ADELANTE LA FE

El tiempo superior al espacio. Análisis del heraclitismo latente del papa Francisco

El aparente pragmatismo del pontificado actual contrasta con los numerosos artículos y análisis que se esfuerzan por descubrir los presupuestos intelectuales que son la trama del discurso y de la actuación del papa actual. El papel del análisis intelectual no se limita a dibujar las grandes líneas sino a advertir de las funestas consecuencias que se pueden producir en el pensamiento que se estudia.

El largo artículo del profesor Turco (Courier de Rome, n1 593, Noviembre 2016) había permitido establecer, entre otras, la naturaleza heraclitiana del pensamiento de Francisco. Hacemos notar que Giovanni Scalese[1] había también caído en esto mismo cuando detectó en la serie de afirmaciones papales que trataban del tiempo y del espacio, la primacía del devenir sobre el ser.

El calificativo de haclitiano no siempre es percibido en toda su gravedad. El heraclitismo es más una opción metafísica radical que una verdadera escuela, pero tal opción tiene graves consecuencias si se asume concretamente.

Los presupuestos y las consecuencias de la filosofía de Heráclito de Éfeso  son, como su propio autor, totalmente desconocidas por la mayoría. Analizar los dichos de Francisco y comprender la extrema gravedad de lo que pasa ante nuestros ojos no puede hacerse sin descubrir un poco del contenido de la filosofía que anima el pontificado actual. En efecto, muchos aún rechazan ver la verdad, tantos que nos ha parecido necesario mostrar hacia que abismo nos vemos arrastrados con las palabras tranquilizadoras y unos aforismos en apariencia fecundos.

El heraclitismo: la contradicción como principio.

Heráclito fue acusado de poner en duda el principio de no-contradicción. No se puede afirmar que una cosa es negra y blanca a la vez. Resumimos la opinión de los griegos sobre esta paradoja: la contradicción como principio. Necesitamos exponer “la doctrina” de este hombre muerto en el siglo V antes de Jesucristo. No ha quedado gran cosa de sus ideas  pero algunos fragmentos que nos han llegado hacen aflorar la importancia de este hombre. Maritain hacía unas afirmaciones de este desconocido del gran público, uno de los polos del error. El pensamiento humano no puede dejar atrás las sentencias que de él nos han llegado extraídas de su obra De la Nturaleza, hoy desaparecida.

¿Qué dice Heráclito? La filosofía balbuceante de las colonias griegas de Asia Menor buscaba saber de qué estaban hechas las cosas. Se trataba de una investigación sobre los elementos primarios de la Naturaleza. Tales fue el primero en declarar que el conjunto del Universo estaba formado por un solo y único elemento. Para Heráclito, la firmeza y estabilidad de los elementos del mundo era un engaño, una apariencia. La única realidad era el cambio y nada de lo que ahora estaba podía permanecer[2] . El mundo era un fuego que se encendía y se extinguía con mesura.[3]

Aunque es difícil bosquejar un retrato robot de las ideas de este griego original, su audacia intelectual, su amor por la contradicción asumida[4], su marcada preferencia por la evolución, su tesis del conflicto armónico son, de hecho, bastante próximas de algunas sentencias del papa Bergoglio.

Así, cuando se leen estas dos frases:

“La pieza macho y la pieza hembra se unen, los colores (o sonidos) complementarios conducen a la más bella armonía y todo el equilibrio resulta de fuerzas antagonistas[5]”.

“Los racionales y los irracionales dan todos los números; las centrípetas y las centrífugas dan todas las fuerzas; los que firman acuerdos y los que se combaten dan todos los pueblos. De todas las posibles emerge una realidad y a partir de la existente se abren todas las posibilidades[6]”.

Comparemos con las ideas del papa que expone en uno de sus cuatros principios:

“Para esto, es necesario postular un principio indispensable para construir la amistad social: la unidad es superior al conflicto. La solidaridad, entendida en su sentido más profundo y como reto, se convierte también en una manera de hace historia, un espacio vital donde los conflictos, las tensiones y las oposiciones pueden alcanzar una unidad multiforme, unidad que engendra una nueva vida. No se trata de esbozar un sincretismo ni a la absorción de uno por el otro, sino de la elevación a un  plano  superior que conserve, en sí, las preciosas potencialidades de las polaridades en oposición.[7]”.

No es difícil constatar una mayor proximidad entre estas líneas del papa Francisco y las Heráclito que a las ideas de Platón o de Aristóteles. Pero esto podría ser más bien anecdótico. Sin detenernos mucho en la similitud de las frases de Heráclito y del papa, nuestra reflexión nos va a llevar sobre el principio del espacio y del tiempo. Este principio enunciado y comentado por el papa es, desde nuestro punto de vista, el más importante, ya que se relaciona con el problema del ser y del devenir. Está pues en juego toda la cuestión metafísica y en última instancia la capacidad de la inteligencia humana de conocer a Dios.

El principio del espacio y el tiempo y los cuatro principios bergoglianos.

Cuatro principios tienen la clave del pensamiento y de la acción del papa Francisco. El papa Francisco expuso estos cuatro principios en la la exhortación apostólica Evangelii Gaudium, en el número III del capítulo IV que trata sobre el aspecto social de la Evangelización y más particularmente del Bien Común.

Estos cuatro principios son, recordémoslo, la unidad prevalece sobre el conflicto, la realidad es más importante que la idea, el todo es superior a la parte y el principio, que vamos a tratar de comprender, el de la dialéctica entre tiempo y espacio.

Antes de comenzar a analizar algunos párrafos de la Exhortación de 2013 que contienen la síntesis del pensamiento práctico del papa Francisco, nos parece importante recordar la dinámica del conjunto del texto. En efecto, los cuatro principios, de los que forma parte la dialéctica entre tiempo y espacio, están enunciados en una parte que habla de las relaciones sociales y políticas entre los hombres.

