El año pasado escribí un artículo titulado “4 Consejos para las Jóvenes”. Hoy toca dirigirme a los varones. Antes que nada debo aclarar varias cosas: no soy ningún gurú del bienestar, no tengo una fórmula mágica para la felicidad, ni trato de ponerme como un ejemplo. Simplemente escribo esto como un hombre que ha llegado a una edad en la que ni siquiera puede decir aquello que cantaba Joan Manuel Serrat: “hace veinte años que tenía veinte años”. Solamente por mi experiencia (un eufemismo para las bofetadas que te da la vida), creo que algo sé de esto. Como decía un profesor mío del instituto, ¿de qué sirve envejecer, si de vez en cuando no puedes dar consejos a los jóvenes? Ya que no soy ninguna autoridad en la materia, que cada uno se sienta libre de rebatir u opinar sobre mis argumentos.

Jóvenes en la Academia Militar de Sandhurst

Existe la perniciosa idea hoy en día de que la fase vital llamada juventud es para darse gusto, que hay que aprovechar los años mozos para pasárselo bien, sin preocuparse de nada. Dicen los que piensan así que la vida adulta ya trae luego bastantes problemas, y que si de joven no haces todo lo que te apetece, sea viajar por el mundo de mochilero, apuntarse a todas las fiestas, probarlo todo sin atarse a nada, luego de mayor te arrepentirás. La filosofía que yace bajo esta mentalidad es el HEDONISMO, la búsqueda incesante del placer. Si eres un joven varón, y te llamas católico, no puedes seguir este camino, porque todos sabemos a donde conduce el camino ancho. La juventud es la preparación para la vida adulta, llena de luchas y responsabilidades. ¿Cómo puedes pensar que huyendo de todas las responsabilidades te entrenarás adecuadamente para después afrontarlas? ¡Es como si un gimnasta, en vez de entrenar duro antes de una competición, se pasara los días sentado en el sofá comiendo hamburguesas! Los hedonistas han encontrado la solución a este problema: han prolongado la “juventud” indefinidamente. Es por esta razón que un varón de veinticinco años hoy en día es considerado un “chico”, mientras hace unas décadas sería un hombre hecho y derecho. 

Si la juventud te prepara para la vida adulta, es un asunto muy serio. Yo incluso diría que la juventud es la época de la vida más determinante. Es justo cuando dejas de ser adolescente y emerges de la protección de tus padres y empieza a valerte por ti mismo, a buscar tu propio sitio en el mundo. Es en la juventud, que yo considero aproximadamente entre los 16 y los 26 años, que decides la dirección que tu vida va a tomar. Ya no deciden por ti tus padres. Si tomas malas decisiones, si frecuentas malas compañías, las consecuencias pueden ser desastrosas. Pensemos en la vida como un paseo por la montaña. Si hacia el final del paseo te equivocas de camino, no pasa nada. Retrocedes un poco y enseguida llegas a donde tenías que estar. Sin embargo, si te equivocas al principio, vas a caminar durante mucho tiempo en la dirección opuesta, subir otra montaña diferente, y luego cuando te das cuenta puede ser muy costoso corregir el error. Incluso puede ser que tengas que volver hasta el punto de partida y habrás malgastado todo tu tiempo y todas tus fuerzas. Recuerdo a un señor de mi edad que conocí en un foro católico. Gracias a Dios vivió una conversión a los 40 años, pero se lamentaba de su mala vida de joven; por tomar el camino equivocado de joven, el camino del hedonismo, me dijo que ya se había resignado a no tener una familia. Sus palabras me impactaron. Escribió: “¡Si en vez de dedicarme a irme de fiesta y acostarme con todas las chicas que se dejaban, hubiera buscado a UNA buena chica con quien casarme, ahora no estaría solo!” Será verdad lo que dicen: en el pecado lleva la penitencia.

He decidido estructurar este artículo sobre el primer y más importante de los Mandamientos, tal y como leemos en los Evangelios. Nuestro Señor habla de cuatro aspectos del ser humano: el corazón, el alma, la mente y las fuerzas, que yo he reinterpretado como el cuerpo. He pensado que si los jóvenes varones cuidan estas cuatro facetas de su vida estarán sentando una buena base para su futuro.

