SÍ SÍ NO NO

Como se ha preparado la revolución modernista en la Iglesia

Como se prepara una revolución

La revolución, especialmente religiosa, no es nunca espontánea ni naciente de las bases, sino que es el fruto de una profunda preparación ideológica, que poco a poco llega a la impiedad total. Tal es el modernismo, el cual puede ser definido como el punto omega de todas las herejías. Hacia el Siglo XIX la Iglesia era atacada abiertamente por un conjunto de sectas declaradamente impías y posicionadas  fuera de la Iglesia: la masonería, el iluminismo, el liberalismo, que juntas constituyen una suerte de “contra-iglesia”.

A partir del siglo XIX, sin embargo, la “contra-iglesia” o “sinagoga de satanás” (Apoc 2,9) no estaba alineada únicamente en las sectas explícitamente heterodoxas; ésta se había infiltrado también en el interior de las filas católicas y del clero como algunos de sus “elementos encubiertos”; los llamados “católicos liberales”, definidos por Pio IX “más peligrosos que la Comuna de París” precisamente por su manera de ser ambiguos y no abiertamente herejes, que engaña más fácilmente los espíritus de los simples fieles.

La “quinta columna enemiga” en el interior de la Iglesia

Esta “quinta columna enemiga”[1] compuesta de “miembros encubiertos” en el interior de la Iglesia, que inicialmente (siglo XIX) era el cato/liberalismo que llegó a ser luego modernismo explícito (siglo XX), tenía una doble misión: 1°) aquella de difundir, bajo apariencia de catolicismo genuino, sistemas teológicos y morales erróneos; 2°) aquella de introducirse en los puestos clave de la Iglesia: cátedras universitarias, direcciones de seminarios, parroquias importantes, y, sobretodo, sedes episcopales. De este modo la herejía modernista (a la cual el cato/liberalismo había preparado el camino) buscaba infiltrarse lo más profundamente posible en las vísceras mismas de la Iglesia para desorientar a los fieles, enseñándoles casi con la autoridad de la misma Iglesia, los errores de esta condenada herejía. Este ha sido el golpe maestro de satanás en el Vaticano II.

Antes del catolicismo liberal (siglo XIX) y del modernismo (siglo XX) el jansenismo, en el siglo XVII, buscó mantenerse en el seno del catolicismo para corromper las fuentes vitales. Los jansenistas, como los cato/liberales y los modernistas, han tratado de permanecer aparentemente en el seno de la Iglesia. La crítica sofista, a la cual sometían las decisiones pontificias,  han dado origen  al «opinionismo» (teoría según la cual nada es cierto, pero opinable), al liberalismo católico, a la libertad de cualquiera de pensar como le parezca, porque también en teología, se trata solamente de opiniones que pueden ser verdaderas, como pueden ser falsas. La exaltación de la Patrística (campo no sistematizado) y de la Iglesia primitiva, sacudiendo la confianza en la Escolástica especialmente tomista (que es la forma de teología más clara, más precisa, más definida), ha dado origen a las incertezas de la inteligencia y ha confirmado profundamente a los espíritus en la convicción de que en la doctrina católica no hay certezas, pero se trata siempre de opiniones igualmente respetables. Se comprende fácilmente que esta “secta secreta” o “foedus clandestinum” como la llama S. Pio X (Sacrosum Antístitum, 1° de septiembre de 1910), la cuál es el “compendio de todas las herejías”, habría realizado su encargo, si hubiese llegado a permanecer completamente oculta al interno de los ambientes católicos. Esta “quinta columna enemiga”, en cambio, ha sido descubierta y condenada vigorosamente por San Pío X (Pascendi, 1907) y por sus sucesores hasta Pío XII (Humani generis, 1950), pero ha continuado trabajando secretamente gracias al apoyo total de los “modernizantes” y con Juan XXIII ha llegado a ocupar el vértice de la Iglesia. Su objetivo esencial ha permanecido así, al menos inicialmente y, en parte, frustrado hasta Pío XII. Roma, puesta en alerta ya, bajo el Pontificado de León XII, había condenado al sistema de forma vigorosa[2] y repetida, sobretodo, con San Pío X, y había tomado medidas disciplinarias contra los modernistas, porque no se puede derrotar el error sin atacar al errante. Los fieles estaban entonces prevenidos. Los modernistas, que se decían católicos, ahora no podían más actuar en la sombra como una “quinta columna enemiga” en el interior de la Iglesia, porque habían sido descubiertos.