La Exhortación apostólica-después de una breve introducción en la que el papa define los aspectos principales de la misión de la Iglesia- se divide en cinco partes: 1)transformación misionaria de la Iglesia, 2) Crisis del compromiso comunitario, 3) anuncio del Evangelio, 4)La dimensión social de la Evangelización, 5)Evangelizadores con Espíritu. Este texto constituye a la vez el programa del pontificado, y da una idea de las dificultades actuales pero también unos principios de análisis de la realidad.

Es en la cuarta parte cuando el papa da estos cuatro principios que gobierna, según él, la elaboración de la ciudad en tanto que comunidad humana:

“Para avanzar en la construcción de un pueblo en paz, justo y fraternal, hay cuatro principios ligados a las tensiones bipolares propias a toda realidad social. Provienen de los grandes postulados de la Doctrina Social de la Iglesia[8], los cuales constituyen el parámetro de referencia primero y fundamental para la interpretación y la evaluación de los fenómenos sociales[9].

A la luz de éstos deseo proponer ahora estos cuatro principios que orientan específicamente el desarrollo y la cohabitación social y la construcción de un pueblo donde las diferencias se armonizan en un proyecto común[10]”.

Si se lee el Compendium de doctrina social de 2004 al que hace referencia el extracto que acabamos de citar, no se encontrará ninguno de los cuatro principios enunciados por el papa. Se deduce que estos cuatro principios son síntesis intelectuales de la obra personal de Francisco[11]. La única proximidad notable entre los dos textos se encuenta precisamente en la referencia hecha a la noción de tiempo. Se puede ya hacer una constatación, el papa se apoya sobre la autoridad de un texto publicado por uno de sus predecesores para dar a estos cuatro principios un valor de referencia idéntico a los del Compendium. Atrevámonos a una pequeña comparación entre los dos textos.

El Compendium cita varios principios: el bien común, el destino universal de los bienes, la subsidiariedad, la participación y la solidaridad. Son unas ideas menos generales que las que enuncia el papa, los principios del Compendium giran en torno la cuestión de la vida social y política. El Compendium las liga a la visión general que lo anima, el humanismo integral. Los principios enunciados por Francisco apenas pueden integrarse en el conjunto relativamente coherente del Compendium.

Sin embargo, la cuestión no está ahí. No creemos que los principios hayan salido del Compendium. No queda más remedio que una buena comprensión de los mismos si queremos comprender la coherencia del pontificado actual.

Comprensión del significado del tiempo y el espacio.

Tiempo y espacio, dos términos comunes.

En la Universidad francesa se designa a la física matematizada de Galileo como física clásica. Se opone a la física aristotélica en que abandona una serie de conceptos fundamentales inducidos por la filosofía antigua. Aunque guardando una relación con el punto de vista de la física anterior, el estudio de los cuerpos móviles, esta física clásica se esforzó en dar cuenta de los fenómenos matematizando la descripción del movimiento de los cuerpos. Los dos conceptos de base de esta física son el espacio (el universo tridimensional en el que se representa el objeto material) y el tiempo (el factor que permite medir el movimiento del objeto en cuestión en el espacio degún una o varias constantes).

La filosofía kantiana , de alguna manera, consagró esta doble formalidad física estableciendo las condiciones para cualquier conocimiento sensible, de tal manera que esta pareja de términos pasó al lenguaje corriente para designar al universo común en el que nos movemos. A nuestro parecer, no es necesario buscar una correlación entre los términos del papa y la estética de Emmanuel Kant. El papa utiliza estas palabras según su significado corriente y es a través de ellas como vamos a comprender el fondo del problema.[12]

El tiempo frente al espacio.

Los dos términos son presentados sistemáticamente como opuestos en las distintas intervenciones del papa. La noción misma de oposición parece tener en el pensamiento de Francisco una gran importancia para la comprensión de los problemas del mundo y su resolución. Retomemos una frase que ya hemos citado: “Para avanzar en esta construcción de un pueblo en paz, justo y fraternal, hay cuatro principios ligados a unas tensiones bipolares propias de cualquier realidad social”.[13]

¿Cómo entender esta oposición?. El texto de Evangelii Gaudium determina que el papa categoriza como espacio a ciertas actitudes fundamentadas sobre ciertas constantes y a otras actitudes las orienta hacia el tiempo.

“Dar la prioridad al tiempo es ocuparse de iniciar procesos más que poseer espacios. El tiempo ordena los espacios, los aclara y los transforma en eslabones de una cadena en constante crecimiento, sin camino de regreso. Se trata de privilegiar las acciones que generan los nuevos dinamismos en la sociedad e implican a otras personas y grupos que los desarrollan, hasta que fructifican en acontecimientos históricos importantes.[14]

No es necesario buscar una definición formal en este texto. Esto no quiere decir que no exista una cierta forma de sistematización. El papa utiliza el espacio y el tiempo como símbolos de una geometría variable según los temas que analiza. La constante sugerida no es otra que la afirmación de una oposición entre las realidades estáticas y las realidades dinámicas, éstas últimas presentadas como las únicas capaces de crear la unidad entre los hombres, las únicas capaces de dar un valor real a la vida humana. Rl mal camino que los hombres estarían tentados de tomar sería precisamente el de quererse parar, el de organizar su vida en unos encuadres demasiado rígidos.

La dificultad de comprensión que puede surgir tras la lectura de los diferentes textos, proviene del hecho de que las palabras del papa son simbólicas y que hacen referencia sobre todo a imágenes sin incidir en un contenido profundo y sin buscar la precisión conceptual. Hay, sin duda, la voluntad de explicar un tipo de analogías pero contrariamente a la teología perenne, todo ello carece cruelmente de rigor, carencia que hace la comprensión más difícil.

