ADELANTE LA FE

El sacerdote que andaba con los pies descalzos

Queridos hermanos, esto es un día lluvioso, el sacerdote, empapado, camina. Todo está oscuro y lleno de barro. Se quita los zapatos y sigue caminando descalzo. El maletín que lleva en la mano derecha lo deja y coge un crucifijo. Sólo lleva el crucifijo. Sigue andando bajo la lluvia y descalzo. Cada vez le cuesta más caminar por el barro. Se encuentra a alguien, se agacha, se está muriendo y lo reconforta. Se quiere confesar. Pero el sacerdote se levanta y se aleja de él, le da igual lo que pase al moribundo.

Sigue andando y se desmorona de rodillas, el agua cae con mucha fuerza. Se levanta y vuelve sobre sus pasos corriendo. Coge el maletín, que lo había dejado a resguardo en un árbol. Se dirige hacia donde estaba la persona caída. Saca lo santos oleos y después de confesarla, le administra la extremaunción. Le hace una cruz en la frente y sigue su camino. Sigue lloviendo, y sigue andando descalzo. Se para, se arrodilla y cae en el suelo son los brazos extendidos. El sacerdote está llorando por lo que está viendo. Sólo ve oscuridad. Pregunta al Señor, por qué está pasando eso, por qué. No tiene respuesta.

Hay una casa, llega a ella y entra. Es una capilla, y hay gente rezando muy devotamente. El Sagrario tiene la puerta abierta y está vacío. Pero los fieles siguen rezando igualmente. El sacerdote se acerca al Sagrario, la gente le mira con atención y sorpresa al ver que se reviste para oficiar la Santa Misa tradicional. Se coloca una casulla romana vieja y raída. Oficia el Santo Sacrificio con lágrimas en los ojos, va a poder dejar al Señor  en el Sagrario.

Lo anteriormente narrado puede ser la realidad de muchos sacerdotes. ¿Quizá un cuento con moraleja? ¿Qué enseñanza transmite?

Son bastantes los sacerdotes que andan con los pies descalzos, es decir, que no están atados a lo material, que tienen su vida crucificada con el Señor. Son sacerdotes que no dependen del parabién de los demás, de fieles, de otros hermanos sacerdotes, o de su  propio Obispo. Son sacerdotes  dispuestos a seguir fielmente al Señor. Son sacerdotes de fe, que andan con su maletín.

Más estos sacerdotes se encuentra en medio de la lluvia, del fango, de la oscuridad. La confusión de la Iglesia, el humo  de satanás que en lugar de haberse disipado ha aumentado con mayor virulencia en la Iglesia, les hace dudar. Ven a su alrededor cómo quienes eran para ellos referencia de fe y fidelidad al magisterio han claudicado, se han unido a lo fácil, el seguimiento de lo mundano que ha invadido a la Iglesia, para conservar su puesto y el estatus de su organización.  Estos sacerdotes, confundidos y tentados, dejan el maletín y no atienden al hombre caído. Su fe se tambalea. Su desesperación es atroz, dudan de la fe y no encuentran apoyo ni consuelo. Se encuentran solos, todo es oscuridad. Son muchos los sacerdotes que se han rendido a  la carne y a la vanidad, que han traicionado la fe por el beneplácito del mundo y sus gobernantes.

Algunos de los sacerdotes, en su ruego al Señor, retoman la fuerza de la verdadera fe, se han arrodillado en el fango; vuelven tras su pasos, cogen su maletín, es decir, retoman la fuerza de predicar la Palabra de Dios, y atienden a los fieles dispersos y solos, sin pastor. Estos sacerdotes siguen su camino en medio de tanta confusión, mundanidad, pecado, en definitiva, en medio de tanta traición a la fe verdadera. Siguen con un sufrimiento atroz en su alma, suplicando, postrados en el suelo brazos en cruz, una respuesta a la situación de la Iglesia. Pero el Señor calla. Es Su hora. Es la hora de Dios.

Siguen firmes el camino de la fe, y se encuentran con los fieles necesitados de pastores. Son los fieles que han permanecido en la fe verdadera, y están solos. No tienen la Sagrada Eucaristía, porque no tienen dónde ir a recibirla. El Señor ya no está en los Sagrarios, pero siguen rezando con el mismo fervor en espera de que aparezca un sacerdote fiel que no se dejó arrastrar por el error.

Estos fieles sacerdotes alientan la fe y sostienen la fe de este pueblo fiel; y la fe se mantiene intacta, y lentamente empezará a propagarse.

Ave maría Purísima.

Padre Juan Manuel Rodríguez de la Rosa

Padre J.M Rodríguez de la Rosa

Padre Juan Manuel Rodríguez de la Rosa. Nació en Palamós (Gerona) en 1956, y se ordenó sacerdote en 12 de octubre del 2007 en la catedral de Getafe. Es licenciado en Estudios Eclesiásticos y en Derecho Canónico. Preside una Asociación privada de fieles de vida de oración contemplativa. En la actualidad es capellán de una residencia de ancianos de Madrid. Es autor del vídeo “Mysterium Fidei” sobre la Misa tradicional.