Jesús le contestó: “El primer mandamiento es: Escucha Israel: el Señor nuestro Dios es un único Señor. Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente y con todas tus fuerzas.” (Marcos 12:29-30)

Cuida tu alma 

De poco servirá todo lo que hagas, si no centras tu vida en Dios. En la lista de jerarquías, Él debe tener el puesto número 1, sin debate, sin excepciones. Esto quiere decir que debes planificar cada día alrededor de tus obligaciones para con Él. Cada día, tu primer pensamiento y tus primeras palabras deben ser para Dios; a lo largo del día debes traer a tu memoria lo que hizo Nuestro Señor por ti mediante oraciones cortas como el Angelus y pequeñas jaculatorias; reza TODOS LOS DÍAS el Santo Rosario; y al final del día, antes de acostarte, examina tu conciencia y encomiéndate a Dios. Si tienes la dicha de poder asistir diariamente a la Santa Misa tradicional, hazlo. Si no, tus fines de semana deben organizarse alrededor de la asistencia a la Misa dominical, no al revés. Este es el primer paso que debes dar para poder cumplir el Mandamiento más importante.

La etapa universitaria es muy peligrosa, sobre todo para chicos que salen de su casa para estudiar en otra ciudad. Ya no están allí tus padres para obligarte a hacer tus oraciones; ya no hay nadie para decirte que te vistas para ir a Misa. Tienes, por primera vez en tu vida, libertad para dejarte llevar por la pendiente del camino ancho. Empiezas por faltar una sola vez a Misa el domingo, pero en el primer año de carrera puedes alejarte completamente de la Iglesia. Muchos dicen: “eso es normal, la juventud es rebelde por naturaleza, luego vuelven.” Hay muchos estudios sobre el tema y las estadísticas dicen lo contrario. Es verdad que algunos, de mayor, vuelven a retomar la práctica de la religión, pero la mayoría de las personas que se alejan de la Iglesia en su etapa universitaria no vuelven. Joven, en la universidad te encontrarás con todo tipo de clubes y asociaciones cuyos fines son opuestos a lo que tus padres te han inculcado; el ambiente te empujará a integrarte, a volverte “menos rígido” (como diría Francisco), a adaptarte a los tiempos modernos. La tentación de callarte ideas que serán mal recibidas, de conformarte a la mentalidad progre dominante en el 99% de los campus universitarios, será muy fuerte. Para superar estas pruebas tendrás que haber sido curtidos en batallas anteriores. Si sales de un ambiente muy protegido, y de pronto te encuentras solo ante los mil peligros de la vida universitaria, lo más normal es que sucumbirás. Igual que los soldados se entrenan antes de ir a la guerra, debes prepararte para lo que te vas a encontrar. Padres, sería muy útil que advirtieseis a vuestros hijos sobre los engaños y tentaciones a las que estarán expuestos, y darles armas para combatirlos. Tenéis que equiparlos y prepararlos mientras están con vosotros, porque luego será tarde.

Estos consejos valen igual para los dos sexos, pero los añado porque no hice mención de ellos en mi primer artículo. Lo que viene ahora es específico para el varón. Hay un enemigo al acecho del joven varón, que cada día es más poderoso: la pornografía. En mis tiempos la pornografía era bastante menos accesible. De joven, cuando era ateo, jamás se me hubiera ocurrido entrar a una tienda y comprar una revista guarra, primero porque me hubiera dado muchísima vergüenza (¡bendita vergüenza!) y luego porque disponía de poco dinero, que prefería gastar en otras cosas. Ahora los jóvenes no sólo pueden acceder a páginas pornográficas en internet desde su misma habitación; también lo pueden hacer de manera gratuita. ¡Es una auténtica epidemia! Los estudios científicos han confirmado que el consumo de pornografía, especialmente durante los años de adolescencia y juventud, tiene estos tres efectos:

  1. Aumenta el riesgo de padecer trastornos de tipo sexual. Los siquiatras aseguran que hay poquísimos casos de criminales sexuales que no son consumidores compulsivos de pornografía. El consumidor de pornografía tiende a buscar material que muestra comportamientos sexuales cada vez más anormales y violentos. Esto erosiona gradualmente su repulsión natural hacia actos pervertidos.
  2. Crea adicción, por la secreción de la hormona dopamina, que controla el apetito sexual. El conocido experimento de Olds & Milner demostró hasta qué punto la dopamina altera el comportamiento. En el laboratorio los científicos conectaron un grupo de ratas a un administrador de dopamina, que les daba un chute directamente al cerebro cada vez que los animales accionaban una palanca. Las ratas tuvieron que ser desconectadas antes de morir por inanición, porque se volvieron tan adictas a la estimulación con dopamina que dejaron de comer. Las madres abandonaron a sus crías y los machos ignoraron a hembras en celo. En los seres humanos los efectos no son tan diferentes. Cuanta más estimulación por dopamina reciba el cerebro mediante la pornografía, más difícil es romper la adicción.
  3. Insensibiliza emocionalmente a los varones. Los hombres ya tenemos facilidad para desconectar el sexo del amor. La pornografía refuerza esto, hasta el punto de convertir a las mujeres en meros trozos de carne, creados para el disfrute del hombre. Un consumidor de pornografía es incapaz de ver la dignidad de una mujer, de percibir la verdadera belleza femenina. Todas sus relaciones serán teñidas por esta barrera emocional e espiritual, en el noviazgo o el matrimonio. En última instancia, la pornografía le incapacitará para tener una relación sana con el otro sexo.
La Virgen María y San José, modelos de castidad

Para no caer en tentación a menudo es necesario evitar las ocasiones de pecado. El joven varón que tenga un teléfono móvil en su bolsillo está a un clic de ver pornografía, por lo que recomiendo una de dos cosas: o renunciar a tener móvil, al menos uno de los llamados smartphones; o instalar un programa de protección contra páginas pornográficas. El mejor en el mercado hoy en día se llama Covenant Eyes, que recomiendo sin reservas. Sí, cuesta dinero, pero si mi hijo me pide dinero para una cosa así, jamás se lo negaría. Si esto parece radical, recuerda lo que dice Nuestro Señor:

Si tu ojo te hace pecar, sácatelo y tíralo. Es preferible entrar tuerto en la vida eterna que ser arrojado al fuego del infierno con los dos ojos. (Mateo 18:9) Hoy en día, para un joven varón, creo que la pornografía puede ser el mayor enemigo del alma, porque no sólo perjudicará su relación con las mujeres, sino que le ensucia el alma. Sin la virtud de la pureza no hay vida espiritual posible. Dice Nuestro Señor: Bienaventurados los puros de corazón, porque verán a Dios. (Mateo 5:8) Creo que también es verdad que los que tienen el corazón sucio NO verán a Dios.

Cuida tu corazón

Hablando con una compañera el otro día, me comentó que su hijo de dieciocho años está deprimido. Dice que las chicas no le hacen caso y que no sabe qué hacer con su vida. Esto es lo que yo le diría, si le tuviera enfrente. Si eres un joven varón, al revés que para las chicas, tienes el tiempo a tu lado. ¿Esto qué quiere decir? Primero, significa que no debes angustiarte porque las chicas no se sientan atraídas por ti. Es normal, aún no tienes nada que ofrecerles. Más vale que de momento te olvides de las mujeres y te centres en tu formación académica y profesional, para poder ser un hombre capaz de ganarse un sueldo digno. De esta manera, cuando encuentres a la chica adecuada, le podrás ofrecer lo que en el fondo todas quieren: estabilidad y seguridad, para poder formar una familia. Si te rindes y pierdes el tiempo, si eres perezoso y te dedicas a vivir de fiesta en fiesta a costa de tus padres, mientras aún seas joven y guapito podrás pasártelo bien con algunas chicas de moral laxa, pero luego las mujeres no querrán saber nada de ti. No hay nada que ahuyenta a las mujeres más que un hombre parásito, incapaz de valerse por sí mismo. Por lo contrario, te garantizo que si trabajas duro durante tu juventud, si persigues con disciplina e inteligencia tus metas, cuando te acerques a los treinta años no tendrás ninguna dificultad en encontrar a una buena mujer que quiera casarse contigo. Da igual que seas más o menos guapo. El aspecto físico, aunque es importante, es secundario para una mujer. El valor sexual de mercado de un hombre tiende a AUMENTAR con el tiempo, sobre todo si ha hecho lo que tiene que hacer; mientras el de una mujer disminuye, a causa de su relativamente corta vida fértil. No te deprimas si con dieciocho años las chicas ni siquiera te miran. A esa edad ellas están en la cumbre de su fertilidad, mientras que a ti aún te falta más de una década para llegar a tu máximo valor. Cuando eres veinteañero mi consejo es agachar la cabeza, centrarte en Dios y tu familia, trabajar como un burro para llegar a donde quieres llegar, y dentro de unos años verás la recompensa.

