ADELANTE LA FE

Señor, enséñanos a orar

Primera parte

Señor, enséñanos a orar. Lc. 11, 1

Quiero ser santo.

Queridos hermanos, muchas son las almas que buscan a Dios sinceramente, y prueba de ello es su asistencia a ejercicios espirituales, charlas de sacerdotes, cursos de oración, visitas a santuarios, lectura de libros, etc., pero es, también, una realidad que muchas de estas almas se sienten en continua búsqueda no hallando paz en sus almas, ni tranquilidad interior, siempre ese constante deseo insatisfecho de Dios; siempre buscando y nunca encontrando al Señor. Para las almas que tienen sed de Dios, que desean vivir una vida de unión con Él, fiel, sólida y perdurable, se escribe este breve curso de oración..

Todo lo que inicialmente he señalado, como, ejercicios espirituales, charlas, cursos de oración…, es bueno, importante y necesario, pero una sola cosa es la esencial: El fervoroso deseo de ser santoAmarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente (Mt. 22, 37).Y para alcanzar la santidad hay un camino seguro: La vida de oración mental, de recogimiento. Lo que podríamos sintetizar en la frase: A solas con Dios. Hasta que el alma no se convenza de que debe tener su momento de soledad y recogimiento con el Señor, diario, constante, perseverante, no verá saciada su deseo de Dios. Nunca se podrá suplir ese momento íntimo con otras actividades, por muy santas que fueren. Cuanto realice en pro de su santidad y búsqueda de Dios a cristalizar indefectiblemente en el momento de intimidad de la oración mental.

Cuatro disposiciones deben acompañar al alma, que decididamente  esté resuelta a emprender el camino de unión con Dios en la intimidad de la oración:

  1. No ser tibio ni flojo,  que es lo que caracteriza al perezoso, sino resuelto y eficaz como es el fervoroso.
  2. Ser insaciable, esto es, que no se contente con lo poco que hace, aunque sea todo lo que puede hacer, que desee mucho más, mucho más deseo de santidad y perfección sin llegar a sentirse satisfecho.
  3. Ser estable, es decir, que no esté cambiando de actitud, más firme unos días, menos otros; más decidido hoy, menos mañana. Mantener firmeza y estabilidad en la vida de oración y de santidad.
  4. Ser constante y perseverante hasta la muerte, sin aflojar o entibiarse por las tentaciones, desánimos, por los malos consejos, manteniendo siempre una actitud de firmeza y viril,  como el ciervo que con gran vehemencia corre buscando la fuente agua en que hartar su sed (Sal. 31, 2 y ss.).

Estas disposiciones acompañaron al Señor en el cumplimiento de hacer la voluntad de su Padre; esto debe animar al discípulo a seguir al Maestro. Así como el Señor ocupó su tiempo en provecho nuestro, así hemos de aprovechar nuestra vida siguiéndole e imitándole.

El Señor quiere ser amado con la perfección con que Él amó al Padre Celestial (Mt. 22, 37). El Señor dice a cada alma que se propone firmemente ser santa en el camino de la oración mental: Imitadme a Mí, como Yo imité a Mi Padre. 

Breve Método de Meditación.

A continuación les presento este Breve Método de Meditación, donde de forma compendiada se contiene todos los pasos necesarios para adentrarse en la meditación, conocerla y progresar en ella. Este Método tiene la garantía de la centenaria tradición de su uso en la Iglesia, de la santidad de los que lo han propuesto, de las generaciones de fieles y eclesiásticos que la han practicado a lo largo de siglos, y la garantía experimentada de ser el medio más idóneo, seguro y eficaz de unión con Dios.

BREVE  MÉTODO DE MEDITACIÓN

PREPARACIÓN

a) Remota: Remover todo obstáculo que impida hacer con fruto la oración, esto es, preocupaciones de cualquier tipo, disipación de la mente, espíritu mundano, tedio, etc. Recurrir a las virtudes opuestas, como el espíritu de humildad, la mortificación, pequeños sacrificios, acudir a la oración vocal, etc.

b) Próxima: Preparar la víspera anterior a la oración los puntos de la meditación, preparando un resumen de la materia a meditar, que sirva de orientación para la oración. Al despertar al día siguiente hacer el propósito de meditar a la hora prevista, albergar estos deseos en el corazón. A la hora prevista acceder a la oración con ánimo tranquilo y sereno.

