Las noticias eclesiales en varios países de Sud América siguen dejando perplejos a los fieles.

La ordenación episcopal de Carlos Castillo Mattasoglio como Arzobispo de Lima y Primado del Perú, que sustituye en la sede de Santo Toribio de Mogrovejo al cardenal Luis Cipriani, ha cargado de preocupación, ante su trayectoria precedente, y sobre todo ante su enfoque pastoral centrado en realizar el sueño de Francisco, ese sueño nacido en Medellín, y transmitido en su inolvidable visita al Perú como él mismo lo afirmó.

Carlos Castillo Mattasoglio, «hasta ayer era visto con desconfianza por parte de la autoridad eclesiástica —como miembro de aquella corriente al interno de la Pontificia Universidad Católica del Perú (PUCP), censurada por el Papa Benedicto XVI en 2012 por causa de posiciones doctrinales divergentes con el Magisterio de la Iglesia y por actitudes rebeldes frente a la Jerarquía— se convierte en maestro del Magisterio que impugnaba, y en cabeza de la Jerarquía que contestaba».[1]

El nuevo arzobispo de Lima, en su autobiografía, afirma haber militado siempre en la izquierda,[2] y haber sido inspirado por Gustavo Gutiérrez, en la ideología de la liberación.

Chile es nuevamente un foco de atención por la salida del cardenal-arzobispo de Santiago, que había presentado hace dos años su renuncia al Obispo de Roma, y aceptada recientemente ante el afloramiento de denuncias de abusos, tanto sexuales como de poder en la arquidiócesis santiaguina, uno de los cuales habría ocurrido dentro de la misma Catedral, en una persona en situación de vulnerabilidad.

El caso del presbítero Mariano Puga, conocido militante de la teología de la liberación y de los derechos humanos, tiene otra connotación. Éste había sido denunciado en diciembre de 2018 por fieles de la parroquia en la que el sacerdote permanecía, por un eventual abuso de conciencia y de poder, concluyéndose un uso arbitrario de la liturgia.

Y más recientemente la suspensión del encargo de párroco en la persona del sacerdote Cristóbal Lira denunciado en 2010 por presuntos abusos sexuales en personas mayores de edad, en 2013 por abuso de conciencia en la dirección espiritual y en noviembre de 2018 tres denuncias por abusos de poder en el ejercicio de la dirección espiritual.

I. El autoritarismo en la Sagrada Liturgia

A fines del siglo XIX un sacerdote apóstata y satanista, de nombre Paul Gabriel, decía: «Creo que el culto divino tal como lo regulan la liturgia, el ceremonial, el ritual y los preceptos de la liturgia romana sufrirá próximamente, en un concilio ecuménico, una transformación que, al mismo tiempo que le devolverá la venerable simplicidad de la edad de oro apostólica, lo pondrá en armonía con el nuevo estado de la conciencia y de la civilización moderna».[3]

Hasta el Vaticano II todas las escuelas teológicas y todos los catecismos definían la Misa como el verdadero y propio sacrificio con el cual, por ministerio del sacerdote, Cristo ofrece su cuerpo y su sangre al Padre para remisión de nuestros pecados. La nueva teología ha trasladado la transformación del pan eucarístico desde el orden ontológico hasta el orden ideológico.

Se ha impuesto una nueva liturgia más psicológica que ontológica, y más subjetiva que objetiva; que no expresa el misterio trascendente, sino los sentimientos con los cuales la perciben los fieles; es antropológica y no teológica, por lo que la asamblea vale más que la Eucaristía y el pueblo de Dios prevalece sobre el sacerdote. Esta variación produce otra, convertida en teoría con la doctrina de la creatividad litúrgica: el pueblo de Dios vuelca su propia cultura y su propio genio en los ritos, y el sacerdote se expresa a sí mismo en la celebración. La nueva liturgia se ha convertido en espectáculo escénico no sólo de facto, sino incluso doctrinalmente.

Cuando el celebrante crea una palabra o un gesto nuevo que no está en los libros litúrgicos, se separa de la Iglesia (si es que no se le opone).[4]

El marxismo apoyado en la Teología de la Liberación, en su afán de servirse de cuanto le sea útil para los fines de la Revolución, instrumentaliza también el Santo Sacrificio de la Misa: «Queda claro que para nosotros la celebración de la Eucaristía, antes que nada es la celebración de los iguales en la lucha».[5]

Para los promotores de la «nueva misa», ésta queda reducida a una especie de mitin que consiste en la «celebración de las luchas del pueblo», es «celebrar la esperanza repartiendo luchas… pues las luchas de hoy son señales de que el Reino está próximo», luchas «para vencer el sistema que causa la marginalización, que no permite que el pan sea repartido».  Visión reduccionista de la Misa que se concretiza en «las luchas de nuestras comunidades, sus conquistas y sus dolores; la vida de nuestros mártires: San Dias da Silva, Don Oscar Romero, etc., las luchas de la liberación de nuestros hermanos latinoamericanos».