Sin embargo, tal imprecisión no impide al lector atento de vislumbrar a través de ciertas contradicciones una gran coherencia. Ésta aparece en la aplicación del principio a los distintos temas que el papa analiza bajo el prisma de ese principio.

Temáticas diversas donde el tiempo debe prevalecer sobre el espacio.

Dios y su providencia.

No se puede decir que el papa haga de Dios un ser en perpetuo cambio. Dios es aquel de donde provenimos[15] así como el término de nuestro viaje.[16]La fe revela un Dios amor presente en la vida de todo hombre, en su historia, es decir, en cada etapa de su vida. El hombre debe arrastrar su pasado y construir su futuro[17]con un Dios presente en cada momento del ahora[18]:

“ Buscar a Dios en el pasado o en el futuro es una tentación. Dios se halla ciertamente en el pasado, porque está en los rastros que ha dejado. Y está también en el futuro como promesa. Pero el Dios “concreto”, por así decirlo, está en el hoy. Por eso los lamentos no nos ayudarán nunca a encontrar a Dios. Los lamentos que denuncian un mundo “bárbaro” acaban por hacer nacer en el interior de la Iglesia deseos llamados de conservación o de defensa[19].”

Hay en este mensaje una interpretación implícita que cuadra con la célebre sentencia del “signo de los tiempos”. El papa comenta en la invitación del padre Spadaro en su discurso a los jóvenes de la asamblea de la JMJ de Río. Este comentario está en relación con la temática precedente abordada en la entrevista, a saber la importancia del Vaticano II. El papa definió el concilio como la relectura del Evangelio a la luz de la cultura contemporánea. Tomando el ejemplo de la liturgia, el pap muestra la importancia de esta perspectiva y trae a colación la enseñanza implícita de estas pocas líneas. La historia, o el tiempo, ya que se trata de sinónimos para el pensamiento papal, se encuentra con unas evoluciones con las que tiene que conformarse. Las formas sacramentales, las doctrinas morales, la acción eclesial son susceptibles de transformación. Dios puede manifestarse en cada momento de esta historia en perpetua evolución. Toda forma de limitación de la acción divina por unas categorías constituye, sin ninguna duda, una crispación extraña a Dios.

“Si el cristiano es legalista o busca la restauración, si quiere que todo sea seguro y claro, entonces no encontrará nada. La tradición y la memoria del pasado deben ayudarnos a tener el valor de abrir nuevos espacios a Dios. El que hoy no busque más que soluciones disciplinarias, que tiendan de manera exagerada a la “seguridad” doctrinal, el que busque obstinadamente recuperar el pasado perdido, tiene una visión estática y no evolutiva[20].”

Sin embargo, el papa parece consciente de lo que estas propuestas entrañarían:

“Así pues, Dios se reencuentra sobre la marcha. Alguien podría decir que se trata de relativismo. ¿Es relativismo? Sí si si se comprende transversalmente, como una especie de panteísmo indistinto. Pero no, si se comprende en un sentido bíblico según el cual Dios siempre es una sorpresa. Nunca se sabe dónde ni cuándo se le encuentra, no se puede fijar ni el tiempo ni el lugardonde se le encontrará. El encuentro es materia deldiscernimiento. Es por lo que el discernimiento es fundamental[21].”

A pesar de la pirueta intelectual, los hechos están ahí; asociar Dios al movimiento, a la evolución ut sic conduce casi necesariamente al panteísmo ya que toda forma de especificidad cultual, de contenido dogmático excluyente de su contrario es una especie de traición al dinamismo divino, de su polimórfico origen. Lejos de revelarnos quien es Dios, tal posición intelectual nos lo vuelve incomprensible y lo asocia a todos los delirios posibles de la humanidad en materia de afirmación teológica. Dejar al tiempo hacer su trabajo permite la conquista de nuevos espacios podría decirse en continuidad con tal fraseología – a duras penas se le puede llamar una idea-; desgracia por tanto para aquel que delimita a Dios bajo una forma, cualquiera que sea, o bajo una definición dogmática. ¿Qué queda del depósito revelado cuando uno acepta tales principios? ¿Qué se puede decir sobre Dios si se acepta tal posición con todo su rigor? Nada…

Pero, ¿qué quiere decir el papa cuando declara que Dios es siempre una sorpresa?¿Cómo Francisco podrá dar seguridades a los lectores inquietos con estas palabras lanzadas al viento? Sin duda la Providencia divina no ha escatimado a sus santos ni reveses ni cambios extraordinarios manifestando así su poder supremo sobre el curso de la historia. No se puede equipararla acción de Dios en el mundo, el efecto que imprime sobre sus criaturas en un momento dado con lo que es Ël mismo para la eternidad, ni incluso con la economía general de la Redención que también es inmutable.

Se tiene así una clave de interpretación de la actuación interreligiosa de este papa[22]. Toda forma de expresión sobre Dios, aunque sea muy imprecisa, posee en sí algo valioso ya que la fe es camino antes que cualquier otra cosa:

“Ya que la fe se configura como camino, concierne también a la vida de los hombres que, incluso no creyendo, desean creer y buscan sin cesar. En la medida en la que se abren al amor de un corazón sincero y se ponen en camino con esta luz que llegan a alcanzar, viven ya, sin saberlo, en el camino de la fe. Intentan actuar como si Dios existiese, a veces porque reconocen su importancia para encontrar orientaciones sólidas en la vida ordinaria o porque experimentan el deseo de la luz en medio de la oscuridad, pero también porque percibiendo lo grande y bella que es la vida, presienten que la presencia de Dios la volverá aún más grande[23].”

Antes de abordar otros asuntos, concluiremos primero sobre este punto preciso de las afirmaciones papales sobre el Creador. Incluso si no se puede sospechar fácilmente del panteísmo del papa, la manera de la que habla de Dios dará una pista a sus oyentes tarde o temprano. Algunas precauciones oratorias que pueda tomar- por otra parte, bastante débiles- no podrán evitar los efectos destructores de tal discurso a partir del momento que se asuma.

