ADELANTE LA FE

Sólo la religión verdadera tiene derechos

Javier Navascués
Escrito por Javier Navascués

El liberalismo es una de las ideologías más deletéreas para la religión católica, la única verdadera, puesto que concede los mismos derechos al error que a la verdad. Esta perniciosa doctrina está tristemente presente en la Iglesia carcomiendo la recta enseñanza, tambaleando sus mismos cimientos y causando un gran daño a las almas. Como consecuencia de ella, hoy en día se nos propone un herético ecumenismo en donde la religión verdadera y las falsas creencias están al mismo nivel.

Se nos invita a no hacer proselitismo de la verdad católica en aras a un mortífero ecumenismo maridado con la herejía y en connivencia con las falsas religiones de Satanás. La libertad de cultos, hoy tan ensalzada, fue rotundamente condenada por el Magisterio de la Iglesia. Numerosos Papas nos advirtieron de sus graves peligros, entre ellos León XIII en la encíclica Libertas praestantissimum sobre la libertad y el liberalismo.

Borja Ruiz, historiador, ha estudiado en profundidad la mencionada encíclica. Siguiendo la solidísima doctrina de este Pontífice, de feliz memoria, expone lo dañino que es conceder derechos al mal y al error. Teniendo como base un profundo razonamiento filosófico y teológico, denuncia el gravísimo cáncer del liberalismo y una de sus funestas consecuencias: la libertad de cultos.

¿Cómo se define en la encíclica la auténtica libertad?

Nos recuerda León XIII que actualmente, el hombre post-moderno, tiende a considerarse libre por haberse desprendido de la religión y por hacer aquello que la voluntad y sus pasiones le ordenan. Además enarbola la bandera de la libertad, pero de una falsa libertad, aquella que nace del NON SERVIAM. En primer lugar, la libertad solo la tenemos los humanos (por tener inteligencia y razón) la cual nos hace responsables de nuestros actos. La razón juzga la maldad o bondad de los actos, consecuencia de la ley natural. Así pues, la libertad es un medio para alcanzar un fin. La libertad tiene por objeto un fin conforme a razón.

Sin embargo, la voluntad y la razón que la guía, pueden enjuiciar por bueno algo que no lo es y de actuar, por tanto, estaría produciéndose un abuso de la libertad. De esta forma como se dice en la encíclica: la libertad de pecar, no es tal, es una esclavitud de la razón y la voluntad. De tal forma, para que sea auténtica libertad pues, es menester que la razón esté formada en recta doctrina e iluminada por la gracia sobrenatural, que la perfecciona.

¿Cuál sería por tanto la falsa concepción liberal sobre la libertad?

La concepción del liberalismo sobre la libertad, principalmente no es más que una pura licencia (o conjunto de ellas), dado que han apartado y negado la gracia sobrenatural y la identificación y búsqueda clara y deseable del Bien y la Verdad.

En consecuencia, el juicio sobre la Verdad y el Bien queda abandonado a la razón por sí sola. No hay diferencia objetiva entre bien y mal, el vicio y la virtud no se distinguen. Todo ello proviene de la proclamación del hombre como ser soberano frente a Dios, que alcanza su máxima expresión el NON SERVIAM de Lucifer.

Por lo tanto, ¿por qué no debería estar permitida la libertad de cultos?

Es obvio, que el bien debe hacerse y el mal evitarse, como dice León XIII: aquello que es aplicable al hombre lo es también para la sociedad y su bien común. Teniendo presente que el objetivo más elemental de un Estado (que no sea tiránico) es el bien común de sus ciudadanos, se comprende en el mismo, su bien moral, que es frontalmente atacado por el liberalismo al no obedecer éste a una razón suprema y eterna que es el fin de la libertad humana: Dios.

Habiendo expuesto el prudente racionamiento y orden de la libertad, procederemos a explicar que es la libertad de cultos o de religión y su mal intrínseco. No se nos escapa, que teniendo en cuenta el error del liberalismo, que tantas almas directa o indirectamente ha llevado al infierno, todas aquellas “libertades” que se deriven de éste no son más que licencias y vicios, de los más dañinos para el bien terrenal (de los pueblos y los hombres) y el bien espiritual (el de su salvación).

Esta falsa libertad, establece que cada uno puede profesar la religión que quiera o no profesar ninguna. Pero esto es contrario a la verdad, ¿por qué?

Porque la más alta e importante obligación que nos manda Dios es darle culto que merece a través de la religión verdadera. El Amarás a Dios sobre todas las cosas, no sólo debe darse a nivel particular sino también al de los Estados que persiguen el bien común de sus ciudadanos. La gravedad radica en ser infiel a la obligación santísima de darle culto.

¿Por qué no es lícito que gocen de los mismos derechos todas las religiones?

Porque solo la verdad tiene derechos, el mal no los tiene. Pio XII enseña: Lo que no responde a la verdad y a la norma moral no tiene objetivamente ningún derecho de existencia, ni la propaganda ni a la acción.

Acerca de esto, los Papas han hablado claramente y resumen las razones por las que no es lícito que todas las religiones gocen de idénticos derechos:

  • No es lícito, porque suprime la fundamental búsqueda del bien común. 
  • No. Porque anula los deberes de honra pública y exclusiva (salvo prudencias circunstanciales) del Estado a Dios. Excepción por prudencia:

León XIII: Aun concediendo derechos sola y exclusivamente a la verdad y a la virtud no se opone a la Iglesia, sin embargo, a la tolerancia por parte de los poderes públicos de algunas situaciones contrarias a la verdad y a la justicia para evitar un mal mayor o para adquirir un mayor bien.

  • No, porque se permite manifestar y propagar el error religioso, cosa que pone en peligro la más importante misión del hombre, su salvación eterna.

 ¿Qué más consecuencias se derivan de esta libertad de cultos?

Propicia la separación de la Iglesia y el Estado (la separación moral), lo cual deriva en tiranía. Se niega la realeza de Jesucristo, que es Rey de cielos y tierra. La realeza implica instaurar todas las cosas en Cristo, que fundó una sola Iglesia. Con la libertad de cultos no es posible por tanto implantar en la sociedad la realeza de Jesucristo.

La laicización de los Estados y su descristianización acelerada. Pues cuando se otorgan los mismos derechos a todos los errores, la verdadera fe desaparece cada vez más. En una sociedad católica las almas se salvarán más fácilmente, pero en una en donde debe la Iglesia debe existir junto con falsas religiones y sectas, esa salvación se torna mucho más difícil.

Para concluir, ¿Por qué los Estados deben prohibir la libertad de prensa?

Reconociendo la realeza de Nuestro Señor Jesucristo y asumiendo que todos los derechos son y provienen de él y como afirmaba León XIII en la encíclica Inmortale Dei: no es lícito publicar y exponer a la vista de los hombres lo que es contrario a la virtud y a la verdad, y es mucho menos lícito favorecer y amparar esas publicaciones y exposiciones con la tutela de las leyes.

Javier Navascués