La “quinta columna” modernista escondida en los “modernizantes”

Faltaba, sin embargo, a los modernista, constituir (mediante los “modernizantes”, que mantenían la apariencia de católicos a diferencia de la “quinta columna” ya descubierta) una especie de “contra-iglesia dentro de la Iglesia”, un “tercer partido” o una “tercera fuerza”[3], como lo llama monseñor Antonio de Castro Mayer, recogiendo los espíritus más orgullosos para combatir a los católicos auténticos, en una incesante guerrilla de falacias y sofismas para permanecer en la Iglesia y arruinarla desde dentro

Lamentablemente el modernismo, identificado, condenado, perseguido, pero siempre radicado secretamente como una suerte de “masonería cristiana” en los ambientes católicos; ha producido a la vez, casi un “tercer partido” (los modernizantes), que han desarrollado la tarea de suministrar a la “quinta columna descubierta” (o sea a los modernistas) las condiciones de subsistencia en el seno de la Iglesia. En primer lugar, los eclesiásticos modernizantes no se declaraban modernistas. Al contrario, en línea general su modo de actuar en público daba la impresión de que estuviesen de acuerdo con Roma. Sin embargo, en realidad y secretamente,  no combatían al modernismo, no lo apoyaban explícitamente, pero lo favorecían tácita y prácticamente. Era el primado marxista de la praxis sobre la doctrina, trasladada al campo de la teología. Como se ve, la “teología de la liberación” no ha inventado nada.

El triunfo de la táctica de la “tercera fuerza” modernizante

A partir del momento en el cual esta insidia satánica “tercer/forcista” ha triunfado en las filas católicas, se han manifestado tres actitudes: 1°) aquella de los modernistas en lucha abierta contra los seguidores de Roma; 2°) aquella del “tercer partido” (los “modernizantes”) también opuestos, aunque melifluamente, a los seguidores de Roma, acusándolos de ser exagerados, intransigentes, integralistas, intolerantes, fomentadores de luchas, enemigos de la caridad; al final 3°) aquella de los católicos íntegros verdaderamente sujetos a Roma, que, aunque apoyados por San Pío X, fueron considerados, de parte de muchos sacerdotes y también de algunos Obispos, como aislados e incomprendidos porque contra ellos se dirigían no sólo los modernistas, sino también muchas personas de la jerarquía enrolada en el “tercer partido”.

Ni modernistas ni íntegramente católicos: la “tercera posición” neutral de principio

Los hombres de la “tercera posición” (ni modernistas, ni católicos íntegros, pero  “modernizantes”), bajo apariencia de neutralidad de principio, eran prácticamente y ocultamente agentes devotos de la causa modernista y prestaban a la secta los más preciados servicios.

San Pío X condenó repetidamente al modernismo con varias Encíclicas, pero las condenas papales no obtuvieron la obediencia pacífica de toda la jerarquía de la Iglesia. De frente ellas los fieles y especialmente el clero, se dividieron en tres grupos: 1°) una parte acoge plenamente la palabra de Roma, y aplicó con ardor todas las disposiciones de las Encíclicas de San Pío X; se les llamaron “integristas, o sea, íntegramente católicos” (por ejemplo, Umberto Benigni y el “Sodalitium Pianum”); 2°) otra parte, declaradamente modernista, refutó el someterse a las decisiones de la Santa Sede y fue excomulgada (por ejemplo, Tyrrell, Buonaiuti, Loisy); 3°) una última parte escoge una posición intermedia, suscribe las condenas papales, pero no hicieron nada para aplicarlas: esta es la “tercera fuerza”, la más insidiosa de todas (por ejemplo, Bonomelli, Ferrari, Roncalli y Montini).

La paz y la unidad a toda costa

La razón invocada por este último grupo de Prelados cripto-modernistas o modernizantes, hijos de los cato/liberales, es el mantenimiento de la paz entre los fieles y de la caridad con todos, excepto con los católicos íntegros. Una paz y una caridad sin la verdad y la justicia, pero, no son virtudes, sino parodias de serlo. Así, estas personas no tomaron partido, no se alinearon y no se preocuparon de saber si en sus diócesis había modernistas y como “los neutrales de principio hacen estallar las guerras” han favorecido el nacimiento y el triunfo pro tempore del modernismo.

La “paz” y las “medias verdades” como valor supremo

La “tercera fuerza” en sentido propio está constituida por aquellos que son movidos por una falsa doctrina, o sea, del principio de que la paz es un valor supremo y es, entonces, deseable conservarla a toda costa, aun cuando se debiliten las fuerzas de los defensores de la verdad y se abre el campo a los propagadores del error.

