ADELANTE LA FE

Visión de Dios en el Cielo. Sagrada Escritura. Santos Padres. Magisterio

 

La felicidad perfecta del hombre, su destino verdadero, es ver al mismo Dios cara a cara, ser igual a los ángeles que ven siempre la cara de Dios en el Cielo, aequales angelis suntson semejantes a los ángeles– (Lc. 20, 36); los ángeles ven de continuo en el Cielos la faz de mi Padre que está en los CielosAngeli semper viden faciem Patris mei, qui in coelis est– (Mt. 18, 10). Conoceremos a Dios como Él nos conoce, entonces veremos cara a cara Tunc autem cognoscam sicut et cognitus sum- (1 Co. 13, 12). Llegaremos a unirnos tan estrechamente a Él que seremos semejantes y nos identificaremos en alguna manera con Él, viéndole como es: Similes ei erimus quoniam videbimus eum sicut estSeremos semejantes a Él, porque le veremos tal cual es– (1 Jn. 3, 2).

Tal es la doctrina de la Iglesia, tales las palabras de los Apóstoles, y del mismo Salvador; lo que atestigua la Tradición y las enseñanzas de los Pontífices.

Pasajes de la Sagrada Escritura: 

Muéstrame tu gloria. Respondió (el Señor): yo te mostraré a ti todo el bien (Ex. 33, 19).

Me colmarás de gozo con la vista de tu divino gozo (Sal. 15, 11).

Quedaré plenamente saciado cuando se me manifestará tu gloria (Sal. 16, 15).

Quedarán embriagados con la abundancia de tu casa, y les harás beber en el torrente de tus delicias: porque en ti está la fuente del vivir, y en tu luz veremos la luz (sal. 35, 9-10).

Brillarán los justos como el sol, y como centellas que discurren por un cañaveral; juzgarán a las naciones y señorearán a los pueblos; y el Señor reinará en ellos eternamente (Sab. 3, 7).

Los justos vivirán eternamente, y su galardón está en el Señor. Por tanto recibirán de la mano del Señor el reino de la gloria, y una brillante diadema (Sab.5, 16-17).

Al mismo tiempo los justos resplandecerán como el sol en el reino de su Padre (Mt. 13, 43).

Al presente no vemos a Dios sino como en un espejo y bajo imágenes oscuras, pero entonces le veremos cara a cara (1 Co. 13, 12).

Ni ojo alguno vio, ni oído oyó, ni  el hombre ha podido pensar las cosas que tiene Dios preparadas para aquellos que le aman (1 Co. 2, 9).

Sabemos que cuando se manifieste claramente Jesucristo, seremos semejantes a Él en la gloria, porque le veremos tal cual es (1 Jn. 3, 2).

Sé que mi Redentor vive; en el último día me levantará del seno de la tierra… y en  mi carne veré a mi Dios (Job. 19, 25-26).

Estoy viendo los Cielos abiertos, y al Hijo del hombre en pie a la diestra de Dios (Hech. 7, 55). 

Sentencias de los Santos Padres: 

San Ireneo: Ver la luz es estar en la luz y sentirse penetrado enteramente de su claridad; así los que ven a Dios están dentro del mismo Dios y penetrados enteramente de sus claridades infinitas: este resplandor divino es la misma vida divina que se goza viendo a Dios (Diccionario de Teología. Abate Berger. Voz: Sobrenatural).

San Agustín, en su carta 148, nº 7, cita las mismas palabras de San Jerónimo y se las apropia como las de un amigo en estos términos: El hombre no puede ver ahora al mismo Dios. Los ángeles más pequeños en la Iglesia ven siempre la cara de Dios, ahora lo vemos en imagen y en enigma; pero entonces lo veremos cara a cara, cuando del hombre que somos lleguemos a ser ángeles. (Idem).

San Juan Crisóstomo: ¿Qué sucederá cuando se presente la verdad misma de las cosas, cuando en medio de su palacio abierto se permita ver al mismo rey, no ya en la sombra y en el enigma, sino cara a cara; no ya por la fe, sino por la visión y la misma realidad? (Idem).

San Ambrosio: ¿Qué  puede haber mejor  que este bien, dónde mayor dicha que la de vivir eternamente para Dios y vivir la vida de Dios? (Diccionario Apostólico. Baldú. Voz: Cielo).

San Agustín: El mismo Dios es allí el último término de nuestros deseos; pues le veremos eternamente, le amaremos sin fastidio, y la alabaremos sin cansarnos (Idem).

San Anselmo: Se gozarán los justos con todo el corazón, hasta tal punto que el corazón no podrá abarcar toda la plenitud del corazón (Idem).

San Bernardo: En el Cielo veremos el brillo de la gloria, el esplendor de los santos, la majestad de un poder verdaderamente real; conoceremos el poder del Padre, la sabiduría del Hijo, la bondad infinita del Espíritu Santo. ¡Oh bienaventurada visión que consiste en ver a Dios en sí mismo, en verle en nosotros, y en vernos en Él, con una feliz alegría, con una inexplicable felicidad (Cornelio a Lápide. Obras. Tomo I. Voz: Cielo).

