ADELANTE LA FE

¡Viva España!

Queridos hermanos, quien no sienta en su corazón el fuego de la fe católica, es incapaz de comprender las grandezas de nuestra Patria. Se necesita más sentimiento que ciencia para entenderlo, pues las inmortales empresas de nuestros antepasados son de tal grandeza y sublimidad, que no pueden dejar indiferente el alma de todo bien nacido en nuestro suelo patrio. ¡Qué dicha haber nacido en este viejo solar español que ha sustentado tanta gloria! Desde el inicio de la fe cristiana nos hemos constituidos en portaestandarte de ella, y fundimos nuestro carácter nacional con el fuego de la sagrada Doctrina inmaculada, y a su triunfo y expansión consagró España sus energías y su indomable esfuerzo. ¡Qué gran contraste entre las glorias  de España y la realidad actual!

La sangre de San Hermenegildo dio abundantes frutos. Murió en el año 585 por instigación de su padre el rey godo, y arriano, Leovigildo. El papa San Gregorio Magno (590-604) dice que fue muerto en Sevilla, después de haber rehusado la Comunión arriana que le ofrecía un Obispo hereje. Hermenegildo fue canonizado por el papa Sixto V, en tiempos de Felipe II.

La sangre del San Hermenegildo no dejó indiferente a su hermano Recaredo, y dio su fruto: la unidad religiosa y política de España. El rey Recaredo se convirtió al catolicismo. En el Concilio de Toledo celebrado en el año 584, el rey abjuró de sus errores arrianos, después de dar gracias a Dios por tan inapreciable beneficio. He aquí la declaración del rey:

Yo el rey Recaredo reteniendo en mi corazón y confirmando con la boca esta santa Fe y verdadera confesión, la cual por todo el mundo confiesa la única Iglesia Católica, ayudándome y defendiéndome mi Dios, la firmé con mi mano derecha.

También su esposa, la reina Bada, abjuró de sus errores arrianos.

Terminadas las declaraciones de los reyes, el clero y el pueblo, profundamente entusiasmados y enternecidos, comenzaron a cantar:

Gloria al Padre, gloria al Hijo, gloria al Espíritu Santo: gloria a Nuestro Señor Jesucristo, que redujo a la unidad de la Fe a nuestra ilustre nación, y nos reunió en un rebaño y con un pastor. ¿A quién, sino al ilustre rey Recaredo dará el Señor recompensa eterna? ¿Para quién la gloria presente y venidera, sino para Recaredo, amador de Dios? El es el conquistador de estos nuevos pueblos que ingresan en la Iglesia. Para él sea el mérito apostólico, pues que hizo el oficio de pastor: sea siempre amado de Dios y de los hombres, pues que tan maravillosamente glorificó a Dios en la tierra; y así sea por Nuestro Señor Jesucristo, que con Dios Padre vive y reina en unidad con el Espíritu Santo por los siglos de los siglos. Amén.

La historia continua, vendrá la invasión musulmana y la gloriosa Reconquista; y siempre el sentimiento religioso, el alma de nuestras glorias. La Reconquista se debe al sentimiento religioso. Quien alentó, purificó, dio forma y dirección conveniente y adecuada a este sentimiento fue la misma Iglesia. Se luchaba por Dios en particular; se invocaba a Dios en el combate, era el primer grito de tal lucha única en la historia de la humanidad; y a Dios dieron las gracias los últimos campeones que esgrimieron su espada contra los invasores.

Y vino el descubrimiento.  ¡Tierra! Gritó Rodrigo de Triana. El 12 de octubre de 1492 Cristóbal Colón  plantó el estandarte de Castilla en la Isla de San Salvador, primera descubierta, iluminando la cruz del Salvador a aquellas nuevas tierras. Tendrá lugar una epopeya jamás igualada en la historia del mundo. España llevará la fe de Jesucristo a las nuevas tierras descubiertas.

España seguirá defendiendo la fe. La victoria de la  batalla de Lepanto supuso el freno a la invasión turca. Y seguirá luchando contra la impía  herejía protestante, los tercios de Flandes son testigos. El protestantismo, padre de todos los errores modernos, siempre encontró en la católica España su mayor enemigo, jamás perdió ocasión el protestantismo para denigrar a España.

Y vendrá el comunismo, y España sufrirá su zarpazo y la sangre de los gloriosos mártires fructificó en nuestra Patria venciendo a esta ideología infernal, restableciendo la unidad de la Patria en la unidad de la fe.

Queridos hermanos, el amor a la patria es una virtud, que corresponde a la virtud de la piedad, derivada de la virtud de la justicia; se define como: un hábito sobrenatural que nos inclina retribuir a los padres, a la patria y a todos los que se relacionan con ellos el honor y el servicio debidos. La patria es objeto de virtud porque ella es, en cierto sentido, principio de nuestro ser, educación y gobierno, en cuanto proporciona a los padres –y por medio de ello a nosotros- multitud de cosas necesarias o convenientes para ello. En ellas están comprendidos todos los patriotas y amigos de nuestra patria. El patriotismo bien entendido en una verdadera virtud cristiana.

Al terminar de jurar nuestra gloriosa bandera, el capellán castrense nos recordó a  todos los presentes, entre otras cosas, que Dios nos demandaría el juramento que acabábamos de hacer si no lo cumpliéramos. Al final, tras un intenso y emotivo silencio, el mando gritó con voz atronadora: ¡Viva España! Y de repente, a una sola voz, aquellos pechos juveniles respondieron, si cabe con mayor fuerza: ¡Viva! Con aquel ¡Viva!, iba nuestra vida, que la hubiéramos entregado sin pestañear en defensa de la integridad de la Patria.

Y aquel ¡Viva! sigue presente e inalterable en mi corazón de sacerdote y español. El Señor no me demandará mi juramento.

Ave María Purísima.

Padre Juan Manuel Rodríguez de la Rosa

Padre J.M Rodríguez de la Rosa

Padre Juan Manuel Rodríguez de la Rosa. Nació en Palamós (Gerona) en 1956, y se ordenó sacerdote en 12 de octubre del 2007 en la catedral de Getafe. Es licenciado en Estudios Eclesiásticos y en Derecho Canónico. Preside una Asociación privada de fieles de vida de oración contemplativa. En la actualidad es capellán de una residencia de ancianos de Madrid. Es autor del vídeo "Mysterium Fidei" sobre la Misa tradicional.