede ser más agradable a Dios que la vida exteriormente correcta de quien transcurre sus días sin enfrentar importantes dificultades.

Por tanto, continúan, el Papa Francisco describe cómo la conciencia puede discernir que Dios mismo está pidiendo un pequeño paso en la dirección correcta en medio de una masa de impedimentos y de limitaciones. No está diciendo que Dios mismo está pidiendo a ciertas personas que sigan cometiendo actos intrínsecamente malos, como el adulterio o la homosexualidad activa, sino, por el contrario, lo que el Papa está diciendo es que en ciertas situaciones difíciles Dios está pidiendo una respuesta generosa, una ofrenda (oblationem), es decir, un paso en la dirección correcta.

Con toda honestidad no vemos que tal interpretación se deduzca del párrafo 303 ni siquiera poniéndolo en contexto con el 305 y la consiguiente referencia a Evangelii Gaudium. Por empezar resulta claro que lo que la conciencia discierne es que la situación en la que vive la persona -y que es objetivamente, una situación de pecado- es lo que al presente es posible ofrecer, a modo de una oblación o entrega, a Dios. De hecho, el texto aclara que la conciencia discierne que esta situación ofrecida a Dios no responde, efectivamente, al mandato universal del Evangelio; no obstante, discierne también que esta situación es, al presente, la que se puede ofrecer a Dios (sit liberale responsum in praesenti Deo reddendum). Está claro, pues, que lo que se está ofreciendo es la situación que al presente se vive y que no representa necesariamente un paso en la dirección correcta. En efecto, en algunos casos de divorciados vueltos a casar la misma Exhortación reconoce que existe gran dificultad de volver hacia atrás con lo que la segunda unión aparece consolidada en el tiempo, con hijos, probada fidelidad y compromiso lo que, de hecho, torna la situación irreversible (cf. Amoris laetitia, 298). Pero el texto del párrafo en cuestión se hace más problemático todavía cuando afirma, inmediatamente a continuación, que la conciencia descubre, además, con una cierta certeza moral, que esa situación objetiva de pecado es, precisamente, la ofrenda que Dios está pidiendo o, mejor, requiriendo. Está claro que estamos hablando siempre de una situación objetiva de pecado. La deducción, por tanto, es clara: esa situación objetiva de pecado no es sólo lo que la persona ofrece a Dios sino lo que la voluntad misma de Dios está reclamando a esa persona. Ergo, no vemos como no sea posible deducir que, al menos en ciertas circunstancias, Dios estaría requiriendo una situación en sí misma pecaminosa. Ahora bien, la Divina Misericordia aguarda con paciencia al pecador: Dios es lento en la ira, compasivo y clemente, rico en misericordia (Salmo 103, 8); pero no puede requerir (requirit) algo que no sea conforme a su Ley. Por tanto queda plenamente en pie la interpretación de quienes entienden que este texto de Amoris laetitia, tal como está redactado, induce a sostener una proposición contraria a la verdad de la Fe Católica. En efecto, lo que se viene denominado “situación objetiva de pecado” está de hecho configurada por la reiteración de acciones intrínsecamente malas (como son las que, necesariamente, se derivan de una unión more uxorio por fuera de un matrimonio sacramentalmente válido); y, en definitiva, resultan ser estas acciones aquello que se puede entregar al presente a Dios y que la conciencia discierne como lo requerido por Dios. En consecuencia no yerran los firmantes de la Correctio cuando retienen que la quinta proposición rotulada como herética se desprende, directa o indirectamente (recte aut oblique), de Amoris laetitia. Recordemos esta proposición: que dice:

La conciencia puede juzgar verdadera y correctamente que los actos sexuales entre personas que han contraído un matrimonio civil entre sí, aunque uno, o ambos, estén sacramentalmente casados con otra persona, a veces pueden ser moralmente correctos o reclamados o incluso mandados por Dios.

