El testamento secreto del Concilio Vaticano II se ha hecho público y oficial. El 20 de octubre de 2019 se ha renovado solemnemente en las Catacumbas de Santa Domitila el Pacto por una Iglesia que sirve y es pobre acordado en el mismo lugar el 16 de noviembre de 1965 por cuarenta y dos padres conciliares pocas semanas antes de la clausura del Concilio.

Los conjurados firman el nuevo pacto de las Catacumbas el 20-8-2019

Monseñor Luigi Betazzi, obispo emérito de Ivrea y único signatario aún vivo del Pacto de las Catacumbas, reveló que el texto de 1965 fue redactado por monseñor Helder Câmara (1909-1999), arzobispo de Olinda y Recife, que sin embargo no lo firmó porque en aquel momento participaba en una reunión preparatoria de la redacción definitiva de Gaudium et spes, tal vez el documento más significativo del Concilio Vaticano II.

En la mano del obispo que firma puede observarse el anillo de Tucum

Desde la inauguración del Concilio, monseñor Câmara había establecido una férrea alianza con el cardenal Suenens, al cual llamaba en su correspondencia por el nombre en clave de Padre Miguel. Desde entonces, la dupla Câmara-Suenens constituyó uno de los motores ocultos de la asamblea conciliar. Al inicio de la Segunda Sesión, Helder Câmara calificó a Suenens de «hombre clave del Concilio, seguro como estaba de la confianza directa y personal del Santo Padre» y, poniendo de relieve  la vía trazada en la Primera Sesión, escribe que por algo el cardenal belga fue nombrado jefe mundial del progresismo. «Es mi jefe en el Concilio», escribió el prelado brasileño en una circular a sus fieles.

Los dos se encontraban a diario y se repartían los papeles: Suenens actuaba en la asamblea del Concilio y Câmara en los pasillos extraconciliares. «Durante las cuatro sesiones del Concilio –recuerdan sus biógrafos–, Helder no intervino en ninguna asamblea plenaria. Realizará por el contrario una labor de eminencia gris para elaborar lo que él mismo llamaba sagrada conspiración para introducir en la agenda de los trabajos conciliares el problema de la pobreza  en el mundo y los países subdesarrollados, y para incentivar un proceso de reforma interna en la Iglesia Católica».

Paulo VI protegió a monseñor Câmara nombrándolo arzobispo de Olinda y Recife, y después del nombramiento lo tranquilizó con estas palabras: «Puede estar tranquilo. Es evidente que la mano de Dios se ha posado sobre su cabeza. La Providencia se ha manifestado de forma tangigle (…) El Concilio no tiene que explicarlo todo. Hay afirmaciones que quedan implícitas y nos toca explicar a nosotros». (Todas las citas están tomadas, citando la fuente, de mi libro Concilio Vaticano II: una historia nunca escrita. Homo Legens 2019).

Tras la clausura del Concilio, un industrial belga amigo de Suenens, Jacques Lannoye (1915-1999), ofreció en nombre de un grupo de amigos a monseñor Suenens y monseñor Câmara apoyo financiero para  alimentar   el fuego sagrado del Concilio una vez finalizado. Aquí está el origen de la Teología de la Liberación en Hispanoamérica.

Entre los que apoyaron el Pacto de las Catacumbas se contaba el cardenal Giacomo Lercaro (1891-1976), arzobispo de Bolonia. Su nombre no figura entre los firmantes, porque se hizo representar por monseñor Betazzi, que era su obispo auxiliar. El consejero teológico de Lercaro era el P. Giuseppe Dossetti (1913-1996). Las relaciones entre Dossetti y Lercaro son análogas a las que vinculaban a Câmara y Suenens. Ambos eran activos progresistas. Dossetti, hábil organizador intelectual, fue padre de la Escuela de Bolonia, laboratorio de ideas del ultraprogresismo europeo. Câmara, que era activista político, fue el padre de la Teología de la Liberación, de la cual proceden los promotores del nuevo pacto de las Catacumbas de este 20 de octubre: el cardenal Cláudio Hummes, monseñor Erwin Kräutler y el padre Oscar Beozzo, historiador y biógrafo del propio Câmara. La ceremonia de 1965 fue presidida por monseñor Charles-Marie Himmer (1902-1994), obispo de Tournai (Bélgica); la de este año la ha presidido el cardenal Hummes, nombrado por el papa Francisco relator general del Sínodo para la Amazonia. Mientras celebraba en las Catacumbas de Domitila la Eucaristía del Pacto, que los participantes calificaron como un acto de amor cósmico, monseñor Hummes mostró la estola de Câmara, por quien siente una gran devoción. 

El cardenal Hummes exhibe la reliquia de monseñor Câmara

El documento suscrito en el cementerio subterráneo de la Vía Ardeatina por prelados y laicos, entre los que figuraban los organizadores de la exposición blasfema Amazonia, casa común en la Iglesia de Santa María in Transportina es un texto de quince puntos titulado  Pacto de las Catacumbas por la casa común.Por una Iglesia con rostro amazónico, pobre y servidora, profética y samaritana. El pacto sociopolítico de los años sesenta se ha convertido en un pacto sociocósmico en la era de Greta Thurnberg.