El Cristo de la Redención.

Retomando un tema clásico del pensamiento de san Agustín, el papa pone a Cristo en el centro de la historia distinguiendo entre la fe en el Mesías por venir de la fe en el Mesías ya llegado[24] . Pero en la encíclica Lumen Fidei el punto de vista de la temporalidad bergogliana marca el papel de Cristo de una forma muy singular que sobrepasa con mucho este justo comentario de san Agustín sobre la centralidad temporal del Mesías.

Muchos habrán notado la presentación algo original del saludo en esta primera encíclica del papa. Nunca dice el papa que Cristo murió por los pecados de los hombres, su papel salvífico se limita a revelar el amor del Padre en esta presentación[25], a asegurar la fiabilidad de la Palabra de Dios en la Revelación, del hecho que la Resurrección es una prueba de veracidad de esta Palabra divina[26].

En cuanto a la Redención subjetiva, consiste en el hecho de comprender esta economía, en la especie cuando nos abrimos a la acción de Jesús que nos revela de donde venimos y a dónde somos llamados a ir. De nuevo reaparece esta noción de temporalidad:

“La fe sabe que Dios se hizo próximo a nosotros, que Cristo es un gran don que se nos ha dado, don que nos transforma interiormente, nos habita, y así nos da la luz que ilumina el origen y el fin de la vida, todo el espacio del camino del hombre[27]”.

Para comprenderlo es necesario descodificar un poco el pensamiento del papa. La vida del hombre en la tierra es un peregrinaje, un camino. Dios se halla al principio y al final. Entonces ¿Por qué hablar de salvación?.

En este camino el hombre puede perderse. Por ejemplo, cuando se repliega sobre sí mismo, cae en una forma deidolatría, porque intenta dar una cara divina a sus propios errores, lo que supone una distracción y una dispersión de sus energías[28]. Cuanto mayor es la fe, más nos abre sobre el otro, y esto es lógico ya que nos conduce al amor, nos hace aceptar la mediación del otro para llegar a Dios[29]. Cristo muriendo y resucitando nos ofrece la garantía de que Dios está al final del viaje y esta garantía enseña a la vez el amor del Padre pero también la necesaria mediación de otro para que no estemos solos en el camino, en un sentido Cristo satisface mejor en los dos criterios de la fe, porque es un mediador y su resurrección es la mejor garantía de la Revelación del amor de Dios.

Que nos sea permitido constatar que tales ideas desarrollan una visión muy alejada de la Redención según la enseñanza perenne de la Iglesia. Sin duda la persona de Cristo es central en la historia porque nos ofrece una restauración integral de la relación con Dios que había sido quebrada. En todas las Epístolas de san Pablo que el papa cita por necesidad, hay una cuestión de una reconciliación[30], de una destrucción de la sentencia de muerte que pesaba sobre nosotros[31], de una mediación del gran pontífice[32]. No se niuega que Cristo nos haya dado a conocer el amor misericordioso de Dios pero ¿Dónde está la fe en el valor de la Sangre de Cristo? Cristo no es sólo una Revelación, es también la puerta por la que los hombres deben pasar para esperar alcanzar a Dios.

La fe y el amor.

Muchos elementos hacen difícil la lectura de la encíclica Lumen Fidei. Entre ellos está la determinación de no dar una definición clara de la fe sino de describirla por sus mil y una facetas y de ligarla sistemáticamente al amor. Peropara ser justos en nuestro juicio nos hace falta conceder la existencia de pasajes que parecen inspirarse en fuentes serias y que hacen, aparentemente, buenas distinciones. Citemos dos de ellos:

Creemos en Jesús cuando aceptamos su Palabra, su testimonio, porque es verdadero (cf. Jn 6, 30). “Creemos en” Jesús cuando lo acogemos personalmente en nuestra vida y nos remitimos a Él, adhiriéndonos a Él en el amor y siguiéndole a lo largo del camino (cf Jn 2, 11 ; 6, 47; 12, 44)[33].”

“La nueva lógica de la fe está centrada en Cristo. La fe en Cristo nos salva porque es en Ël que la vida se abre radicalmente a un Amor que nos precede y nos transforma en el interior, que actúa en nosotros y con nosotros[34]”.

Hacemos notar que en el primer extracto, Francisco asume una distinción que proviene de la teología latina cuando comenta el matiz entre “creer a” y “creer en”. El que reconoce la verdad de las palabras de Cristo le cree, ya está dentro de la fe aunque no de una manera perfecta. Se queda en una fe muerta, sin obras, ofrece una adhesión al mensaje evangélico sin desprenderse de ello consecuencias prácticas. El que se pone a seguir a Jesús, cree en Él, éste entra en la fe amante, pasa de la teoría a la práctica. En sí, esta distinción tiene algo de verdad ya que la teología tradicional siempre ha asociado el credere in , el “creer en”[35], a la fe formada, a la fe animada por la caridad. El que cree en Dios vive ya en Él y debe progresar en esa vida que le une a Dios como el sarmiento a la cepa.

El segundo pasaje podría, a su vez, interpretarse de una manera correcta. La gracia de Dios está primero y es Cristo quien nos la aporta, sabiendo que pastoralmente se puede identificar gracia con caridad con el fin de llegar al gran público.

Pero es obligatorio constatar una verdadera imprecisión, por no decir confusión en la temática de la temporalidad y del dinamismo de la fe. La fe viva actúa por la caridad, la fe encuentra su finalidad en el amor a Dios y al prójimo. Pero una no es la otra. Y la confusión que leemos en Francisco tiene relación con el gran problema de la filosofía del devenir adoptada por el actual ocupante del trono de Pedro. Y las conclusiones que vamos a obtener de todo esto son gravísimas.

