HEMOS VISTO

Una amistosa advertencia al Opus Dei

No quiero destacar al Opus Dei; lo que tengo que decir es aplicable a varias organizaciones católicas conservadoras. Pero el Opus Dei se singulariza a sí mismo.

El número 2 de la organización, el vicario general, Mons. Mariano Fazio, critica la corrección filial por “corregir a un padre en público”:

Cualquier fiel, obispo, cardenal o laico tiene el derecho de decirle al Papa lo que él cree conveniente para el bien de la Iglesia. Pero me parece que no tiene derecho a hacerlo públicamente y a escandalizar a toda la Iglesia con estas manifestaciones de desunión.

He respondido a eso en el artículo vinculado de LifeSite.

Mons. Fazio simplemente sigue, sin embargo, la línea del propio jefe del Opus Dei, Mons. Fernando Ocariz, que escribió un artículo para L’Osservatore Romano el 2 de diciembre de 2011, indicando el tipo de obediencia que se debe a los documentos del Concilio Vaticano II: observaciones que presumiblemente cubren cualquier documento oficial razonablemente de alto nivel de la Iglesia.

Una serie de innovaciones de naturaleza doctrinal se encuentran en los documentos del Concilio Vaticano II: sobre la naturaleza sacramental del episcopado, sobre la colegialidad episcopal, sobre la libertad religiosa, etc. Estas innovaciones en asuntos concernientes a la fe o la moral, no propuestas con un acto definitivo, aún requieren la obediencia religiosa de intelecto y voluntad, aunque algunos de ellos fueron y aún son objeto de controversia con respecto a su continuidad con la enseñanza magisterial anterior o su compatibilidad con la tradición. Frente a tales dificultades para comprender la continuidad de ciertas enseñanzas conciliares con la tradición, la actitud católica, habiendo tomado en cuenta la unidad del Magisterio, es buscar una interpretación unitiva en la cual los textos del Concilio Vaticano II y los precedentes documentos magisteriales se iluminan unos a otros. No solo debe interpretarse el Concilio Vaticano II a la luz de documentos magisteriales anteriores, sino que también algunos de estos documentos magisteriales anteriores pueden entenderse mejor a la luz del Concilio Vaticano II. Esto no es nada nuevo en la historia de la Iglesia. Debe recordarse, por ejemplo, que el significado de los conceptos importantes adoptados en el Primer Concilio de Nicea en la formulación de la fe trinitaria y cristológica (hypóstasis, ousía), fue aclarado ampliamente por concilios posteriores.

(Enlace a todo el artículo en el sitio web del Opus Dei).

Los problemas con este párrafo son muchos, y no quiero dar a su artículo una crítica detallada, así que para mantenerlo breve, invito al lector a responder por sí mismo a las siguientes dos preguntas:

1. Dado que los documentos del Concilio y otros documentos oficiales contienen tanto declaraciones del Magisterio Ordinario como otros tipos de proposiciones, tales como afirmaciones históricas y científicas (como las que no están inseparablemente relacionadas con la enseñanza), juicios prudenciales y especulaciones teológicas, ¿El católico fiel no necesita aplicar su mente primero para determinar qué era realmente magisterial en un documento antes de someterle al intelecto y la voluntad?

Cualquiera que piense que el contenido no magisterial de un documento oficial no puede contradecir el de otro simplemente necesita leer un poco.  Las bulas papales mutuamente contradictorias del debate sobre la propiedad Franciscana serían un lugar para comenzar.

2. Cuando se disputa el significado de las declaraciones putativamente magisteriales en el Concilio u otros documentos oficiales, y cuando tales disputas son en sí mismas legítimas, ¿cómo es posible someter su intelecto y voluntad? ¿Cómo puede uno someter su intelecto a una declaración cuyo significado no se puede determinar?

Lo que parece razonablemente claro es que los dos principales funcionarios del Opus Dei están invitando a los católicos a adoptar una actitud de sumisión intelectual preventiva hacia cualquier cosa que emane de Roma, sin hacer uso del derecho, que también puede ser un deber, de informar a nuestros prójimos Católicos de sus preocupaciones sobre tales emanaciones. Sí, dicen, puede haber ambigüedades y problemas, pero la obediencia del intelecto es lo primero, la aceptación es lo primero y los intentos de suavizar los problemas pueden seguir más adelante.