A los jóvenes varones digo lo mismo que dije a las chicas: no despertéis el amor antes de tiempo. Si un día quieres casarte y tener familia, piensa que toda tu vida anterior es una preparación para el sacramento del matrimonio. Para poder entregarte plenamente a tu futura esposa, necesitas ser dueño de ti mismo. Vivir la castidad no es fácil, pero es necesario. Aquí te ofrezco algunos trucos para mantenerte casto cuando eres joven:

  1. Una devoción a la Santísima Virgen. Esto lo recomiendan todos los santos, así que no es nada original, pero sí he comprobado en mi vida que cuando he estado más cerca de la Virgen, he podido dominar mejor la concupiscencia. Nuestra madre siempre nos da las gracias que necesitamos para vivir como Dios quiere.
  2. Hacer deporte. El ejercicio vigoroso ayuda a gastar toda la energía que suelen acumular en el cuerpo los jóvenes varones. Cansa tu cuerpo para mantenerlo en subordinación a tu voluntad.
  3. Practicar pequeñas penitencias físicas. La clásica penitencia para vencer la lujuria es la ducha fría. Yo empecé así, y al ver los beneficios no he vuelto a tomar una ducha caliente en años. También está el ayuno, dormir en el suelo, etc.

Cuida tu cuerpo

Desde hace varias décadas, los niveles de testosterona en los hombres de Occidente caen en picado. Se ha calculado que CADA AÑO los niveles medios caen un 1%. Esto puede parecer baladí, pero es más grave que si dijera que cada año medimos como media un centímetro menos. Si eres joven quizás piensas que no te afecta, que es algo que ocurre a hombres de mediana edad. Es cierto que los niveles de testosterona suelen alcanzar su máximo a los veinte años y bajan gradualmente a partir de ese momento, pero el problema afecta a TODA la población masculina de los países desarrollados. Hoy en día un nivel de testosterona en sangre de 300 ng/dL se considera dentro de la normalidad para un hombre de veinte años, mientras que en 1980 esto correspondía al nivel medio de un hombre de 60 años. ¡Esto es una muerte a cámara lenta! 

Aparte de la pérdida de fertilidad que conlleva este fenómeno, los hombres de países desarrollados estamos perdiendo nuestro vigor. Bajos niveles de testosterona van asociados a la depresión, el déficit de concentración, la falta de energía y de liderazgo. No es de extrañar que cada vez se ven más hombres afeminados, invertidos sexualmente. Los hombres de Occidente estamos asediados; por un lado una cultura depravada promueve la homosexualidad como algo digno de orgullo; por otro lado nuestros propios cuerpos pierden la hormona que regula el cuerpo, la mente y el comportamiento masculinos.

Rocky Balboa, arquetipo masculino

¿Qué puedes hacer para asegurar que tus niveles de testosterona no caigan bajo mínimos? Lo primero es conocer las razones por las que los niveles están bajando. Por desgracia, una de las causas de esta caída no está en tus manos evitar, pero las otras sí. Las principales causas de la bajada de niveles de testosterona en sangre entre hombres de países desarrollados son:

  1. La contaminación por químicos en el aire y la alimentación, especialmente ciertos plásticos. Los inmigrantes africanos que llegan a Europa suelen tener niveles de testosterona EL DOBLE de altos que los hombres europeos, porque a pesar de tener un sistema sanitario deficiente y una dieta inferior, su aire, su agua y su comida no están contaminados. Esto no está en tus manos cambiarlo.
  2. Una vida sedentaria. La comodidad de la vida moderna tiene un alto precio, porque el cuerpo humano no está diseñado para estar sentado todo el día. Una de las mejores formas de aumentar tu nivel de testosterona es hacer ejercicio, y no cualquier ejercicio. Lo que viene mejor son ejercicios de FUERZA, como levantar pesas. No hace falta ni que te apuntes a un gimnasio; puedes hacer flexiones y dominadas en tu casa. ¡No hay excusas! El ejercicio de fuerza formará tu carácter, te dará disciplina, confianza y capacidad de sufrimiento, además de un cuerpo más saludable y ATRACTIVO para las mujeres.
  3. La dieta. Un fenómeno relativamente reciente es el azúcar en los alimentos. Hasta el siglo XVII el azúcar era prácticamente desconocido en Europa, y fue sólo a partir del siglo XIX que se empezó a usar en la cocina, para la elaboración de postres. Ahora el 20% de las calorías que se consumen en Occidente provienen del azúcar. Es un alimento que aporta cero nutrientes a nuestro cuerpo y es la causa de muchas enfermedades, como la diabetes, la obesidad, y cardiopatías, que cuestan carísimo a la salud pública. Sé un hombre y deja de tomar alimentos (¡y bebidas!) con azúcar. Deja las chucherías para los niños. Otras cosas que tienes que eliminar de tu dieta son comidas procesadas, que contienen porquerías que perjudican tu salud; y todo producto con soja, que contiene estrógenos, la hormona femenina que mata la testosterona.
  4. El alcohol. Sé que mucha gente se enfadará si toca este tema, pero la ciencia dice lo que dice. No digo que jamás puedes tomarte una cerveza con tus amigos, pero si consumes alcohol habitualmente, bajarán tus niveles de testosterona. Además, la cerveza contiene lúpulo, otra planta con estrógenos. Si no quieres acabar con tetas y una barriga que te impide ver los pies, deja la cerveza YA. Beber agua es más sano y sale más barato.

Cuida tu mente

Para cuidar tu mente hay que asegurarse de dos cosas: 

  1. que no entre nada que perjudica tu mente, y
  2. que entre algo que forma tu mente

Para esto lo primero es apagar el televisor, y demás receptores de los medios de comunicación de masas (en inglés, los Mainstream Media o MSM). Mucha gente piensa que cuando encienden la tele para ver las noticias o abren un periódico, se están poniendo al día de lo que ocurre en el mundo. En realidad, se están sometiendo voluntariamente a una sesión de programación mental, para conformar su visión de las cosas a lo que le interesa al Poder. No dejes que la élite te dirija, como si fueras un borrego sin capacidad de pensamiento crítico. Hay corporaciones de noticias realmente CRIMINALES, al servicio del Nuevo Orden Mundial, como la CNN y la BBC. Un ejemplo de su absoluta corrupción es como la BBC anunció el colapso de la tercera torre de oficinas en Nueva York aquel fatídico día del 11 de septiembre 2001 media hora ANTES de que ocurriese. Metieron la pata hasta el fondo, pero ¿cómo es posible que supieran que iba a derrumbarse?, se preguntará mucha gente. Evidentemente sabían lo que iba a pasar, porque alguien les estaba pasando un guión. Esto constituye un delito según la ley británica y viola el propio código de conducta de la BBC, donde especifica que deben avisar a las fuerzas del orden cuando tienen conocimiento previo de un delito. Esto es exactamente lo que argumentó un ciudadano británico, que se negó a pagar las tasas obligatorias para subvencionar la cadena pública de televisión, alegando que es ilegal dar fondos a una institución que coopera con el terrorismo. ¡El juez le dio la razón en sus argumentos, y le sentenció solamente a pagar costas del juicio! Cuando te das cuenta de que la élite conspira día y noche CONTRA el pueblo, entiendes que lo raro es que no se les vea el plumero más a menudo.

Además de las MSM, está el sistema educativo, que en la mayoría de países está dirigido por gente que utiliza la escolarización obligatoria de los niños para adoctrinarlos en su ideología anticristiana. Si esto parece una exageración, sólo hay que echar un vistazo hacia atrás en la historia y ver quiénes eran los grandes promotores de la escolarización obligatoria general. En España la etapa clave fue la Segunda República (1931-1939), cuando gobernaba EL MISMO partido político que ahora padecemos, el PSOE. El que fue director general de Primera Enseñanza durante la segunda República, Rodolfo Llopis, fue muy explícito a este respecto:

Para mí, el ciclo revolucionario no termina hasta que la revolución no se haga en las conciencias. Y esa es la labor que tiene que hacer la escuela. Porque yo no concibo un revolucionario que no sea algo educador, y un educador que no sea revolucionario. La escuela tiene que ser el alma ideológica de la revolución … Hay que apoderarse del alma de los niños. Ese es el grito, el lenguaje pedagógico de la revolución rusa.