Se podría decir que la presentación tradicional de las relaciones entre fe y caridad suponía de hecho dos dinámicas de la fe, dinámica que el papa actual no va a dejar de confundir reduciendo la primera a la segunda.

La primera dinámica es la de la fe como conocimiento: la fe conocimiento de Dios dejará su sitio en el cielo a la visión beatífica, visión de la Trinidad cara a cara. Esta tensión dinámica, paso de la potencialidad al acto, hace que podamos aumentar el conocimiento de Dios y tener siempre una fe más profunda, una adhesión de nuestra inteligencia cada vez más afirmada, construida, sabedora de los diversos artículos de la fe. Esto no quiere decir que Dios aparezca, en sí mismo, más claro para el alma, como nos lo demuestran las narraciones de los místicos. El incremento de este conocimiento se parará con nuestra muerte y encontrará su plenitud en el Reino de los Cielos. Notemos que esta dinámica, propia del alma del creyente, incluso si ha transcurrido tiempo, no se reduce nunca. El acto de creer y su dinámica son de un orden diferente al de la historia, de manera que el creyente puede dejar de serlo, tras convertirse. No hay equivalencia entre las dos cronologías, la de la evolución temporal del creyente en el mundo y la del creyente en relación con Dios. En otras palabras, no existe un paralelismo preestablecido entre las dos dinámicas.

La segunda dinámica es la de la fe como principio de la acción amatoria: en efecto, todo amor es fruto de un conocimiento. Reconocer que tal o cual objeto es bueno para nosotros es una acción cognitiva radicalmente. Y es el mismo tipo de acción cognitiva que inicia nuestra inclinación a una vida de amistad en la que queremos el bien de nuestro amigo tanto como el nuestro, y en ese caso, la amistad con Dios más que nuestro bien. La fe produce normalmente la esperanza, movimiento amatorio hacia Dios en tanto que nos aporta nuestra felicidad y la fe y la esperanza tienen como meta la caridad, en tanto que vivimos de su amistad aceptando su bienaventuranza divina que nos da el gozo al que la posee y de la que podemos participar.

El error de la dinámica del pensamiento del papa radica en su univocidad y, por tanto, en su reduccionismo. La fe se halla implicada en un doble movimiento del alma. La dinámica intrínseca de la fe como conocimiento es específicamente distinta de la de la voluntad, que está perfeccionada por la caridad. Sin embargo, la fe no es extraña a esta segunda dinámica ya que sin ella, la caridad sobrenatural no existe.

Para el papa la afirmación de la Trinidad como misterio de amor y comunión constituye el centro de la fe[36]. Pero ¿Cómo se puede pretender conocer el amor de Dios y tender a él si se rechaza la enseñanza sobre Dios?. Es una contradicción en las enseñanzas mismas del papa. Si el hombre rechaza que Dios sea Trinidad, si rechaza reconocer que Dios existe, ¿Puede ir hacia el amor?.

No es porque el hombre crea vagamente en el amor que posee por eso la fe verdadera en el amor de Dios. Además, la fe es un conocimiento, sobrenatural ciertamente, pero que obedece a las mismas leyes generales de los otros tipos de conocimientos. Cuando afirmamos que Dios es, afirmamos al mismo tiempo que quienes niegan este hecho están en el error. Y si alguien se halla en el error, si alguien rechaza creer en Dios, entonces no puede tener ni incluso tender hacia la caridad ya que le falta el principio de la misma. No puede ir hacia alguien del que no reconoce su existencia.

El papa no solo no habla de convertir, sino que entiende que lo que es necesario es que todos caminen juntos [37] . Así el amor más indefinido se convierte en la sola verdad discernible de la fe con menosprecio de todas las demás:

“Aquel que se pone en camino para hacer el bien se aproxima ya a Dios, está ya sostenido por su ayuda, porque es lo propio de la dinámica de la luz divina la de iluminar nuestros ojos cuando marchamos hacia la plenitud del amor[38].

Tal arranque acaba con la “teoría” que  Dios presente en el tiempo había comenzado a bosquejar. La acaba porque la concretiza, vuelve caduca la fe como confesión de la verdad sobre Dios y su Cristo. Dios se convierte verdadera y definitivamente en desconocido, el desconocimiento es más bien la inexistencia. Toda revelación divina queda reducida a nada y todo discurso sobre Dios será descalificado, incluso el que dice que Dios es amor. Destruir la fe en su principio, abolirla como criterio de discernimiento de la verdad y de lo falso lleva necesariamente a abolir la afirmación de que Dios es amor. Lo único que quedará de la frase será “¡Creo en el amor!” como se ve en el vídeo del papa nº 1 [39]. Es la única verdad que se puede decir en común. Esta caridad adulterada no puede ser más que para este tiempo, el del universo visible para los hombres en el que Dios estará para siempre prohibido.

La vida moral y social.

Acabamos este análisis con la cuestión de las relaciones humanas. Recordemos que los cuatro principios han sido dados en una parte de Evangelii Gaudium consagrado a la cuestión social. Además, no podíamos ignorar este aspecto ya que es complementario totalmente con la reflexión sobre la caridad.

Es por tanto bajo este aspecto que la acción pontificia creó las mayores turbulencias en el seno de la Iglesia ya que en efecto  guiada por estos famosos principios acabó por destruir lo que todavía quedaba en pie.

Una frase que sin duda ha pasado desapercibida en su época toma todo su sentido ya que nos indica que Amoris laetitia no podría haber sido escrita sin ella:

“El confesionario no es una sala de tortura, sino el lugar de la misericordia en el que el Señor nos estimula a hacerlo mejor de lo que podemos. Pienso en esa mujer que había soportado el fracaso de su matrimonio durante el cual había abortado; se casó de nuevo enseguida y vive ahora serena y con cinco hijos. El aborto le pesa enormemente y está arrepentida sinceramente.A ella le gustaría ir más lejos en la vida cristiana: ¿qué hace el confesor[40]?”.