II. Una práctica común del clero modernista

«Algunos autores niegan la existencia o la singularidad de la actual desorientación de la Iglesia, aduciendo la dualidad y antagonismo existentes entre la Iglesia y el mundo o entre el reino de Dios y el reino del hombre, antagonismo inherente a la naturaleza del mundo y de la Iglesia. Pero tal negación no nos parece correcta, porque la oposición verdaderamente esencial no tiene lugar entre el Evangelio y el mundo entendido como totalidad de las criaturas (a quienes Cristo viene a salvar), sino entre el Evangelio y el mundo en cuanto in maligno positus (I Juan 5, 19), marcado por el pecado y orientado hacia el pecado, y por el cual Cristo no reza (Juan 17, 9).

Dicha oposición esencial podría ampliarse o reducirse según que el mundo como totalidad coincida más o menos con el mundo del Maligno, pero jamás debe olvidarse esa distinción ni creer esencial una oposición que, con extensión e intensidad diversas, es solamente accidental».[6]

Hay quienes señalan que, desde la traición de Judas, la Iglesia siempre ha estado plagada de crisis, en efecto, un fenómeno de luces y sombras apareció ya desde el principio como uno puede advertir por las innumerables herejías y concilios que tuvieron lugar en los primeros siglos o, durante el llamado siglo de hierro del Pontificado, del que dice Mourret que es uno de los más humillantes de la Historia de la Iglesia. De Alejandro VI, que había ascendido al pontificado simoníacamente, se dijo a su muerte después de once años de papado, que era una planta venenosa aborrecida de Dios y de los hombres.

Es una ley sicológica que conducta y doctrina concuerden. Por consiguiente si declina la conducta, fácilmente cambia la doctrina.[7]

Pero esto no sucedió con los papas: ni Juan XII, ni Benedicto IX, ni Alejandro VI intentaron defender su conducta alterando el dogma o la moral. Como hombres eran de barro. Como papas eran vicarios de Aquel que dijo: Y Yo, te digo que tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificare mi Iglesia, y las puertas del abismo no prevalecerán contra ella.[8]

Harnack nota: En los tiempos de mayor relajación tuvo la piedad católica tal pujanza vital y tanta fuerza como nunca la había tenido. La antigua religiosidad continuaba siendo inalterable.[9]

No obstante, hay algunos ejemplos de papas que cayeron en el error o que, cuando menos, sostuvieron el error en vez de combatirlo. Estos papas fueron Liberio, Honorio I y Juan XXII.

Sin embargo, a partir del Vaticano II (1962-1965), al declinar la conducta del estamento jerárquico conducta y doctrina corrompidas caminan de la mano. La reforma litúrgica de 1969, fue la compuerta que dejó pasar el oleaje decadente del modernismo con todas sus consecuencias doctrinales, morales y pastorales.

La desistencia de la autoridad incluso en la esfera de la doctrina, inaugurada por Juan XXIII y seguida por Pablo VI, continuó con Juan Pablo II.[10]

La presente crisis en la Iglesia se distingue de las precedentes principalmente en que son las más altas autoridades de la Iglesia quienes la han provocado, quienes la prolongan, y quienes impiden que se tomen medidas eficaces para resolverla… nunca como en nuestra época los errores y la negación pública de las verdades de la fe se han extendido gracias a la tolerancia, la aprobación y hasta la actividad de las autoridades romanas y del episcopado mundial. Esto es lo que le da un carácter particular a la crisis actual, que es favorecida por las más altas autoridades de la Iglesia, papas incluidos.[11]

El abuso de poder es una práctica muy común del clero modernista, que es democrático mientras expone con miel sus primaverales posturas de apertura a los tiempos, e intolerante cuando las impone, autoritarismo que para la progresía no sólo radica en atribuirse todos los valores del Evangelio absolutizando sus propios métodos y menospreciando las demás espiritualidades reconocidas eclesialmente, o cuando exalta de tal manera la figura del dirigente o de la persona investida de autoridad suprema, que pide y exige la sumisión total, la obediencia ciega y la dejación de los propios criterios.