Devotas del ecosocialismo veneran la estola de monseñor Câmara

Los signatarios proclaman su compromiso a comprometerse con «una ecología integral en la que todo está interconectado, el género humano y toda la creación, porque todos los seres son hijas e hijos de la tierra y sobre ellos aletea el Espíritu de Dios (Gn 1,2)» (nº2), a «renovar en nuestras iglesias la opción preferencial por los pobres, especialmente por los pueblos originarios, y junto con ellos garantizar el derecho a ser protagonistas en la sociedad y en la Iglesia» (nº4) y «Abandonar, en consecuencia, en nuestras parroquias, diócesis y grupos todo tipo de mentalidad y postura colonialista, acogiendo y valorando la diversidad cultural, étnica y lingüística en un diálogo respetuoso con todas las tradiciones espirituales» (nº5).

No se trata de un acto meramente conmemorativo, sino del último acto de un proceso que se inició con el Concilio Vaticano II y culmina con el ascenso al solio pontificio de Jorge Mario Bergoglio. El 21 de marzo de 2013, una semana después de su elección, el papa Francisco recibió un ejemplar del Pacto de las Catacumbas de manos del activista argentino Adolfo Pérez Esquivel, que apoya a los dictadores marxistas Fidel Castro, Nicolás Maduro y Hugo   Chávez.  Chaves.  El 8 de julio de 2014, Leonardo Boff publicó un artículo titulado El pacto de las catacumbas vivido por el papa Francisco, en el que, tras transcribir el Pacto de las Catacumbas de 1965, concluía con estas palabras: «¿No son estos los ideales presentados por el Papa Francisco?»

El 14 de noviembre de 2015 se conmemoró el Pacto de las Catacumbas celebrado en el aula magna de la Pontificia Universidad Urbaniana durante un seminario en el que participaron el cardenal João Bras de Aviz, prefecto de la Congregación para los Institutos para la Vida Consagrada, y el historiador Alberto Meloni, que preside la Escuela de Bolonia, y el teólogo de la liberación Jon Sobrino, condenado en 2007 por la Congregación para la Doctrina de la Fe y recibido por el papa Francisco el 13 de noviembre de 2015.

El Sínodo para la Amazonia es, por lo tanto, la culminación simbólica del Concilio Vaticano II, de aquella opción preferencial por los pobres que defendieron a capa y espada monseñor Helder Câmara, el padre Guiusseppe Dossetti, monseñor Suenens y monseñor Lercaro. El partido amazónico, que representa la facción jacobina de la revolución conciliar, ha hecho formar sus tropas en las Catacumbas de Santa Domitila, mandando a la Iglesia el mensaje de que no hay vuelta atrás. »Esto es sólo el comienzo de lo que serán los próximos cuenta años», afirmó Mauricio López, secretario ejecutivo de la REPAM, mientras se firmaba el nuevo Pacto de las Catacumbas.

La Revolución avanza, pero como toda revolución está destinada a devorar a sus hijos. De momento las víctimas son los girondinos, que ingenuamente creían que no era lo mismo el Concilio que los quienes lo habían interpretado mal. ¿A quién le tocará mañana? Los liberales ya intentaron poner en práctica la hermenéutica de la continuidad cuando la Revolución Francesa para combatir en 1793 en nombre de 1789, pero el resultado fue el Terror. Ante el Terror que avanza, sólo es posible la Contrarrevolución. «Pero la Contrarrevolución –decía el conde Joseph de Maitre– no es una revolución en sentido contrario, sino lo contrario de la Revolución» (Considérations sur la France, in Oeuvres Complètes, Vitte, Lione-Parigi 1924, t. I, pag. 157). 

(Traducido por Bruno de la Inmaculada)

Roberto de Mattei
Roberto de Mattei enseña Historia Moderna e Historia del Cristianismo en la Universidad Europea de Roma, en la que dirige el área de Ciencias Históricas. Es Presidente de la “Fondazione Lepanto” (http://www.fondazionelepanto.org/); miembro de los Consejos Directivos del “Instituto Histórico Italiano para la Edad Moderna y Contemporánea” y de la “Sociedad Geográfica Italiana”. De 2003 a 2011 ha ocupado el cargo de vice-Presidente del “Consejo Nacional de Investigaciones” italiano, con delega para las áreas de Ciencias Humanas. Entre 2002 y 2006 fue Consejero para los asuntos internacionales del Gobierno de Italia. Y, entre 2005 y 2011, fue también miembro del “Board of Guarantees della Italian Academy” de la Columbia University de Nueva York. Dirige las revistas “Radici Cristiane” (http://www.radicicristiane.it/) y “Nova Historia”, y la Agencia de Información “Corrispondenza Romana” (http://www.corrispondenzaromana.it/). Es autor de muchas obras traducidas a varios idiomas, entre las que recordamos las últimas:La dittatura del relativismo traducido al portugués, polaco y francés), La Turchia in Europa. Beneficio o catastrofe? (traducido al inglés, alemán y polaco), Il Concilio Vaticano II. Una storia mai scritta (traducido al alemán, portugués y próximamente también al español) y Apologia della tradizione.