La cuestión abierta por el papa no llamó la atención pero ponía en falsa contraposición el arrepentimiento de la mujer sobre el tema del aborto y la incapacidad en la que ella se hallaba de recibir la absolución por su nuevo casamiento. Así, su primer matrimonio, válido, había llevado a un mal terrible que había reparado su segundo casamiento, éste último inválido. Y el papa pide una conclusión a la que él nos ha sabido llevar sin darla, pero sugiriéndola: se podría hacer indudablemente una excepción, darle la absolución ya que se manifiesta arrepentida por su aborto.

¿Cómo comprender una moral que ignore la indicación del apóstol Santiago?.

Todos tendrán que observar la ley y si falla en un solo punto, será culpable de todos. En efecto, quien ha dicho “No cometerás adulterio en absoluto” ha dicho “No matarás en absoluto”. Si, por tanto, matas, aunque no cometas adulterio, eres un trasgresor de la ley[41]”.

De hecho, la posición de Francisco oscila entre las afirmaciones de fidelidad a los Mandamientos y los principios destructores de los mismos por un escalamiento dialéctico y contradictorio que hace que los Mandamientos sean menos grandes.

Nadie puede negar que Cristo mismo afirmó que hay un orden en los Mandamientos y que el más importante es el del amor a Dios y que hay uno de similar importancia, el amor al prójimo.[42]Así pues, el papa tiene razón al hablar de jerarquía[43]. Pero esta jerarquía no puede llevar a destruir la fuerza de un mandamiento inferior, ya que Cristo mismo denunció la malicia de tal predicación:

“El que infrinja cualquiera de estos mandamientos, por muy pequeño que sea y enseñe a hacer lo mismo, será tenido por el menor en el Reino de los Cielos; pero el que los haya practicado y enseñado, será tenido por grande en el Reino de los Cielos[44].”

El papa en su encíclica Lumen Fidei nos da su visión de la moral integrándola en la búsqueda del Dios amor. Que el amor de Dios sea el fin de todas nuestras acciones no es objetable en absoluto, pero la falsa dinámica que hemos desenmascarado corrompe necesariamente la presentación de la moral:

La relación entre fe y Decálogo es igualmente importante. La fe, ya lo hemos dicho, aparece como un camino, una senda a recorrer, abierta al encuentro con el Dios vivo. Es a la luz de la fe y la confianza total en el Dios que salva, que el Decálogo adquiere su verdad más profunda, contenida en las palabras que introducen los diez mandamientos: “Yo soy tu Dios, que te hizo salir de Egipto” (Ex 20,2). El Decálogo no es un conjunto de preceptos negativos, sino de indicaciones concretas con el fin de salir del desierto del “yo” autoreferencial, encerrado sobre sí mismo, y de entrar en diálogo con Dios, dejándose abrazar por su misericordia y poder dar testimonio. La fe confiesa así el amor de Dios, origen y sostén de todo, se deja llevar por este amor para ir hacia la plenitud de la comunión con Dios. El Decálogo aparece como el camino del reconocimiento. De la respuesta de amor, respuesta posible porque en la fe, estamos abiertos a la experiencia del amor transformante de Dios por nosotros[45].”

Encontramos sintetizada la presentación de la acción humana bajo la luz de la fe. La fe engendra una dinámica de reencuentro con el Dios amor, pero una dinámica que niega fundamentalmente las exigencias de la inteligencia a la no contradicción y a la coherencia. Ya que toda la complejidad de la teología moral se funda sobre el matiz cognitivo del alma humana, negar la validez del conocimiento humano es desechar todo el discurso moral porque ataca a su raíz.

Es muy característico de Francisco a este respecto, el poco caso que hace de los mandamientos del Decálogo ya que son reducidos solo a los mandamientos negativos. No es necesario ser un lince para darse cuenta que el Decálogo tiene mandamientos positivos y otros negativos, mandamientos cuya obligación varía según la calidad. Exit por tanto todo matiz teológico que distinga la temporalidad de las obligaciones morales, ya que la prohibición se halla en sí mismo, más absoluto en su observancia que la obligación positiva [46]. En lugar de esto, el papa prefiere caer en la caricatura. Antes que él, la moral se reduce a prohibiciones. Existió ciertamente una cierta predicación moral nociva de la que no se puede quejar uno mucho, pero esta predicación era infiel en sí misma a las fuentes y a los matices propuestos por los grandes doctores. No se corrige un error con otro error y no es preciso achacar a Dios mismo las faltas de la estupidez humana, ya que Él es el autor de la materialidad de estas diez palabras con lo que ello implica para nuestras vidas concretas.

Hay algo que pasa desapercibido en una primera lectura pero que tiene una gran importancia en el pensamiento del papa actual. Francisco enseña que el Decálogo tiene como objetivo arrancarnos de nuestra individualidad, de nuestro narcisismo. Más allá de una cierta verdad en la afirmación, esta frase da un indicador interesante de la teoría puesta en práctica. El objeto de los mandamientos es, por tanto, la de arrancarnos del amor a nosotros mismos para llevarnos al amor de Dios y al amor  a los otros.  Pero si se comprende bien al papa, y para eso es necesario recordar otros dichos que completan este pasaje[47], existe un elemento extraño al catolicismo pero perfectamente asumido como tal, la reciente rehabilitación de Lutero nos lo ha probado.