No vamos a negar la importancia de contar siempre con buenas traducciones cuando no sea posible acceder al original de cualquier texto. También reconocemos -como ya dijimos- que, en el caso que nos ocupa, la versión inglesa del párrafo 303 de Amoris laetitia exhibe una deficiencia que debe ser considerada y, sobre todo, corregida. Pero nada de esto, en definitiva, cambia substancialmente ni el sentido del texto ni la interpretación que de él han hecho los firmantes de la Correctio.

Por otra parte, más allá de cualquier consideración lingüística, no puede dejarse de lado que el capítulo octavo de Amoris laetitia presenta, entre sus varias dificultades, dos que a nuestro juicio resultan centrales. Se advierte, en primer lugar, una excesiva valoración del papel de la conciencia en lo que concierne a la especificación moral de las acciones humanas. Como es sabido, la conciencia es norma moral segunda, subjetiva y particular; ella consiste en un acto de conocimiento por el cual se juzga acerca de la rectitud o no rectitud de una acción del sujeto de acuerdo con su conformidad o no conformidad con la ley natural y el dictado de la sindéresis, esto es, el hábito natural de los primeros principios del obrar práctico. La ley natural moral, en cambio, es norma primera, objetiva y universal y a ella corresponde, en definitiva, iluminar el acto de la conciencia que juzga rectamente. Pero, en segundo lugar, esta exaltación de la conciencia se acompaña en Amoris laetitia de un cierto debilitamiento de la ley natural a la que no se le reconoce, al menos claramente, su carácter de norma universal y objetiva sino que, siguiendo los pasos de un Documento elaborado por la Comisión Teológica Internacional (cf. En busca de una ética universal: nueva mirada sobre la ley natural, 2009), que no es un documento magisterial, se sostiene que la ley natural no es un conjunto de normas ya elaboradas sino sólo una “fuente de inspiración objetiva” para el proceso, siempre personal, de toma de decisiones (cf. Amoris Laetitia, 305). Por cierto que la ley natural no es un conjunto elaborado de normas pero ella es la norma por antonomasia pues es el principio del que deriva y el fundamento en el que se sostiene toda otra norma de modo tal que en una sola y única ley natural se contiene una pluralidad de preceptos en cuanto todos ellos se reducen a un primer y único principio (cf. Summa Theologiae, I-IIae, q 94, a 2, ad 1). Por tanto, afirmar que es sólo una “fuente de inspiración objetiva” (fons inspirationis objetivae) no sólo oscurece o debilita su carácter de norma universal, inmutable e inabrogable sino que tiende a centrar la normatividad moral en la decisión del individuo el que no seguiría la ley natural (en cuanto ella es inclinación a obrar) sino tan sólo se inspiraría en ella.

La conjunción de estos dos aspectos (que merece un tratamiento mucho más extenso que dejamos para otra ocasión), a saber, la sobrevaloración de la conciencia y el debilitamiento de la ley natural, nos lleva a sostener que Amoris laetitia, directa o indirectamente, socava realmente la doctrina moral católica en sus mismos fundamentos.

Mario Caponnetto

P.S. Al terminar de redactar esta nota nos llega la noticia de que el Cardenal Burke, uno de los cuatro firmantes de las Dubia, ha sido repuesto en su cargo al frente del Tribunal Supremo de la Iglesia. También se han conocido sendas declaraciones del Secretario de Estado, Cardenal Parolin, y del ex Prefecto de la Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe, Cardenal Müller, en las que ambos prelados han coincidido en la necesidad de establecer un diálogo con los firmantes de la Correctio. Son noticias alentadoras. Quiera Dios que estos gestos sean el anuncio de tiempos mejores para la Iglesia.

Mario Caponnetto

Nació en Buenos Aires el 31 de Julio de 1939. Médico por la Universidad de Buenos Aires. Estudios de Filosofía en la Cátedra Privada del Dr. Jordán B. Genta. Curso de doctorado en Filosofía de la Universidad Austral. Profesor de Antropología y Ética en la Universidad Fasta (Mar del Plata). Ha publicado varios libros y trabajos sobre Ética y Antropología y varias traducciones de obras de Santo Tomás.