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Una Respuesta al Cardenal Sarah sobre la ‘reconciliación litúrgica’

Pareciera que los prelados más amigos de la tradición en realidad desean que la misa tradicional desaparezca. Por eso, el Cardenal Burke dijo en 2011:

Creo que lo que él [papa Benedicto] tiene en mente es que el mutuo enriquecimiento produzca naturalmente una nueva forma de Rito Romano – la ‘reforma de la reforma,’ podríamos decir – cosa que yo aceptaría y espero ver surgir.

Ahora, el cardenal Sarah, ha dicho lo mismo.

Es prioritario que, con la ayuda del Espíritu Santo, examinemos por medio de  la oración y el estudio, cómo llegar a un rito reformado común, siempre con el objetivo de reconciliación dentro de la Iglesia.

Las sugerencias concretas del cardenal Sarah apuntan a un estado intermedio en el que las dos ‘formas’ de alguna manera convergen. Ya he tratado estas sugerencias aquí en un artículo en el blog del Catholic Herald. Notablemente, el leccionario del Novus Ordo no puede insertarse en el misal del Vetus Ordo porque refleja una visión litúrgica completamente distinta a la de la misa tradicional: y es la razón por la que todos los demás cambios se realizaron al mismo tiempo. Buscar un acuerdo entre las dos visiones sobre el propósito de la liturgia y cómo ésta debiera actuar, no producirá una síntesis perfecta sino un embrollo.

En este blog desarrollé un extenso argumento sobre el leccionario, ver aquí, y sobre cómo la ‘Reforma de la Reforma’ no logra alcanzar ninguna de las dos visiones, aquí.

Dejando abierta la pregunta de cómo evolucionó el pensamiento del cardenal Burke desde 2011, ¿por qué querrían él o el cardenal Sarah deshacerse de la misa de todos los tiempos?

Una respuesta parece ser que la existencia de dos formas de Rito Romano, sin considerar los méritos o deméritos de las formas en sí, es un problema. Supongo que esta idea está relacionada con ciertas ansias conservadoras de centralización y uniformidad, pero dudo que alguno de estos cardenales quiera aplicarla al Rito Oriental, incluso en occidente, y sospecho que realmente no querrán impedir a los dominicos, los norbertinos, los cartujos – o los antiguos anglicanos – celebrar sus propios ritos y costumbres. Por lo tanto, aunque la ‘desunión’ suponga una fuerza superficial, no creo que esta sea realmente la que dirige su pensamiento sobre este asunto. Ellos en realidad no quieren contradecir la alabanza que el Vaticano II hace de la diversidad litúrgica. (He escrito sobre el pluralismo litúrgico aquí.)

Creo que la explicación más potente es que están disconformes con la Forma Ordinaria. El cardenal Sarah en particular, ha tomado algunos puntos planteados por el cardenal Ratzinger en El Espíritu de la Liturgia, especialmente cómo la celebración ‘de cara al pueblo’ fue un error, y cómo la misa reformada debiera contener más momentos de silencio. Este es un argumento sobre la ‘Reforma de la Reforma’, y es un argumento que no tiene conexión directa con la Forma Extraordinaria. Pero Sarah y otros parecieran pensar que la existencia de la Forma Extraordinaria crea una razón adicional para llevar a cabo la Reforma de la Reforma. Parecen estar diciendo: ‘¡Miren! Aquí hay un montón de católicos que se niegan a participar en el Novus Ordo porque falta silencio y el sacerdote está usualmente de cara al pueblo. Tomemos estos cambios y volvamos a atraer a estas personas.’

En otras palabras, su simpatía por algunos de los argumentos en favor de los méritos de la misa tradicional, utilizados por sus seguidores, ha dado al cardenal Sarah la idea de hacer un uso puramente táctico del movimiento para apalancar su posición sobre el desarrollo futuro de la Forma Ordinaria.

Quizás las cosas fueran diferentes si pareciera que la Forma Extraordinaria estuviera a punto de apoderarse de toda la Iglesia, pero si eso fuese a suceder, parece que llevará al menos un siglo.

No puedo decir que estoy muy preocupado por estas propuestas. Reactivan discusiones en materia litúrgica, algo positivo, pero la oposición de los progresistas y – seamos honestos – los sacerdotes comunes del Novus Ordo y los fieles a la Reforma de la Reforma hace que la implementación del programa del cardenal Sarah por decreto desde Roma resulte impensable, incluso si mañana él fuese a convertirse en Papa.

Al mismo tiempo, debiera estimular que los defensores de las antiguas tradiciones litúrgicas de la Iglesia expliquen con más ímpetu la razón del leccionario antiguo, y toda otra característica de la misa que aman que encuentren bajo amenaza.

Joseph Shaw

(Artículo original. Traducido por Marilina Manteiga)

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