Esta temática de la alteridad es una resonancia del pensamiento luterano en su sentido extenso. Para Lutero el individuo se hallaba radicalmente replegado sobre sí mismo[48]. En la condena del individualiemo y de la rectificación idólatra que engendró hay como una especie de eco deformado de la vieja desconfianza luterana hacia el amor de sí mismo. La salvación pasa por el otro en tanto que es otro[49]. Hay una sana y necesaria crítica del individualismo. La cuestión no está ahí. No denunciamos la crítica en tanto que tal sino el motivo de esta crítica. Ir ahora más allá de esta explicación nos llevaría a desviarnos de nuestro propósito, pero no excluimos la exploración de este camino en un futuro trabajo. Lo que está claro es que el decálogo está presentado como una especie de salida del narcisismo, del que los ídolos no son sino una manifestación del mismo.[50]Hay sin duda algo de verdad en lo que dice el papa sobre el asunto, pero la vista del conjunto es falsa.

Caminar no puede ser algo bueno si no se sabe a dónde se va.

El pensamiento y la actuación del actual pontífice no se salvan de profundas contradicciones. Nos hemos concentrado en la problemática del movimiento porque toca a la actuación en general y a todas las actividades humanas. El error fundamental reside en una concepción superficial de la dinámica postulada como buena en sí misma.

La dinámica no es una realidad en sí, sino que se define por la naturaleza de los seres que actúan y por las potencialidades que se hallan implicadas en esa actuación. Los movimientos están, por tanto, deferentemente cualificados y, y en lo que concierne al hombre, las diferentes mecánicas que lo animan (corporales, animales, espirituales) deben ser armonizados y jerarquizados.

Hay dinámicas positivas de manera que llevan al perfeccionamiento de una cosa, de un hombre, de una sociedad y hay dinámicas que abocan a la destrucción. Para comprenderlo nos hace falta poseer una facultad que nos permita discernir una cosa de la otra: la inteligencia especulativa. Abolir esta última para hacer todo en nombre del amor, no reconocer que esto lleva a una segura catástrofe ya que el amor en sí mismo no tiene más sentido que el odio, siendo los dos fuentes de dinámicas.

Por otra parte, Heráclito asumía perfectamente la dialéctica como esencia del mundo, siendo el caos padre de todas las cosas[51]. El papa no asume esta herencia pero en alguna medida asume las consecuencias. No se niega que la intención del papa sea pacífica. Pero no puede escapar a la lógica de destrucción y caos del pensamiento a la que, conscientemente o no, se ha abrazado. No hay paz en el heraclitismo, no hay lugar para un Dios que sería amor.

Francisco tiene razón sin duda al presentar a la caridad como reina de la actuación del hombre, pero para explicar con sabiduría todas las implicaciones de tal idea, las intuiciones aparentemente generosas de una filosofía falsa no son sólo inútiles sino perjudiciales. La postulación de bondad a priori de la acción humana sin hacer caso de las doctrinas que están en el origen de las actuaciones del hombre o con desprecio de tales doctrinas, es caer de nuevo en una concepción carente de normativa del movimiento. Cuando el movimiento no puede ser juzgado resulta bueno en sí mismo, o bien se halla más allá del bien y del mal. El objetivo fijado a las acciones humanas, a saber, el amor, será considerado como un límite y, por tanto, como un obstáculo. El resultado definitivo de tal concepción no es iniciar una convergencia de las actuaciones humanas hacia el Dios amor, sino más bien de dar el amor al movimiento perpetuo la sed de la búsqueda por ella misma, la insatisfacción por toda situación estable como puede ser la caridad.

Defendemos la vuelta a una metafísica sana que nos permita conservar un discurso sobre la dinámica de la praxis humana sin caer en la anarquía y el caos ni el inmovilismo de un idealismo abstracto y engañoso. El Dios que buscamos no puede tener todas las caras ni todos los caminos conducir a Él…

Padre Renaud de Sainte Marie

(Artículo original: Courrier de Roma. Traducido por Duque de las Llaves)

[1] G. Scalese, los cuatro postulados del papa Francisco que se pueden encontrar en la traducción y dirección web de Sandro Magister: http://chiesa.espresso.repubblica.it/articolo/135130175af.html? fr=y & refresh_ce. Pour le texte original en italien : http://querculanus.blogspot.fr/2016/05/i-postulati-di-papa-francesco.html

[2]  Fragment 142, pour Héraclite nous avons utilisé la traduction disponible sur ce site : http://www.citationsantiques.com/auteurs/heraclite/

[3] Fragment 30

[4]  Comme on peut le lire dans son dernier fragment « Le rien existe aussi bien que le quelque chose »

[5] Fragment 8.

[6] .Fragment 10.

[7] Evangelii Gaudium n1 228

[8]  Conseil pontifical Justice et paix, Compendium de la Doctrine sociale de l’Église, n° 161.

[9] .E. G,n° 221.

[10] Idem,n° 221

[11] Si se cree en las palabras del jesuita argentino, Scannone, su cofrade Bergoglio se servía de estos cuatro principios ya por los años setenta.

[12] La pareja tiempo/espacio evoca también las ideas de Heidegger y de Sartre, pero las afirmaciones del papa están bastante alejadas de las afirmaciones de estos dos autores.

[13] E.G. nº 221. Este pasaje se acerca  a lo que habíamos dicho antes sobre la armonía de los contrarios en el pensamiento de Heráclito.

[14] Idem., n° 223.

[15] .Lumen Fidei, n° 11.

[16] La fe que recibimos de Dios como un don sobrenatural, aparece como una luz para el camino, que orienta nuestra marcha en el tiempo. Por una parte, procede del pasado, es la luz de una memoria de fundación, la de la vida de Jesús, donde se manifestó su amor plenamente fiable, capaz de vencer a la muerte. Al mismo tiempo, sin embargo, ya que Cristo ha resucitado y nos atrae más allá de la muerte, la fe es una luz que proviene del futuro, que entreabre ante nosotros unos grandes horizontes y nos conduce más allá de nuestro “yo” aislado hacia la expansión de la comunión. Ibid nº 4.

