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TREMENDO: Carismático creía hablar en lenguas y estaba blasfemando

hablando en lenguas

¿Un signo del Espíritu Santo – o simplemente un éxtasis emocional?


Quizás no exista un mejor ejemplo de la emotividad en la cristiandad en general que el fenómeno de hablar en lenguas. En los servicios carismáticos, y con frecuencia durante la oración, protestantes y algunos católicos – comienzan a emitir ruidos y balbuceos aparentemente inteligibles en una especie de éxtasis conocido como “don en lenguas” o “lenguas”. ¿Es acaso este comportamiento extraño sólo otro ejemplo de la innovación protestante? ¿O hay una verdad católica enterrada en su corazón? 

La respuesta es una mezcla de ambos. Según la Escritura, existe un don de lenguas. Es una gracia extraordinaria dada para el beneficio de los demás (no para el que habla), para predicar el evangelio en otra lengua que el predicador no ha estudiado o aprendido. Se trata de una herramienta especialmente útil para la evangelización. 

En la Iglesia primitiva, el don de lenguas se usaba con frecuencia y permitía así que los judíos aprendieran la fe más rápido, logrando que la Iglesia creciera y extendiera a mayor velocidad.

En una sola generación se logró que la fe fuera transmitida desde las costas de Galilea a las mismísimas puertas de Roma y aún más allá. Tanto San Francisco Javier como el Padre Pio hablaban y entendían las lenguas extranjeras.

Por naturaleza, el verdadero don de lenguas no es un flujo emocional, sino más bien un carisma destinado a iluminar el intelecto. Sin embargo, la emotividad excesiva de muchos de los que se dicen tener el llamado “don de lenguas”, dan testimonio en contra de su autenticidad. Lo mismo pasa con lo inteligible, que también testifica en contra de la veracidad del don lenguas, ya que el propósito mismo del don de lenguas es el de traer claridad.

Por lo general las personas que se dejan llevar fácilmente por cualquier arrebato emocional de cualquier tipo ya sea exaltación, desenfreno, entusiasmo, pasión etc. Están en gran medida bajo la influencia demoníaca que por lo general hablan de forma ininteligible – e incluso pueden también hablar idiomas reales. Al hablar en lenguas extrañas, sobre todo cuando ninguno de los presentes puede entender lo que se dice, es por lo general un signo diabólico, y no un signo de gracia.

Es común que cuando alguien comienza a balbucear aparentemente sin sentido, lo que está haciendo en realidad es maldecir a Dios.

Dios no multiplica milagros sin una causa, y la validación emocional no es una de esas causas. El don de lenguas es una herramienta para llevar su Palabra a los rincones más lejanos de la tierra. Al final, la mayoría de las veces, el hablar en lenguas es justo lo que parece: un éxtasis emocional.

[Fuente: Church Militant. Traducción por Fabián González]