III. Nuevo paradigma del Papa Bergoglio

En el nuevo paradigma de Jorge Mario Bergoglio, se advierte fácilmente esa dualidad o ambigüedad, siendo suave y blando con musulmanes, judíos o mormones, o herejes ya sancionados por la Iglesia, y dictatorial cuando se trata de sacar de escena a quienes considera sus oponentes, es decir la Tradición.

Ese nuevo paradigma aplicado férreamente por el Obispo de Roma, abarca entre otros, los siguientes aspectos:

Retracción pastoral de los «valores no negociables».

Promoción de la agenda neomarxista y altermundialista de los «cambios sociales».

Promoción de la agenda «verde», del gobierno mundial, y de una mística ambigua en relación a la «Madre Tierra».

Favorecimiento de la inmigración y el islamismo, indiferencia y apatía en relación a los cristianos perseguidos de Oriente Medio.

Indiferentismo religioso, relativismo filosófico y evolucionismo teológico.

Una nueva moral subjetiva, sin imperativos absolutos.

El acceso a la comunión de los divorciados re casados.

Adaptación a la modernidad revolucionaria y anticristiana.

Simpatía con los poderes mundanos y corrientes anticristianas.[12]

Paradigma que cambia la moral católica por la moral de situación, que considera la sumisión a la ley como si fuese una forma equivocada de moral.

Los principios de interpretación de la pastoral impuesta por el Obispo de Roma según el cardenal Cupich, en relación a Amoris laetitia, obligan a un cambio de paradigma.[13]

El Papa Pío XII, condenó claramente la moral de situación, hoy propiciada pastoralmente por Francisco. Afirmaba el Papa Pacelli:

«Oponemos a la ética de situación tres consideraciones fundamentales: a) Concedemos que Dios quiere siempre y ante todo la recta intención, pero ésta no basta. Quiere también las obras. b) No está permitido hacer un mal a fin de conseguir un bien (Rom. 3, 8). c) Puede haber situaciones en las cuales el hombre, y especialmente el cristiano, no podría ignorar que debe sacrificar todo, hasta su vida, para salvar su alma».

 «Pocos peligros son tan graves y están tan cargados de consecuencias como los que la nueva moral hace correr a la fe… Estos extravíos conducirían con el tiempo a la corrupción de la misma fuente. Así muere la fe».[14]


[1] https://tradicionyaccion.org.pe/spip.php?article473

[2] Cfr. Carlos CASTILLO MATTASOGLIO, Mi experiencia del laicado bajo la era Landázuri: entre testimonio e historia, file:///C:/Users/cdc/Downloads/243-Texto%20del%20art%C3%ADculo-1314-1-10-20180207.pdf

[3] Padre  Roca  (1830-1893),  sacerdote  apóstata  y  satanista,  en  L‘abbé  Gabriel,  citado  por  el  Padre  Bonneterre  en  El Movimiento litúrgico, Iction, 1982.

[4] Cf.: AMERIO, ROMANO, Iota unum, 37 y 38.

[5] FALCONI, ANTONIO FRANCISCO y ZACCARDI, ADELINA, La Eucaristía en las CEBs.

[6] AMERIO, ROMANO, Iota unum, 1, 2.

[7] ARCUSA S.I., P. EDUARDO, Respuesta a la angustia.

[8] SAN MATEO 16, 18.

[9] Cf.: Dogmengeschichte, tomo III.

[10] AMERIO, ROMANO, Iota unum, 6, 11.

[11] GAUDRON, P. MATTHIAS, Catecismo católico de la crisis en la Iglesia.

[12] Cf.: URETA, JOSÉ ANTONIO, El cambio de paradigma del Papa Francisco, ¿continuidad o ruptura de la misión de la Iglesia?  http://www.catolicosalerta.com.ar/Noticias2018/el-cambio-de-paradigma-de-francisco.pdf

[13] Discurso del purpurado. Von Hügel Institute, St. Edmund College, Cambridge, England, 09-02-2019.

[14] PIO XII, Discurso sobre los errores de la moral de situación, 18-04-1952.

Germán Mazuelo-Leytón
Es conocido por su defensa enérgica de los valores católicos e incansable actividad de servicio. Ha sido desde los 9 años miembro de la Legión de María, movimiento que en 1981 lo nombró «Extensionista» en Bolivia, y posteriormente «Enviado» a Chile. Ha sido también catequista de Comunión y Confirmación y profesor de Religión y Moral. Desde 1994 es Pionero de Abstinencia Total, Director Nacional en Bolivia de esa asociación eclesial, actualmente delegado de Central y Sud América ante el Consejo Central Pionero. Difunde la consagración a Jesús por las manos de María de Montfort, y otros apostolados afines