[17] Es cierto que en tanto que respuesta a una Palabra que precede, la fe de Abraham será siempre un acto de memoria. Sin embargo esta memoria no se queda fija en el pasado sino que siendo memoria de una promesa, es capaz de abrirse hacia el futuro, de iluminar los pasos a lo largo del camino. Vemos así como la fe, en tanto que memoria del futuro, memoria futuri, está estrechamente unida a la esperanza. Ibid nº 9

[18] Parafraseamos una expresión propia de la entrevista, que habla de la presencia de Dios en el hoy. Pero como la actuación del hombre se desarrolla en el transcurso del tiempo, la sucesión de los días, es necesario hablar de una presencia de Dios en cada instante presente.

[19] Entrevista del papa Francisco con el padre Spadaro el 19 de Agosto de 2013, traducción francesa de l´Observatore Romano del 26 de Septiembre de 2013, bajo el título  « Chercher et trouver Dieu en toutes choses».

[20] Entrevista con el padre Spadaro, bajo el título “Certezas y errores”.

[21] Ibidem

[22] Reenviamos al primer vídeo de la serie “Los vídeos del papa”. Asociado a las afirmaciones papales que acabamos de detallar, anotamos el destino de tal actitud. Más que llevar al reconocimiento de un Dios amándonos todos, los hombres ajenos verán un signo de lo absurdo de la mentalidad religiosa, incapaz de ver las contradicciones allá donde se encuentren en el nombre de un sentimentalismo patológico.

[23] .Lumen Fidei,n° 35.

[24]  L. F.,n° 15

[25] Sin embargo, es justamente la contemplación de la muerte de Jesús que la fe se refuerza y recibe una luz iluminadora, cuando ella se revela como fe en su amor inquebrantable por nosotros, amor que es capaz de entrar en la muerte por salvarnos. Es posible creer en este amor, que no se sustrae a la muerte para manifestar cuanto me ama; su totalidad lo lleva por encima de toda sospecha y nos permite confiarnos plenamente en Cristo. Ibid nº 16.

[26] Ibidem.,n° 17.

[27] Ibidem., n° 20.

[28] Ibidem.,n° 13.

[29] La mediación no se convierte aquí en un obstáculo, sino una abertura: en el reencuentro con los otros, la mirada se abre a una verdad más grande que nosotros mismos. LF nº 14

[30]  Ro,5, 10.

[31] Col,2, 15.

[32]  He,5, 5.

[33]  Lumen Fidei,n° 18

[34] .Ibidem.,n° 20.

[35]  Cf. SAINT THOMAS D’AQUIN, Somme Théologique, II II., q. 2. art.2.

[36]  36. Cf. L. F.,n° 45.

[37] No existe ninguna experiencia humana, ningún itinerario del hombre hacia Dios que no pueda ser acogido, iluminado y purificado por esta luz. Cuanto más se sumerge el cristiano en el círculo abierto por la luz de Cristo, más es capaz de comprender y acompañar el camino de todo hombre hacia Dios. L F nº 35

[38] .L. F.,n° 35.

[39] Nuestra nota nº 20

[40] Entrevista con el padre Spadaro, bajo el título: ¿La Iglesia es un hospital de campaña?.

[41] Ja, 2, 10-11 Es divertido notar queel caso expuesto por el papa es casi idéntico al de la Santa Escritura. Tenemos la respuesta que buscaba el papa, tan sólo es necesario invertir los términos.

[42] Mt,22, 35-40.

[43] “Las enseñanzas, tanto dogmáticas como morales, no son todas iguales. Una pastoral misionera no está obsesionada por la transmisión desarticulada de una multitud de doctrinas a imponer de forma insistente”. Entrevista con el padre Spadaro bajo el título “¿La Iglesia es un hospital de campaña?”. Pensamos que la ley moral natural y positiva no es un catálogo de preceptos desarticulados e independientes unos de otros. Pero cada mandamiento entra en la dinámica de la acción humana gratificada. Así pues, quien viola un mandamiento en una materia de importancia, dificulta la acción de la gracia divina e impide a la caridad reinar en su alma.

[44]  Cf. Mt,5, 19

[45]  Lumen Fidei,n° 46.

[46] Hacemos referencia aquí a una distinción bien conocida de la teología moral. El mandamiento negativo obliga Semper et pro Semper, el mandamiento afirmativo Semper sed non pro Semper. Cf. FRANÇOIS KNITTEL, Préceptes affirmatifs et préceptes négatifs chez Saint Thomas d’Aquin, Clovis, Étampes, 2012.

[47] , Se puede citar con los nº 13 y 14 de la misma encíclica donde el papa opone las actitudes individualistas como contrarias a la acción de la fe.

[48] Reenviamos para una rápida exposición de este problema a GEORGES BAVAUD, Lutero, comentarista de la Epístola a los Romanos. Pp 252-253, In. Revue de Théologie et de Philosophie, Genève, tome XX (1970, pp. 240 à 261).

[49] “Creo que por el precepto (del amor al prójimo) “como tú mismo”, no está prohibido que el hombre se ame a sí mismo, pero está demostrado el amor vicioso por el cual se ama de hecho, es decir, si tu estás totalmente volcado en ti, volcado en tu amor, no serás purificado hasta que no ceses totalmente de amarte a ti mismo olvidándote de amar a los demás”. MARTIN LUTHER, Commentaire de l’Épître aux Romains, XV, 2, trad. Georges Bavaud.

[50] “Delante del ídolo no se corre el peligro de recibir una llamada que te haga salir de tus propias seguridades, porque los ídolos tienen boca pero no hablan (Ps 115,5). Comprendemos entonces que el ídolo es un pretexto para colocarse uno mismo en el centro de la realidad, en la adoración a la obra de sus propias manos. Una vez perdida la orientación fundamental que da unidad a su existencia, el hombre se dispersa en la multiplicidad de sus deseos. LF nº 14.

[51] “Es la guerra la que está en el origen de todos los conflictos diarios. Heráclito, fragmento 53.