 

I. PREÁMBULO DE LA MEDITACIÓN. 

a) Oración preparatoria: Ponte en la presencia de Dios; piensa que Él lo llena todo, todo lo ve y todo lo sabe. Haz un acto de adoración, por ejemplo, ponerte de rodillas, y así preparas mejor tu alma. Pide la gracia que deseas obtener en la meditación. Siempre, a parte de las peticiones particulares, hay que pedir un mayor conocimiento de Jesucristo, Dios y Hombre verdadero. Rezar una oración inicial, seguida del Pater y del Ave.

b) Introducción:

1. Sitúa ante tus ojos el misterio a meditar, como si se representara ante ti.

2. Pide frutos de santidad y sabiduría, y luz divina en la meditación. 

II. CUERPO DE LA MEDITACIÓN. 

a) Memoria: Evoca en la memoria la materia de la meditación, de forma clara, breve, distinguiendo los distintos momentos del pasaje a meditar, con afecto.

b) Entendimiento: Intenta comprender:

1. ¿Qué verdad estás considerando?

2. ¿Qué conclusión práctica deduces de esta verdad?

3. ¿Qué motivaciones y conclusiones prácticas te inducen a observar a partir de ahora?

4. ¿De qué forma las has observado hasta ahora?

5. ¿Qué estás dispuesto a cambiar a partir de ahora?

6. ¿Qué impedimentos debes desechar de ti?

7. ¿Qué medio piensas elegir y utilizar para cambiar?

c) Voluntad

1. Excita los sentimientos de afecto durante la meditación, con el corazón más que con los labios; se pueden hacer actos interiores de adoración, de alabanza, de acción de gracias, de contrición, de súplica, de amor, de deseo, de confianza.

2. Proponte propósitos concretos, prácticos, adaptados a tus necesidades presentes, y fundados en motivaciones sólidas, reales a tus posibilidades, y humildes. 

III. FINALIZACIÓN.

a) Mantén un coloquio con la Santísima Virgen, o con tu Ángel custodio, o con tus Santos Patronos; con Nuestros Señor Jesucristo, como de amigo a amigo, de enfermos al médico, como la oveja al pastor; con el Padre Celestial, como el hijo al padre, el siervo al señor, etc. Termina con una oración vocal.

b) Haz una pequeña reflexión sobre cómo ha ido la meditación, o bien, mejor, haz un pequeño examen de ella.

c) Elige una reflexión de la Sagrada Escritura o de los Santos Padres para retenerla en la memoria y repetirla durante el día, para que sirva como fruto de la meditación. 

Como han comprobado, el Método, contiene cuatro partes principales: Preparación, Preámbulo, Cuerpo  y Finalización.  Iremos explicando con más detalle cada una de estas cuatro partes; mención especial requiere la tercera parte –Cuerpo-, donde explicaremos varios métodos de hacer oración, de tal forma que quien se disponga a hacerla podrá elegir el método que mejor se adapte a sus preferencias, o bien el que  mejor convenga al tema a meditar, pues no es lo mismo hacer la oración cobre un Salmo que sobre un pasaje de la vida del Señor.

Qué mejor que dejar constancia de las palabas de San Agustín respecto a la oración mental:

La meditación frecuente engendra ciencia y conocimiento de sí mismo y de Dios, la ciencia engendra actos de compunción por nuestros pecados y miserias; la compunción despierta afectos de devoción  con Dios, por sus grandezas y misericordias; y la devoción perfecciona la oración, haciendo que nuestro espíritu se junte amorosamente con Dios y le  pida las cosas decentes con el modo que conviene (Meditaciones. P. Luis de la Puente. Introducción).

En el próximo artículo, pues, hablaremos de la Preparación.

 Ave María Purísima.

Padre Juan Manuel Rodríguez de la Rosa

Padre J.M Rodríguez de la Rosa

Padre Juan Manuel Rodríguez de la Rosa. Nació en Palamós (Gerona) en 1956, y se ordenó sacerdote en 12 de octubre del 2007 en la catedral de Getafe. Es licenciado en Estudios Eclesiásticos y en Derecho Canónico. Preside una Asociación privada de fieles de vida de oración contemplativa. En la actualidad es capellán de una residencia de ancianos de Madrid. Es autor del vídeo "Mysterium Fidei" sobre la Misa tradicional.