ADELANTE LA FE

Señor, enséñanos a orar (II)

PREPARACIÓN

Queridos hermanos, la Preparación para la oración no es una de las partes de menor importancia, todo lo contrario, pues la eficacia de la oración va a depender en gran medida de la Preparación que hagamos. La Preparación tiene por objeto disponer al  alma para la oración, es decir, sosegarla si se haya inquieta interiormente por distintos motivos, motivarla si se haya disipada; excitarla si se encuentra indiferente. Una indebida Preparación puede hacer que la oración no produzca los frutos deseados, cueste hacerla, e incluso el alma desista de ella.

En la Preparación distinguiremos dos momentos, llamados Disposiciones: Remotas y Próximas.

Disposiciones remotas.

Consideramos Disposiciones remotas todo lo referente al tiempo, hora, lugar, ambiente y postura para la hora oración.

Lo primero es fijar un tiempo determinado para ella; media hora, tres cuartos o una hora… Lo que uno pueda cumplir, según sus posibilidades, y lo que Dios espera o pide a cada uno. Media hora sería el tiempo mínimo para poder hablar de una vida de oración. Una hora sería el tiempo ideal para llegar a una experiencia de Dios sosegada y plena. Lo importante es que cada uno mida sus posibilidades y atienda con sinceridad a lo que Dios le pide. Esta disposición tiende a que la persona no deje este detalle al azar o a la improvisación. Debe fijarlo con fidelidad.

Es muy importante fijar, en segundo lugar, el momento, la hora de hacer la oración, no dejarla nunca al azar, a “cuando tenga tiempo”, esto implica, sin lugar a dudas, dejar de orar a los pocos días.  Establecer el momento de la oración, por la mañana, por la tarde o por la noche, fijar la hora concreta si es posible. El motivo es el dicho, de no dejarlo al azar o improvisación.  Fijarlo en la medida de lo posible. Todos sabemos muy bien que lo que queda al azar se “deshace”.

En cuanto al lugar, hay que buscar el sitio adecuado en casa, que sea recogido, silencioso, y donde no puedan interrumpirme con facilidad. Con estas precauciones habrá perseverancia, progreso y hondura en la oración.

Es importante el ambiente que rodee la oración, luz u obscuridad, frío o calor, ojos entornados o cerrados, mirando hacia dentro. Evitar situaciones extremas, y siempre alerta para cambiar a posiciones más favorables.

Por último, tener muy en cuenta la postura corporal. La postura ha de ser la más cómoda para uno; se puede empezar de rodillas y terminar también de rodillas, pues es una postura reverencial, y supone atención y recogimiento. No se excluyen otras posturas, aunque siempre la que más ayude y la que canse o estorbe menos. En la oración el cuerpo debe ayudar al espíritu y no cansarle o agobiarle. Es mejor partir de una postura relajada, pero reverente.

Indicamos una última salvedad: Cuando sobrevenga un aumento de fervor, iluminación interna, gozo, alegría en el Señor, no cambiar ni el sitio, ni la postura, ni pasar a otra materia de contemplación, o a otro acto del entendimiento, voluntad o imaginación. Aunque uno se quede en blanco, si se siente un acercamiento mayor a Dios hay que disfrutarlo hasta el final, hasta que esa consolación (don de Dios) produzca todo su fruto. Sin eso no habrá progreso. Sobre este asunto hablaremos en el Anexo 1º, al hablar de las Paradas contemplativas.

Disposiciones próximas.

Pasamos ahora a considerar lo que son las Disposiciones próximas. Como se ha indicado en el Breve Método de Meditación, se intentará preparar el tema a meditar  la víspera anterior de la oración, es decir, haciendo un resumen del pasaje a meditar y reteniéndole en la memoria Al levantarse, al día siguiente, es conveniente tener presente el momento de la oración, y hacer propósito de firme de hacerla. Tener el ánimo listo para  la oración, dispuesto a vencer cualquier dificultad, y presto a  combatir contra cualquier desánimo.

Estamos ya listos para empezar con el Preámbulo de la oración, del que hablaremos en el próximo articulo.

Ave María Purísima.

Padre Juan Manuel Rodríguez de la Rosa

Padre J.M Rodríguez de la Rosa

Padre Juan Manuel Rodríguez de la Rosa. Nació en Palamós (Gerona) en 1956, y se ordenó sacerdote en 12 de octubre del 2007 en la catedral de Getafe. Es licenciado en Estudios Eclesiásticos y en Derecho Canónico. Preside una Asociación privada de fieles de vida de oración contemplativa. En la actualidad es capellán de una residencia de ancianos de Madrid. Es autor del vídeo "Mysterium Fidei" sobre la Misa tradicional.