El cato/liberalismo y el modernismo en cambio, confunden intencionalmente formulando científicamente “medias verdades”, que son más peligrosas que el error manifiesto, porque están escondidas y secretas. Tales “medias verdades” vienen aplicadas no solo a la filosofía, sino al dogma y a la moral, también a la doctrina social y política de la Iglesia y, sobretodo, a la colaboración jerarquizada entre Estado e Iglesia. Para el cato/liberalismo y para el modernismo a-dogmático el principio o el valor máximo es que no es necesario exagerar en la afirmación de la verdad, pero es preciso difuminarla y hacerla aceptable al hombre moderno.

Las personas que de frente al error, en vez de condenarlo, desenmascararlo o desaprobarlo abiertamente; buscan un acomodamiento, un compromiso teorético entre verdad y falsedad; niegan implícitamente el principio, por sí famoso, de identidad y no contradicció; bajo apariencia de apostolado, de discreción, de pastoralidad, de prudencia; y son más peligrosos que quien profesa abiertamente el error. Por eso, las “medias verdades”, la vaguedad, la imprecisión, la indecisión, el descuido o la indefinición doctrinal son la “quinta columna” o el enemigo que se presenta como amigo, el caballo de Troya, el lobo vestido de oveja que penetra   gracias a su camuflaje en el corazón de la Iglesia y la quiere cambiar desde dentro, como dice el “Programa de los Modernistas” (1906) atribuido a Antonio Fogazzaro y Ernesto Buonaiuti.

El inicuo “falso medio de mediocridad” entre error y verdad

Los modernizantes, manteniendo entre ellos relaciones muy cordiales, forman un auténtico “partido intermedio” entre los “modernistas” y sus adversarios (los “católicos íntegros”). Éstos pueden ser cualificados como aquellos que no buscan el “justo medio de altura” entre los dos opuestos errores por defecto o por exceso  (“non sunt in medio et in culmine altitudinis”), pero persiguen una falsa mitad de mediocridad entre estos  (“sunt in herronea medietate mediocritatis”) (R. Garrigou-Lagrange).

Sin recurrir a un futuro Concilio contra el Papa ( para no caer en la herejía conciliarista) y afirmando siempre, “con la boca y no con el corazón”, la sumisión de ellos a las condenas de Pío X, tales Prelados refutan, es decir, no obstante, alinearse entre los católicos integralmente dóciles a las condenas de Roma. Como los Jansenistas ayer, y Francisco hoy, aunque aspiran al final de las discusiones teológicas por “amor a la paz y odio a la disputa teológica”. Estas personas no quieren considerar a los modernistas como sospechosos de herejía, lo que realmente son; quieren simplemente poner una lápida sobre el problema, que en cambio continua subsistiendo y trabajando subterráneamente. Los defensores de este “tercer partido” aspiran restaurar la unidad de la Iglesia, no a través de la retractación de los modernistas, sino a través de la instauración de una tolerancia de principio de la cual aquellos serían los beneficiarios. Es la misma situación que se representa hoy con la “mano tendida” de Bergoglio a los anti-modernistas.

Equilibrismo desequilibrado

Aquellos se comportan en forma tal de hacer una declaración de deferencia en las confrontaciones de la Santa Sede y de hablar en términos conmovedores del respeto y de la sumisión que debemos a Pedro, declarando que pretenden conservar una posición equilibrada entre los dos grupos adversarios: 1°) los Prelados que se han considerado responsables de llamar contra el Papa reinante a un futuro Papa tolerante (v. La novela El Santo de Antonio Fogazzaro[4]); 2°) los otros Prelados que han condenado el modernismo y lo han declarado herético y cismático; 3°) el “tercer partido” que por amor a la paz se mantienen fuera de las disputas y actúa coherentemente con este propósito considerando solamente la “paz” y la falsa “caridad” o mejor el “asfalto” y la pereza, dejando a los demás el cuidado de esclarecer y defender la verdad oscurecida o pegada a las discusiones que dañan la caridad. Es la apoteosis de la caridad sin la verdad y la justicia, que hoy ha tocado el ápice con papa Bergoglio.

El americanismo es el modernismo ascético[5], que reduce la religión a sentimentalismo subjetivo y quiere sustituir la polémica (polemikòs= la disputa doctrinal) con el irenismo (eirenikòs = el pacifismo, la tolerancia y la conciliación a ultranza)[6].

Utilidad del “tercer partido” para la herejía modernista

No sorprende que los Obispos hostiles al papa Sarto conservaran relaciones de gran cordialidad con los hombres del “partido intermedio”. Cuando fue útil a la causa modernista, este partido intermedio, es evidente para quien considera la excepcional posibilidad, a disposición de los Prelados a ella él afiliados, de difundir una mentalidad  de inacción de frente al error y a la herejía.

