ADELANTE LA FE

Señor, enséñanos a orar (III)

PREÁMBULO

Queridos hermanos, con el Preámbulo ya nos preparamos para la oración, disponemos el alma para ella, la disponemos para el mayor fruto de la meditación. Los pasos del Preámbulo son necesarios para hacer la oración con la paz interior necesaria y la adecuada disposición del ánimo.

Presencia de Dios.

Lo primero será ponerse en Presencia de Dios, es decir, levantar el corazón y las potencias del alma -memoria, entendimiento y voluntad- a Dios nuestro Señor, mirándole como allí  presente, con una vista interior, atenta, reverencial y amorosa. Y puesto que  Dios está presente en el Cielo y en la tierra y en todo lugar, asistiendo a todo y viéndolo todo, cuando tengo que orar y hablar con Él, no he de buscarle en otro lugar, sino avivar la fe y verle presente ante mi; persuadiéndome que al rezar no estoy solo, sino que allí se haya también conmigo la Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo con quien hablo, y Él me ve y oye, y suele responder dentro del corazón con inspiraciones e ilustraciones, comunicando luz sobre verdades de fe al entendimiento, y afectos fervorosos de devoción a la voluntad y otras gracias al alma.

La oración de hace “en la presencia de Dios”, es decir, vivir la oración envuelto en Dios, en el trato personal con Él. Al empezar la oración consideraré cómo Dios nuestro Señor me mira, me atiende paternalmente, me envuelve en su amor y me espera con bondad.

Acataré con reverencia esa inmensidad que se aviene a acompañarme y  admitirme en la oración. Le adoraré con toda reverencia como Dios soberano, sorprendido de que tan altísima majestad se digne atenderme en el trato de mi alma con Él. Dios inmenso, infinito, poderosísimo, y al mismo tiempo infinita bondad, agradabilísima afabilidad, inefable comunicabilidad e inacabable paternidad, me acoge en su bondad y se entrega a mí en su liberalidad. En la oración es donde Dios se da y se comunica al alma. En esa Presencia de Dios que hacemos al empezar el rato de oración, nos envolvemos en Él, en su inmensidad, en su amor, y nos olvidamos de todo lo demás. Durante ese rato viviremos en Dios. Sólo para Él y totalmente para Él.

La Presencia de Dios, o Conciencia de Alteridad, hay que convertirla en algo sencillo y elemental; como la respiración del alma que se hace sin darse uno cuenta. Ponerse en Presencia de Dios es un acto de fe, caer en la cuenta de que Dios está aquí conmigo. Es saber que estoy con Dios; a oscuras y a solas con Dios, con ánimo reposado y feliz con Él en la oración. Hay una conciencia de alteridad, es decir, de otro, de que estoy frente a Otro, de que somos dos. Él, grande, yo, pequeño. Él Padre, yo, hijo, abismado en su inmensidad y bondad, con actitud de reverencia y adoración, y con quien voy a hablar de mi salvación, de mi santidad.

Oración preparatoria.

En segundo lugar, haré una gran profunda reverencia a la majestad de Dios, arrodillándome delante de Él, adorándole con el espíritu, reconociéndole por mi Dios y Señor, Padre de inmensa majestad y Rey dignísimo de infinita reverencia; y adorándole con el cuerpo, humillándome postrándome, si es necesario, en el suelo como lo hizo el Señor en la oración en el Huerto de los Olivos. Después haré la señal de la cruz y rezaré una breve Oración preparatoria. A modo de guía proponemos la siguiente:

Señor mío  y Dios mío, creo firmísimamente que estás aquí presente. Te amo, te adoro con todo mi corazón. Te doy gracias por tus beneficios y pido humildemente perdón de mis culpas. Dadme la gracia de vivir santamente este rato de oración. Dame generosidad para amar, fortaleza para perseverar y esperanza de encontrarte a Ti, que eres mi Dios vivo y verdadero. A este mismo fin acudo a Vos, Virgen Santísima, Madre mía, y a vosotros Ángeles y Santos del Cielo”

Composición de lugar.

Tenemos presente la escena, leemos el texto, lo que se denomina Composición de lugar: Es decir, situarnos en la escena y misterios a contemplar o meditar. Ha de ser breve y suficiente para centrar la atención, el interés y el amor. El resumen hecho con anterioridad nos ayudará a tener una composición de lugar del asunto a meditar.

Petición.

Hacemos la Petición que deseamos obtener en la oración, que debe ser seria, vehemente, como se pide agua en el desierto; con todo el anhelo del alma. Aquí, como siempre y en toda la vida, lo que pedimos es abismarnos en la Humanidad de Jesús, en la que habita la plenitud de la divinidad, para abismarnos en Él, y empaparnos de Él, para complacerle en toda nuestra vida. Conocimiento interno de Cristo que nos lleve al amor encendido que se merece y al que nos arrastra.

Realizado el Preámbulo, nos disponemos a hacer la meditación o contemplación, esto es, el  Cuerpo de la meditación.

Ave María Purísima.

Padre Juan Manuel Rodríguez de la Rosa

Padre J.M Rodríguez de la Rosa

Padre Juan Manuel Rodríguez de la Rosa. Nació en Palamós (Gerona) en 1956, y se ordenó sacerdote en 12 de octubre del 2007 en la catedral de Getafe. Es licenciado en Estudios Eclesiásticos y en Derecho Canónico. Preside una Asociación privada de fieles de vida de oración contemplativa. En la actualidad es capellán de una residencia de ancianos de Madrid. Es autor del vídeo "Mysterium Fidei" sobre la Misa tradicional.