San Juan Crisóstomo: El último de los elegidos posee en el Cielo un esplendor y una gloria mayores que las que Jesucristo ha manifestado en su transfiguración, porque moderó ambas cosa para adecuarlas a la vista de sus tres Apóstoles. Por otra parte los ojos del cuerpo no pueden sufrir un brillo que los ojos del alma sufren perfectamente. Luego los apóstoles no más que la gloria exterior; y en el Cielo veremos a la vez la gloria exterior e interior de Dios y de cada unió de los elegidos (Idem).

San Agustín: En el Cielo todos los elegidos son dioses (Idem).

Magisterio de la Iglesia: 

Benedicto XII (1334-1342). Constitución Benedictus Deus: Las almas de todos los santos que salieron de este mundo… ven la divina esencia con visión intuitiva y también cara a cara, sin mediación de criatura alguna que tenga razón de objeto visto, sino por mostrárseles la divina esencia de modo inmediato y desnudo (Denz. 530).

Clemente VI (1342-1352).  Carta Super quibusdam a Consolador, Católicon de los armenios: (Del Purgatorio) Si crees              que son atormentadas con fuego temporalmente y, que apenas están purgadas, aun antes del día del juicio, llegan a la verdadera y eterna beatitud que consiste en la visión de Dios cara a cara y en su amor (Denz. 570t).

Eugenio IV (1431-1447) Concilio de Florencia. Decreto para los griegos: Las almas de aquellos que después de recibir el bautismo, no incurrieron absolutamente en mancha alguna de pecado, y también aquellas que, después de contraer mancha de pecado, la han purgado… son inmediatamente recibidas en el cielo y ven claramente a Dios mismo, trino  y uno, tal cual es, unos sin embargo con más perfección que otros, conforme a la diversidad de merecimientos (Denz. 693).

Pio IX (1846-1878). Del racionalismo e indiferentismo: A la verdad, cuando libres de estos lazos corpóreos, veamos a Dios tal como es (1 Jn. 3, 2), entenderemos ciertamente con cuán estrecho y bello nexo están unidas la misericordia y las justicias divinas (Denz. 1647).

León XIII (1878-1903). Errores de Antonio de Rosmini –Serbati: Como Dios no puede, ni siquiera por medio de la luz de la gloria, comunicarse totalmente a seres finitos, no puede revelar ni comunicar su esencia a los comprensores, sino de modo acomodado a inteligencias finitas: esto es, Dios se manifiesta a ellas en cuanto tiene relación con ellas, como  creador, provisor, redentor y santificador.

Este destino del hombre, esta visión de Dios reservada al justo es sobrenatural, pues la da Dios y no la debe. La naturaleza no puede alcanzarla con sus propias fuerzas, necesita los auxilios sobrenaturales, necesita la gracia. Dios ofrece y promete a todos: la vida eterna, gracia de Dios, dice San Pablo (Rom. 6, 232): El don de Dios es la vida eterna. El paciente Job exclamaba en la adversidad. Sé que mi Redentor vive; en el último día me levantará del seno de la tierra… y en mi carne veré a mi Dios.

En el Cielo, dice San Gregorio, está la luz que no se apaga, la alegría que no interrumpen los gemidos, el deseo que no cansa, el amor sin tristeza, la saciedad sin disgusto, la vida que no se acaba con la muerte, la salud que jamás se altera por enfermedades. Una caridad perfecta reina allí; una misma alegría y un mismo regocijo existen para todos… (Cornelio a Lápide).

En el Cielo, dice San Bernardo, la recompensa consiste en ver a Dios, vivir con Dios, estar cerca de Dios y está  en Dios, que será todo de todos. Y en donde se halla Dios, el bien supremo, allí se halla la felicidad suprema, el supremo placer, la verdadera libertad, la caridad perfecta, la eterna seguridad y la eternidad que no engaña; allí está la verdadera alegría, la ciencia perfecta, la hermosura y la bienaventuranza infinitas. Allí se encuentra la paz, la piedad, la bondad, la luz, la virtud, la honradez, la alegría, la dulzura, la vida que siempre dura, la gloria, la alabanza, el reposo, el amor y la admirable concordia (Cornelio a Lápide).

Los elegidos dice le Apocalipsis (8, 46-47), están delante del trono de Dios, y le sirven día y noche en su templo, y el mismo que está sentado en el trono, habitará en medio de ellos. No tendrán ya hambre ni sed, ya no les incomodará más el calor del sol ni el bochorno, porque el Cordero, que está en medio del trono, será su pastor y les llevará a fuentes de aguas vivas, y Dios enjugará todas las lágrimas de  sus ojos.

Ave María Purísima. 

Padre Juan Manuel Rodríguez de la Rosa

Padre J.M Rodríguez de la Rosa

Padre Juan Manuel Rodríguez de la Rosa. Nació en Palamós (Gerona) en 1956, y se ordenó sacerdote en 12 de octubre del 2007 en la catedral de Getafe. Es licenciado en Estudios Eclesiásticos y en Derecho Canónico. Preside una Asociación privada de fieles de vida de oración contemplativa. En la actualidad es capellán de una residencia de ancianos de Madrid. Es autor del vídeo "Mysterium Fidei" sobre la Misa tradicional.