Me han dicho en comentarios en este blog, lo que ya sabía, que el Opus Dei tiene muchas buenas personas. Claro que las tiene. Estos son, de hecho, entre los católicos más fieles y de buen corazón que uno podría esperar encontrar. No es por falta de caridad hacia ellos que escribo como lo hago: todo lo contrario. Aunque sé que lo que escribo no tendrá ningún efecto en el liderazgo de la organización, quiero advertir a los que son miembros y a aquellos asociados con las muchas otras organizaciones que incluyen lo que llamamos católicos “conservadores”, de los peligros del camino que están tomando, cuando comienzan a pensar en la obediencia como la principal o incluso la única virtud, en lugar de la humildad, la justicia, el coraje, la caridad y la virtud de la fe misma.

El primer peligro, que se desprende obviamente de lo que acabo de decir, es una distorsión espiritual que surge de la incapacidad de reconocer y cultivar el conjunto completo de virtudes. Esto debería ser lo suficientemente obvio.

El segundo es que conduce al anti-intelectualismo. Tal vez esto no parezca un gran problema, pero destruirá el prestigio intelectual de sus comunidades y expulsará a aquellos miembros con inclinaciones intelectuales. Las personas con una formación intelectual que son honestas no podrán mantenerse: los volvería locos.

El tercer problema se deriva del hecho de que cuando el viento cambia de dirección, la política interna seguirá también. Esta no es una especulación poco caritativa de mi parte, es exactamente lo que dice Mons. Ocariz. Un nuevo Papa, una nueva política y un nuevo documento, y todos los “fieles católicos” que sigan sus consejos leerán la “innovación” en documentos anteriores, sometiendo su intelecto y se atarán a sí mismos para decir que lo que habían dicho que era negro era en realidad, ahora después de observarlo, blanco. Usted puede pensar que tendremos que esperar a que un nuevo Papa vea que esto sucede, pero no, podemos ver que está pasando con el Papa actual.

Es un hecho, y no particularmente inquietante en sí mismo, que la política papal cambia. Una vez más, cualquiera que dude de esto solo necesita leer, pero un buen ejemplo es la enloquecedora sucesión de reversiones de política que los Papas hicieron hacia los “ritos chinos”. Ahora bien, es posible que tales cambios de política requieran obediencia sobre la base de la autoridad disciplinaria del Papa, pero cualquier persona que viva un período como ese que trate de justificar cada política como correcta, como en continuidad con las reglas anteriores y basada sobre principios magisteriales fundamentales, porque él no quiere admitir que los documentos oficiales nunca deberían estar en desacuerdo, tiene un problema.

Él tiene, de hecho, el problema que tenía el Partido Comunista británico en y justo antes de la Segunda Guerra Mundial. Primero, la línea del partido era que los nazis eran malvados, ya que perseguían a los comunistas en Alemania. Entonces, la Línea del Partido debía ser neutral en la guerra contra Alemania, ya que la Unión Soviética era aliada de los nazis. Y luego, la Línea del Partido debía apoyar la guerra con Alemania, ya que la Unión Soviética estaba en guerra con ellos. Cada uno tuvo que ser pasado como eternamente verdadero por razones ideológicas fundamentales.

Aunque en Francia e Italia los comunistas lograron recuperar cierto respeto por sí mismos por su resistencia a la ocupación, en Gran Bretaña el cambio de actitud causó un daño irreparable a la credibilidad del partido. Lo mismo le va a suceder a cualquier organización que afirme basarse en principios objetivos que hace repetidos cambios, para usar la frase del Cardenal Pell. Para decirlo sin rodeos, esto destruirá su comunidad.

¿Estoy aplicando esto al Opus Dei? Déjenme corregir esa impresión. Realmente, lo que he estado diciendo se aplica a la Iglesia Católica en general durante el último medio siglo. Todos lo hemos visto: personas de buen corazón y leales que se tuercen en pretzels para hacer que todo parezca correcto, pero otros intelectuales católicos abandonan el juego porque parece incompatible con el respeto intelectual  por sí mismos. Y, sin embargo, otros, al observar todo esto, concluyen que la Iglesia en realidad ya no representa nada.

Esa es una lección de la que debemos aprender. Si no lo hacemos, lo repetiremos hasta que lo hagamos.

Actualización: mi atención se ha centrado en esto: vea el párrafo que comienza ‘Podría escribir un gran volumen’.

Joseph Shaw

(Traducción: Rocío Salas. Artículo original)