Es necesario subrayar que los sacerdotes y los Prelados del “tercer partido” no favorecían al modernismo solamente con su actitud pacifista, no haciendo nada para reprimir la secta o seguir las severas medidas prácticas impuestas por la Santa sede; éstos eran preciados soldados del “recolector de todas las herejías” por su manera de actuar. De hecho, favorecían todas aquellas cosas que manifestaban simpatía por la secta modernista y difundían su espíritu.

También la sinceridad en la aceptación de las Encíclicas papales, de parte de los Prelados de la “tercera fuerza”, puede ser puesta en dudas. Exteriormente la acogieron todos, pero con un “silencio obsequioso” y sin calar en la práctica. Se trataba de una “obediencia” pro forma y de pura fachada.

La “conciliación a todo costo” aún en detrimento de la verdad

Estas observaciones demuestran cuan nefastas son las consecuencias de una política de “media verdad”, de “paz de ciénaga”, de “conciliación de principio” también con el error. La paz es real solamente cuando es alimentada con la savia de la verdad. En caso contrario, es una superficie de tenue barniz bajo la cual, la división de las inteligencias alimenta y reaviva convulsiones a veces volcánicas. Para mantener la paz, una parte del clero “modernizante” evitó, lo más posible, el triunfo de la verdad sobre el error con una política de seudo-equilibrio (hoy se diría “equi-distancia”) entre la una y el otro.

Esta táctica ha traído la terrible tragedia del Vaticano II y del post-concilio y hoy corre el riesgo de hacerlo “tragar”, aunque de mala gana (como se traga un sapo), a los mismos tradicionalistas con “un silencio obsequioso”, dejando a los demás el cuidado de esclarecer y de defender la verdad, que según ellos vendría oscurecida por las discusiones, las cuáles dañan la caridad, sacrificando todo por la “paz”, que ha llegado a ser el sumo valor del “tradicionalista” de hoy.

Albertus

[Traducido por Emilio]

[1] La “quinta columna” es un cuerpo de élite compuesto de elementos infiltrados en el campamento adversario . Éstos operan clandestinamente contra el adversario en cuyo campamento han penetrado, por lo que parecen ser amigos mientras, en realidad, trabajan a favor de quien está afuera, con lo cual parecen que no tienen nada que ver (N. Zingarelli). Por ejemplo, los “modernizantes” se han infiltrado en la Iglesia, pero combaten contra ella, contra sus fieles íntegros y a favor de los enemigos de la Iglesia (los modernistas), pero pareciendo formar parte de la Iglesia y no tener, públicamente, relación con el modernismo.

[2] Leon XIII, Carta Testem benevolentiae del 1895.

[3] Cfr. Mons. Antonio de Castro Mayer, Como se prepara una revolucão. O jansenismo e a terciera força, in “Catolicismo”, San Paolo del Brasile, nn. 20/21, agosto/settembre 1952; tr. it. Come si prepara una rivoluzione. Il Giansenismo e la Terza forza, in “Cristianità”, Piacenza, nn. 1/2, settembre/ottobre; novembre/dicembre 1973; sì sì no no, 15 giugno 2017; 30 giugno 2017.

[4] En El Santo (1905) Fogazzaro ha escrito: “Queremos todos ordinar nuestra acción. Masonería católica? Si, Masonería de las catacumbas. […]. Es necesario trabajar para reformar el catolicismo romano en sentido progresista y teosófico, mediante un Papa que se deje convencer de estas ideas”  (A. Fogazzaro, Il Santo, Milano, Baldini & Castoldi, 1905, p. 44 e 22). La novela fue incluida en el índice de los libros prohibidos a penas un año después de su publicación en el 1906. Fogazzaro se sometió de inmediato y aparentemente, pero en su novela sucesiva (Leila),   publicada en 1911 y a la cual había comenzado a trabajar inmediatamente después de 1906, “retomó posiciones modernistas análogas, y también ésta fue metida en el índice” (“Enciclopedia Cattolica”, voce Fogazzaro Antonio, Città del Vaticano, 1950, vol. V, col. 1459).

[5] Cfr. Leon XIII, Carta Testem benevolentiae del 1895.

[6] Cfr. H. Delassus, L’Américanisme et la Conjuration antichrétienne, Lilla-Parigi, Desclée De Brouwer, 1899, p. 130; L’Americanismo e la congiura anticristiana, tr. it., Effedieffe, Proceno di Viterbo, 2015.

SÍ SÍ NO NO

Mateo 5,37: “Que vuestro modo de hablar sea sí sí no no, porque todo lo demás viene del maligno”. Artículos del quincenal italiano sí sí no no, publicación pionera antimodernista italiana muy conocida en círculos vaticanos. Por política editorial no se permiten comentarios y los artículos van bajo pseudónimo: “No mires quién lo dice, sino atiende a lo que dice” (Kempis, imitación de Cristo)