Este hombre entendía mejor que la mayoría de católicos (¡y la mayoría de obispos!) en qué consiste la educación: es una batalla para el alma de los niños. Si los educamos cristianamente, se convertirán en buenos cristianos y tendrán muchas posibilidades de salvarse. Si los educamos en los preceptos del marxismo, como quieren los que nos gobiernan ahora, se convertirán en liberales y ateos practicantes, y será muy difícil que se salven. A través del sistema educativo se difunde la mentira de la evolución, uno de los dogmas principales del ateísmo; se inculca la pseudorreligión del ecologismo, con mensajes apocalípticos sobre la destrucción del planeta (que van cambiando cada x años); se falsea la historia y se calumnia la civilización cristiana con las leyendas negras de siempre; y últimamente dan charlas para enseñar a los niños que es “totalmente normal” que Guillermo tenga dos papás. Hasta que la educación en casa no sea legal en España, será un peligro llevar los niños al colegio. La única cosa que podemos hacer es contrarrestar con la verdad, en la medida de lo posible, las mentiras que les cuentan en la escuela. 

Si eres joven y acabas de pasar por doce años de escuela, más cuatro de carrera universitaria, necesitas una desintoxicación. La mejor forma de hacer esto es cerrar todas las vías de comunicación con el mundo durante una temporada. Tira tu televisor a la basura, no abras ningún periódico, no enciendas la radio, no leas nada en internet. Dedícate a leer las Escrituras, a meditarlas despacio. Haz un retiro espiritual. Busca la soledad. Cuando tu mente se encuentre libre de toda la basura con que te la han llenado, cuando te hayas desintoxicado y hayas protegido tu mente contra el veneno de las MSM y el sistema educativo, luego tendrás que llenarla con algo que merezca la pena. Personalmente, cuando yo logré desintoxicarme, sentí una necesidad imperiosa de conocer el porqué de la situación del mundo actual. Devoré todo lo que caía en mis manos sobre la crisis de la Iglesia y las fuerzas malignas que han moldeado el mundo moderno a su imagen. Recomiendo especialmente los libros de Michael Davies, Ricardo de la Cierva, Vittorio Messori, Romano Amerio, Mons. Marcel Lefebvre, P. Sardá i Salvany, Plinio Correo de Oliveira y Atila Sinke Gumaraes.  

Los libros que merecen la pena son los que se llaman CLÁSICOS. Esto significa que han resistido el paso del tiempo y siguen emocionando y cautivando a lectores hoy en día. Y para leer sobre religión y espiritualidad, cualquier autor con un “San” o “Santa” delante de su nombre es signo de garantía absoluta, con la salvedad de que no sean santos de pacotilla posconciliares. No hace falta que leas toda una biblioteca, no hay que ser un gran intelectual para vivir cristianamente, pero sí creo que es bueno que todo el mundo utilice su mente en algo aparte de los quehaceres prácticos de cada día. La curiosidad intelectual es algo saludable, porque mantiene nuestra capacidad de asombro por la Creación, permite que sigamos ilusionados, que la vida no se haga monótona. Leer las novelas de Dickens probablemente no te ayudará a ganar unas oposiciones, no te servirá para ganar más dinero para tu empresa. Lo que sí hará es formar tu mente, para que seas una persona más culta, más interesante, más inteligente. Si realmente no te gusta leer, hay muchísimas cosas que puedes hacer para cultivar tu mente: jugar al ajedrez, hacer crucigramas o sudokus, aprender un idioma extranjero, mirar las estrellas con un telescopio, pintar, tocar un instrumento musical, cantar en un coro, participar en un grupo de teatro, y un sinfín de actividades. La mente es como un músculo; cuanto más la uses, mejor funcionará. Encuentra alguna disciplina intelectual que te gusta, y practícala, sin buscarle ninguna utilidad.